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LA PULGA EN LA OREJA
 CERTIDUMBRES E INQUIETUDES

Por: José Gregorio Hernández Galindo

NO ES EL PUEBLO

A propósito del evento electoral del 25, que se supone es un certamen democrático, lo que acontece nos hace reflexionar sobre la democracia. Ésta, en el concepto tradicional, es el sistema político en que el pueblo, en ejercicio de su soberanía, resuelve sobre el rumbo del Estado y los destinos de la sociedad, y escoge en las urnas a sus gobernantes y representantes.

Para Rousseau, la democracia implica y exige el gobierno directo del pueblo. Los ciudadanos, libres e iguales, titulares de derechos inalienables que canalizan mediante el sufragio -a su vez, un verdadero derecho-, configuran la voluntad general y adoptan las decisiones fundamentales. El pueblo no puede enajenar su libertad, ni dejar que otros lo sustituyan en el ejercicio de sus derechos políticos.

Abraham Lincoln proclamó la famosa definición según la cual "la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

Giovanni Sartori acude al sentido etimológico de la palabra "democracia", que quiere decir "poder popular". Pero afirma que, si ello es así, las democracias deben ser lo que dice la palabra: sistemas y regímenes políticos en los que el pueblo manda. Y, sin embargo, el concepto de "pueblo" es indefinido. Por lo cual el autor italiano se pregunta: "¿Quién es el pueblo? (...) ¿Cómo atribuir el poder al pueblo?".

Ahora bien, en el Derecho Constitucional colombiano, ese concepto está definido. El pueblo está conformado por todos los ciudadanos (nacionales, mayores de 18 años), quienes, como lo expresa el artículo 260 de la Constitución, eligen en forma directa Presidente y Vicepresidente de la República, senadores, representantes, gobernadores, diputados, alcaldes, concejales, miembros de juntas administradoras locales, y, en su oportunidad, miembros de la Asamblea Constituyente y las demás autoridades y funcionarios que la misma Constitución señale.

Para que haya una genuina democracia, debe ser cierto y real que quienes eligen son los ciudadanos, los integrantes del pueblo. El derecho al voto, según la Constitución, es inalienable, fundamental.

Pero es precisamente esa realidad y esa certeza las que brillan por su ausencia en la Colombia actual, pues entre nosotros no es el pueblo el que elige. Manipulado por muchos y en muchas formas, no ejerce en verdad la libertad que Rousseau decía que no podía ser enajenada.

Aquí, habiendo quizá pasado de moda los "manzanillos" (no del todo), los reales electores son: el dinero (privado o el oficial, en forma de "mermelada"), los encuestadores y los medios de comunicación.

 LA CASA DE LAS PALOMAS

Por: Janet Duque Cuéllar

En esta Villa del Café y en "La Calle de las Palomas", la abuela había comprado la casa con la venta obligada de su hacienda Bolivia. De estatura baja, de pelo negro, vestía siempre de medio luto, lo que sumaba a su recia personalidad, un aire de nostalgia. Sagradamente leía el periódico después de lavar el gallinero que quedaba en el patio de atrás y fumándose su tabaco. No hacía visitas nunca, no tenía amigas, solo le bastaba su hija soltera y ocasionalmente iba a misa, caminando paso lento pero seguro, con la mirada fija y penetrante, como si pudiera ver más allá de lo evidente. Leía, tejía y hacía el oficio con una rutina estricta, despertaba admiración.

Su hija, una soltera intelectual y no menos enigmática que su madre, era vista en la ciudad haciendo campaña política y reuniéndose con su grupo de liberales.

En esa casa de grandes trazos, sábanas, manteles bordados eran un puñado de blancura, bastaban para anclar la casa en su centro de limpieza.

Allí, también se señalaban otras biografías: mi madre, viuda, elegante y con una simpatía arrolladora. Siempre fue el motor de la alegría que nos conducía con optimismo. Con ella se prolongaban los sueños y estos estaban permanentemente en contemplación. Mi hermano, un joven de trece años, que le tocó desarrollar una fuerza espiritual para enfrentar su tensión cotidiana, porque se hizo adulto y ser el padre de nosotras. Mis dos hermanas, una, dicharachera, no le gustaba hacer nada, motivo por el cual mi abuela no la quería; la otra, vivía en Manizales, con una belleza natural, un espíritu ingenuo y superprotegida. La hermana menor, apenas cursaba quinto de bachillerato. Inquieta por otras culturas y otros tiempos, con un espíritu riguroso y comprometida con la ecología, con los derechos humanos e impregnados de un instinto rebelde.

