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LA PULGA DILETANTE
 EDITORIAL

Cambiar costumbres raizales es casi imposible porque la idiosincrasia es el fundamento cultural de cada subregión, Calarcá, pueblo cosmopolita, abraza corrientes migratorias de los cuatro puntos cardinales de la nación, no sabemos hasta que punto sea favorable o no la mezcla de caracteres regionales en una parcela con el nombre de lejano luchador nativo, eso si, sabemos la dificultad que han tenido aquellos cuyos sesgos de cualquier índole, han tenido al tratar de entronizar en la voluntad libertaria de los calarqueños dogmas ajenos. Somos un pueblo sin parangón, insometible, presto a luchar por sus principios democráticos y por la libertad a toda costa.

 SICÓPATA

Hugo Hernán Aparicio Reyes

En el inmaculado campus de una prestigiosa universidad, de una bella y pacífica ciudad, de un país enorme y poderoso, un muchacho, obeso, malhumorado por el absurdo de la lotería genética, la resaca del alucinógeno de moda, y la riña de hora temprana con su madre —así mismo aquejada de dipsomanía avanzada—, decidió acribillar a buen número de semejantes cuidadosamente elegidos a través de la mira de un rifle automático. Horas antes había sustraído el arma de la colección que su padre, ausente en viaje de negocios, lucía en lustroso gabinete de nogal, empotrado en el amplio estudio de la lujosa residencia familiar. Lo han declarado loco. Al hijo, claro. En total, según versiones de las agencias de noticias, fueron 22 las víctimas de certeros disparos calibre 22- curiosa sincronía numérica sospechosa mas no premeditada-, antes que el agresor fuera abatido por balas policiales. Noticieros de T.V., Internet, primeras páginas de la prensa mundial, dieron gran despliegue al episodio, sin precedentes por el número de víctimas. Científicos del comportamiento debaten acerca de las causas que provocan la aparición de sicópatas cada vez...

CONTRASEÑA

La muchacha del guarda-equipaje no me mira a los ojos. Dejó de sonreír, ignorando la instrucción terminante del manual de atención al cliente. Hace un momento estaba roja carmesí de la ira. Ahora palidece, retrocede hacia el escritorio, sus manos sudorosas empañan la cubierta. Está atenta a la puerta. Tiene miedo. Me tiene miedo. Ha pulsado con disimulo el botón de alarma. Los guardias vienen corriendo, se agolpan los curiosos. A todos les explico una y otra vez, llaves en mano, aunque ninguno parece entender: en la valija que señalo, verde oscura con rodachinas, manija extensible, doble cremallera y candados, estoy yo guardado y en uno de mis bolsillos se encuentra la contraseña exigida para poder reclamarme.

 A CALARCÁ VUELVE JUNIO

Libaniel Marulanda

Las fiestas de los pueblos y ciudades siempre han sido la excusa perfecta para revolcar recuerdos; de manera expresa en las personas que en buena hora descubrieron que el amor por el terruño es una cosa y permanecer cruzado de brazos, impertérrito ante el tropel de tiempo es otro paseo. El amor siempre estará aquí, en Calarcá, pero el pan y el empleo, están al otro lado de la cerca... Ver más----->

 CALARCÁ

Poema que susurra entre dos ríos
Candorosa canción de cafetales
Mientras subes al cielo enamorado
Por un suave verdor de cordillera

Tu peñasco tutelar guarda secretos
De míticas batallas por el suelo
dónde descansa la memoria núbil
De una bella nativa y un guerrero

A tu paisaje sin par llegó el abuelo
Con esperanza y amor en su mochila
Para cuidar tus edénicas quebradas

Sembrar con su mano labrantía
Fantástica magia de heliconias
Entre purpurinas perlas de cafeto

Juan de J. Herrera G.

