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LA PULGA EN LA OREJA
 BAUDILIO MONTOYA - 50 AÑOS

Baudilio MontoyaPor los años 65 del siglo pasado, nuestro poeta insignia Baudilio Montoya, cumplió su ciclo terreno y partió hacia el insondable con su cántiga provinciana; algunos amigos, en tertulia del 25 de septiembre recordamos hechos y letras del poeta en el Museo Gráfico y Audiovisual, con la voz de Baudilio, nos llevaron hacia ese mundo especial donde el vate de nuestra tierra vivió en medio de un pueblo que todavía lo recuerda y hace de sus poemas tema obligado cuando hay reuniones culturales. Como maestro, papá, amigo, contertulio y ante todo, como el depositario de muchas letras de entraña musical, de amor rural por las cosas sencillas del discurrir familiar donde eran importantes el árbol, un perro, las aves con sus trinos alados y sobre todo, la familia, los amigos y sobre ellos Dios como hacedor de la belleza natural donde oteamos la vida. Contamos a la concurrencia la caligrafía privilegiada que su tiza maestra dejó en el verde tablero, durante años, para enseñar los límites del pueblo cercado por dos ríos tutelares nacidos en la entraña cordillerana para saciar la sed ciudadana y regar las hileras infinitas de los cafetos. Recordamos horas de poemas sueltos por los corredores de la casa en La Bella, donde al abrigo de naranjos y guamos cantamos al arrullo de la vieja cascada que nace y muere en el predio familiar. Revivimos la devoción por Baudilio, en la voz de Carlos Arturo Patiño; Elías Mejía, leyó algunos poemas escogidos para la sesión por Hugo Aparicio. Luis Fernando Londoño, José Nodier Solórzano, Óscar Iván Sabogal y varios amigos más, evocamos la figura paterna y la mítica voz del bardo. En momentos así, cobra fuerza el viejo cedro y Guardíán, se oye en cada perro que ladra y sufre en las calles.

 LA FRONTERA MANCILLADA

Por: Hugo Hernán Aparicio Reyes

Somos, por desgracia, tibia y tardíamente reactivos. Solo las imágenes de compatriotas víctimas del déspota venezolano –nacido en Ocaña, Colombia-, de vejaciones, abusos, de la marcación nazi a las personas por su origen, a sus propiedades, con crueles sentencias de expulsión y demolición; solo la desmembración familiar forzada, los atropellos contra niños, mujeres y ancianos, han convocado en forma momentánea solidaridad, dignidad nacional ofendida. Es tímido y efímero el furor colombiano. Las voces de apaciguamiento, de resignada aceptación, el clamor por reuniones de Unasur y de la OEA, negadas de forma infame por países "amigos", sin consecuencias al interior del desgobierno nacional, la súplica por la reunión de presidentes donde como es habitual llevamos la peor parte, han prevalecido en la politiquería mayor, en la intelectualidad y en los medios fletados.

Sin ser condición vergonzante, los habitantes del interior desconocemos la dinámica social y económica de las zonas fronterizas. Nos son ajenas su particular conformación, sus problemáticas, aún para quienes ocasionalmente las transitamos. Poblaciones paralelas, separadas por un puente, un río, o un hito internacional, complejas como cualquier comunidad, sumados el tránsito continuo de forasteros de toda condición, filiaciones nacionales cruzadas entre lugareños, inestables permanencias, manifestaciones delincuenciales de todo orden. Familias y patrias entre difusas e integradas en rutinas laborales u hogareñas; siempre en incertidumbre, a la expectativa, al vaivén de la política interna y de relaciones exteriores de sus países, del comercio y las fluctuaciones cambiarias, en cada flanco de la línea divisoria. Venimos a sumar estas regiones y sus gentes a la entraña connacional, apenas sentida con los triunfos de la selección de fútbol, cuando ocurren hechos monstruosos, de abrumadora humillación contra los nuestros, ordenados ahora por el sátrapa al mando del vecino país. Ignoramos de igual manera, en el caso de la frontera nororiental, los intrincados nexos de su historia cercana con nuestras tragedias, por la acción de grupos armados ilegales instalados en gran parte de su extensión, bajo la cómplice acogida de las autoridades venezolanas; realidad para nada desligada del reciente acontecer.