Por extraño que parezca, cuando llegó el invierno un absoluto silencio empezó a invadir la casa, la inmensidad de los espacios nada sugerían, el sentimiento de las curiosidades estéticas suspendidas en la tristeza. Por ello, las especulaciones no se hicieron esperar: nos tocó partir de la casa de la abuela. Mis hermanas se casaron y partieron, mi hermano, partió, mi madre, partió, excepto, la menor de las hermanas.

Ese invierno, borró los pasos, confundió caminos, ahogó los ruidos y ocultó los colores.

Pasó el tiempo. Después cuando la abuela nos echó de la mansión, ella, murió sola, la hija soltera, quedó de la caridad pública y el resto de la familia continuó sus vidas.

En una ausencia de treinta años, volví a la dirección de la residencia: ya la memoria no registra la duración concreta de los hechos; por eso no se pueden revivir las duraciones temporales, hoy solo pasan como líneas de tiempos abstractos.

Una extraña casa que se sostiene en mi voz y está habitada por el silencio y el vacío.

Para qué volver a esa casa...
es como atravesar los muros de fantasmas donde se quedó congelada la distancia,
es volver a pisar huellas recorridas en el tiempo y la tristeza
es ir exiliados a los pueblos porque no están los hermanos, ni la madre.
Ellos que atizaron el fogón alrededor de las sonrisas donde la madre nos depositó el alma y
alrededor de los viejos bombillos, reíamos encantados.
Allí, ya no hay luz, ni alegría:

"¡Oh nostalgia de lugares
que no fueron!
Quisiera devolverles
los gestos olvidados!"
Ahora, esas paredes de cal
no se escuchan las palabras muertas.
Todos partieron
a otras casas
a encender chispas de frutos maduros.

 Y SI SE FIRMA LA PAZ, ¿QUÉ HARÉ CON ESTA ESCOPETA?

Cómo desarmaré mi corazón
que al igual que mi país
es un campo minado
un espejo en el que se miran
muertos y asesinos;
un fusil que no encuentra su blanco
y se vuelve contra mí cerrando un ojo
y acariciando el gatillo
como si fuera el pezón de la mujer que amo.
a veces lo escucho balbucear
una canción que habla
de desencuentros y de lejanías.
y a veces, desafía mi silencio
con un estridor de pesadilla.
Apretando los dientes espero y callo.
La noche se avecina;
mis perros buscan el calor del hogar
y lamen mis pies descalzos.
El viento silva entre las ramas del almendro
y la mata de bambú.
Esta noche,
mientras afilo la navaja en mi pecho
miraré el firmamento
en busca de una estrella fugaz
y esperaré la lluvia
tirado en el pasto como un árbol derribado.

Jorge Julio Echeverry Botero

 LUIS VIDALES DE CALARCÁ

Luis VidalesPor: Óscar Jiménez Leal

Cuando don Segundo Henao, don Román María Valencia y otros valientes ciudadanos, suscribieron el 29 de junio de 1886 el Acta de Fundación de Calarcá, quizás pensaron que estaban creando un espacio para ubicar un universo mágico, donde tuviese lugar el desarrollo de las artes y las letras, actividades a las cuales no eran ajenos, pues el primero se dió al empeño de contar las hazañas de la colonización en su libr o "La Miscelánea", donde destila amor por la libertad y ejerce la virtud de la tolerancia y el segundo era cazador de mariposas y dado al avistamiento de aves -precedente del Mariposario de Alberto Gómez Mejía-, a la vez que salían de su pluma castizas convocatorias a los antioqueños para que viniesen a poblar esta región de ensueño. Todo ello signó el espíritu del hombre calarqueño y develó las claves para comprender su idiosincrasia al tiempo que inscribió la recién fundada población en el escenario de la cultura vernácula.

