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LA PULGA EN LA OREJA

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EDITORIAL

Todavía tenemos resquemores y graves antagonismos derivados del sí y el no de octubre, lo que equivale a decir seguimos el juego Santos vs Uribe, que a decir verdad no es real, como latinoamericanos tercermundistas, tenemos graves problemas de exageración en cuanto a política se refiere. Ni Uribe, es tan bestia, ni Santos, es tan bruto. A Uribe le atribuyen ganar el plebiscito y Santos, se ganó el Nobel, ambos apoyados en el pueblo colombiano, seguidor y defensor a ultranza de sus tercas ideas.

El plebiscito ordena enmendar aquello que esté mal acordado, según cuentas, el gobierno cedió en 15 puntos, las farc en 5, y 5 quedaron tal cual; a todas luces si estimamos lo que debe resultar de un buen acuerdo es la equidad en el balance general, ahora bien, no es la cesión en porcentajes sino en algunos puntos que sobrepasan límites de nuestras leyes y quedan incluidas en la Constitución Nacional, por jugarretas jurídicas que como vimos, no funcionaron.

No ceden su nostálgica perorata los periodistas enmermelados, los cronistas zurdos, ni los pensionados nostálgicos que todavía conservan en sus ventanas el sí derrotado, es decir, guardamos rencores para quienes no comparten nuestro pensar, nos consuela que el mundo funcione así, lo vimos en la campaña electoral de USA, lo estamos viviendo en Venezuela, el medio oriente arde y se destroza por ideologías y religiones que sin ser antagónicas simplemente, no complacen a todos en sus prédicas.

Es hora de pensar en darnos la mano como compatriotas o conciudadanos, tomarnos un tinto barato del carrito de Edith, o más caro en Las Boinas o, mucho más donde el gordo o, más aún, en La Tertulia, sin agredirnos ni ironizar por ganar o perder en una consulta que al fin de cuentas quedará casi igual, tal parece, hay cambios en:

Entrega de bienes para reparar a las víctimas; ajustes en la llamada Jurisdicción especial para la paz y en la restricción de libertades; los acuerdos no serán incorporados a la Constitución; las ONG, no serán fiscales de personas y jueces; el lavado de activos no será delito conexo con la rebelión como se tenía previsto en el acuerdo inicial. Hay problemas con la responsabilidad por los delitos de lesa humanidad a que deben responder los altos mandos pero, en varios casos dicen "No fueron autorizados por el alto mando" por lo tanto, quedarán tal cual, sin castigo ni reparación.

Podemos ver que sí se podía negociar sin dar tantas ventajas y anteponiendo la nación como dueña y señora de la soberanía que se pretendió ahogar bajo la extorsión de una guerra urbana. Seis años negociando y, seis semanas apenas, reparando el entuerto.

Ahora depende de nosotros y, como premisa fundamental, creer en que siendo colombianos debemos trabajar por la paz no importa decir sí o no, simplemente darnos cuenta que la paz es absolutamente necesaria en esta época y depende de nosotros mismos.

BANDEJA PAISA

No arrancan obras o eventos que descubran cambios trascendentes en la administración Municipal, el pueblo, sigue como tal: la plaza atiborrada de visitantes porque no tenemos otro espacio, los parqueos de carros y motos afean el parque más aun, el bronce heroico de las efigies se remplazó por burda pintura, nadie utiliza las canecas para basura, crecen sin control los vendedores ambulantes, las jardineras están abandonadas, no hay banderas en las astas destinadas, se trasladaron a la Alcaldía, es decir, el pueblo no tiene sus emblemas, son de la administración municipal, todo esto, en el centro de la ciudad, debemos imaginar el caos en la periferia o en los barrios.


Llega navidad y pronto tendremos luces contratadas por el municipio que van a quedar, como otras, en los árboles de la Plaza, muestra de la dejadez de la administración y el cinismo de los contratistas. Vemos cuerdas e instalaciones de hace varios años colgadas mostrando la vergüenza de quienes contratan y la poca importancia que dan a la conservación de nuestra flora.


