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 DIATRIBA MÍNIMA CONTRA LOS LIBROS FEOS

Libaniel MarulandaPor: Libaniel Marulanda. (libaniel@gmail.com)

Es comprensible que la juventud que tiene el Quindío, si se compara con otros viejos departamentos, se haya visto reflejada en buena parte por las obras y acciones producidas en este territorio que aún no ha llegado al cincuentenario de existencia. El ser "armeñucos" es una manera peyorativa de calificar desaciertos, chambonadas o ese mal gusto que proviene del franco desconocimiento de condiciones mínimas que orientan la cultura y sus quehaceres, más allá del alto de La Línea o del retén de La Herradura en La Tebaida. Sin tocar aspectos de contenidos y calidades literarias, porque no es justo ni del caso hacerlo aquí, podemos echarle un vistazo a lo que ha sido el trabajo editorial de la literatura quindiana. Con muy dignas excepciones, tenemos que reconocer que los quindianos hemos sido campeones en producir libros de una fealdad editorial equiparable a los folletos que venden los culebreros en las galerías.

El anhelo común, razonable y necesario de todo aquel que se atreve a asumir el oficio de la palabra es, ante todo, publicar. La impaciencia tiene tanto de virtud como de defecto; la precipitud y el afán de reconocimiento social a menudo conducen al escritor de provincia a un despeñadero. Además, es tan vital la urgencia de conseguir trabajo que muchas personas con talento artístico terminan por hacer de su pluma una palanca de primer género para acceder a un empleo. Y como el mayor empleador del país es el gobierno, el oficio de la palabra sacrifica su compromiso primario en aras de la placidez burocrática y deviene en la peor de las prostituciones: la de la conciencia. A los gobiernos no les basta con obrar mal: deben pregonar lo contrario. Y para eso están los artistas, escritores, poetas que han añadido a su arte las mañas de la lagartería.

Por estos días circulan en el Quindío dos libros escritos por Alfonso Osorio Carvajal, de pequeño formato e ínfimo paginaje: "Reloj de Arena" y "Urbanidad para jóvenes del siglo XXI". No quiero ofender la memoria del autor, quien en vida fue querido y exaltado por la sociedad quindiana, pero de igual modo no puedo traicionarme a mí mismo. Por eso debo decir que los dos libros no solo son deplorables sino que, en vez de ser un homenaje a un escritor nuestro, son una forma perversa de descrédito para un venerable anciano, compositor y poeta popular. Para la Literatura quindiana lo peor no es que sean un par de libros feos en lo editorial; o que, según algunos críticos, sean precarios y desafortunados en su contenido. No. Lo reprobable es que el gobierno departamental los haya publicado como si fueran de la colección de la Biblioteca de Autores Quindianos.

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