Logotipo calarca.net
 
Inicio    Escríbanos sus inquietudes    Lea nuestro Libro de Visitas

 DE ACORDEONES, FESTIVALES Y OTROS SONES

Libaniel Marulanda y su acordeónLibaniel Marulanda (libaniel@gmail.com)

Sin duda los concursos de música en todo el mundo son un eficaz termómetro que permite detectar la temperatura artística de tal o cual región. Y podría decirse que cuanto mayor sea el calor, mayor será su trascendencia. Para el caso y el sitio que nos ocupa, Colombia, de entrada nos atrevemos a afirmar que entre todos los concursos anuales, dos se destacan: El Festival Mono Núñez, de Ginebra, Valle y el Festival de la leyenda vallenata, en Valledupar.

Los dos tienen idénticas motivaciones: afianzar, divulgar y promover el folclor. De música andina, el de Ginebra, poco a poco le fue abriendo la puerta a nuevas realidades musicales de los ritmos del interior. Es posible, entonces, que en Ginebra confluyan el saxofón, la guitarra eléctrica, el órgano o la clavinova, del brazo de guitarras, tiples y bandolas. Una fusión que, así camine en contravía de la ortodoxia folclórica, para bien de la música colombiana consigue conquistar el casi inaccesible gusto de la gente joven por una cultura que no es comercial, no está de moda, no es extranjera y, encima de todo, no es fácil de interpretar.

Oír a la juventud en Ginebra, requiere antes que nada buen gusto. Por la tarima desfilan los arreglos vocales, la armonía moderna, la técnica interpretativa que ennoblece la tradición del bambuco, el pasillo y los demás aires del interior.

En el polo opuesto, bajo el imperio de la alegría ancestral y desinhibida, tiene el país el Festival de la leyenda vallenata, que este año hará la versión número 44; el concurso seguirá fiel a la camisa de fuerza de la ortodoxia que le pusieron sus fundadores. Y eso, a pesar de que en el estudio e ideario de lo folclórico, siempre existe una rendija por la que puede acceder, de manera tímida, la dinámica social con algunos cambios.

Por otra parte, el público, que en los procesos culturales se convierte en un juez de última instancia, con razón o sin ella, suele imponer cambios que pueden enriquecer las formas rígidas del folclor. Baste un ejemplo, para el caso del vallenato (fuera de la tarima Francisco el hombre): La inclusión del bajo electrónico.

Este elemento, "moderno", dentro de la música en vivo y grabada, es equiparable al condón que la iglesia católica condena pero que los fieles utilizan. Igual sucede con la música llanera que introdujo no solo el bajo sino que se enriqueció con la adopción del arpa venezolana. Y que nos perdone, en su tumba, el maestro folclorista Guillermo Abadía Morales.

Acordeón diatónicoEL ACORDEÓN DIATÓNICO

Inventado por el austríaco, Kiril Damián en 1829, se dice que llegó a la Guajira en 1880. Fue producido en el siglo veinte a gran escala por una de las mayores fábricas de instrumentos, la Hohner de Alemania. En la pequeña ciudad de Trossingen, que llegó a tener cinco mil operarios en su época dorada.

En un video, el cronista Ernesto Mc Causland nos deja ver esa famosa fábrica en patética decadencia, al filo de los años ochenta. Ahora, tiene cerca de doscientos empleados y recibe respiración boca a boca del mercado de la música vallenata (un 80% de los vallenatos) y en menor escala de la música norteña mejicana, si bien esta última le coquetea más a los acordeones Gabanelli, italianos. Igual que tantas fábricas y marcas reconocidas, la Hohner también consiguió capear la crisis de los años ochenta tras reducir los altos costos de su mano de obra, pagada en Euros, recurriendo a China.

El mercado poco a poco comienza a nutrirse de acordeones hechos en la patria de Mao. Por eso vemos hoy en los catálogos de ventas por internet los modelos clásicos como el Corona III, otros de menor costo y nuevo ropaje, como el Hohner Rey Vallenato, el Phanter que valen la mitad de los fabricados en Alemania.

La música vallenata, tan lejana en apariencia de la geografía andina, gracias a la radio, la televisión y el mercado discográfico, terminó por colonizar el gusto nacional. Y el acordeón diatónico de botones entró a muchos hogares. Pero como en todo proceso cultural, hacia los años sesenta, la técnica apenas comenzaba a romper el cascarón. El acordeonero también ejercía el rol de cantante. Luego la expansión del vallenato hizo necesario la vinculación de cantantes. La excepción notable es el triple rey vallenato, Alfredo Gutiérrez.

