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LA COLONIZACIÓN DEL QUINDÍO

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CAPÍTULO IV: EL CACIQUE CALARCÁ

Por Jaime Lopera Gutiérrez
jailop1@gmail.com

Cacique Calarcá por JairoAUn capítulo especial se merece el cacique Calarcá, legendario guerrero de los pijaos cuyo nombre se vinculó al de la ciudad cuya crónica principal estamos haciendo aquí. El nombre de este cacique está rodeado por la leyenda y se han tejido muchas versiones, aun por parte de conocidos historiadores colombianos. Pero sobre su existencia se ha hecho nueva luz y a ello vamos a referirnos enseguida.

Comencemos, en primer lugar, con la más conocida versión de Henao y Arrubla,(1) confirmada en el libro de una coterránea nuestra(2). Ambas versiones han hecho tenaz carrera en los textos escolares de nuestra historia patria.

Por las anteriores transcripciones de Henao & Arrubla, y Arango Bueno, sabíamos que durante el gobierno de don Juan de Borja (nombrado hacia 1605 como Presidente del Nuevo Reino de Granada), los indios pijaos estaban asolando a varias regiones del país. Se dice que el presidente Borja fue entonces ayudado por Combeima, jefe de los indios coyaimas y natagaimas —luego bautizado en forma cristiana como Baltazar—, quien se enfrentó al cacique pijao, arrasó sus posesiones, y le dio muerte atravesándole con una lanza.

El «mercenario» Baltazar, dice la misma versión, estaba casado con una española que le había dado un hijo; este hecho ofendió al pijao Calarcá quien, para repudiar la afrenta que había cometido el indio Combeima con su mezcla con la europea, decidió raptar al niño, lo sacrificó y retornó al padre natagaima los huesos roídos del pequeño, tres días después del secuestro. Este acontecimiento determinó el cambio de conducta de Combeima y su posterior alianza con Borja para vengar el agravio recibido. Al asesinar a Calarcá con una lanza, Baltazar logró entonces su propia represalia y le facilitó al Presidente Juan de Borja su victoria contra la tribu de los pijaos, los cuales se dispersaron al morir su principal caudillo.(3)

No obstante, según el «Archivo Nacional de Historia» de Colombia; las «Noticias Historiales» de Pedro Simón; y el historiador español Manuel Lucena Salmoral(4), la muerte del cacique Calarcá sobrevino a causa de un tiro de pistola que le hizo el capitán Diego de Ospina y Maldonado durante una batalla contra una sección de la tribu de los pijaos que comandaba aquel guerrero.

En su informe a la Corona sobre los servicios prestados por él y su familia en el Nuevo Mundo —informe fechado en 1650— dice Diego de Ospina que «estando en el fuerte» llegaron a él los indios pijaos comandados por el cacique Calarcá; entonces con sólo treinta hombres salió del fuerte e hizo frente a los belicosos indígenas; durante la escaramuza, Diego de Ospina se encontró a bocajarro con Calarcá y «con una pistola mató al dicho cacique y él y sus soldados a otros muchos indios y prendieron vivos a otros y de los que murieron se pusieron sus cabezas en la cerca de dicho fuerte, con que los demás se redujeron a todo punto, dando obediencia...» (Testimonio documental en el Archivo Nacional de Colombia, Miscelánea 73, folio 190).

A su turno, fray Pedro Simón(5) señala que Diego de Ospina y Maldonado disparó su pistola y «le dio a Calarcá en los pechos con cuatro postas hechas de un bola, engrasadas con tocino, como las acostumbraba a traer de ordinario, por ser de muerte las heridas, y dándole también con todo el fuego en la cara al indio, cayó en tierra desatinado; a gatas, ayudándole al Coyara, se fue saliendo la puerta afuera del rancho (fuerte) y desde allí al palenque con ayuda que tuvo de los demás indios, sin sentirlo español alguno que se lo estorbase e ir todavía con algunos alientos, no habiendo sido penetrantes las heridas, por ser el tiro tan cerca, si bien a los cinco días de camino, volviéndose a sus tierras, murió en ellas.»(6)

Lucena Salmoral aporta además los siguientes datos: Calarcá no fue el jefe absoluto de los pijaos pues en ninguna documentación se dice que existiera un jefe absoluto de los pijaos, ni siquiera se menciona a Calarcá como un jefe de semejante talla; tampoco su agresor Diego de Ospina se refiere en términos muy encomiásticos al cacique y simplemente lo trata como «un indio belicoso y guerrero».

En cuanto a la batalla efectuada en 1610 —definitiva para la suerte de los pijaos— se tiene sobre ella las pruebas testimoniales que se documentan por Ospina en sus Informes a la Corona; pero en cambio suele hablarse en dichos informes de infinidad de encuentros y del arrasamiento de las sementeras indígenas por parte de las tropas españolas hasta el aniquilamiento total de los pijaos.

Se sabe, sin embargo, que los pijaos se diezmaron después de muchas escaramuzas con los peninsulares (1611, 1612, 1613, 1615); al morir el cacique Calarcá no se dice que los indios pijaos hubiesen sido aniquilados definitivamente: por el contrario, subsistieron en parcialidades no belicosas, hasta que no volvió a hablarse de ellos en mucho tiempo. En fin, la fecha de la muerte del cacique Calarcá, entre 1610 y 1615, es una revelación del historiador español Manuel Lucena Samoral que respetamos por su idoneidad.