Migración conflictiva

Cúcuta, Colombia, capital del departamento de Norte de Santander, La Villa del Rosario, municipio integrado a su zona metropolitana; San Antonio, capital del municipio Bolívar, estado Táchira, Venezuela, como ningunas otras de las numerosas ciudades fronterizas entre las dos naciones, comparten un pasado y presente espinosos, derivados de la permanente confrontación entre leyes, normas aduaneras o migratorias de uno y otro país, y la relación fáctica, de espontáneo discurrir, de sus comunidades propias y aledañas. A partir de la olvidada época –primeras décadas del siglo anterior- cuando la caficultura, ya propagada por los Andes venezolanos tras derrotar al cacao como cultivo preferente, demandaba mano de obra rural, escasa entonces en cantidad y calidad requeridas, la presencia del trabajador colombiano -no limitada luego al corredor de frontera ni a la labor del agro, extendida al comercio, a la siempre incipiente industria en diversas regiones venezolanas-, ha sido en simultánea, solución para él mismo y su familia, exiliados económicos a la caza de oportunidades, o para quien lo emplea, y problema sentido en el país receptor. Los estados cafetaleros venezolanos, limítrofes o próximos a Colombia (Zulia, Táchira, Mérida, Barinas, Apure), extensos en territorio y áreas de cultivo, aportaban a la economía venezolana, antes del boom petrolero, no solo su principal rubro de exportación, sino divisas frescas, abundantes, y un gran flujo de bienes de consumo importados, adquiridos con aquellas. ¿Sabemos que Venezuela nos precedió in illo tempore como el primer productor mundial de café suave? Desde el régimen del mismísimo "bagre" –Juan Vicente Gómez-, dueño del poder político y militar venezolano, mano de hierro y guante de seda durante más de un cuarto de siglo –1908 a 1935-, militar y hacendado tachirense, padre de mal contados 90 retoños –patriarca en perenne primavera hasta su muerte-, quien empleaba jornaleros colombianos en sus feudos y buena parte de sus vástagos y allegados en los despachos oficiales –precedente del nepotismo actual-, hasta la refundación de la nueva República Bolivariana del coronel golpista Hugo Chávez, usufructuario de los residentes ilegales colombianos, a quienes otorgó cédulas a granel para sumar votos y respaldos a su política de "neutralidad" con la subversión, de manera intermitente, a conveniencia del mandatario de turno, los habitantes de Venezuela con origen colombiano han sido carne de cañón en coyunturas políticas domésticas. En cada ocasión, bien se haya tratado de gobernantes de facto, o presidentes adecos o copeyanos, acudieron al expediente de agitar el asunto de la inmigración colombiana o del diferendo por aguas del Golfo (¿de Venezuela?, ¿de Coquivacoa?), para unificar opinión alrededor de una causa, cuando la atmósfera interna se enrarecía. Predomina a consecuencia de ello, en el imaginario de los venezolanos, una convicción: la presencia de nuestros compatriotas en su suelo es problema crónico, pendiente de "solución final". Muy pocos, al interior y en la cercanía fronteriza, en Venezuela, valoran, menos ponderan en justicia, el aporte de los migrantes colombianos a la productividad de su país durante muchas décadas. Contrabando en ambos sentidos, informalidad laboral, supuesto despojo de oportunidades para los nativos, violencias consiguientes y criminalidad, asentamientos sub-normales, no acceso a la seguridad social, factores de difícil control, son, no obstante, componentes marginales de un problema mayor, cuyo origen y responsabilidad recaen de manera directa en las autoridades venezolanas pre y pro-chavistas: en un primer momento, connivencia pasiva; luego, apoyo material y político a la subversión colombiana; a organizaciones ilegales armadas, incursas en secuestro, narcotráfico y terrorismo, entre otros delitos execrables, a las cuales aloja y auxilia desde la llegada del chavismo al poder. Este hecho, como bien lo sabemos y sufrimos los colombianos, prohíja diversas violencias y presencias reactivas indeseables.

CONTRABANDO Y DEMÁS DELINCUENCIAS

Verdades históricas son, por una parte el fenómeno del contrabando, de procedencia y destino alterno; por otra, la ocurrencia a partir de la década de los noventa, de delitos atribuidos a bandas armadas colombianas en el lado venezolano del corredor fronterizo. En época anterior a la apertura económica colombiana, cuando las importaciones de bienes de consumo: licores, electrodomésticos, artículos suntuarios, se restringían, y los consumidores recurrían a los Sanandresitos en su búsqueda, la oferta en el país vecino, con un Bolívar siempre fuerte, soportado por el auge petrolero, era variada y módica en precios. San Antonio, Maicao, El Amparo, y demás localidades fronterizas, eran lugares de abasto para consumidores y comerciantes colombianos, quienes realizaban largos viajes desde el interior para surtirse, eludiendo trámites aduaneros y derechos arancelarios, bajo la mirada laxa, a precio pactado, de las autoridades. El viaje a San Antonio fue el kínder del contrabando en Colombia.

De mayor incidencia y conflicto para las zonas lindantes, ha sido el comercio ilegal de combustibles, comestibles, y otros bienes de consumo masivo, actualmente bajo control y restricciones en la oscura economía de Venezuela. ACPM, gasolina motor, demás derivados de los hidrocarburos; alimentos y abarrotes, a precios subsidiados, escasos en los hogares de ese país, han sido objeto de contrabando continuo y en gran escala hacia Colombia. La responsabilidad es compartida por autoridades de ambos países, proclives a la corrupción, y organizaciones delincuenciales. Tema aparte, de máxima trascendencia en el discurrir fronterizo, es el tráfico de narcóticos, reseñado ampliamente por la prensa internacional, agencias especializadas, analistas e investigadores, quienes confirman los vínculos de grupos narco-subversivos colombianos (farc, eln) con poderosas mafias, en la apertura de rutas de narcotráfico desde Venezuela , con origen en Colombia, hacia diversos países del mundo. Se habla incluso del "Cartel de los soles", organización en la cual estarían involucrados militares venezolanos de alta graduación y funcionarios del gobierno. Subsidiario del anterior, es el tráfico de armas, menos publicitado pero de igual vigencia, en perjuicio de Colombia. Otros frentes del contrabando y de actividades ilegales en las cuales se involucran los grupos subversivos en territorio venezolano, son: ganado, café, minería del oro y del coltán. Sus tentáculos económicos y delictivos crecen mientras medran a la sombra del régimen de Maduro.

