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LA PULGA EN LA OREJA

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EDITORIAL

¿Cómo va la Alcaldía?, es pregunta obligada de quienes, cada día, resuelven los problemas locales y nacionales al calor del tinto bien sea, en escaños, sombrillas y en los cafés que circundan la plaza mientras clavan su mirada en la verde estructura oficial. La respuesta es BIEN, porque a solo un mes de trabajo no es posible hacer casi nada sino organizar nómina, jurar con los nombrados y mostrar que se cumplan horarios. Los planes descansan a la espera de ser sacados de sus anaqueles y los contratistas de última hora, expectantes, alistan sus cuentas. Estamos en febrero, los cargos apenas se cubren y en la casona verde todos sonríen, en los mentideros políticos, aparece la fauna con sus caracteres definidos: los escépticos dicen no hay nada y nada habrá; los pesimistas: todo lo mismo o peor que antes; los críticos: está nombrando a toda su familia; los contrarios: va a ser malo porque no tiene amigos políticos; los allegados: por fin llegó el cambio y, así, todos según su posición acreditan o desdicen de la nueva administración.

Pasados 30 días de trabajo, no podemos calificar ni opinar sobre la alcaldía, cuando se normalice el trabajo de funcionarios y las normas les digan qué hacer, nos daremos cuenta de la calidad administrativa y la capacidad de la nueva nómina. Importante que piensen hacer un plan para cuatro años y cada año veamos las obras para dejar la insana costumbre de hacer contratos y obras en el último semestre del período.

Nada tan importante que la ciudadanía vea un trabajo consistente cada año para que al terminar el mandato podamos aplaudir, alguna vez, a un mandatario. La Alcaldía, apenas comienza por lo tanto, va bien y, así, esperamos que termine.

"Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo". - Benjamin Franklin.

CALARCÁ
25 AÑOS DE ROTA ESPERANZA

Hace veinticinco años se elevó a norma constitucional el trabajo presentado por constituyentes dirigido por la batuta de Álvaro Gómez Hurtado, conciliada y discutida durante seis meses entregó un orden nuevo a la nación representado en la llamada Constitución Nacional de 1991, para remplazar la del 86. Sabemos que los constituyentes actuaron de la mejor manera para darle al país una norma comunitaria donde se recogiera el sentir de los colombianos, lograra aunar voluntades y soñaron que nuestro suelo funcionara como nación dentro del llamado Estado de Derecho. Los políticos en su afán de preponderancia, a su conveniencia, han convertido el estatuto en colcha de retazos y de la original solo quedan girones. Coja y chueca, por decir lo menos, nuestra Constitución, anda apoyada en muletas que Magistrados y leguleyos conducen hacia metas personales haciendo del instrumento legal una trinchera para sus intereses al peor estilo de los sátrapas venezolanos impuesta por Chávez con su demencial tiranía.

25 años sin lograr los propósitos de su preámbulo y en lucha por los principios fundamentales que los gobiernos pasan por alto, nos encontramos ad portas de nueva constituyente aupada por las farc, como requisito para su firma de fin del conflicto. La Constitución del 91, influenciada por el M-19, está a punto de dar paso a otra gran reforma, esta vez, con la anuencia de Santos, quien por su afán de Nóbel, hará lo que sea para lograr su propósito de ser el segundo premiado por la Academia sueca, de paso, nos deja su legado socialista recogido de Chávez, Maduro, Evo y los Castro.

Luego de un cuarto de siglo nos damos cuenta de la fragilidad de nuestras leyes, las sabemos cambiantes y cambiables razón suficiente para estar en Colombia, como en otros países latinoamericanos, de tumbo en tumbo, a la espera de cualquier perico de los palotes que la pisotee o cambie las reglas de juego. No es un feliz aniversario es un magro recuerdo.

Puentes peatonales inútilesNOS GUSTA EL PELIGRO

Los puentes sirven para acercar y salvar obstáculos difíciles; en las ciudades, sembramos puentes como salvamento a la corriente vehicular que llena nuestras calles y carreteras. El trabajo de ingenieros y alcaldes para ofrecer comodidad a los asociados no recibe el eco necesario, lo cual, nos obliga a decir: ¡Nos gusta el peligro!

