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 FINAL DEL II ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES "LUIS VIDALES"

Por Libaniel Marulanda (libaniel@gmail.com)

"La literatura es una mentira que dice la verdad" (Juan Rulfo)

Libaniel MarulandaLa literatura viene a ser como una fogata que es avivada por sucesos insólitos y de ahí que conserve una obligada distancia de lo obvio, de lo previsible. Tanto la vida como el oficio de escritor, de igual manera, están signados por el pesimismo, la desesperanza; parodiando un eslogan de un gurú de la autoayuda, digamos que literatura y escritor están inscritos en cierta actitud fatal negativa, simplemente porque la vida es así.

Por razones de oficio, el Segundo Encuentro Nacional de Escritores de Calarcá, clausurado el viernes 26 de junio, pese a toda una larga, pensada y repensada programación tenía sobre sí la nube gris del temor a los imprevistos que suelen rodear los eventos tan preparados. Era un sentimiento oscuro e inconfesable, guardado en la intimidad de cada uno de sus organizadores y movido al compás cotidiano de las noticias: que William Ospina viene, que no puede, que tal vez sí venga, que está en Europa, que no contesta correos, celulares. Y luego, que sí viene pero que hay que postergar ocho días el Encuentro. Unos días después: que tal vez no venga porque se ganó el Rómulo Gallego...

¡Por fin!, llegó el día 24 de junio. Y llegó William, cuando íbamos por el bis del coro del Himno Nacional. De inmediato por la sala atestada de público cruzó un respiro colectivo de alivio. Ignoraba el público que el invitado estrella había llegado a Calarcá desde la noche anterior y que de entrada departió con sus amigos calarqueños en el Museo Gráfico, el de Luis Fernando Londoño.

Realizada la apertura formal, donde los discursos breves pisaron duro. Sin darle respiro a la apertura del evento, Alejandro Herrera, nuestro eficiente Goebbels calarqueño presentó a William Ospina. El laureado escritor hizo entonces una profunda disertación sobre la historia de la novela histórica, su tema asignado en el programa.

Sin embargo, otro de los pesos pesados, el autor de "Las cenizas del Libertador" y "La caravana de Gardel", Fernando Cruz Kronfly no llegó. Debía compartir escenario con el autor de "El país de la canela". Se supo entonces que fue víctima del síndrome de lo imprevisto y no pudo restablecerse bien de una operación a la que fue sometido.

Dado que ese 24 de junio "El morocho del abasto" cumplía el 74 aniversario del funesto accidente aéreo de Medellín, la inevitable gardeliada con "Los muchachos de antes" se celebró sin la presencia de este escritor de novela histórica que reside en Cali.

Siempre he creído que el tango es un vasto y viejo territorio sembrado de vivencias urbanas y existenciales, con sus fronteras abiertas para que se instale allí la poesía. Como decía Santos Discépolo, "un pensamiento triste que se baila" y, como en el evento que convoca estos párrafos, un inmejorable pretexto para reunir alrededor de una mesa, una botella y una melodía, a personajes de la literatura actual colombiana como el mismo William Ospina, Juan Esteban Constaín, Nahum Montt, Fernando Quiroz, César Valencia Solanilla, Luis Ernesto Lasso, Fabio Martínez, o Víctor Gaviria (en su doble papel de escritor y cineasta). Para abreviar señalemos que sólo Jaime Lopera no pudo concurrir.

Antes de la gardeliada, en la misma noche de apertura del Encuentro, avalada por la nutrida asistencia que caracterizó el evento en toda sus extensión, la poesía marcó tarjeta en las voces de los bardos calarqueños Elías Mejía, Jorge Julio Echeverri, Marta Lucía Usaquén, Esperanza Jaramillo, y la cantante poeta Martha Elena Hoyos, la nota armeniana de la noche y quien compuso la música para varios poemas de Luis Vidales. La emisora de la Universidad del Quindío realizó la transmisión, por lo que se amplió aún más la audiencia del recital.