CHAVISMO FRONTERIZO

Delitos como extorsión, secuestro, homicidios selectivos, en territorio venezolano anexo a la frontera, fueron atribuidos a las guerrillas colombianas, desde años anteriores a la llegada de Chávez a Miraflores. Sus víctimas, hacendados y comerciantes, preferían realizar los pagos exigidos por sus captores sin divulgar detalles. Se presumía la complicidad de las autoridades locales. Sin embargo, posesionado Chávez, por afinidades ideológicas tramitadas en la clandestinidad cuando el golpista frustrado se encontraba en prisión, latente la simpatía popular hacia su embozada causa, la presencia de los subversivos de las farc y el eln se consolidó mediante pactos formales entre las partes, puestos en evidencia, entre diversos medios, por el material digital incautado tras el bombardeo en territorio ecuatoriano al campamento de alias Raúl Reyes.

Hago aquí un "ejercicio de memoria histórica", sin cargo al manirroto "Fondo para la Paz" de Santos: se conocieron entonces, a través de documentos electrónicos avalados por Interpol, datos y hechos reveladores de la estrecha relación farc-gobierno Chávez. Entre estos, el aporte financiero de u.s. $50.000, situado al entonces reo y ex-coronel por el grupo narcoterrorista, retribuido con creces como se comprobó luego (según la revista Semana, a través de emisarios como Ramón Rodríguez Chacín, el gobierno Chávez aportó a las farc por lo menos 300 millones de dólares). Datos preliminares de entre los más de 37.800 documentos de texto, 450 hojas de cálculo, 210.800 imágenes, y 10.500 archivos multimedia, balance final de lo hallado en discos duros y memorias USB, revelaron, entre innumerables evidencias, la ayuda en armamento a los subversivos (según el Wall Street Journal y el diario El País de España, "Ángel" -alias de Chávez en la correspondencia de las farc-, hizo el contacto entre estas y traficantes de armas internacionales, para concretar envíos vía Maracaibo), el acuerdo de "un plan común de la seguridad" que implicaba estrategias conjuntas para neutralizar la acción represiva de la Fuerzas Militares colombianas y entrenamiento en técnicas de "guerra de guerrillas" a las fuerzas armadas venezolanas.

Otra revelación de los archivos de Raúl Reyes, según Revista Semana, fue la muerte, a manos de las farc, de cinco soldados venezolanos y una ingeniera de PDVSA en el Estado de Apure. Chávez acordó con esa guerrilla ocultar el hecho y culpar del mismo a los paramilitares. Cualquier semejanza con los hechos desencadenantes de las tropelías actuales no es coincidencia. ¿Y las reuniones de Chávez con miembros de la cúpula subversiva, y las de Maduro con Timochenko? ¿Faltan evidencias para comprobar la alianza entre el gobierno venezolano con la narco-subversión? Faltó más bien una denuncia internacional contundente, una posición erguida, del gobierno colombiano en defensa de sus instituciones legítimas. A cambio, el actual presidente, antes ruidoso censor de Chávez y su círculo, le otorgó a Venezuela un papel protagónico en las conversaciones con las farc, condición no retirada a pesar de la hostilidad, de las amenazas, y de los desafueros contra los colombianos. En la actual contienda se confunde a los agresores con los agredidos. Somos los colombianos las víctimas del contubernio de un gobierno extranjero con los enemigos del país; no al contrario. Statu quo que tenderá a agravarse hasta tanto no se pongan las cosas en su sitio; mientras no haya en los dos países gobernantes dignos, responsables con su respectiva nación, y no histriones jugando con fuego.

Es ineludible, al aludir al problema fronterizo colombo-venezolano, referirse a la presencia activa de la narco-subversión. Venezuela no es sOlo alojamiento temporal, cómodo escondite de las farc y el eln. Es de hecho una base fundamental de sus operaciones terroristas. Tres bloques de la primera organización citada, y una gruesa avanzada de la segunda, han consolidado, además de corredores del narcotráfico, un refugio, una vía y destino de escape, un lugar seguro para entrenamiento y reabastecimiento logístico.