El puente de la calle 45, no se usa ni obligado por autoridades unifomadas, es un monumento al desuso que debe ser eliminado y enviado a sitio donde realmente sea necesario. El puente del Tecnológico, "no pasan ni las ánimas" dicen los vecinos, debe ser colocado donde sirva. El puente de Guaduales que sortea la variante, tiene algunos usuarios, no sirve, por su estructura a minusválidos ni permite el paso de coches para niños, razón que obliga a personas limitadas a atravesar la peligrosa calzada. El puente del Porvenir, tiene poco tránsito, dicen que tiene una vuelta maluca para tomarlo y en su final, hacia el sur, las escalas desvían a los peatones de su ruta al barrio.

Los puentes, se piensan para evitar difíciles cruces, nuestras gentes, prefieren el peligro a variar por metros su camino o subir escalas. La falta de educación alienta el reto ciudadano a los riesgos viales. Nos gusta el peligro.

ACOSO

La prensa nacional hace eco de noticias escandalosas especialmente si tienen sexo como fondo, el defensor del pueblo, resultó acosador sexual y, en Colombia, eso es tabú y por lo tanto castigable ante la sociedad pacata que tenemos. Clinton, presidente de USA y dueño del mundo, luego de un escándalo universal, pidió disculpas y siguió tal cual. En Colombia, hay acoso laboral, sexual, policial, político, etc. Santos, acosa al país para que aprueben sus ilusiones de paz; los políticos acosan a los nuevos funcionarios para que les den puestos para sus amigotes; acosan limosneros en serie en los espacios públicos; acosan los policías a los muchachos que arman su bareto en la plaza; acosan las empresas por el pago de servicios sin importarles si al usuario le han pagado; acosan los taxistas en los semáforos; acosan los que piden un tinto u ordenan un almuerzo; papá al hijo, mamá al marido, es decir, acosar es parte de la rutina que debemos cumplir y aceptar porque es la manera de mover al mundo. No hay por qué hacer tanto ruido.

LA 27

Luego de los trabajos y la consecuente fragua dieron al servicio la carrera 27 entre calles 37 y 38, quedó bien pavimentada y parece que los vendedores, al menos por ahora, respetan el espacio que tenían copado para sus estantes y mostradores. Es posible que lo invadan poco a poco, parecen tener miedo al paso indiferente de los compradores, creen, eso vemos, que deben impedirles el paso para que compren. Por lo pronto están con sus mercancías en los depósitos, pero, asoman sus sillas como para hacer emboscada al transeúnte.

TURISMO

El turismo pretende mostrar la calidad (paisaje, monumentos, museos, arquitectura, educación, vías, etc.) de un sitio en todos sus estamentos. La plaza de Bolívar, dijo Amparo Arbeláez, exgobernadora: es la sala de recibo de cada población y nos regaló un adefesio de parque en el cual, se perdieron más de mil millones de pesos, ¿será presentable como sala de recibo nuestro parque?, qué tal los celadores de vehículos: mal vestidos, mal hablados, ¿sabrán algo de Calarcá?

Calarcá, no tiene atractivos turísticos a pesar de la propaganda del Mariposario, convertido en el máximo escenario para quienes llegan de todo el país buscando las bondades turísticas regionales, donde Salento se lleva las palmas por su arquitectura, el Mirador, las truchas y otros; Armenia, tiene el alojamiento con sus finca-hoteles; Circasia, es el tinto con descanso en la plaza; Filandia, es amable y bonita porque sus gentes la hacen florecer y la cuidan como su propia casa. Los cordilleranos: Calarcá, Córdoba, Pijao Génova y Buenavista, todavía estamos pensando cómo atraer viajeros sin encontrar una fórmula con resultados. El Turismo no tiene apoyo gubernamental, se requiere al menos una secretaría en cada municipio para hacerlo concertado con apoyo oficial y convertirlo en el importante renglón económico requerido para afrontar los retos del turismo moderno. Somos el segundo destino turístico nacional, ¿lo creemos?