Leímos un aviso: "Le guardamos el casco bajo su responsabilidad" búsquele significado.


No se crean fuentes de trabajo, el subempleo crece en forma desmedida especialmente vendedores de tinto sin contar a fruteros, carretas de verduras, solteritas, cremas, forcha, empanadas, carnes. Todos aspiran a ganarse la vida pero, la Alcaldía tiene la obligación de ordenar ese maremágnum y supervisar la calidad de los alimentos que se ofrecen.


La creciente cantidad de motos y carros sin espacios para parqueo ofrece un espectáculo feísimo en las calles principales. A pesar del problema las únicas soluciónes: comparendos y policías pitando a diestra y siniestra, grúa y multas. No tenemos un equipo de planeación que unido al de tránsito ofrezca alternativas.


Reiteramos que nuestra ciudad no tiene liderazgo para hacerla competitiva: no tenemos sitios turísticos, no hay precios que atraigan a compradores de otras zonas. La gasolina en Calarcá, es en promedio 500 pesos más cara que en Armenia, los arriendos tienen esa misma característica. Parece que no hay quien piense en presente ni en futuro. Muchas personas prefieren comprar en la capital, con el ahorro en precios pagan el pasaje, les sobra dinero y se dan el paseo.


La energía subió más del 30%, desde agosto, en ningún medio se hizo mención del asunto menos aún en el informativo de la Alcaldía, que debería ser defensora de nuestro bolsillo ante la desmedida voracidad empresarial de quienes administran los servicios públicos.


Nadie habla de una doble calzada Calarcá-Armenia, para evitar pérdida de tiempo en ese trayecto, tan corto, que a veces se lleva media hora. Una solución es ir por Chagualá y venir por La María.


El Túnel de La Línea, parece eterno y ajeno: Calarcá no tiene velas en el entierro, cada situación anómala la definen en Armenia, entidades de otras regiones, nuestra Administración "cero". Nos quedamos con quebradas y ríos contaminados, así será el cobro de peajes, para otros.


Por lo anterior, la Alcaldesa, tuvo que condecorar a la Directora de la Defensoría del Pueblo. En nuestra ciudad no hay a quien distinguir.

SÍNDROME DE PUEBLO MALTRATADO
A propósito de ...La Franja Amarilla de William Ospina.

Por Luis Fernando Ortiz Molina

Lo escrito por William Ospina es un recuento de un pedacito de nuestra muy reciente historia. Muy interesante, bien escrita y documentada. Es una "biopsia" de lo que somos. Debemos analizar y diagnosticar la enfermedad que esa muestra revela.

El espécimen en mención nos muestra un pueblo dogmático, cerrado, brutal, supersticioso, desconfiado, avasallador, humillante. La pregunta inmediata es: ¿cuál es la causa, origen o etiología de esa enfermedad? ¿Cómo y dónde la adquirió? ¿Tiene tratamiento? ¿Cuál es su pronóstico?

Para averiguar su origen, debemos remontarnos a los primeros habitantes de la Península Ibérica; los españoles nos conquistaron e iniciaron en la civilización.

Si leemos al respecto, vemos que fueron los Celtas, Fenicios y Griegos quienes iniciaron la conquista de esa región y la habitaron de manera pacífica (¿?) durante muchos años.

Una vez instaurado el Imperio Romano; avasalló ese territorio, esclavizó su población, los cubrió de tributos (impuestos), extrajo sus riquezas y productos agrícolas, como lo hace cualquier conquistador.

Vino la decadencia del imperio romano, fue vencido por los bárbaros o germánicos visigodos quienes se asentaron en esa región. Formaron grandes feudos, se hicieron llamar señores feudales y trataron como siervos a sus habitantes hispanoromanos.