PATRIAS DESENCONTRADAS

Para qué mentirnos. La histórica y hasta ahora no superada animadversión de los venezolanos hacia nosotros -para ellos, neogranadinos-, es factor determinante en las relaciones binacionales; no de ahora, cuando el país hermano padece el yugo de su anacrónica tiranía, de un despotismo desilustrado y deslustrado; de siempre; desde el inicio mismo de nuestras nacionalidades. Para qué evocar odios, mezquindades, celos, entre los próceres criollos, más enemigos entre sí que de la monarquía peninsular, germen maligno del distanciamiento entre dos pueblos condenados a la convivencia. El hecho escueto, conciso, son las mutuas prevenciones, los vigentes recelos, aunque más de allá hacia acá. En Venezuela, salvo no pocas excepciones en sectores cultos, con quienes ha fluido la interacción a través de casi dos siglos de independencia, incluidos lamentables lapsos de regímenes dictatoriales –muchos más en la patria de Bolívar que en la de Santander–, no se nos quiere. No somos bien vistos ni recibidos. Hermanos, mas no siameses. Se resaltan diferencias de carácter, de formas de ser. Los trillados estereotipos, reforzados entre otros por célebres antisantafereños como Gabo y sus amigos provenecos, son: un venezolanismo caribe, costeño, desabrochado, francote, abierto, festivo (parrandero, dirán otros), siempre en pasiva espera del maná petrolero, versus un colombianismo andino, torvo, anodino, ladino, asolapado, proclive a la traición (en el caso de Santos, hasta razón tienen), pero de proverbial inventiva y activa recursividad. De los primeros, confírmense o niéguense a criterio de cada cual; sin embargo cifras y realidades socieconómicas validan este último rasgo, aunque la inercia de la apertura internacional, de los tratados de libre comercio con gigantes manufactureros, pactados en años recientes, tienden a atrofiarlo. En cualquier caso, la matriz productiva colombiana, diversa, multisectorial, con aporte agroindustrial, manufacturero, extractivo y terciario, se ubica a años luz de la venezolana, soportada hoy, casi en su totalidad, tras la campaña maduro-chavista de exterminio de la empresa privada, en la explotación de sus colosales reservas de hidrocarburos.

Vistas las marcadas tendencias políticas de los dos países, en un hipotético futuro, vigente un pacto de paz a todas luces inconveniente, tendremos un partido político armado, de colosal poder económico, sin renuncia a sus actividades delincuenciales, blindado en sus letales prerrogativas dentro y fuera de las fronteras, apoyado por vecinos hostiles a la democracia, con camino abierto y expedito hacia la instauración de una tiranía semejante a la venezolana.

 ¿LOS MEJORES?

Algo raro pasa en la comarca: la gobernadora y el Alcalde de Calarcá, aparecen postulados entre los mejores de la nación; la noticia no es para sacar pecho por los agraciados ni para que nuestra comunidad, esté izando banderas de gozo. Miremos desde un punto de vista concreto, tomamos solo uno de los problemas que atañen a los dos funcionarios elevados a tan florido balcón: El trabajo, dice la Constitución Nacional, Art. 25. "El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas" La prensa nacional y las estadísticas dicen que en el Quindío, se tienen los más altos índices de desempleo para Colombia; esa sola razón sería suficiente para rajar a nuestros queridos gobernantes y relegarlos a los puestos de retaguardia en el ranking administrativo porque mirado desde el punto de vista del desarrollo humano, el trabajo lo es todo y, representa, cuando se gestiona y expande el verdadero progreso de las ciudades y las regiones. Pueblo que trabaja no requiere dádivas ni auxilios, el hombre con su trabajo en empresas privadas o públicas gestiona su propia vivienda, provee la educación de sus hijos y proyecta su personalidad a los niveles donde puede elegir y ser elegido contando con su idea de democracia y la libre escogencia de sus representantes. No hay trabajo, por lo tanto, no hay misión cumplida de gobernantes, su tarea no se ha presentado a evaluación de las gentes porque en la parte más sensible socialmente hablando, se pelaron. Si el trabajo es un derecho que goza de la especial protección del estado, es deber de los funcionarios promoverlo, gestionarlo e impulsarlo con toda clase de garantías, entonces, Alcalde y Gobernadora, ¿cumplen ese requisito fundamental?

 EL MEJOR ALCALDE DE COLOMBIA

Acaso sea anatema preguntar a los lectores cuál es la medida para designar a nuestro Alcalde como uno de los mejores del país. No fue elegido popularmente, no gobernó el período completo, sus ejecutorias tienen, según nuestra óptica, mucho de promoción periodística. Es posible que las finanzas estén funcionando porque los gastos fueron comprometidos por los cinco alcaldes anteriores, su trabajo puede ser el de ejecutor de tales compromisos y presentador de informes y tareas administrativas con las cuales las entidades de mayor nivel miden la eficiencia administrativa, es decir, cumplimiento de protocolos mensuales aun cuando no haya logros.

Pensemos: en cuanto a obras se refiere, se terminó la Avenida Colón, luego de sudores y sobresaltos de los anteriores; se abrió el parque de recreación concretando la idea de los antecesores; a troche y moche se intenta la feria agropecuaria; "patrasió" la orden del transporte hacia el norte de la ciudad, primó el interés particular al general; la mejora de Casa de la Cultura es un plan nacional; la carrera 27 es un mar de huecos desde la galería hasta el semáforo de la Av. Colón; Se hizo el andén de la 25 entre 40 y 41, con los adoquines que compró Multipropósito para la peatonalización de la 25; las Galerías no funcionan, Chucho, tampoco pensó en ponerle coto a ese espinoso asunto; el agua de Calarcá es la más cara del departamento; la inseguridad es alarmante; las busetas diessel contaminan sin tregua a la ciudad.

No somos enemigos del alcalde, nuestra posición es apolítica, pero, obras de verdadero desarrollo que mejoren la convivencia y el bienestar ciudadano, no vemos por ninguna parte, sabemos que el ajustado presupuesto no ayuda para hacer obras, se requiere gestión ante el alto gobierno para lograr partidas y beneficios de interés general.