Los nuevos tiempos con su promoción de ídolos de millonarias ventas, trajeron a los colombianos las imágenes de nuestros grupos vallenatos con toda una recargada parafernalia humana e instrumental, en oposición al esquema clásico de escenario: acordeón, cantante, caja vallenata, guacharaca y bajo electrónico. Ahora predominan en los escenarios tres coristas, con su coreografía, un timbalero, un conguero, un cencerrista, un teclista, y un guitarrista, además de los otros músicos de siempre; incluso se habla, más en chiste, de la existencia de un "ayombero": ese que grita "¡Ay hombeee!". Tienen estos grupos un número de personas que ya quisieran para sí las orquestas.

Para complementar el derroche humano, de instrumentos y vatios de potencia de los amplificadores, siempre encontraremos media docena de acordeones a los pies del hombre que lo ejecuta. Pero este último ingrediente, el número de acordeones, en realidad sí tiene una razón de peso: Las tonalidades, pues sucede que los acordeones diatónicos derivan su nombre de las tres escalas musicales que tienen.

Dicho de otra manera, en los acordeones vallenatos sólo es posible elegir y tocar en tres tonos mayores, que pueden ser, por ejemplo, Sol en la hilera de botones de afuera, Do en la del centro y Fa adentro. Esa limitación tonal del acordeón vallenato impone, entonces, la necesidad de trastear varios acordeones de distintas afinaciones a cada toque. He ahí el porqué de su número.

El mundo, el arte, la historia y el desarrollo no pueden ser estáticos. Pese al purismo y la aparente necesidad de embalsamar las expresiones musicales de tradición, la tecnología electrónica corre desmesurada y ha estado también al servicio del arte y de la música.

Es así como del piano acústico se llegó al teclado electrónico. Igual ha sucedido con el acordeón.

Este año 2011, recién comenzado, ya registra la aparición en el mercado del primer acordeón diatónico digital. ¡A tenerse duro la comunidad vallenata porque el sacudón será fuerte!

El nuevo acordeón diatónico digital tiene tantas ventajas sobre sus antecesores acústicos que, necesariamente, derivará en nuevas expresiones de la música vallenata y su folclor en Colombia.

La circunstancia será igual para la música norteña de Méjico, pero ese es otro paseo. De entrada, el nuevo acordeón digital, patentado por la casa Roland, una marca muy bien posicionada en el mundo musical, le evitará al ejecutante cargar con varios acordeones. Así de simple. Sólo hay que hacer un click, elegida la escala en que se quiere tocar, y ya está. Recordemos aquí que en la música (la occidental claro), existen doce tonalidades o escalas, que llamamos escala cromática (“del borracho”, dicen los caribes). El nuevo invento posibilita lo que hasta hace poco era un sueño.

Pero ahí no para todo. Estos acordeones reciben también información externa a través de un puerto para memorias USB, lo que equivale a decir que el músico puede añadirle pistas con voces, instrumentos y arreglos orquestales a lo que se dispone a tocar.

De igual manera, tiene la opción de hacer sonar, con los bajos, una batería. En cuanto al sonido, agreguemos que no solo tiene el timbre del emblemático III Corona Hohner. Puede emitir otros 12 registros de acordeón.

Y, por supuesto, los nuevos acordeones digitales permitirán que nuestros cultores accedan a otros sonidos como el órgano o los metales.

No es exagerado pensar que ahora y aquí, en Colombia, la música vallenata va a sufrir un revolcón de la magnitud del invierno que sufre la costa. Como solía decir la generación tropelera de los años setenta: "Un gran desorden bajo los cielos".

La convocatoria al concurso para este 2011 dice en su parte pertinente: "Para participar (...) los acordeoneros deben interpretar (...) con los tres instrumentos típicos del conjunto vallenato: acordeón de botón en cualquiera de sus marcas, tamaños y tonos (...)". Ante esa exigencia, ya para rematar solo nos cabe preguntar: ¿Cuál será la respuesta del jurado del concurso si alguien se presenta con un acordeón digital? ¿No será que ha llegado la hora de reconocer los nuevos tiempos, los nuevos timbres, y su tecnología, como en Ginebra, Valle?

 CRÓNICAS ANTERIORES

Apuntes para la reseña del libro "Crónicas Quindianas"
Noel Estrada Roldán
Néstor Jaime Ocampo G.
Encuentro Nacional de Escritores
La banda músico marcial de Calarcá
Final Encuentro Nacional de Escritores

Quédate en Calarcá

Inicio       Escríbanos sus inquietudes        Lea nuestro Libro de Visitas
 
IMÁGENES CALARQUEÑAS
Imágenes Calarqueñas
YIPAO
Yipao 2007
MONUMENTO AL CACIQUE
Ver Monumento al Cacique Calarcá

Ubicado en el Barrio La Huerta.