Posterior a ese servilismo llegaron los Islámicos, vencieron a los nobles y feudales barbaros, les cobraron abultados tributos y convivieron con cristianos y judíos (quienes fungían como prestamistas, comerciantes, negociantes: eran los iniciadores del Capitalismo).

Convivieron durante 800 años. ¡Eso es muchísimo tiempo! (Hace 500 años fue descubierta América y hace 200 años lanzamos el grito de ¡Independencia! (¿?) ¡comparen!

Durante todo ese tiempo cada religión actuaba por su parte sin mezclarse con las otras, de ahí nuestra superstición, desconfianza, dogmatismo egocentrismo y fundamentalismo.

Fuimos siervos de los Islámicos, romanos, bárbaros y luego de nuestros conquistadores Españoles, de ahí, nuestro servilismo, resignación, obediencia, falta de iniciativa, rencor y odio. Copiamos, para comportarnos, la manera de ser de los Conquistadores; avasalladores, groseros, brutales, violentos, humillantes.

¿Tenemos tratamiento?

¡SÍ! Tenemos que aprender a manejar todas esas cualidades que tenemos. Debemos identificar a quienes nos depredan; no son romanos ni islámicos ni españoles; ¡son de los nuestros! ayudados por lmperios Capitalistas salvajes.

Todo Imperio se nutre de la esclavitud. Jamás hubo libertad de esclavos; al esclavo se le "pagó" para que subsistiera; se le ofreció en dinero lo que su amo le daba en especie: cambuche, comida, harapos y boticario.

Debemos empezar por dignificarnos y exigir una verdadera libertad de esclavos, con salarios justos.

Exigir pago de impuestos equitativos para quienes nos cobran, o sea para nuestros esquilmadores.

Lo otro ya lo sabemos: pleno empleo, seguridad, educación, salud... etc... etc...

¿Pronóstico? SÍNDROME DE PUEBLO MALTRATADO.

Depende de nuestra resignación y aguante.

ÉL ERA MENOR

Por Umberto Senegal

No conocí a mi padre. Mi madre tampoco me ayudó a conocerlo. A sus 92 años, parece que ella todavía pretende olvidarlo. No tuve fotos o algo que me condujera hacia cualquier presencia suya. Mamá nunca me lo describió. Yo pensaba: "Papá". Y nada más. Esa palabra, junto a las perpetuas huidas de mamá, fue lo único que tuve durante mi niñez al lado de abuela y la tía Judit. No hubo nadie con características de "papá" en mi imaginación. Me habría gustado un papá de ojos azules. O uno que le diera de comer a los perros callejeros, a mi lado. Ninguno en la familia me dio señas de su existencia como si yo hubiese sido hijo del Espíritu Santo. Sin embargo... algo ocurre desde algunos meses atrás porque mamá no se cansa de repetir que papá, en sus sueños, manifiesta inaplazables deseos de conocerme. Al principio no presté atención a su ofuscada idea. Delira, pensé. O no es papá. A estas horas de la vida, ¿preocupado por conocerme? "¿Estás segura que es él?, pregunté a mamá. "¡Pues claro, no se me olvidan esos ojos azules y el pantalón de paño gris que llevaba en la fiesta donde nos conocimos!", afirmó con presumida sonrisa de 73 años a las espaldas.

Desde semanas atrás, en un sueño recurrente, alguien me seguía por algunos lugares donde iba. No se atrevía a acercárseme pero sé que era mi padre. Cuando le llamaba para que se arrimara, desaparecía. Anoche fue diferente. Caminando yo por solitarios pasillos de un centro comercial en Itagüí, vino directo y decidido hacia mí ese hombre de quien tuve entonces la certeza de que era mi padre. Nos saludamos, abrazándonos como viejos conocidos. Él, de 30 años; yo, de 60. Dijo: "Pareces mi papá, siempre quise conocerte". Respondí: "Mamá jamás me habló de ti pero nunca es tarde, ¿verdad? En otro lugar habría habido tiempo para recorrer algún centro comercial o las montañas del Quindío". Nada más. Como si estuviéramos extenuados de hablar tanto, se fue. Entró a uno de los ascensores y mientras la puerta se cerraba gritó: "¡Tu mamá no ha cambiado mucho!". Hubiera querido contarle el sueño a ella, pero llegué a deshora porque ya había despertado.