MÁS ESPACIO

Los sitios de recreación pasiva, parques públicos, son parte de la necesidad ciudadana para identificarse con su entorno humano y saberse dentro de una comunidad donde cumple funciones, deberes y, puede, a su vez, exigir mínimos derechos. Los parques o plazas han cumplido funciones de concentración, diversión, descanso, y, por siglos, son la fachada de las ciudades, representan hechos gloriosos o circunstancias especiales en la historia local. Calarcá, tiene un parque con lleno hasta las banderas donde, por falta de espacio, tenemos toda clase de personal haciendo cada cual lo que le parece; reúne a toda la población, recrea a los niños, jóvenes, adultos porque es pista de carritos, de patinetas, ciclas. Recoge la basura de miles de visitantes diarios, es parqueadero de automóviles, motos al por mayor, sitio de ventas de periódicos, tinto, empanadas, dulces, maní, helados y todo cuanto es posible ofrecer por batallones de ambulantes. Por esas razones y otras más, la ciudad necesita otro parque, recreo pasivo para esa gran cantidad de calarqueños que no tienen donde charlar o mirar nuestro paisaje andino. Tenemos dos lotes especiales en el antiguo Colegio San José y en el sitio donde funcionó el Instituto Calarcá. Doctora Yenny, necesitamos otro parque, mientras tanto, se debe educar a los usuarios.

PEATONALIZAR SÍ ES SOLUCIÓN

El parque de Bolívar donde miles acuden a diario a dar una vuelta, requiere ampliar su espacio para la creciente necesidad de recreación pasiva. Creemos que mientras nos construyen otros parques se debe peatonalizar el actual, eso quiere decir, cerrar la circulación de automotores alrededor de la plaza. Los ciudadanos tendrían muchos metros más para circular, los bares aumentarían sus sombrillas brindando comodidad a las personas, además, evitaríamos el peligro que la imprudencia de peatones y conductores de autos y motos presenta en su continuo interactuar en reducidos espacios.

"Incluso la paz se puede comprar a un precio demasiado alto".- Benjamin Franklin.

PERIODISTA INVITADO
NOSOTROS LOS TONTOS

Por: Jorge O. García E.

Pero nosotros somos los tontos, siempre hemos sido los tontos que recibimos una educación interesada y no la hemos cuestionado, sino que la hemos adoptado y multiplicado para ser lo que esos educadores han querido de nosotros. Nosotros somos los tontos, los tontos de siempre que siendo mayoría, la abrumadora mayoría que con suerte vive al día y paga y paga, elegimos a la ínfima minoría que desde hace dos siglos impone sus condiciones y gobierna en nombre de nosotros, del pueblo, cuando en realidad actúa en nombre de sus apellidos. Nosotros somos los tontos que no hemos sido capaces de unirnos para protestar, simplemente para protestar. Para salir una tarde y otra y una más a la plaza en silencio con carteles que denuncien a tal o cual, o para juntarnos en un café y hablar realmente de lo que ocurre y apagar los televisores, todos los televisores, como para decirles a los señores de la televisión mire que no nos interesan sus programas.

...Nosotros somos los tontos, pero nos creemos informados, y nos atragantamos de periódicos, revistas y libros, escritos para que nos atragantemos de mentiras, y conversamos sobre esas mentiras y las debatimos. Somos los tontos que consumimos las bombas de humo que lanzan los gobiernos para distraernos. Somos los tontos porque ni siquiera intuimos que esos gobiernos, desde hace siglos, tienen un infinito manual de distracciones que bien podría llamarse "El perro de Alcibíades", como aquel emperador ateniense que salía a pasear con su perro 400 años antes de Cristo y le cortaba la cola para que hablaran del perro y no de su gobierno. Somos los tontos que ignoramos esas cartillas invisibles que dicen "Si usted va a subir un impuesto, acuse a un funcionario de acoso sexual y ofrézcale, a cambio de su renuncia y la vergüenza que acepta sin reparos, un cargo más importante, que hará efectivo en unos meses". Nosotros somos los tontos que creemos, los tontos que obedecemos, los tontos que nos subimos en un tren sin freno cuyas estaciones son estudio, trabajo, familia, hijos, un poco de diversión, moda, consumo, más consumo, obligaciones, amor al prójimo, amor a la patria, amor a dios, y muerte.