CALARCÁ INGRESA A LA CULTURA UNIVERSAL

Pero habría de ocurrir un hecho todavía más significativo por su amplia dimensión en 1926, con motivo de la llegada de Gaitán a París, de regreso de Roma donde se había especializado en Derecho Penal en la escuela del mundialmente famoso profesor Enrico Ferri. Allí residía el poeta calarqueño Luis Vidales Jaramillo, autor de "Suenan Timbres", terminando sus estudios de Ciencia Política en la Escuela de Altos Estudios de París. Su encuentro fue amor a primera vista entre dos intelectuales de primerísima categoría, pues desde entonces Vidales apoyaría a aquél en todas las empresas políticas emprendidas.

Sobre el encuentro el escritor Alejandro Vallejo cuenta esta maravillosa anécdota:

Invitados los dos personajes a escuchar la conferencia que dictaba en la ciudad de Neuilly, cerca a París, el científico Voronoff sobre "Las consecuencias filosóficas del rejuvenecimiento por medio de la glándula del mono", cada uno de las personalidades asistentes se presentaron al ingresar al recinto académico así: Borosiloff de Varsovia, Freud de Viena, Bulnes de Praga, Peliken de Oslo, Marañón de Madrid, Merinelly de Roma, Gaitán de Bogotá, Vidales de Calarcá.

En ese preciso instante la nueva población quedó inscrita en los Anales de las letras universales como ya lo estaba en la literatura regional, con la obra de sus fundadores.

De regresó al país, Vidales fundó el Partido Comunista Colombiano y con Alberto Lleras Camargo, León de Greiff, Jorge Zalamea, José Mar, Rafael Maya, José Umaña Bernal y otros sobresalientes intelectuales, conformó el movimiento vanguardista de Los Nuevos que revolucionó el panorama literario al romper las tradicionales reglas impuestas por el romanticismo. Y en lo político, fragmentó el vínculo de la nación con la poderosa generación del centenario, sustento del régimen gobernante. Con su concurso comenzó así el principio del fin de la Hegemonía Conservadora y sus efectos colaterales fueron tan intensos que alcanzaron a influir veinte años después en la caída de la República Liberal, gracias a la disidencia Gaitanista.

Esa atmósfera mágica de la cultura universal hizo posible que Catarino Cardona enviase a la capital enjundiosos estudios jurídicos solicitando la titulación de baldíos a los colonos que nunca fueron contestados por el centralismo bogotano. Más tarde sabríamos que los poderosos accionistas de la Compañía Burila, propietaria de los terrenos en virtud de una Cédula Real, neutralizaban cualquier intento de adjudicación de tierras.

La misma atmósfera mágica posibilitó a Jaime Buitrago Cardona trazar la saga de la colonización antioqueña en "Hombres Trasplantados".

A Baudilio Montoya ser el último rapsoda del Quindío, según la afortunada definición del excelente escritor y académico Héctor Ocampo Marín.

A Nelson Osorio Marín, ser poeta, compositor, publicista y uno de los pioneros, con Jaime Lopera Gutiérrez, del minicuento en Colombia.

A Humberto Jaramillo Ángel prolongar la Ruta del Quijote bajo la sombra tutelar de Azorín, después de deleitarnos con líricos relatos. A Rodolfo Jaramillo Ángel hacer el maravilloso anecdotario de la ciudad.

Antonio Cardona Jaramillo exorcizar en "Cordillera", los fantasmas que perturbaban el sueño de sus conciudadanos. A Umberto Senegal desencriptar la enigmática literatura oriental, además de proveer las letras nacionales de maravillosos y poéticos relatos.

A Jaime Lopera Gutiérrez narrar los hechos y desentrañar el alma de los valientes que emprendieron la gesta colonizadora, incluida la imputación de que toda "La Culpa es de la Vaca".

A Libaniel Marulanda contar al son que le toquen, las peripecias y vericuetos del espíritu calarqueño con sus bien logradas estampas y perfiles, bajo los acordes marciales de su gran talento musical que no opaca sino que emula con su brillante vocación literaria.

A Rodrigo Iván López deleitar al más exigente lector con su narrativa incomparable, en espera de que publique su primera novela que ha terminado cinco veces. A Iván López Botero asustar en cada temporada con su elocuencia parlamentaria las faldas de monjas y obispos y a la burocracia cafetera, con la amenaza de establecer el divorcio vincular, despenalizar el aborto o ponerle contraloría al Fondo Nacional del Café.