LA CALLE DE LAS PALOMAS

Por Juan de J. Herrera G.

Las palomasTodos los días son de ajetreo porque en casa vive demasiada gente, seis hermanos, dos papás, una abuela, dos tías, dos primos, empleada con dos hijos además, perro y gato, por tal razón hay grandes armarios, un comedor gigantesco y para cumplir los objetivos todo es de proporciones mayores por ser época de familiones paisas donde los hijos son bendición y la familia un jardín.

De pronto, escucho: nos vamos a vivir a la "Calle De Las Palomas" y como tales, mi alma vuela sorprendida, expectante, por conocer tal sitio donde jugaré con palomas y quizás, me elevaré con ellas acorde con mis sueños infantiles. Desde el atrio de la iglesia por la 24 arriba, miraba la calle anunciada para próxima vecindad; parecía limitarse por la panadería Bogotana y la calle 45, donde empezaba el "Morro", más tarde, estadio Las Palomas.

Corre el año 50 del siglo veinte y recuerdo que las normas me inscriben entrado al uso de razón.

Después de cuatro décadas aún pregunto por qué la calle se llama así y dirijo mi memoria hacia la casa amada, arrasada por el terremoto y hacia la calle del recuerdo de mis años niños llamada en la actualidad carrera 24 con calle 43.

En primera instancia me contaron que se llamaba Las Palomas, porque en la falda para subir al "Morro", vivían un par de mujeres de blanca tez, que fueron apodadas como las palomas y ellas, por su popularidad le dieron nombre al sector.

Trasteados a la famosa calle, una noche cualquiera porque la tradición dice que tal ejercicio, en los pueblos, debe ser nocturno para no dejar conocer la pobreza o la falta de muebles de moda; los mirones locales se fijan en esas cosas para criticar y darle al chisme costumbre pueblerina recomendada por salud, anatemizada por dogmáticos y multada ahora por alcaldes retrógrados de algunas poblaciones colombianas.

Empiezo por buscar acomodo en la nueva casa, amplia por cierto, con tres patios interiores, siete alcobas, terraza, dos comedores, dos baños, un patio de ropas y un sótano donde se situó la famosa pieza de "reblujo". Luego de organizar la casa empieza el trabajo de hacer amigos en otros familiones vecinos donde los Soto son doce, los García once los Ocampo ocho y pare de contar para no llenar mi cuento de gente. Inicio esta labor apropiando un territorio desconocido, mirando de vez en cuando el azul del cielo para descubrir las palomas; preguntaba ¿dónde estarán con su mensaje de paz?

Cuando tales interrogantes se hicieron menos insistentes, apareció mi padre, aficionado a las aves, trayendo a la gran casa perdices, toches, barqueros. Estos pájaros eran caros, raros y mantenerlos demandaba tiempo, dinero y dedicación, aún evoco la figura sonriente de papá tratando de interpretar la sinfonía matinal de aquellas plumíferas que parecían soltar cantos tan coloridos como sus bellas plumas llenando la casa de arpegios casi celestiales. Al escucharlas en mi descanso de aventuras, crecía, a base de observarlas, mi amor por estos seres regalo de Dios para arrullar las mañanas y ponerle color y movimiento al monótono verde de los cafetales.

Pasaron invierno, verano y cosecha, las aves cautivas eran dueñas de afecto y canto mañanero pero, en mi cabeza rondaba la gran pregunta, ¿dónde están las palomas en esta calle, De Las Palomas?

Una tarde, mi padre, tratando de responder pragmáticamente a mi inquieta juventud, trajo a casa una pareja de palomas, les improvisó nido en una burda caja de madera usada entonces para transportar jabón Vigig, famoso por ser industria regional, prometía el desarrollo manufacturero de la comarca.