COMENTARIO SUELTO... A LAS COSAS POR SU NOMBRE:

Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo ¿Quiénes han pasado a considerarlos despectivos? Tal vez los propios interesados, no sé. Es sabido que desde hace decenios hay gordos que exigen ser llamados cosas tan antieconómicas e incomprensibles como "personas de tamaño distinto", entre las que cabrían también los gigantes, los niños, por supuesto los enanos y acaso los anoréxicos. Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo, y hace siglos que fueron condenados vocablos como "tullido", "lisiado", "paralítico" o "minusválido". Supongo que "discapacitado" correrá la misma suerte, y que pronto serán desterrados "cojo", "manco", "miope" y "bizco". Creo que quienes demonizan estas palabras son los verdaderos racistas, xenófobos y discriminadores, porque lo que en verdad demonizan es lo que significan (el significado y no el significante, dicho con pedantería). Si yo digo "ese negro" para referirme a alguien no tiene peor intención que si digo "ese rubio" o "ese con pecas", es una manera de identificar, nada más. Y si se me habla del cuadro Cabeza de hombre, me será más difícil reconocer la pintura en cuestión que si se siguiera titulando Cabeza de negro, como hasta hace poco. Si nos atenemos y plegamos a la subjetividad y el capricho de cada uno, y a la extrema susceptibilidad de nuestros días, pronto no habrá nombre que no esté estigmatizado y prohibido, y entonces no nos entenderemos. "Te veo con tamaño distinto", me esforzaré en decirle al próximo amigo al que vea muy engordado.
elpaissemanal@elpais.es

"No basta con tener éxito. También es preciso que los otros fracasen". Gore Vidal

LA PRIMERA COMUNIÓN - 57 AÑOS DESPUÉS

Por: Juan de J. Herrera G.

Por los años cincuenta del pasado siglo, en Calarcá, Quindío, Colombia, las familias tenían cerrados vínculos religiosos y, el Cura, estaba por encima de casi toda autoridad; en este caso, el Padre Alzate, era el mandamás. Cuando las señoras hablaban terminaban sus charlas diciendo: el padre Alzate, lo dijo, y punto, con persignación final como sentencia sin comentarios.

Por aquellas calendas era "impajaritable" hacer la primera comunión pasados los siete años y el acontecimiento era marca indeleble de cristianismo con ingreso, por llegada al uso de razón, a la iglesia católica, apostólica y romana; por recibir, según el discurso eclesial, el cuerpo de Cristo máximo logro contra el futuro lleno de cosas infernales que nos esperaban.

El proceso de primera comunión tenía un largo recorrido: presentación e inscripción del crío ante el Padre Alzate e inscripción en el Despacho parroquial. El segundo paso, tenía la obligada asistencia a catequesis durante un mes denominado de preparación con tres días de 4 a 6 de la tarde por semana. El tercer paso, era la comunión en la Capilla del Colegio San José, en la calle de Fusa, y, en quinto punto, con fama de trascendencia, el desayuno para los comulgantes ofrecido, tal parece, por las monjas Vicentinas del exclusivo Colegio.

La inscripción como ya se dijo corría bajo la mirada inquisitiva del padre Alzate, quien calibraba al aspirante al cristianismo con preguntas autoritarias que lo dejaban listo para ser santo por el temor que infundían no solo su presencia sino sus premoniciones.