Al Prologuista de la novela urbana de José Nodier Solórzano o al tal Raigoza, de "La Secreta", recrear, con precisión de relojero suizo, los noventa y cinco barrios de la topografía calarqueña, señalando sus calles y avenidas, en pos de Gloria Auxilio, su amada, a quienes, ante sus fracasos amorosos, bien puede aplicárseles aquello que el parlamentario Augusto Ramírez Moreno decía del famoso doctor Esteban Jaramillo en el Congreso: "El señor Ministro de Hacienda es como ese fetichista sexual que acaricia las ropas de la mujer amada sin llegar nunca al yunque aterciopelado donde se genera la vida."

A Noel Estrada Roldán registrarse como el poeta alejandrino clásico por excelencia. Al concejal Nelson Sabogal Vásquez, Chola, pronunciar, con suma elocuencia, un discurso de dos horas sobre un tema que ignora absolutamente, solo para dilatar el levantamiento de la sesión. A Carlos Alberto Villegas, ser el más notable y estudiado crítico de ese universo mágico en que vivimos. A Héctor Rojas Castro, Ernesto Osorio Vásquez y Alirio Sabogal Valencia, convertirse en los representantes más conspicuos de la crónica regional.

A Elías Mejía Henao, consagrarse como el poeta mayor de la comarca en cuanto concurso lírico se presenta. A Óscar Zapata Gutiérrez ingresar al Olimpo poético al obtener el primer premio nacional en el concurso a la manera de Walt Whitman o ingresar a la antología literaria con la descripción del único circo calarqueño, el "Circo Cóndor", que recorrió la geografía nacional bajo el techo de una carpa y terminó copando, con sus integrantes, el escenario de la política municipal.

A Esperanza Jaramillo no solo continuar con magnificencia el legado de su estirpe sino mantener indemne el prestigio poético de la ciudad. A Jamid Albén Jaramillo dejar oír el eco de las trompetas que refractan la voz de la poesía social.

A Argelia Osorio de Henao, a Marta Lucía Usaquén a Nelson Ocampo Osuna y a Jorge Julio Echeverry, convertirse en la guardia pretoriana del Pathos literario de los calarqueños.

A Abel Ortega, José Noé Torres, Rosalía Campuzano, Hernando Jiménez y Rosemberg Ceballos, darnos, con maestría de prestidigitadores, una policromática sinfonía de estampas y paisajes del entorno.

Ese mismo universo mágico le permitió Guillermo Vanegas ser músico, compositor y guitarrista de alto vuelo. Y a Óscar Aristizábal y a Fabio Echeverri cultivar el bel canto.

Por ello alguien dijo, no sin razón, que cuando un calarqueño quería leer un buen libro, simplemente lo escribía.

LOS ESCENARIOS DE LA CREACIÓN LITERARIA

Son numerosos los pueblos, lugares o ciudades que han ingresado con honores en la literatura o en la historia universal, para quedar allí consignados para siempre. Al fin y al cabo ambas actividades está regidas por una necesidad común: un escenario delimitado para desarrollar el encanto creador.

Unos serán creaciones de la imaginación como Macondo en la obra de García Márquez o el Municipio de Marcelia en la cuentística de Libaniel Marulanda. Otros, transmutados de la propia realidad por la fantasía del autor, como el Dublín de los primero años de Joyce o el Nueva York del "Mannhattan Transfer", de Jhon Dos Passos, o Comala en "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, o el París de "Los Miserables de Víctor Hugo" o de André Breton en la historia de "Nadja" o la Habana Vieja, en la obra de Hemingway. Como con gran acierto lo expresó el Nobel Vargas Llosa cuando afirma: "La buena literatura impregna ciertas ciudades y las recubre con una pátina de mitología y de imágenes más resistente al paso de los años que su arquitectura y su historia." (Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras", página 57).

Esa es la Calarcá mítica que queremos. La ciudad de nuestros sueños, aquella que está grabada para siempre en la memoria colectiva y en nuestros corazones, que a lo mejor es la realidad cotidiana transmutada por nuestra fantasía.

