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SOBRE MOMENTOS MEMORABLES DE MILITANCIA MUSICAL (CRÓNICAS Y DIATRIBAS)

Lanzamiento del libro de Libaniel Marulanda

Por César Valencia Solanilla
(Director de Maestría y Doctorado en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira)

El libro de Libaniel Marulanda, Momentos memorables de militancia musical. Crónicas y diatribas hace honor a su título y podría sugerir cierto guiño intertextual local a la célebre obra de Stephan Zweig, Momentos estelares de la humanidad  aunque el gran escritor austríaco hablara de estelares y el autor calarqueño de memorables de militancia musical. El título de Marulanda, además, retoma una palabra también ya poco usada, el de militancia, para referirse a la cotidianidad como una forma de pertenencia a la música y ya lejanamente a la política, en donde fue tan apreciado este vocablo. Y el de Crónicas y diatribas, porque, efectivamente, casi todos estos sugestivos textos son memorias recientes y ausentes de lo que ha sido su vida como músico, principalmente, como escritor, subsidiariamente, pero sobre todo como periodista testimonial y memorioso de su entorno. Y, en síntesis, pudiera decirse que se trata de una gran diatriba, de un  jocoso "ajuste de cuentas" con la vida bohemia, cultural, política, social del entorno local, en donde discurren intimidades y opiniones con una carga afectiva e irónica notable. Un libro, en síntesis, que para los quindianos viejos y por adopción y para los antiguos y nuevos paisas del Eje Cafetero por vocación, como yo, que nos viene muy bien, repito, como memoria viva en la letra impresa de lo que irremediablemente devorará el olvido.

En este sentido, y como una provocación para el autor, pienso que este conjunto de crónicas y diatribas pueden mirarse como un borrador o apuntes diversos y dispersos para la construcción de una novela, donde Marulanda pueda ir más allá de la inmediatez o la nostalgia feliz y fácil de la frágil memoria del pasado cercano y lejano y se constituya en un gran fresco de una narrativa que aún no se ha publicado en el Quindío, pero que tiene expresiones significativas, por ejemplo, en Cuajada, el conde del jazmín (1999) de Gloria Chávez, porque, en efecto, algunos de los personajes retratados o evocados en el libro de Libaniel tienen esa singularidad de seres de carne y hueso que van por el mundo con sueños desbordados de irrealidad, que de una forma u otra los consiguen. De igual manera, el libro es un texto que refresca la memoria cultural reciente en un departamento y unas ciudades –Calarcá y Armenia– muy ricas en expresiones artísticas, musicales, literarias, con personajes importantes en la historia y que funcionan como una especie de telón de fondo que facilita la aproximación a las variadas semblanzas personales de autores literarios presentes en este libro, como los poetas Nelson Osorio Marín y Álvaro Perdomo y a los cantantes, compositores, intérpretes, grupos musicales fugaces, gestores culturales, en los que se destacan los textos sobre Luz Marina Posada, Juan Sebastián Gutiérrez, Simeón Báquiro, Fernando Ortiz, Luis Ángel Moreno, Óscar Agudelo, Diego Iván Serna, Martha Helena Hoyos y Óscar Golden, algunos de ellos figuras en un momento consagradas en los imaginarios populares y ahora casi olvidadas de la música en Colombia. Y allí reside el valor principal del libro: es una especie de mirada nostálgica feliz, pocas veces quejumbrosa, de lo que fue rutilante en un momento y ahora es tan solo un destello fugaz de la desmemoria. La militancia en la vida, el atavismo de la bohemia, la política y el desamor o simplemente el estallido de los sentidos en un mundo premoderno en donde casi todo estaba por descubrir, generaron todas esas formidables contradicciones de unos y otros, extraviados en el asombro mismo del existir, que el cronista muestra con desparpajo y sarcasmo.

En este aspecto, el gesto de voyerista y paseante de Libaniel Marulanda le imprime unos matices neocostumbristas y realistas a su aproximación generacional del medio cultural regional del Quindío, cargados siempre de humor negro, digresiones ácidas sobre lo que le parece desafinado o ridículo, ya que se trata de testimonios, diatribas o breves evocaciones de cuando todos eran jóvenes y el mundo les sonreía, como dice el poeta. Y cargadas también de erudición y precisión técnica cuando se refiere a los instrumentos, intérpretes, géneros musicales, modas y tendencias artísticas, que es un mundo en el que el autor se mueve muy bien como músico y escritor.

Ese borrador de lo que podría convertirse luego en una narración de largo aliento funciona, entonces, muy bien en el género de la crónica y de la diatriba –como hemos dicho– por su carácter episódico independiente y rinde un reconocimiento (estuve tentado a escribir) "homenaje" al mundo de la bohemia regional y el hilo conductor, en efecto, es la militancia musical, la noche incierta, la amistad y solidaridad en el desarraigo y el desencanto. En todos los casos, así sea de meras referencias anecdóticas y notas periodísticas de ocasión, como de semblanzas con mayor peso narrativo, se aprecia la vocación literaria del autor que logra casi siempre superar la barrera del inmediatismo local mediante contextos más amplios en que pueda ubicarse el texto que se propone al lector. El libro tiene, así mismo, una presentación de la periodista y narradora Olga Behar, como invitación consecuente a la lectura de esta acertada selección de periodismo cultural con pretensiones literarias que, a nuestro juicio, representa un interesante aporte a la crónica y la narrativa breve en la región.

Siempre nos alegra que un amigo publique un libro, que el libro sea bueno y que se pueda recomendar a los otros, lectores antiguos o recientes. Pero lo que más nos complace es poder comprobar luego que esos otros lo han leído efectivamente, por curiosidad o perversidad, pero que lo lean. Si no es así, la buena literatura tiende a esfumarse en el olvido.

Armenia, 29 de julio de 2016