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LA COLONIZACIÓN DEL QUINDÍO

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CAPÍTULO XV: POBLACIÓN Y PRESUPUESTO

Por Jaime Lopera Gutiérrez
jailop1@gmail.com

La evolución demográfica del Quindío presenta datos significativos sobre el avance de la economía cafetera.

En 1886, en el memorial de solicitud de concesión de tierras que dirigieron al Ministro de Hacienda, los calarqueños dicen tener una población aproximada de 500 personas en el caserío que se está fundando.

En 1912 se censan 6.458 habitantes, más o menos la misma población de Armenia; la tercera en población es Filandia (4.471 en 1912) y a esta le siguen Circasia (2.891), Montenegro (2.048) y Salento (1.094). Según este mismo dato, la población de estas mismas ciudades del Quindío, en 1912, es de 24.451 habitantes, La estadística municipal se estableció en 1918: a esta última le debemos las cifras que consignaremos más adelante como motivos de interpretación de la historia calarqueña en esa época, y como base de comparación con cifras posteriores que hemos encontrado en otras fuentes.

Proporcionalmente con Caldas, en 1938 habitaban en el Quindío unas 130.000 personas, o sea, cerca del 20 por ciento de población total caldense. De esta suma, aproximadamente un 70 por ciento de la población quindiana habitaba en los campos. Sin embargo, de 1938 en adelante la población urbana aumentó como en dos terceras partes, lo cual es un indicio del proceso de urbanización que, desde luego, no tenía las mismas proporciones crecientes de Cali, Medellín o Bogotá.

Esta urbanización creciente obligaba a la necesidad de establecer nuevos establecimientos que adsorbieran la fuerza trabajadora; por su parte, el aumento en la demanda de bienes y servicios en ese sector agrícola creciente, requería el incremento no solamente del empleo sino de nuevas actividades secundarias y terciarias para absorber la oferta.

Aunque debamos extendernos hasta 1964, veamos de nuevo estos cambios en la composición de la población calarqueña en el siguiente cuadro:

Calarcá: Población rural y urbana, 1928-1964
Población urbana y rural 1928-1964

Fuente: (1) Isaza y Arango, op cit. (2) Censo Nacional, (3) Censo Nacional

En solo 23 años (1928-1951) el cambio demográfico de Calarcá fue hacia el campo; pero en un periodo siguiente (1951-1964) —cuando el fenómeno social y político de la violencia ya había sentado sus reales— el incremento de la población urbana pasó del 31 al 56 por ciento. La tendencia a la ruralización en la década de los veinte, en los años treinta y cuarenta, explica la ausencia de desarrollo citadino y, aún más, la carencia de recursos fiscales del municipio para lograr un avance significativo. Los cambios posteriores se presentan como la despoblación del campo.

Siguiendo el orden cronológico de la historia calarqueña en esta época, y tratando de desentrañar su desarrollo a base de las pocas cifras presupuestales disponibles para entonces, observamos que el 45 por ciento de la nómina de empleados en la burocracia municipal era absorbido por funcionarios departamentales que sumaban 77 en 1929; los empleados nacionales eran 18, y los municipales 79, para un gran total de 174 empleados en la burocracia local. La justicia no tenía mayor trabajo con los negocios criminales: en 1929 solo hubo 28 asuntos penales, mientras existían 33 ordinarios y quedaban pendientes 66 negocios ejecutivos para el año siguiente. Eran problemas relacionados con el Código Civil los que predominaban, y el índice de criminalidad no resultaba apreciable.

En el siguiente cuadro presentamos el estado de ingresos y gastos del municipio en el año de 1930, en los porcentajes equivalentes del presupuesto municipal, para observar su destinación final (107):

Presupuesto de rentas y gastos del municipio de Calarcá (año de 1930)
Presupuesto de rentas y gastos del municipio de Calarcá 1930
Movimiento de la Tesorería de Rentas del Distrito en los años de 1925 a 1928, en Calarcá
Tesorería de Rentas del Distrito en los años 1925 a 1928

Al observar el movimiento de tesorería en los años de 1925, 1926, 1927 y 1928 encontramos que los créditos a cobrar no se acrecentaron excepcionalmente, pero el incremento en el endeudamiento del municipio, los dos años siguientes, fue sustancial: entre 1928 y 1930 los créditos por cobrar aumentaron de $4.800 (números redondos) a $40.600.

De todos modos, las entradas por auxilios departamentales fueron una porción muy importante del presupuesto municipal. Esta última cifra es una muestra de la dependencia fiscal de la capital del departamento a que se veía arrimada entonces la economía calarqueña.