Por eso poco importa que sus calles se hayan teñido de rojo en el desencuentro fratricida de un instante oscuro, por fortuna superado, que siempre condenamos, ni que del parque principal hayan desaparecido sus guayacanes en flor para darle paso a la piqueta postmodernista, en donde bajo la batuta de don Anacleto Gallego o del Maestro Riascos, se celebraban las retretas semanales, para contentamiento de los jóvenes enamorados, ni que un terremoto haya herido de muerte el optimismo colectivo. Puesto que la buena literatura y las artes nos salvarán de las insatisfacciones padecidas, mientras allí se realicen eventos como el Encuentro Nacional de Escritores, exista el Museo Gráfico y Audiovisual de Luis Fernando Londoño, y se den conversatorios de música y poesía, con aroma de café, como los celebrados en el Café – Concierto de los hermanos Darío Fernando y Carlos Arturo Patiño de la calle cuarenta y uno.

 BALONCESTO EN EL ROBLEDO

Por: Kaliche Peláez

¡Cómo no acordarme de las noches de Básquet Ball en el Robledo! Aquellas batallas campales en que siempre terminaban esos partidos "amistosos". El partido se preparaba con semanas de anticipación. La Selección Robledo entrenaba intensamente todas las noches previas al encuentro. Se estudiaban estrategias, se discutían esquemas, que el ataque... que la defensa... que el pivot... que el dribling... no sé cuántos términos técnicos más, pero la cosa iba en serio. Miguel Gómez desplegaba toda su astucia. Los Lakers de Los Angeles tenian pecueca al lado de los Robledistas. La Selección Robledo (así con mayúsculas) eran Los Trotamundos de Calarcá. Y Calarcá Ra... Ra... Ra... ¡era lo máximo!

El orgullo por la patria chica inflamaba los corazones. Se decoraban los corredores del Colegio con festones y banderines. Las banderas de Colombia (amarillo-azul y rojo), de Calarcá (verde-blanco y rojo) y del Colegio (verde y blanco) engalanaban la cancha. Manuelito se preparaba en la tienda escolar para unas ventas fabulosas: Kolcana, frescola y pony malta, pandeyucas, luisas, cucas... y chicles y colombinas y frunas. No habían inventado los chitos ni las papitas fritas.

Y llegaba la noche del partido... ¡noche de fiesta! Los muchachos nos poníamos la mejor "mechita" pues las chicas del Instituto y del Colegio San José, se colaban no sé cómo, porque eran una sorpresa... ¡una agradable sorpresa! Se hacían en "barritas" aparte... y los tímidos muchachos que éramos entonces, nos limitábamos a hacerles señitas, sonrisitas de lejos, razoncitas... les mandábamos dulces y nos pavoneábamos muy orondos delante de ellas para lucirnos lo mejor posible.

Ya iba a empezar la confrontación, el gran encuentro RO - RU (Robledo - Rufino). Néstor Gómez, el más viejo de los troyanos, improvisaba una orquesta de lo más original: él, se armaba de un taburete de vaqueta, a modo de tambor o timbal; "guere-guere" Norberto Ospina, el más ingenioso y simpático que en el mundo ha sido, se conseguía (no sé cómo putas) un instrumento de la Banda de Guerra del Colegio, "pitico" Orlando Beltrán, se arrimaba con una raspa que sacaba de cualquier parte (?), aparecían de pronto maracas, palitos sonoros, platillos improvisados, campanitas, sonajeros, cualquier cosa que hiciera ruido (aquello era una locura) y Caliche Peláez, con una regla de dibujo en la mano, a modo de batuta, cumplía su sueño (sueño que en la vida no se hizo realidad) de ser Director de Orquesta.

Sonaba la chirimía y todo terminaba en una explosión de risas, carcajadas, gritos, chiflidos y escándalo general. La barra del Rufino, que ocupaba tribuna aparte, nos miraba con displicencia, por encima del hombro, creyéndose mucho chuzo, y nosotros, dueños del patio, que les queríamos meter esa orquesta completa por el culo, con taburete de vaqueta y todo, nos cagábamos de la risa, mirando a esos engreídos a los que les íbamos a dar una lección, mejor dicho, una paliza del putas.