La segunda etapa, preparación, se hacía en la entrada de la antigua y bella iglesia San José, de entonces, en ese espacio anterior a las bancas ergonómicas normales, se improvisaban bancos ordinarios donde cabíamos todos los muchachos porque el padre Alzate, nos hacía caber, además, gracias a una vara de bambú de tres metros de larga obligaba atención y vista hacia donde él hablaba de pecados, arrepentimiento, contrición, perdón y las demás arandelas rituales previas a la comunión. Sobra decir que no parpadeábamos: la vista de águila del Padre y su destreza para darnos en la "cocorota" con una brillosa guadua era advertencia total. Por ese entonces, hace 60 años, los muchachos de la Escuela Girardot, de primero a tercero, íbamos a comulgar por primera vez, hecho como todos sabemos, de importancia capital para cada familia porque era sacarnos del pecado mortal del Padre Astete: "Decir, hacer, pensar o desear algo malo en materia grave" diferente a los veniales, materia leve, y, nosotros, confundidos por nuestras ideas preadolescentes no sabíamos definir grave o leve; sabíamos, por sermón, que morir en pecado era la condena eterna a un infierno de candela permanente. Cuando nos enseñaron que Dios, perdona setenta veces siete, los que sabíamos algo de multiplicar hicimos el ejercicio cuyo resultado nos llevó a pensar en ser santos porque 490 repeticiones son demasiado pocas, eso, significaba condena sin redención y claro está, dábamos por sentado que los niños groseros estaban ad portas del infierno, sus groserías y madrazos los llevarían, de una, hacia el abismo caliente del infierno. Gran alivio sentimos cuando el padre Baquero, nos dijo: 70 veces siete es lenguaje figurado, Dios, quiso decir ilimitado, entonces, nos volvió la alegría. Los groseros siguieron su oficio y sabemos que años más tarde cuando los placeres solitarios de los adolescentes, pecados mortales de todos, superaban la fatídica suma, solo bastaba hacer contrición de corazón, confesarse, comulgar y listo para arrancar hacia otros 490 pecados, mezclados entre graves y leves para que el cura en el confesionario y, el cielo lejano, nos absolvieran como respuesta a nuestras oraciones aprendidas en casa y ratificadas por los tres Padres responsables de la preparación, ellos nos indicaban no tener problemas, siempre y cuando, nos arrepintiéramos.

El miedo era el factor común en las preparaciones, desde luego, el infierno era primordial en cada charla, fueron dos meses de exageraciones y manipulación de castigos eternos para que al fin de cuentas nos arrepintiéramos de todo. El día de confesión estábamos listos para cantar nuestras faltas fueran o no pecados, la idea era expulsar todo cuanto tuviéramos sospechoso de malo o pecaminoso en nuestro fuero interno.

La primera confesión fue alucinante porque contar pecados a quien no conocemos es algo fuera de lo común pero, los sacerdotes hicieron su trabajo y luego de larga fila nos hincamos ante la portezuela del confesionario con la idea de no ser reconocidos por el Padre, aun cuando sabíamos que tenían oído de piedra de tanto escuchar pecados de todo el mundo. Con la ayuda del cura, logramos soltar todo el bulto de problemas-pecado y luego de la penitencia cinco padrenuestros, cinco avemarías y, una limosna, quedamos listos para, en la madrugada, recibir el cuerpo de Cristo en la capilla del San José.

El gran sábado llegó con su trajín especial porque era obligatorio estrenar de todo: vestido negro, corbata, zapatos Corona lustrados al máximo, en la manga derecha una cinta blanca y en la otra el consabido velón bendito para luego de la ceremonia donarlo al colegio o prenderlo en días de tormenta. La misa especial: coros, incienso, mucha gente y nosotros, los agraciados, poseídos de la humildad recogida en la preparación, a base de guaduazos, sumado a otros rezos de ratificación cristiana como el Credo y el Señor Mío Jesucristo, tuvieron la virtud de hacernos personas de bien, por lo tanto, admitidas en la legión de Dios. Llega la comunión y con todo recogimiento recibimos la hostia contentiva del cuerpo divino y de verdad sentimos como el alma pegada en alguna parte de nuestro cuerpo, se engrandece para vivir ese día de plena felicidad, además, estar en ayunas es parte del rito penitencial, por obra y gracia de nuestras madres no podíamos comer nada desde la noche anterior.