Aquella pareja alada empezó reproducción y por fin, la calle De Las Palomas, sin palomas, tuvo palomas. Y fueron cientos, a tal punto que podían superar las exageraciones de mariposas amarillas de Cien años de soledad.

Se compraron cajas por docenas y proliferaron de tal manera que llenaron zarzos y aleros de la casa, de la vecindad del hospital y muchas fueron a construirse nido en lo alto de las torres de la iglesia. Provocaron insomnio general con su currucuteo permanente haciendo las noches pesadas, largas, tediosas.

Llegaron a molestarnos a pesar de su bondad y sumisión; por ser tantas y tan difíciles de manejar, se hizo necesario eliminar parte de ellas destinadas a deliciosos y suculentos caldos "levanta muertos" porque en narraciones tradicionales la sopa de palomo es fuente de vitaminas especial para muchachos raquíticos, adultos desnutridos y en el familión, había de todo.

Volviendo al cuento, alimentar las aves era evento y además, motivo de satisfacción para el padre, quien gozaba siendo ante sus voladoras amigas, protector y líder. Pensé entonces y aún creo que ellas y él se entendían. Las perdices advertían a cuadras su llegada y corrían felices en perfecta fila india a esperarlo, los barqueros al oírlo soltaban al viento sus aflautados cantos. Los toches al verlo cantaban su mejor melodía. Unos y otros por su respuesta afectiva de cantos y alegría, recibían galletas y fruta compradas en la tienda de la esquina.

Esa comunión entre mi padre y las aves nos hizo amar más al viejo y tener en casa, especial afecto por esos milagros emplumados de la naturaleza creados para hacer más grata la mañana y despertar ternura y amor por doquiera; desde entonces, amo sin reserva a esos seres de maravilla que trazan de geometría viva el azul espacio donde el Arcano dirige su vuelo y su trinar regalando a diario exquisita sinfonía voladora.

No descubrí quien, cuando, ni por qué la calle donde nuestros sueños juveniles despegaron hacia futuros inciertos, se llamó "De Las Palomas", solamente, y por tener como vivencia criar palomas por montones, cuando mi juvenil expectativa encontró ausente de palomas mi nuevo territorio supe que, a la calle De Las Palomas, huérfana de palomas, mi padre llenó de palomas.

CAFÉ CLAROSCURO

Por: Caliche Peláez

Se vinieron desde Antioquia
los hombres de la montaña;
al principio por grupitos,
después en tracamanada...( ¿? )
se vinieron muy orondos
todos llenos de esperanza
por la trocha de los bueyes
con subidas y bajadas,
andurriales, canalones,
alticos... valles... cañadas,
surrunguiando sus bambucos
por fondas y por posadas
y tomando tapetusa
qu′es el néctar de los paisas.

Vinieron a pata limpia
desde tierras tan lejanas
desde La Ceja y Santuario
de Marinilla y Granada
de Sonsón y Guatapé
de Jardín y Caramanta;
y también de Salamina
y de Pácora y Aguadas.
Viajaron de todas partes
camino de la esperanza
en busca de un no sé qué
para forjar un mañana
y llegaron al Quindío
¡tierra nueva... tierra brava!
con los paisas montañeros
de carrielito y zurriaga
se vinieron los del Valle
y con ellos los del Cauca
y llegaron los Tolima
(Chaparral y Cajamarca)
y tambien se apersonaron
los rolos de Fusa y Faca.
Todos venían buscando
El Dorado de las guacas
los cementerios de indios
de Montenegro y Tebaida
las narigueras y petos
de los guerreros Quimbaya.
Su vestidito es sencillo:
calzones de dril armada
amarrados con cabuya
y a veces con una guasca
un pañuelo raboegallo
y camisa de zaraza,
una ruanita de paño
y un sombrerito de caña.
Este fue mi campesino,
mi campesino del alma
que se vino de otras tierras
para catiar una guaca
y se quedó en estas breñas
organizando su chagra.