Se cantaban el Himno Nacional y el Himno del Colegio. Y ese muchacho de voz prodigiosa, Alí Gallego, tenor criollo del Robledo, cantaba arias de Verdi y terminaba en medio de nutridos aplausos con el Funiculí-Funiculá Con una ovación de locura, entraba a la cancha el equipo del Robledo. Estas eran las estrellas: El grandote Pavón, Hébert Aristizábal, Jorge Marín, el negro Hurtado (el profesor, uno forastero, no era Germán Hurtado), Javier Gutiérrez, el chiquito Rincón. Y los suplentes (de medio pelo) Jaime Ramírez (lo alineaban porque era hijo de don Pedro Ramírez, Vice-rector), Jorge Ospina (lo metían porque... era Jorge Ospina), Fabio Montealegre, el loco Jaramillo, Holmes Barahona (por lo grande), Jorge Tobón (porque Jorge Tobón estaba en todo). ¡Y empezaba la batalla! ¡Qué partido! Tiro y tiro. Canasta a un lado... canasta en el otro. ¡Tajada el uno, chicharrón el otro! ¡Los del Rufino eran hueso duro! ¡Qué jugadas de los nuestros! ¡Qué revire de los otros! Parejo el partido. Esos pobres árbitros ¡Eran dos! ¡Qué protestas! Qué empujones ¡Pobres árbitros! Y el público enloquecido Y... Jorge Marín se descuelga por el sector izquierdo, la cruza para Hébert Aristizábal..., hace el doble ritmo y... ¡CANASTA!... 2 puntos. Y el grandote Pavón, en la defensa, desde mitad de la cancha... lanza... y... CANASTA... 2 puntos... ¡fabuloso! Pero el partido sigue apretado. No se sabe.

Ya en la mitad del segundo tiempo (los tiempos son de 25 minutos)... la pizarra esta 64 - 61 a favor del Rufino. Y Rufino marca nuevamente. ¡La tribuna asustada, perpleja! Pero les tenemos una sorpresita. Entra para el último tramo un AS que teníamos escondido en la manga: ¡LUIS EDUARDO GÓMEZ! La salvación ¡Un prodigio de jugador! Luis Eduardo coge la pelota y es el amo del universo mundo, el mundo del básquet. Hace malabares, se engolosina con la pelota, se come la cancha. En un sostenido de fantasía anota para el Robledo. Pivotea, dribla, va... viene... se escurre... se levanta... sostenido y... ¡2 puntos más! Y con Jorge Marín, y con Hébert Aristizábal, y con el negro Hurtado, y con Javier Gutiérrez, engrandecidos todos... Luis Eduardo, sublime, da un concierto de básquet ball que enloquece y embriaga. Al fin la pizarra, con marcador apabullante, muestra los resultados de un partido de antología. A pedradas y malparidazos, despedimos con la cola entre las patas ¡A LOS HIJUEPUTAS CUYABROS!

 EL ATAÚD DEL MORRO

Por: Juan de J. Herrera

Cuando la juventud reta a grupos en proyecto de próxima hombría, aparecen desafíos ineludibles, presiones de grupo que terminan por embarcarnos en empresas de las cuales sacamos la mejor de las veces, moretones, reprimendas, castigos y marcas indelebles. Acaso catorce años sean proyecto de hombre pero, en otras épocas siendo tan distante la mayoría de edad, -21 años-, ser hombre tiene mapas con itinerarios a cumplir so pena, de aparecer en lista de individuos sin garantía de masculinidad... seguir leyendo----->

 "GUASABRA Y EL CACIQUE"

Por: Luis Fernando Ortiz Molina

Transcurría 1.964 y el tema era el grado de "Guasabra". Aprobó en Bogotá un curso completo en Artesanías con énfasis en "molde de rostro en yeso".

Lo primero que hizo "Guasabra" fue ofrecer sus conocimientos al rico del pueblo: "merecía que su estirpe fuera recordada y admirada por muchas generaciones, dada su benevolencia y servicios prestados a la comunidad", le dijo "Guasabra" y lo convenció.

El trabajo era garantizado y el precio sería de acuerdo a la satisfacción del cliente.

Cubrió con alginato la cara del Cacique, luego le impregnó yeso. Dejó secar y obtuvo así la impresión en negativo del rostro del magnate. Vació, dentro del negativo, yeso de Paris.

Lo pulió, embelleció y obtuvo así una réplica blanca de la cara del mandamás de la región.

!!Quedó igualito al Cacique Calarcá!!