 ELECCIONES Y MUCHO MÁS

La vecindad de elecciones para cargos populares enciende no solo pasiones políticas sino alarmas sociales. En primer término hay fiebre partidista que ataca a todos aquellos de antes y de ahora, fans de algún color tradicional o nuevo pero, movidos por sentimientos arraigados por tradición familiar o adopción por favores dinerarios o laborales; en segundo lugar, aparecen ambiciones bien sea por aspiración a cargos o la consecución de dádivas por el trajinar en favor de algún político. Las leyes entre otras, la Constitución Nacional, tratan de corregir el espinoso decurso de los tiempos electorales, el Art. 40, dice que los ciudadanos pueden elegir y ser elegidos, sin otras minucias, los políticos que han convertido la ley de leyes en retazos sin forma, meten otras normas que deciden quienes pueden representar a los ciudadanos en esos colegios y cargos donde se mueve la administración: bancadas, avales y otros requisitos desligan a quienes sin la cobija partidista quieren participar como congresistas, ediles o concejales. Cuando los grupos se conforman, los elegidos se convierten por obra de no se sabe cuál hado en voraces devoradores del erario, su voto para iniciativas del ejecutivo vale dinero y los contratos se vuelven presa de quienes tienen la obligación histórica y moral de defender el bien común que son los bienes públicos pertenecientes a los votantes que son la nación, es decir, los ciudadanos.

No podemos cambiar la forma de interpretación común de la administración pública que, al parecer, es un botín del cual todos hacen leña, como del árbol caído. El problema es de fondo, no bastan las leyes, se requieren cambios educativos profundos a todo nivel, empezando por la educación familiar donde deben salir los futuros ciudadanos con las cualidades que quieren vender los políticos de ocasión: "transparencia, honestidad, honradez, rectitud", para ser amalgamados por aprendizajes educativos como: "ética, política, servicio, preparación, estudio". Al convertirse en lemas de campaña son ideales para mover a quienes no saben del asunto o para quienes conociendo los términos saben que no son de fácil cumplimiento porque los límites normativos no permiten sino la tipificación de tales para hacer las tareas propias de quienes llegan a la administración por encargo popular. Cuando se ejerce un cargo los ilícitos aparecen como por arte de magia, por exceso: aquellos que saben demasiado de administración o por omisión: cuando los encargados saben poco del asunto, en ambos casos, los asesores juegan papel fundamental porque su conocimiento de la reglamentación dice a los nominadores si firman o no los actos administrativos que luego pueden ser demandados y convertir al administrador público en reo de la justicia y suspendido de su cargo por muchos años. Son pocos los que sobreviven al paso de un período administrando los bienes públicos bien sea como ejecutivos o como ediles. Cada cuatro años invocamos la memoria del pueblo para que realmente sean ejecutores del cambio, castigando con su voto a quienes han fallado y quieren perpetuarse en los cargos o premiando a los que aspiran a los mismos cuando tienen las manos limpias por sus ejecutorias en actividades privadas.

 ¿TODOS SON EL CAMBIO?

La palabra cambio, es consigna y presentación personal de todos los candidatos a cargos de elección popular desde la primera contienda electoral por allá en los años 86, sin que observemos cambio alguno en la ciudad ni progreso alguno para los ciudadanos salvo, ellos mismos, que vienen perpetuándose en las curules municipales o en cargos departamentales. "Yo soy el cambio" es la frase que identifica a nuestros aspirantes a concejales, alcaldes, gobernadores sin tener el bagaje académico o los respaldos morales que tan importantes aspiraciones obligan. Algunos ostentan títulos universitarios que tratan de adaptar a las exigencias de los cargos que quieren ocupar y en los casos de experiencia en alguna disciplina el caballito de batalla es precisamente saberse idóneo en áreas que se esgrimen como débiles dentro de la administración municipal que como sabemos, adolece de toda atención porque no es posible cambiar el estado de cosas sin presupuesto ni ideas para gestionar recursos para las verdaderas necesidades del conglomerado.

Vemos una gran cantidad de candidatos, 15, por aspirante a la alcaldía lo cual nos trae una suma de más de cien personas optando por los 16 sillones que componen Ejecutivo y Concejo, entre ellos, tenemos varios que parecen vitalicios porque cada período aparecen como elegibles y claro está, luego de tantos años tienen sus amigos de urna, que los mantienen sin importar para nada si hacen algo por ellos o por la ciudad. Se supone que para realizar verdaderos cambios es necesario cambiar todo el escenario, la tramoya y los actores porque la obra no ha sido posible renovarla con quienes vienen entorpeciendo antes que logrando mejoras en su trabajo individual o colectivo. Dadas las premisas que el cambio requiere lo mejor sería decirle a los votantes que hagan lo posible por cambiar sus representantes llevando a las curules a quienes no han tenido oportunidad de trabajar por la comunidad dejando por puertas a los que parecen dueños de los puestos sin méritos para aspirar de nuevo a los mismos. El cambio exige cambios y lo mejor es cambiar a todos porque los que se van no han hecho nada y se precisa dar cabida a otros que sí pretenden hacer cambios por lo menos, de caras y voces, en el Concejo Municipal.