Los comulgados, pasamos en fila hacia el comedor del Colegio donde aparece ante nuestros ojos el famoso desayuno de primera comunión: se notan las carnes frías, exóticas por esos años; panes de olor fabuloso, un chocolate con aroma volando por todo el recinto, queso y mantequilla servidos por finas manos de las monjas con sus cofias almidonadas y mirándonos con su mejor sonrisa por estar bajo la tutela divina.

Los aconductados primerizos, apuramos el delicioso y diferente desayuno, salimos a encontrarnos con nuestros padres que, orgullosos y agradecidos se despiden del padre Alzate y de las monjas; nos llevan, libres de pecados, a la tradicional fiesta en casa donde hay trago, baile amacizado y, casi siempre, peleas y disgustos, como para iniciar otra cuenta de 70 veces siete.

DE PASO POR MI PASADO

Por: Néstor Gutiérrez Henao

Como en el viejo bambuco "La canción del Regreso", he vuelto a mi ciudad como extranjero, pues hace apenas 52 años fue mi partida. Y aunque con retornos breves y esporádicos mi paso por "La Villa", pocas veces me tocó tan adentro.

Por referencias previas, me dispuse a probar el tinto mañanero en Nonos, Monos, Nomos, Momos, en fin, que el nombre no importa, más sí la delicia de la candente y humeante infusión con aromas y sabores ya casi olvidados por mis papilas y que harían las delicias del más encopetado, circunspecto e insobornable de los baristas.

Y en tanto que degustaba nuestra bebida nacional, no podía des-oír el piano moliendo una vieja melodía que se me antojó tan antigua como el local mismo en que se alberga este retazo de recuerdos. Más al interior, se escuchaba también el acompasado y rítmico chocar de las bolas de billar en sus marchas a veces amortiguadas, en otras vivas, pero siempre con la ilusión expresa de su impulsor de batir su propio record de carambolas, todo ello acompañado del alborozado coro de expectantes patos alrededor de la mesa, no obstante lo temprano de la hora. Deduje que los contendores harían parte de la fauna billarística local.

Y recordé entonces, pues estaba frente de mí a menos de 100 pasos "El Club Juvenil" del padre Luis Horacio Gil, que allí una tarde inolvidable le gané una partida de campeonato bola libre, a quien fuera luego el campeón del torneo y estoy hablando de mi buen amigo y cómplice de algunas pilatunas, que lo fue también de muchos otros contemporáneos, Juan de Jesús Herrera. Y fue en este momento y solo ahora, cuando vengo a comprender que esa partida me la dejaron ganar, pues además y siendo sincero, aquella vez ocupé el último lugar.

Gentes todas extrañas para mí, no sé qué tanto de forastero atisbarían en el suscrito. Rostros viejos para la parroquia pero nuevos para el hijo de mi papá y sensación insabora de ser extraño en mi propia tierra. Decidí para salvar el instante, que los demás eran los extraños, pues era yo el que estaba en mi propio suelo.

Cambié entonces de ángulo visual y de carrizo, me enfoque en el parque... y allí estaban, como desde siempre, las viejas, esbeltas y encumbradas palmas de cera que me hicieron recordar a Germán Arciniegas invocando su "La Catedral de Colonia". Me sorprende ahora la iniciativa de la administración local, toda previsiva ella, cuando al lado izquierdo de la palma plantaron una vara de ídem altura como repuesto, en caso necesario.

Tras el ocaso de aquel día, una nueva incursión por la plaza. Nuevos vítores para la administración, ahora por cuenta de la metamorfosis, pues los viejos y centenarios árboles de la familia de las "Rizofóceas", que entre poblanos llamamos mangos, localizados en el costado sur-occidental del parque, referentes y coordenada de enésimas generaciones de Calarqueños, quienes a falta de cosecha se vistieron de jacarandas en flor. ¡Lindo... Lindo!