 EL CARRO DE "MASATO"

El carro de "Masato"Juan de J. Herrera González

"Fuente histórica: tomada en el Parque de los pájaros caídos de Calarcá, Pruebas testimoniales de: Héctor Henao, Faber Grisales, Everardo Duque, el mono Patiño, y otros" (31/05/2012 11:23:12 a.m.)

Cuando logró moverse por la ciudad, los ruidos producidos por el armatoste, retumbaron por el pueblo sin mostrar su estructura, dejaban muy atrás el lento "relandario" de carpa triangular, doble vidrio delantero, farolas fuera de guardabarros, puertas amarradas con alambres, material que sostenía tres grandes letras GMC, como distractor de marca porque el camión, si así podía llamarse, era injerto de varios vehículos donde prevalecían partes de Ford, marca relevante.

El combustible alimentaba el motor por gravedad; el tanque, parecía corona sobre la cabina y una burda manguera negra bajante por el lado derecho llegaba al remedo de carburador. Desteñido y parchoso color rojo, especialmente en las puertas, hacían sospechar retazos desechados de otros camiones; para no ir más lejos, el carromato, era algo salido de cementerios de carros cuyas partes venían por encargo a camioneros de paso habitual hacia la obligada cordillera custodiada por la naciente ciudad de Calarcá. No pudimos precisar cuantos años tardó "Masato" para hacer rodar ese adefesio, pero lo hizo y, de campesino raso, pasó a chofer, profesión respetada y envidiada en esos tiempos.

Por su condición de máquina armada en baldío municipal, se le endilga a Eduardo Arango, primer mecánico local, la armada y puesta en marcha del camión, como lo había hecho con el de Vigig, Vicente Giraldo, empresario de gran visión, quien encontró en Arango un genio de inteligencia práctica en esos avatares. El mecánico y "Masato", hicieron posible levantar su anhelado, pero caricaturesco, carro.

"Masato", como dijimos pasó del anonimato a la fama regional por su medio de transporte. La gente hablaba del "carro de Masato" antes que de "Masato", el del carro, es decir, la fama provino de su vehículo por feo, raro y desvencijado. Para no olvidar al personaje contamos que vivió por los lados del Pescador, era alto, mono, zarco, y corpulento, condiciones necesarias para ser chofer y además, para manejar ese singular carro. Su nombre: Gonzalo Marín; como segundo a bordo del móvil artefacto, ayudante o pato, oficiaba Manuel, sin más. Estos fornidos seres se las ingeniaban para mantener en movimiento aquel trasto al que nunca faltó trabajo porque, los dos, a pesar de su rudeza y baja instrucción, eran honrados hasta el tuétano, por esa razón, preferidos por comerciantes de grano como Pacho Duque, Isidro Gómez, Guillermo Gamba, Nicanor Restrepo y Abraham Gómez, quienes a pesar del tiempo, dos días para el trayecto de la estación del tren de Armenia hasta Calarcá, sabían que no faltaba un solo grano al cargamento.

Por ser carro hechizo no tenía tablero, remplazado por huecos de donde salían cabuyas y alambres, que a su vez, contactaban los cambios del vehículo para hacerlo "caminar". "Masato" y Manuel, como Mandrake y Lotario, hacían magia para hacer rodar el artefacto, a oído, del estridente motor, "Masato" decía ¡segunda¡; Manuel, halaba con fuerza para que el cambio funcionara mientras "Masato" sostenía a fuerza pura el alambre acerado del embrague. En terreno plano, "Masato" halaba, y, Manuel, hacía fuerza a la cabuya de tercera para que el cachivache mantuviera la velocidad, nunca mayor a diez km., por hora. Los frenos, casi innecesarios por la lentitud del cacharro, eran espectáculo sin par: "Masato", gritaba ¡Frenos!, Manuel, saltaba con rapidez, levantaba una gran piedra dispuesta en el estribo, la colocaba bajo la rueda trasera y el carro paraba abruptamente, casi de inmediato. El carricoche, no tenía doble troque trasero, pero funcionaba a la perfección con casi tres toneladas. Por la forma rara de rodar sus llantas, enzapatadas totalmente, andaba a brincos con especial Beri-Beri, acorde con la "feura" del camioncejo. El encendido de los automotores era de Cran, manivela colocada en el parachoque, movida con fuerza y rapidez a la derecha, encendía el motor. El carro de "Masato", por sus características, tenía todas sus partes desproporcionadas y el Cran de este famoso cacharro, solo era posible girarlo por su dueño. Por tal razón, "Masato" no tenía problema en dejar su "carcacha" en cualquier parte, donde lo cogiera la noche, además, la población no tenía parqueaderos ni ladrones. Los taxistas dejaban los carros frente a sus casas, la mayoría casas-lote, tenían patio con ramada para hacer mecánica y guardar los coches.