El hacha fue la herramienta
con el machete tres rayas
que usaron estos titanes
pa descuajar la montaña,
pa empezar el pegujal
y pa sembrar cuatro matas:
el chócolo y el frisol
el plátano y la mafafa;
todo en medio del ganchero
que dejó la mata e guadua
cuando se tumbó el guadual
a orillas de la quebrada
para sacarle las cepas
con que se haría la casa.

Y también los varillones
para tirar la mediagua
y la esterilla pal piso
y pal bareque la lata
y la lata pa los cercos
que son de lata de guadua;
y la leña pal fogón
y las canoas de guadua
para traer el agüita
hasta el patio de la casa.
Porque el Quindío se nutre
de la bambusa y su savia
y el Quindío nos cabría
¡en un cañuto de guadua!

Y después del pancoger
y pensando en el mañana,
organizar la mejora,
trabajar como dios manda
y sembrar cuatro palitos
de la variedad arábiga.
Van transcurriendo los meses
y los años ¡cómo pasan!
y aquellos cuatro palitos
sembrados con toda el alma
se volvieron cafetal
de cosecha y de mitaca
y hay costales y canastos
en el zarzo de la casa.

En medio del cafetal
las churimas y las guamas
el zapote y el guayabo
el chachafruto y la caima.
Y matas medicinales
muy cerquita de la casa:
la yerbabuena y el apio
la ruda y la mejorana,
en medio de nomeolvides
y de claveles y dalias,
la flor de la batatilla
y el saúco que no falta,
un palito de limón
y tres palos de naranja.

Así se fueron forjando
las tierras de mi comarca:
Pueblotapao y Morelia
por Montenegro y Filandia
La Española y Naranjal
por los lados de Quimbaya
La Virginia y Barcelona
Quebradanegra y La Albania
y La Bella de Baudilio
en mi Calarcá del alma.
Con olores de azahar
de la noche a la mañana
cafetales florecidos
blanquitos como una sábana
y después cuando maduran
los granos de rojo grana
olor de miel de café
que nos penetra y embriaga.
Adentro en el peladero
qu´es el cuarto de las máquinas
hay una angarilla vieja
debajo de una gualdrapa,
una vieja caperuza
y una horqueta pa las jáquimas,
la peladora Vigig
y una zaranda dañada,
un frasco de veterina
y la trampa pa las ratas,
un canasto lavador
d´esos qui´hacen en Filandia
y hojas de ramo bendito
para los días de borrasca.

El aroma del café
es una mezcla bien rara
de sudor de campesino
revuelto con esperanza
un poquito de ilusión
y una pizca de nostalgia.
La suavidad del café
le viene desde la mata
que desde que era chapola
con mucho amor fue tratada.
La suavidad y el aroma
se logran con mucha calma
y se forjan paso a paso
por unas manos honradas.

La historia de Calarcá
de Montenegro y Quimbaya
la de Salento y Armenia
de Pijao y de Tebaida
de Génova y Buenavista
de Circasia y de Filandia
es la historia de una gesta,
la epopeya de una casta
es la historia del Quindío
que nunca ha sido contada,
de fundadores de pueblos
y de esa gente ignorada
que de chapola en chapola
fueron haciendo una patria.

El Quindío es el crisol
donde se funde una raza;
son los hijos del café
que son una gente rara:
toditico corazón,
una frente siempre alta
y "echados para adelante
porque para atrás espantan."

En la historia del café
hay mucho sabor de patria
y su aroma es quintaesencia
del tesón y la pujanza.
Es la historia del Quindío,
Quindío de mis nostalgias,
de esos pueblos que nacieron
alrededor de una guaca,
fundados por los abuelos,
viejos de racamandaca,
varones de pelo en pecho
que soñando en un mañana
cogieron por esos mundos
con la fe de los patriarcas
y hoy nos muestran con orgullo
esta tacita de plata.