Viejogutty
Calarcá, diciembre de 2015

PÁJAROS Y MÁS PÁJAROS

Por: Caliche Peláez

Por una falla técnica resulta que mi "Ave Canora" voló a sus equipos cuatro veces. Ofrezco disculpas por este desplume, pues que un pájaro le cante a uno, is not a problem y que cante aunque no cante, sea jilguero, turpial o cucarachero digamos que tampoco is not a problem, pero que cuatro hijueputaracheros le canten a uno en coro es un desesperante pajaricidio que no se lo aguanta ni el más fanático de los ornitólogos.

Hablando de pájaros, me viene a la memoria el más memorable (perdonen la redundancia) de los pájaros de Colombia, nuestra "ave nacional", el archifamoso Cóndor de los Andes, el cual nadie conoce personalmente en persona, pues la única referencia de este plumífero es el cóndor que aparece encaramado en el Escudo Nacional. Se sabe de oídas que es una especie de gallinazo gigante y que como todos los gallinazos, es un ave carroñera, o sea, que come hasta mierda.

Por los años 50 del siglo pasado (¡qué viejos estamos, viejo Néstor!) por pueblos y veredas de nuestra comarca se llegaba un circo itinerante y pobre: el Circo Cóndor. Sus payasos de caras tristes, sus trapecistas vestidos de lentejuelas, sus malabaristas prodigiosos, su mujer de goma, su prestidigitador fabuloso que hipnotizaba perros y gatos y los hacía bailar en la cola, un faquir hindú, de turbante genuino y calzones bombachos que tragaba clavos y tornillos, cuchillas de afeitar y pedazos de escopeta y que al pasar por una luz infrarroja quedaba translúcido y revelaba en su barriga un sable sarraceno, unos acicates de beduino para azuzar camellos, una lámpara de Aladino y una colección completa de herramientas para bricolaje; un enano chimenea que comía candela y echaba humo por ojos, nariz, orejas y culo, o sea, por todos los huecos de su liliputiense cuerpo. Todo aquello reunido bajo una carpa de mil remiendos era un espectáculo sin igual en nuestra pobre provincia donde nunca pasaba nada. Eran 15 o 20 días de fiesta diaria, matiné, vespertina y noche, con funciones baratas (dos con una boleta) para los muchachos y la gente humilde y funciones de gala para la "jay" del pueblo. El atractivo central era la exhibición en vivo y en directo del pajarraco aquel que daba nombre al circo: el imponente Cóndor de los Andes en su jaula de fierro (que no de oro como la de la calandria).

Muchos años después, vimos en Calarcá, por los lados del barrio Popular, allá llegando al cementerio, el mismo Cóndor viejo y desplumado, sin el collar de plumón blanco, característico de esta ave andina, que el dueño del circo Cóndor, Emilio Cardona, alias "Pájaro", exhibía en un remedo de zoológico que había montado con los restos del desaparecido circo: una boa constrictor gorda y ciega que tragaba conejos vivos enteros y gallos de pelea con espuelas y todo, un burro inteligente al que le habían instalado un reloj despertador en el cabezal de la jáquima y cantaba las horas con rebuznos acompasados y daba las medias horas con sonoros pedos. Nunca se supo cómo ni cuándo, pero el zoo de Pájaro fue desapareciendo como años después sucedió con el de la Hacienda Nápoles del capo de capos Pablo Escobar.

P.D. Cuando tuve el privilegio de ver en el zoo de San Diego California un Cóndor de los Andes genuino con las alas abiertas, me quedé súpito con esos tres metros de envergadura y supe a ciencia cierta que Pájaro había engañado a todo el mundo con su desmirriado pajarraco del circo Cóndor y que nos había descrestado a todos con un gallinazo grande con el collar pintado u oxigenado.

Caliche, San José CR. 01-02-20014

¿DESDE CUÁNDO NO LLORO?

Por: Umberto Senegal

- ¿Que desde cuándo no lloro?
- ...