 BOMBEROS EN ACCIÓN

Cuando nos cuentan las estadísticas, del Quindío, que llevamos algo más de 500 incendios entre urbanos y forestales, nos asombramos por el sentido de pertenencia y valor de quienes dedican parte de su vida a ese trabajo sea remunerado o voluntario. Es para asombrarse que los bomberos arriesguen sus vidas todos los días y sigan careciendo de elementales recursos para cumplir la función más arriesgada y responsable para con los demás ciudadanos de su localidad. Hay días en que no pueden transportar heridos porque la ambulancia no tiene gasolina, las máquinas no tienen el mantenimiento requerido para atender las alarmas que con frecuencia reciben, pensemos solo en el incendio del barrio González, donde no hay hidrantes y las casas por su endeble construcción fueron pasto de las llamas en minutos, ahora bien, los continuos incendios forestales provocados por la irresponsable actitud de quienes van al campo a fumar o hacer fogatas o simplemente tirar vidrios al suelo que debido a la intensidad solar producida por el fenómeno del niño se convierten en lupas que encienden la yesca y los pastos resecos. Es hora de reconocer el valor y sacrificio de nuestros BOMBEROS, ellos, son entre los ciudadanos, seres especiales que arriesgan su vida por nosotros sin que les devolvamos nada y sin exigirle a los administradores municipales que una de las normas constitucionales es la seguridad ciudadana para lo cual, los bomberos y sus equipos deben estar en plenas condiciones y para eso se necesitan hombres bien remunerados, bien dotados, bien entrenados y con el respaldo de la mejor maquinaria.

 CALARCÁ AISLADA

Leer algo de la historia de Calarcá, es encontrar un pueblo oculto en las faldas cordilleranas con miedo de pertenecer al resto del mundo a pesar de gritar que somos el corazón vial de la nación. Desde los inicios de la municipalidad resolvieron, los viejos fundadores, aferrarse a la montaña incluida la no cooperación para construir el puente de La María, necesario para unirnos a Armenia. El crecimiento de nuestra vecina produjo el complejo de pequeñez que todavía nos acompaña y, reduce más aún, gracias a la expansión ilimitada que mantiene a Armenia como la ciudad milagro de Colombia.

Lo que parecía ventaja comparativa y competitiva es decir, nuestro portón hacia la cordillera nunca nos dio beneficios porque no llegó a la Alcaldía alguien capaz de hacer de nuestra posición geográfica una entrada para reordenar nuestras vías y hacer de Calarcá, el verdadero eje vial de Colombia. El ferrocarril debería haber llegado a nuestro pueblo y de aquí, por las dificultades viales de la gran montaña, cargar los camiones hasta la capital, sin embargo, las peleas con los cuyabros, hizo que el tren se quedara en Armenia. La caída del café por terminación de los pactos internacionales acabó con la economía local, los caficultores de cierta holgura se fueron a las capitales en especial para Bogotá dejando como era de esperarse desempleo y abandono en la ciudad que les proporcionó prosperidad. Ese fenómeno hizo que la incipiente industria se marchara hacia otras latitudes incluso, por calidad de servicios y oportunidad laboral, los calarqueños se fueron a vivir a la capital del departamento. El terremoto, último evento capaz de redimir la ciudad no tuvo un Alcalde con visión ni carácter para trabajar con Boris, dueño y señor de Fenavip, quien impuso sus condiciones gerenciales a favor de muchos de sus copartidarios sin pensar en los damnificados de nuestro terruño. Tampoco hubo, como antes y como siempre, personas capaces de arriesgar, en empresa, amparados en las leyes que fueron aprobadas para atender la emergencia, Calarcá, quedó relegada de nuevo y con más de diez mil nuevos habitantes para prestarles servicios de toda clase, es decir, crecimos en población pero decrecimos en todo lo demás, especialmente, en integración, progreso vial, desarrollo de sus gentes a tal punto que no tenemos una Universidad que lleve nuestro nombre, la cultura es apenas un mito y por ende, nos catalogaron como de quinta categoría con las restricciones presupuestales que conlleva esa calificación. Estamos en un momento crucial, requerimos de Alcalde y Concejales con capacidad de gestión y la osadía suficiente para transformar nuestra ciudad en algo importante, diferente, turística, cultural, limpia y con facilidades empresariales a futuro inmediato, cercano y lejano. Calarcá necesita nueva administración, nueva gente en todos los frentes ciudadanos y como factor prioritario: educación a todos los niveles.

 CALICHE Y SUS CRONICAS...

Carlos Peláez o Caliche, otrora Robledista, de aquellos que vagamos por el pueblo hasta encontrar sitio en alguna parte del mundo, nos deleita con sus crónicas sobre asuntos del pasado próximo de nuestra ciudad. Con su permiso publicamos esta nota.