Cesáreo Rocha Castilla, un célebre historiador tolimense, también confirma lo anterior: «Por ahí ha corrido publicada la inexactitud de que Calarcá, uno de los más bravos caciques pijaos, murió en batalla campal por la lanza de don Baltazar, otro cacique indígena, aliado de los conquistadores...(pero) ni Calarcá murió a manos de don Baltazar, ni hubo tal batalla de Chaparral, en la llanura, a campo raso». La batalla de Juan de Borja contra los pijaos, en verdad parece que duró cuatro años, con la asesoría de militares españoles de la dureza de Diego Bocanegra. Otros españoles que lucharon contra los pijaos fueron: Pedro Jaramillo de Andrada (1603), el capitán Gaspar Rodríguez de Olmos (1603), el capitán Talmerano (1577), el gobernador Bernardino de Mojica (1591) y Alonso Ruiz de Sahajosa, entre otros.

Monumento al Cacique Calarcá.No termina aquí la cuestión sobre el cacique. La Comisión Corográfica de Agustín Codazzi, que hizo una expedición por la Cordillera Central, por Antioquia, por el cañón del Cauca y por el Quindío para redactar su «Geografía Física y Política de las Provincias de la Nueva Granada» dice que la ciudad de Buga sufrió un retardo en su fundación a causa del cacique Régulo Calarcá «hombre extraordinario por su valor y destreza en el manejo de las armas».

Pero, «encastillado Calarcá en las ásperas montañas de Barragán, había hostilizado a las naciones del Valle del Cauca y había impedido también los rápidos procesos de los españoles, siendo terror en todas sus correrías, saqueando los poblados y causando no pocas muertes y destrozos. El, Calarcá, nunca intentó dar ni recibir batalla, sino vivir seguro en su impenetrable refugio, saliendo solamente al descuido a hacer todo el daño posible. Muerto este intrépido cacique, de pura vejez, emprendió la conquista el capitán Domingo Lozano, a cuyo arrojo no pudieron hacer ya frente los pijaos, faltándoles Calarcá que era el «alma de la tribu». (Los subrayados son nuestros).(7)

Sobre la existencia y papel del cacique podemos añadir otro interesante testimonio: en uno de los memoriales en demanda de tierras de los fundadores de la ciudad de Calarcá al Ministro de Hacienda de entonces, en 1888, cuyo manuscrito conocí en la biblioteca municipal, dicen los fundadores que «hemos formado en el valle del río «La Vieja», una hermosa población llamada Calarcá, nombre del ilustre avorigen (sic) que esquivó la conquista, hasta obtener una muerte natural en estos lugares.»(8). Nada se agrega a esta noticia y las referencias de tal documento terminan aquí. (Los subrayados son nuestros).

La disparidad es notoria: los cronistas como fray Pedro Simón hablan de la muerte violenta del cacique a manos del capitán Diego de Ospina y Maldonado; ellos, los frailes, fueron testigos directos de una gran parte de la conquista y vivieron intensamente esa época; su testimonio, a nuestro juicio, es invaluable. En cambio, Codazzi comenzó su viaje en 1850 —240 años después del pistoletazo de Calarcá—, y el manuscrito original de los fundadores está fechado en 1888.

Por lo que a nosotros respecta, tomamos partido por la versión del informe de Diego de Ospina y Maldonado y el relato del cronista fray Pedro Simón. Es muy poco posible una referencia sobre la muerte natural del cacique Régulo Calarcá pues su existencia histórica hace parte de la conquista y no de la república en que vivieron Codazzi y nuestros fundadores. Por otra parte, de un guerrero como fue Calarcá no cabía esperarse una muerte beatificada y dulce, sino en medio de cualquiera de las batallas que jalonaron su insobornable vida contra los invasores extranjeros.

Finalmente anotamos que no hemos encontrado documento alguno relacionado con el desplazamiento del cacique desde el Cauca (donde lo situaba Codazzi) hasta las orillas del río Magdalena; o de su estadía en Purificación o en Ortega (Tolima) donde se supone ocurrió su muerte. Empero, sabemos que la movilidad de las tribus pijaos era mucha y que se trasladaban de un sitio a otro con sorprendente velocidad y conocimiento de los caminos.

CITAS

(1) José María Henao y Gerardo Arrubla, Historia de Colombia. Librería Camacho Roldón, Bogotá, 1926. Pp. 197-198.

(2) Teresa Arango Bueno. Precolombia. Sucesores de Rivadeneira, Madrid, 1954. P. 73.

(3) C. Rocha Castilla, "Prehistoria y Folclor del Tolima", Publicaciones de la Dirección de Educación del Departamento del Tolima.

(4) Manuel Lucena Salmoral. Calarcá no murió a manos de Baltazar; Boletín Cultural y Bibliográfico, Biblioteca Luis Ángel Arango; volumen V, No. 10, Bogotá 1962. pp. 1265 y ss.

(5) Fray Pedro Simón, op. cit, p. 292.

(6) El gobernador y capitán Diego de Ospina y Maldonado fundó la Villa de Nuestra Señora de Purificación (25 de mayo de 1664), que hacía parte de la Gobernación de Neiva, la que a su vez fuera fundada por su abuelo don Diego de Ospina y Medinilla el 24 de mayo de 1612. C. Rocha, op. cit., p. 44.

(7) Agustín Codazzi, Comisión Corográfica, op. cit.

(8) Eduardo Isaza Arango, Calarcá En La Mano, Tipografía Renovación, 1930, pp. 37 y s s.