- Si esta remembranza calma un poco las suyas, déjeme confesárselo: desde el día cuando siendo un niño de seis años pregunté a mi madre, peinándose frente a un espejo quebrado, ¿mami me amas? Ella volteó a mirarme como si le hubiese hablado la licuadora. Y comenzó a reír con gemidoras risotadas durante varios minutos. Vi reír a dos madres: la real, del espejo; y su imagen frente a él, a carcajadas. En mi memoria no disminuyen sus risas.
- ...

- Me sucedió igual que a usted. Fue tanta la algarabía con su risa que mi padre, durmiendo en la habitación contigua, se levantó a preguntar qué sucedía. Le dije sobre la pregunta hecha a mi madre y aproveché para hacérsela a su vez. Me miró un instante y todavía sigue mirándome. Olvidé el color de sus ojos. Mi padre prorrumpió a su vez en estridentes risotadas induciendo a mamá a reír de nuevo.
- ...

- Eran las 11 o 12 de la noche. De algo estoy seguro, no había luna. ¿Le dije que yo tenía un perrito negro llamado Murky? Sí, el estaba allí cerca boquiabierto con tantas risas, mirándolos a ellos y dándome ojeadas sin saber qué hacer. Murky me miró, invitándome a escapar. Huimos de la alcoba de mi mamá a llorar en el sótano. Murky me acompañó con leves gemidos, no sé si a llorar también, pero estuvimos echados junto a varios maniquíes viejos durante muchas horas.
- ...

- No importa. Si piensa que fueron siglos, no se lo reprocho. Desperté en la cama de mis padres, mirándome silenciosos. Desde esa noche no lloro y han transcurrido 50 años.
- ...

- Ese es Murky. Lo mandé a disecar. Sonríe, ¿verdad?

***

Y SIGUEN AQUÍ

O se van los poetas
o se van sus poemas.
O ambos se silencian
pero esto no puede
seguir así, con unos
y otros confundidos
entre la poesía.

Esto no debe continuar así,
desde el perro callejero
hasta las flores marchitas.
Estos poetas volando
cuando deben caminar,
muriendo cuando es preciso
vivir y sosteniendo el mundo
con palabras y palabritas,
explicándolo con imágenes.

Y lo más grave: el silencio
atentando contra el silencio;
las palabras intentando
demoler las palabras.

Pero los poetas no se van.
Ni se irá la poesía mientras haya
un hombre sin prisa.

CUENTOS DE MI TIERRA - EL GRAN SACRIFICIO

Por: Luis Fernando Ortiz

¿Jaime Giraldo?, ¡sí! El Conservador de pura cepa (no serpa) y tradición, el que si pudiera orinaría azul de metileno... Iba de pasajero en la parte delantera del Chevrolet último modelo que manejaba su hijo Juan Carlos. Se sentía algo "maluco", con nauseas lejanas, Mijo me duele el pecho demasiado, murmuró. Juan Carlos lo miro; estaba pálido, demasiado pálido... Como Médico comprendió enseguida que su papá "cursaba" con un infarto. Ya en la Clínica Salucoop le colocaron todos los fierros o "protocolos" que los cardiólogos usan de rutina para esos "casos" con "sten" incluidos. Pasaron dos años y a Jaime le diagnosticaron, esta vez, "Cáncer de colon". Le practicaron el respectivo "protocolo" para "estos casos": colectomía, colostomía, radio-quimioterapia. Durante la etapa de quimioterapia se vio muy mal. Perdió como 30 kilos, lo movilizaban en silla de ruedas, parecía como si se le hubiesen crecido los ojos. Vio la muerte tan cerquita que voto por Serpa (no cepa) para la Presidencia de la Republica. ¿Un godo de pura cepa votando por un liberal como Serpa? Se preguntaban los "chismosos" del pueblo (!no faltan!). Otro más chismoso pregonó: "Jaime es tan godo que se "voltió" porque prefiere la muerte de un liberal y no la de un godo doctrinario tradicionalista como él. Los conservadores no deben morir".