A la hija, política destacada en la región, obviamente no le gustó para nada tal obra maestra; su padre-político, no era así de feo, pensó para sus adentros.

Por su parte el viejo estaba que no se cambiaba por nadie, no dejaba de admirar la obra de arte y pagó con creces.

Además le mando a hacer un busto en bronce y lo colocó a la entrada de una de sus muchas fincas.

Pasó el tiempo... Cuando la reconocida política inauguró el parque "CACIQUE CALARCÁ" al lado de la Penitenciaria Peñas Blancas, en la glorieta que da inicio a la Avenida Colón, rescató el célebre busto, origen de este cuento y lo colocó allí como si fuese el del "Cacique".

¡Y en verdad era el de un Cacique!

 UN CIRCO POBRE Y MI TIPLE

Por: Umberto Senegal

Para el profesor Álvaro Cano, quien trabajó en este circo.

Voy a relatar la escena más desconsolada que he visto en mi vida de tiplero ambulante por estos pueblos del Quindío...

A Génova, uno de los municipios pequeños del citado departamento, pueblo cafetero cordillerano atiborrado de verdes cuyas montañas limitan con las nubes y el vuelo de los gallinazos más osados, donde la única verdemántica que conocí en mi vida me pronosticó mediante la lectura de hojas de yerbabuena que alguien me regalaría la letra para dos de mis composiciones musicales antes de fallecer Shakira, llegó un circo pobre. Demasiado pobre y por eso levantaba siempre su raída carpa en pueblos arrinconados y pobres.

Me contrataron para tocar tiple mañana y tarde. Extraña forma de publicidad que no me disgustó porque ofrecieron pagarme con las tres comidas del día. Y porque este tiple, así viejito como lo ven, es mi única compañía. No conocí a mis padres pero cuando interpreto alguna pieza musical en este berraco tiple, llegan a mis ojos las imágenes de una mujer campesina y un buen hombre obrero de la construcción, tal vez mis padres. No lo sé ni se lo he preguntado a mi tiple porque se entristece y no es bueno para ninguno de los dos.

Bajo un torrencial aguacero, una mañana gris cuando nadie venía al circo porque todos en el pueblo ya habían entrado dos o tres veces y conocían de sobra los actos, llegó el fantasma de un intérprete de jazz. Imagínense, un intérprete de jazz en un pueblo donde la gente solo escucha al Charrito Negro, a Darío Gómez, Luis Alberto Posada, Pipe Bueno, Johnny Rivera, Luisito Muñoz o Rómulo Caicedo. No era una persona entiéndanme bien. Era un fantasma auténtico en horas de la mañana y llegó directo al circo donde nadie lo reconoció. Pues... qué les digo, yo sí lo reconocí desde cuando venía por la calle chorreando agua como si nada pasara.

A pesar de gustarme el tiple y vivir solo para este instrumento musical, me ha gustado el jazz. A nadie se lo digo. Es como un pecado, no sé. Vaya uno a saber de dónde me nació ese gusto. Lo he tenido a raya con las cuerdas de mi tiple. Lo reconocí pero nada iba a comentarle al dueño del circo. Para qué. Creyeron que era una persona viva, sobre todo cuando rogó el favor de dejarlo interpretar con su trompeta varias canciones en mitad de la pista. Había un charco de agua allí pero al fantasma no le importó. Goteras por toda parte en esa carpa. El fantasma sacó de un estuche su trompeta. Era Clifford Brown. Mientras interpretaba varias canciones yo no sé para quiénes, Clifford fue desvaneciéndose hasta quedar solo el sonido de la trompeta resonando por todo el circo. ¿El tema? Laura, con música de David Raskin. Entonces descubrieron que era un fantasma y se asustaron. Para calmarlos, les dije no lo tomen a mal pero es la despedida. Mañana debemos irnos de este pueblo.

No voy a contarles nada más porque están poniendo cara de duda. A mí me pareció triste escuchar a un músico como Clifford, bajo la pobre carpa de un circo pobre, en un pequeño pueblo del Quindío interpretar para nadie o para mí, cinco de sus más populares temas. Al día siguiente, también bajo la lluvia, el circo levantó su carpa y se fue.

Nos dice un elector de los que votarán el domingo: "Recibo tamales, ladrillos, plata, mercado, todo lo que den, pero, voto por el que me da la gana"

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