El arqueo del Segundo encuentro Nacional de Escritores de Calarcá, estuvo asistido por tantos y significativos hechos que una crónica es insuficiente, lo que hace forzoso el uso de las tijeras y esta mutilación nos lleva a incurrir en omisiones que pueden resultar odiosas.

Nahum Montt, cuando aceptó venir a Calarcá, prometió encaletarse un as en su manga. Y en efecto, con la tercería de otro escritor y periodista sorprendente, Fernando Quiroz, exitoso autor de la novela y película "Esto huele mal", el auditorio se solazó con la magistral conversación de un novelista y profesor armado con cara de niño juicioso de colegio rico: Juan Esteban Constaín, dueño de un humor negro y una capacidad infinita de sorprender con la agudeza de sus comentarios. Resultó el ladrón del show.

Como suele ser inquebrantable norma, el ejercicio de la crítica fundamentada, rigurosa, del maestro César Valencia Solanilla se hizo sentir en la conversación con sus homólogos Carlos Alberto Castrillón y Orlando Mejía Rivera. El catedrático, quien ha escrito una obra sobre la novela finisecular del eje cafetero, de la cual ya salió el primer tomo y está en lista de espera editorial el segundo, dedicado al Quindío, hizo público su descubrimiento de un novelista quindiano: Ernesto Osorio Vásquez. Este acto de justicia literaria de César Valencia hacia un escritor nuestro que ha sido ignorado, reivindicará novelas como "El lado oscuro" y "Cacique".

Luis Ernesto Lasso, escritor de textos de didáctica del cuento y maestro de literatura de la Universidad Surcolombiana, llegó al Encuentro con su esposa y catorce alumnos que estuvieron presentes en todo el programa, ávidos de conocer el Quindío y su cultura. Para él, el sentimiento más digno que puede albergar un ser humano es la solidaridad y por eso, con discreción y firmeza rehusó alojarse en el Hotel dispuesto para los demás escritores, además de comer en los restaurantes previstos. Estuvo siempre con todos sus estudiantes en un modesto hotel de la galería de Calarcá. En el último día del encuentro, el maestro Luis Ernesto, a dúo con Fabio Martínez y rodeado de su alumnado, vivió la significativa experiencia de una conversación en la Penitenciaria de Peñas Blancas, con la temática de la novela histórica y la realidad colombiana.

Conforme a los mejores propósitos, el programa resultó un bazar de voces. La temática de La novela histórica, en todas sus vertientes y bajo la óptica de los escritores y cineastas participantes, dejó tantas reflexiones como interrogantes. Pero, en últimas, el objetivo primordial era suscitar nuevos puntos de vista y confrontarlos con el acervo teórico precedente. Así que el bazar de voces devino en una exitosa valoración múltiple.

A manera de ejemplo puede intentarse poner en vitrina algunos comentarios y citas afortunadas. Mientras que Juan Esteban Constaín le otorga al ejercicio de la historia misma la categoría de otro género literario, Álvaro Pineda Botero hacía un llamado al orden conceptual, toda vez que en una hora surgieron docenas de miradas e interrogantes.

Oímos a César Valencia Solanilla esgrimir una certera respuesta al por qué de la fascinación actual por la novela histórica: la historia oficial contiene tal número de mentiras que el lector recurre a este género de novela para conseguir una aproximación de mayor veracidad a lo que pasó.

Fabio Martínez, autor de la novela "Balboa", un caleño fogueado en miles de contiendas conceptuales en el campo de batalla de las aulas universitarias y en los talleres que ha dirigido, nos soltó una frase como para enmarcar: "la novela histórica es una película en sepia, realizada con cámara digital".

Como cualquier ama de casa que extrae de un baúl una porcelana valiosa y la pone en la sala con motivo de una visita importante, Fabio citó a Rulfo: "la literatura es una mentira que dice la verdad".

