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 UNA AGUJA EN UN PAJAR

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Como siempre, todo empieza y termina en la fuerza de una mujer"

Cada diciembre, por costumbre de los medios anglosajones, los periodistas se devanan los sesos para decidir el personaje del año. Un hábito un poco baladí pero efectivo para auscultar en el presente los imaginarios colectivos de un pueblo.

En mi caso, aun cuando creo que adelanta un atinado proceso de paz en La Habana, estimo que lejos está de serlo el presidente Juan Manuel Santos. Parece no enterarse, en su burbuja de Anapoima, que los servicios de salud siguen sin funcionar, que las empresas prestadoras se burlan de los pacientes, y que la justicia, como la educación, requiere cambios estructurales, y no solo retoques cosméticos, como los apuntalados por sus tibias reformas.

Tampoco es mi personaje el alcalde Gustavo Petro, quien no obstante haber adelantado algunas reformas sustantivas para los más pobres en Bogotá, quedó enredado en la telaraña de sus improvisaciones y en el cuarto oscuro de sus vanidades. Mucho lo maltrata la ultraderecha de Colombia, a través de los grandes medios, pero superior es el daño que él, por su infinita egolatría, acomete contra su gestión y contra la izquierda democrática del país. Pasa con él como ocurre con Maduro en Latinoamérica, convertido, por su torpeza personal, en un caudillito que manda, y manda mal, en la cuadra de su casa. Lo demás, retórica pura.

Menos podría ser mi personaje del año 2014 el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, hoy senador de un partidito de garaje. Y no lo es porque, a pesar de su activismo en el Congreso, el mismo afán dramático de sus gobiernos, sus ideas, posturas y prácticas, caminan hacia atrás, como el cangrejo, en el horizonte de la civilización.

Representa además a la Colombia tramposa e ilegal que en el siglo veintiuno debemos dejar atrás. Su figura, cargada de claroscuros, refleja la enfermedad colectiva de este país, cuyo origen es un confesionalismo invasivo, la perpetuación de privilegios obscenos y, claro, la actitud biliosa y vengativa solo posible en seres humanos crueles, desprovistos de esperanza.

Basta con escucharlo a él, o a alguna de sus marionetas, para entender que en sus palabras no brilla el deseo de la vida sino el murmullo insidioso de la muerte.

Mucho me gustaría decir que los personajes del año son los deportistas de Colombia, y lo son, pero su elección sería una especie de claudicación frente a la realidad, toda vez que si bien ellos nos procuran felicidad, hacen parte de un inmenso negocio donde son piezas intercambiables en la máquina del exitismo y el consumo. Falcao es el mejor ejemplo, la víctima, de ese trapiche inmisericorde que es la glorificación de la actualidad.

Al final, los personajes de Colombia brotan de la ciencia y la política. Rodolfo Llinás, quien ya descubrió un tratamiento contra el Alzhéimer y está a la espera de la patente, o la valiente Claudia López, quien, desde su curul en el Congreso de la República, levanta diques contra la corrupción y la criminalidad.

Ella, por ser una persona inteligente y de carácter, dice bien de lo que debería ser el país en el tercer milenio. Como siempre, todo empieza y termina en la fuerza de una mujer.

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