Por el lado de los egresos, la partida para amortización de «la deuda pública» absorbe hacia 1930 casi el 60 por ciento de los gastos. Lo que resta son un trece por ciento (13%) para obras públicas, un once por ciento (11%) para Gobierno, y un escaso tres por ciento(3%) para educación. Estimamos que para aquella época este era un clásico ejemplo del «gobierno a debe» (que luego se llamaría, por la CEPAL, el financiamiento deficitario).

Calculada renta per cápita de Calarcá en 1930 (valor de las rentas totales del municipio, divididas por número de habitantes), se obtiene una cifra de $6,78 por habitante. Es decir, se supone que cada persona estaba tributando $6,78 al erario municipal durante el año y de esta suma una buena porción de ella estaba siendo entregada a la tesorería de los municipios, tal vez para gastos generales, mientras las inversiones en servicios o en obras públicas se aplazaban frenando el desarrollo local (108).

Observamos, finalmente, que la década calarqueña de 1920 a 1930 presenta un auge favorable de economía cafetera, y la mediana propiedad (1.001 a 5.000 cafetos, según los datos presentados de Monsalve), es la extensión predominante desde entonces. Sin embargo, al parecer las contribuciones al fisco municipal no reflejan esta situación tal vez por deficiencias administrativas relacionadas con el recaudo o por una evasión fiscal que no podía ser corregida debido a la ausencia de controles.

Como dijimos antes, la dependencia calarqueña del presupuesto departamental de Caldas mantenía vigentes los lazos con esa capital, de tal modo que aquella ciudad tenía un papel predominante en la inversión pública (obras públicas y otros servicios públicos) mientras el municipio le iba cediendo este espacio fiscal al centro y reafirmando el papel impulsor de aquella ciudad. De estos hechos sobresale un momento de reflexión que podría hacerse en torno al papel de la clase dirigente calarqueña, quizás más preocupada por sobrevivir a sus propios conflictos internos («orientales» versus «antioqueños») que en mirar al futuro de la ciudad como lo hacían justamente Armenia, Pereira y Manizales.

La siguiente estadística sobre los municipios quindianos constituye un resumen de la economía regional en aquella época:

La tributación per cápita es el resultado de dividir todo lo recaudado por la tesorería municipal en dicho año. Por el total de habitantes,

Para hacer el cálculo del gasto hecho por el departamento en cada habitante municipal, se han considerado los gastos directos y no se toman en cuenta lo gastado en administración de rentas, ni en obras de carácter departamental como caminos y puentes.

Según cómputos del Comité Departamental de Cafeteros.

Fuente: Rafael Arango Villegas, «Los Municipios de Caldas en 1930». Ediciones de la Imprenta Departamental, Manizales, 1931. Producción de JLG.

En el libro estadístico del departamento de Caldas, en 1930 (109), se revela que el gasto departamental per cápita en dicho año era de $3,19 en Armenia, en tanto que gastaba $2,26 en Calarcá y $2,85 por habitantes en Montenegro. Por otro lado, con 27 mil habitantes Calarcá exportaba 115 mil sacos de café, y Armenia, con 9 mil habitantes de más, exportaba 74 mil sacos, casi lo mismo que Montenegro que tenía solamente 11 mil habitantes en esa época.

La tasa de natalidad de Calarcá era, por contraste, la más alta de los municipios del Quindío, en particular porque fue allí donde comenzó a hacerse sentir el problema de las migraciones interdepartamentales por su cercanía al Tolima y al Norte del Valle. Es sorprendente, en los datos estadísticos de Arango Villegas, la altísima tributación per cápita de Armenia ($9,33) que doblaba a los datos de los demás municipios quindianos, lo cual muestra una singular prosperidad municipal que se refleja en el pago y cobro oportuno de los impuestos locales. Los futuros investigadores de la economía de Armenia podrán abundar en mayores detalles al respecto.

CITAS

(107) Isaza y Arango, op. cit, p. 86.

(108) Rafael Arango Villegas, Los municipios de Caldas en 1930. Ediciones de la Imprenta Departamental, Manizales, 1931 .g

(109) Arango Villegas. op. cit. El cuadro de estadísticas de municipios quindianos fue extractado de los diferentes datos que contiene dicho libro al analizar todos los informes de los municipios caldenses. Hemos escogido solamente las cifras de habitantes, tributación per capita, gasto departamental per capita, exportaciones de café, y coeficiente de natalidad, pero también se puede consultar allí los consumos fiscales de 1930, la tributación al tesoro nacional, la deuda pública en cada municipio, datos de demografía, instrucción pública, división judicial, electoral, escolar, de notariado y, además, el número de plantas eléctricas que funcionaban en la localidad de aquella época.