Don Roberto Gómez no era doctor... pero recetaba. Él mismo, en su laboratorio de alquimista-farmacéutico, preparaba sus menjurjes y curaba el cólico miserere, la cagalera, el carranchil y la pecueca. Don David, el famoso yerbatero del barrio Popular, no era doctor ni homeópata... pero recetaba. Él mismo, con sus manos prodigiosas, auscultaba sin fonendoscopio, la barriga, los pulmones, las amígdalas de los pacientes que impacientes hacían cola en su consulta. Y curaba anginas de pecho, fiebres tercianas, el reumatís, la pedorrera, el mal se San Vito y las enfermedades vergonzosas (chancros y gonorrea) Don Luciano Echeverry, don Eduardo Ballesteros y don Aureliano Quintero, no eran doctores odontólogos ni ortodoncistas; eran Teguas que sacaban las muelas podridas y las que se podían arreglar, pues las taladraban con sus horribles fresas de pedal, curaban nervios y calzaban con amalgama, instalaban puentes y hacían pianolas con hartos dientes. Las gentes de mi pueblo recuperaban la sonrisa. El negro Chorro di´humo, no era doctor en derecho ni en torcido, abogado, jurisconsulto, ni nada por el estilo : era Tinterillo (u Rábula, como dicen en Salento)y se la pasaba del Permanente a la Inspección de Policía, de los Juzgados al Tribunal, defendiendo a sus poderdantes, reos ausentes y presentes, pícaros de poca monta y avivatos de toda laya, porque al fin y al cabo "todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario " Y a todos los sacaba libres por unos modestos honorarios. Álvaro Ángel Toro, nuestro sin par "Camello", nunca pasó por la Facultad de Comunicación Social ni Escuela de Periodismo alguna y sus corresponsalías en La Patria de Manizales y en El Tiempo de Bogotá se leían en toda la comarca y se escuchaban en La Voz de Calarcá y en Pregones del Quindío. Argemiro Isaza (el papá de nuestro amigo Guillermo Isaza), sin ser Ingeniero ni Arquitecto, construyó casas y edificios que nunca se cayeron: verdaderas obras maestras de Ingeniería y Arquitectura. Por eso yo resolví hace mucho tiempo graduarme de Carpintero en Comfama de Itagüí (carrera de 3 meses) y hacer un posgrado de Plomero en el Sena (5 semanas). Aquí tengo mis Diplomas. Pero un Carpintero-Plomero como que no casa. Y además, pues con esta cara de poeta que me mando, como que nadie me cree. De modo que: ¡Qué fracaso de carpintero! ¡Qué desgracia de plomero! ¡Qué pobreza de poeta! pero de todas maneras: la Universidad... ¿para qué? Y además: ¡¡¡Qué pereza...!!!

Caliche, San José CR. 21-09-2015

 EL FÚTBOL ASESINO

"Todo tiempo pasado fue mejor" es un decir aplicable en algunos casos, el Fútbol por ejemplo. Cuando nuestras piernas volaban detrás de un raudo balón en el estadio Las Palomas, por los años 60, el fútbol era fiesta, pasión, camiseta color de amor, grito sin freno cuando el gol llegaba; era todo porque se esperaba cada sábado como el paliativo mayor al trabajo de siete días no solo para los aficionados sino para los jugadores "amateures" como decíamos entonces. A falta de otro pasatiempo, el fútbol lo era todo, incluida la paz. Teníamos curas futbolistas como el Padre Villa; profesionales destacados luciendo uniforme de equipos como Corsarios, Bomberos, Federación, Caldas, Juventus; en esos oncenos jugaban cientos de calarqueños, profesionales muchos, alternando con quienes eran ayudantes u oficiales de construcción o estudiantes, en esa mezcla agradable que el juego proporciona porque todos en cualquier momento éramos apenas titulares o suplentes en algún onceno local donde solo contaba la calidad futbolística o la afición.

Amamos nuestra camiseta y la cuidamos con amor reverencial pero, jamás pensamos en matar a otros por tener su camisa verde o roja o blanca, nuestra idea era ganar los partidos en franca lid y si era del caso, celebrar con algunas cervezas compradas al viejo Pacho, en la tienda del estadio. Las peleas, si acaso se presentaban, se dirimían durante los 90 minutos a codo y fuerza, nunca con agresiones de cuchillo o bala porque entonces, a pesar de la violencia partidista, el fútbol nos unía a todos y nos hacía encontrarnos para mostrar habilidades físicas nunca para mostrar agilidad con armas para eliminar al rival o emboscar a quienes nos vencían en franca lid durante el partido de cada semana.

Pasan los años y la violencia pasa también de la zona rural a las ciudades y claro está, llega a los estadios y campos de fútbol, donde es normal jugar bajo los efectos de alucinógenos y donde los hinchas van igualmente fuera de sí por uso permanente de tales elementos. No sabemos cuál sea la consigna de nuestros aficionados, pensamos que no es el fútbol porque el deporte, dicen, es paz: ¿Serán las banderas o sus colores? Para darnos cuenta es preciso asistir a los partidos de cada semana, pero, cuando la vida peligra se esquiva el vado donde está la emboscada, nos alejamos de los estadios y, a nuestros hijos, tuvimos que recluirlos frente a la computadora a jugar su fútbol virtual sin el peligro de una puñalada. El tiempo de juego frente al tv de Momo´s, es realmente escabroso porque no se sabe a ciencia cierta que puede pasar a pesar de la presencia del Esmad. Nos alejaron del fútbol aquellos que lo quieren tanto que matan y comen del muerto por un gol. Al fútbol deporte universal, en nuestro país, se convirtió en excusa para drogarse y matar.