"El carro de Masato", único en su género, era comidilla de todos en la ciudad por su pesado rodar, la carpa rota y añadida con aspecto de circo pobre, cuando transportaba panela, debía ser cubierta con encerados y papel vejiga a fin de preservarla de la humedad invernal; su pito, cornetón sobre la cabina, cuando funcionaba, soltaba estridente sonido de alerta para tener paso libre y no usar el freno de piedra mencionado antes. El cambio de llanta, frecuente por el mal estado de los cauchos, llamaba a espectáculo; usaba un gato cilíndrico de barco, demasiado largo, por lo tanto, "Masato" levantaba el camión con sus fuertes hombros hasta que Manuel lograba acomodar el dicho gato mecánico para reparar la pinchadura.

"Masato", gracias a su fuerza muscular, era uno de esos a quienes multaban la mano, para evitar lesiones en frecuentes peleas gracias a excesos de cerveza los fines de semana. Por esos años, había boxeadores ambulantes que iban de pueblo en pueblo desafiando a lugareños. Kid Rayo, de Buga, vino, mostró sus músculos y retó; le salió "Masato" y, con el primer puño, el famoso Rayo Bugueño, quedó mirando hacia el cielo dormido por más de diez minutos. Fue famosa su pelea con Salvador, "polichador de carros", bajo de estatura, pero de fuerza legendaria. Los dos, multadas sus manos, se enfrentaron en pelea casi oficial, con asistencia masiva, y con grandes apuestas. Confrontados los forzudos ninguno batió al otro porque a pesar de la estatura de "Masato" (1.75) y Salvador (1.50), ninguno cogió pleno al otro, pero dicen los viejos que los golpazos se oían desde Las Partidas. Dos años después, "Masato", se hizo campeón nacional de boxeo en Bogotá, su irresistible pegada lo convirtió en rey del cuadrilátero, cuando las noticias apenas llegaban por correo quincenal.

"El carro de Masato", se convirtió en leyenda por el milagro de moverse a pesar de tener partes de muchos camiones, Orlando Marín "Masato" se acercó a la historia por su carro y su fuerza, amén de ser, según sus clientes, el tipo más honrado de la ciudad.

 126 AÑOS

Apenas 126 años cumple nuestra tierra cuna y, gracias a la voluntad popular, recobra su agenda cultural auspiciada por la nueva administración. No importan algunas improvisaciones porque el resultado deja el sabor dulzón de eventos de calidad musical sin precedentes. Gana la cultura y, la casa, dedicada a las artes y letras llena sus instalaciones con el aplauso de ciudadanos que ahora pueden ingresar sin temor ni condiciones.

Los cantantes calarqueños, los grupos polifónicos de Armenia y Pereira, el Jazz de los universitarios gringos, la música andina y en especial la tuna "La Calle" en su noche de aniversario hicieron de la semana cultural un hecho para recordar. Punto aparte la presentación de los "muchachos de antes" con su homenaje a Gardel. El teatro entero cantando la melodía porteña fue sin lugar a dudas concierto para contar y repetir ojalá muy pronto. Felicitaciones a la alcaldía extensiva a quienes hicieron posible la programación cultural y deportiva.

 CONTACTO

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