La participación quindiana estuvo en manos de de Susana Henao, Umberto Senegal, Luis Eduardo Gallego Valencia, Carlos Fernando Gutiérrez, Juan Felipe Gómez, Leonel Giraldo y Álíster Ramírez, un novelista armenio que viajó desde Nueva York para participar de manera activa en el desarrollo del programa.

Leonel Giraldo, actual gerente editorial de Planeta, calarqueño él, aceptó regresar a su pueblo y disertar sobre Balzac y Tolstoi, el viernes en la mañana, próximo a la clausura del evento. Tuvo especial acogida su afirmación acerca de que Gabriel García Márquez, a tiempo que es el mejor escritor de lengua española después de Cervantes, es también el mayor lagarto internacional. La firma que representa, Planeta, también le brindó apoyo al certamen. Desde España, Carlos Alberto Villegas, puso su corazón y la revista Termita Caribe, virtual e internacional, a órdenes del Encuentro y además creó un blog específico para ello.

Lisandro Duque Naranjo, el reconocido director de "Visa Usa" y "Los niños invisibles", se vio forzado a anticipar su presencia en Calarcá, dos días antes de lo previsto. Por tal razón pudimos departir con alegría y largueza un fin de semana. Los tintos cargados en "Momos", se sirvieron por docenas, en tanto que Lisandro, en una silla cuya mitad estaba fuera del café, estirado el brazo de tal suerte que su imparable tabaquismo estuviera por fuera de los límites de la prohibición legal, como en el tango antológico, fumaba y fumaba en el umbral y saludaba a quienes lo reconocían. Sin embargo una hora antes de su regreso a Bogotá, un cliente del café, llegó, lo vio y lo insultó por fumar en sitios públicos. Ante eso, Lisandro se disculpó, se justificó, pero no se libró de la andanada y hasta ahí llegó el encanto del tinto y el pucho. Sus exposiciones relacionadas con el cine, su historia, los clásicos y sus experiencias le aportaron riqueza y calidad al inicio del Encuentro.

Para darle continuidad al Ciclo cinematográfico del Encuentro, pisó el escenario del remozado Teatro Yarí, ahora en proceso de resurrección bajo la tutela de su hija, el director de "La vendedora de Rosas" y "Sumas y restas", Víctor Gaviria. Es un ameno conversador que le contó un sinnúmero de sucesos de su vida cinematográfica al auditorio que se agolpó en el Yarí de Calarcá. A su conversación le añadió, a manera de avance, todo cuanto tiene que ver con la película que realiza en la actualidad, sobre la vida y tropelías de "Sangrenegra", Jacinto Cruz Usma, personaje que asoló también esta región.

El balance del Ciclo pedagógico, destinado a motivar a los estudiantes y profesores de la Ciudad Literaria de Colombia, Calarcá, arrojó un significativo y negro saldo a favor. De otro lado, la presencia constante y decisiva de calarqueños emprendedores como José Nodier Solórzano Castaño, otro de los artífices del Encuentro y quien es el presidente Nacional del Consejo de Literatura, así como la dirección acertada del escritor Jaime Lopera Gutiérrez, el invaluable apoyo de la Dirección Departamental de Cultura, expresado en la gestión de Lucely Velasco, amparados en los eficientes quehaceres administrativos de Cruz Ángela Cardona y la Fundación Torre de Palabras, fueron los elementos determinadores del éxito alcanzado y en el que la Alcaldía de Calarcá y su gente fueron piezas de primer orden.

Aunque sé que mañana, cuando esta crónica esté cargada de olor a tinta, vendrán de manera inevitable a mi memoria los nombres y actuaciones que me han estado bailando en la punta de la lengua, debo resignarme al martirio del arrepentimiento por todo lo que sin querer omití. Por eso me someto desde ahora a la sentencia anticipada de los lectores, público participante y compañeros organizadores de este Segundo Encuentro Nacional de Escritores que, gracias a un éxito que rebasó nuestras mayores expectativas, ya compró silla en la primera fila de los más cualificados eventos de Calarcá y el departamento del Quindío han tenido y esperan tener en el futuro.

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