 NOTAS DE FISCALÍA

El Fiscal general de la nación se volvió un tipo pintoresco por sus antecedentes de contratista de Santos, antes de, y contratador de exmagistrados, luego de. Sus declaraciones frente a supuesto aborto de la artista Carolina Sabino, es un exabrupto jurídico donde el director del ente acusador rompe las reglas del debido proceso y tira por la borda el principio de Reserva del sumario. El debido proceso comprende un conjunto de principios, tales como el de legalidad, el del juez natural, el de favorabilidad en materia penal, el de presunción de inocencia y el derecho de defensa, los cuales constituyen verdaderos derechos fundamentales. También comprende el principio de tribunal o juez imparcial, como podemos ver, el Fiscal rompió todas las reglas y puso en entredicho a una persona que no había sido acusada, además, obtuvo la información por medios que no fueron ordenados por autoridad competente. Pensamos que la actriz está en todo su derecho no solo de reclamarle al Fiscal por su anuncio sino el de demandarlo por no guardar las reservas requeridas en estos casos. El problemas no es la denuncia pública que en casi todos los casos colombianos se conoce, es la problemática que conlleva socialmente hablando para el implicado, porque nuestra sociedad no tiene capacidad de tolerancia ni resiste sin alterarse anuncios de delitos de nuestros personajes. Carolina Sabino, por su calidad de ídolo popular debe ser perfecta, cualquier anormalidad dentro de su existencia es un anatema que nadie perdona, se olvidan que es mujer y como tal, al dársele del don de la procreación no puede negársele el derecho a tener o no a su hijo. En Colombia, las mujeres están condenadas a ser embarazadas sin poder rechazar tal situación a pesar de la consabida irresponsabilidad de los varones que huyen despavoridos cuando deben atender a la mujer que han seducido a dicen amar para siempre. Tenemos con este caso dos situaciones para resolver, la primera: absoluta incapacidad de nuestros funcionarios para mantener la reserva sumarial y en segundo lugar, la discriminación que se hace a la mujer que no puede abortar cuando su hijo no será bien recibido o no cuenta con las garantías familiares y sociales que le aseguren un buen futuro. Nuestra idea es: solo la madre sabe y debe seguir adelante con un embarazo cuando tenga para ese hijo el amor y los cuidados necesarios para sobrevivir en igualdad de condiciones a otros niños.

 EL MEJOR CAFÉ DEL MUNDO

Por conversación con un vendedor antioqueño supe de la ignorancia que se tiene de la ciudad; el vendedor me dijo, ¿de dónde es Usted? –De Calarcá, le dije, ¿y, eso dónde queda?, con algo de rencor le respondí porque no acepto que ningún colombiano ignore dónde es Calarcá; ese incidente me llevó a pensar en la capacidad de las gentes para hacer de sus pueblos algo para recordar o para visitar, el empoderamiento es un principio esencial para enseñar a quienes vienen o pasan por estos lares nuestras fortalezas. Cuando decimos "bocadillos veleños", "chorizo Santarrosano" "pionono Aguadeño", "trucha de Salento", "longaniza de Sutamarchán", "la matraca de Pácora", "avena del Espinal", "orquídeas de Medellín", "ruanas de Nobsa", "Tejidos y bordados de Cartago", "sombreros Aguadeños", "artesanías de Ráquira", "empanadas Envigadeñas", estamos contando que en esos lugares hay algo especial para ver, visitar, comprar o admirar. Calarcá, alguna vez se dijo: produce el mejor café del mundo, pero, se nos quedó sin desarrollar la idea que bien pudiera hacer llegar turistas de todo el mundo a degustar nuestra bebida estrella. Por esa razón y muchas otras, vamos perdiendo identidad, nos relegamos mientras otras localidades dan pasos gigantes en busca de mejorar sus condiciones laborales, turísticas, educativas. En Quimbaya hay renacer de industrias familiares; Salento, luego de muchos años de lucha ocupa el primer lugar en turismo y es sin lugar a dudas el emblema de nuestra comarca no solo por su arquitectura paisa sino por la palma de cera. La Tebaida, hace esfuerzos descomunales para hacer del terminal férreo, empresa turística y puerto seco. Invitamos a los directivos del Reinado Nacional del Café, a las entidades oficiales y cívicas para reordenar nuestra imagen y hacer del café o el tinto calarqueño algo para mostrar a nivel mundial ahora cuando Juan Valdéz, promociona por el mundo el grano y la bebida. No estaría mal que durante las fiestas aniversarias utilizáramos el traje típico regional al estilo de los llaneros quienes para mantener su tradicional liqui liqui, lo usan un día al mes, especialmente, los funcionarios adscritos a las entidades oficiales. Tenemos bases para lograrlo, en varios establecimientos tenemos los llamados cafés orgánicos con el nombre de cada finca productora, necesitamos la organización de caficultores que lance el producto y cuente con la asesoría de la Federación, no solo para promocionar a Calarcá como cuna del mejor grano sino traer turistas a degustar un tinto en la región cafetera por excelencia.

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