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 HOGAR MADRE DE LA ESPERANZA

Primera sede del Hogar Madre de La Esperanza
EN ESTE PARQUEADERO INICIÓ LABORES EL HOGAR MADRE DE LA ESPERANZA

Como escribía el poeta: "Fatigado viajero, no sigas tu camino sin antes ver las sombras que habitan esta casa...", pero es que las sombras son producto de la luz y luz es lo que brilla en el interior de esta casa por la que obligadamente hemos tenido que pasar miles de calarqueños, camino a la "galeria", sin sospechar siquiera que allí se desarrollaba una de las más bellas historias de amor y de dolor. De amor porque es lo que se respira desde el primer contacto con alguno de sus habitantes, con cualquiera, desde el más enfermo hasta el más "aliviado". Y qué decir del diálogo con Doña Ligia, lo reconcilia a uno con la existencia y lo hace comprender que así como las sombras son producto de la luz, el dolor no es más que un simple producto de la vida.

La Fundacion Casa Hogar Madre de la Esperanza ayuda a los enfermos terminales con mucho amor y dedicación. Celular de contacto directo con Doña Ligia Velásquez, nuestra Directora: 312 765 85 34

 LIGIA VELÁSQUEZ ALZATE - MADRE DE LA ESPERANZA

Doña Ligia Velásquez AlzateCreció entre los cafetales, el aroma de las flores silvestres y los animales. Se levantaba muy temprano y salía a correr de un lado a otro por toda la finca para ayudar a su padre a arrear las vacas y los terneros. Durante toda esa faena infantil, ella y sus hermanitos vivían un recreo eterno. Juntos les ponían alas a los sueños.

La Mujer CAFAM del Quindío, quien recibió mención de honor por parte del Jurado del XIV Premio CAFAM a la Mujer, tuvo una infancia feliz. Nació en una familia numerosa, fue la penúlltima de once hijos. De su madre aprendió a compartir lo poco que poseían con los más necesitados.

Ligia siempre estaba a su lado, socorriendo a los enfermos que recibían en casa. Todas estas vivencias le permitieron crecer con una sensibilidad especial hacia las personas que necesitaran apoyo espritual y económico.

Ligia fue una jovencita muy agraciada, durante su adolescencia tuvo muchos pretendientes. Pero fue Jaime Rojas, un modesto carpintero de la región, quien le robó el corazón, se casaron y de dicha unión nacieron siete hijos a los que llenaron de amor e impartieron en sus vidas respeto y disciplina. Hoy son hombres y mujeres ejemplares y dignos ciudadanos.

 PROMESA DE SERVIR

Doña Ligia Velásquez AlzateDespués de padecer el síndrome de Guillain-Barré, enfermedad que la postró durante varios meses en una silla de ruedas, pidió al Altísimo por su recuperación y prometió servir a los demás mientras tuviera vida.

Fue así como empezo a trabajar incansablemente por los enfermos con VIH. Se dio a la tarea de ir por los lugares más críticos de la ciudad, en donde sabía que muchos hombres y mujeres estaban contagiados y que vivían en condiciones lamentables. El alma caritativa de Ligia le permitió disponer de su casa para albergar a pacientes terminales, trabajadoras sexuales y homosexuales. Seres abandonados por sus familias y la sociedad. El comienzo de esta labor humanitaria no fue nada fácil, sin embargo las ganas inmensas de sacar adelante el proyecto, la nutrían para no desfallecer.

Así nació el Hogar Madre de la Esperanza, un espacio cálido, sereno y seguro, que brinda abrigo, amor y afecto a todos aquellos seres que cargan consigo como único equipaje su propia enfermedad.

 EL SOSTENIMIENTO

Doña Ligia Velásquez AlzateEl sustento del Hogar Madre de la Esperanza se deriva del alquiler de un parqueadero y unos modestos locales de propiedad de Doña Ligia. Con este dinero ha auxiliado a más de ochenta personas, entre hombres y mujeres jóvenes con niños contagiados, que han llegado a su puerta a pedir auxilio y amparo.

Doña Ligia ha sorteado infinidad de situaciones adversas, por lo que ha pedido ayuda a instituciones y personas de bien, que de acuerdo con sus posibilidades han apoyado la causa. En la actualidad recibe la colaboración de dos médicos del hospital San Juan de Dios de Armenia, que desinteresadamente atienden a los pacientes del Hogar Madre de la Esperanza y en ocasiones le suministran algunos medicamentos sin ningún costo.

El programa se ha extendido y cada vez son más las personas que llegan al hogar, por tal razón, la casa de doña Ligia se ha sometido a numerosas remodelaciones. La gran preocupación es que sus "hijos" vivan dignamente. El buen trato, la solidaridad y el ambiente de familia que se perciben en el hogar de Doña Ligia, es lo que permite que muchos pacientes alcancen una recuperación física sorprendente.

Esta encantadora mujer nunca baja la guardia, siempre está pensaado en la forma de vincular organizaciones que posibiliten cada día mejoras en los programas propuestos. Por eso consiguió apoyo con el Club Rotario de Armenia Palma de Cera para crear una microempresa productora de aseo, que garantizara ingresos y con este trabajo los jóvenes se sientan productivos.

 RECONOCIMIENTO

Esta calarqueña recibió la 0rden al Mérito, máxima distinción que otorgan a los mejores y más comprometidos ciudadanos de la localidad. El Concejo Municipal también le tributó un reconocimiento por su magnífica obra y servicio a los enfermos desprotegidos. Doña Ligia representa a un Jesucristo muy cercano frente a la persona que sufre, es una colombiana que tiene conciencia de ser, que sabe que vive en ella ese deseo de servir y que hasta el final de sus días le pedirá a Dios y a la vida que le permitan estar para ayudar a mejorar el bienestar de sus semejantes.

 EL TIEMPO - COLOMBIA POSITIVA

Algunos de sus pacientesAgosto 1 de 2002

En Calarcá (Quindío), Ligia Velásquez Alzate atiende a los abandonados.

Como si fueran pocos siete hijos para atender, acostumbraba a recoger en las calles de esta población a niños, ancianos, indigentes, enfermos y discapacitados para cuidarlos en su casa.

A ella solo le importaba hacer el bien, a pesar de los reclamos de su esposo y de las incomodidades que se originaban en la rutina del hogar.

Así comenzó una labor humanitaria, que ha desarrollado durante 32 años en este municipio quindiano, donde todos la llaman ‘madre’ o, como más le gusta, ‘nenita’.

Hace siete años, cuando su esposo murió, Ligia fundó un centro de asistencia para personas necesitadas, conocido como Hogar Madre de la Esperanza. Allí llegaban en busca de albergue niños de la calle, personas enfermas y ancianos abandonados. Sin embargo, desde 1998, Ligia decidió dedicarse exclusivamente a cuidar y acompañar a pacientes afectados por el VIH.

El Hogar funciona en su propia casa. Allí vive Ligia con una de sus hijas y siete jóvenes portadores del sida.

Desde el amanecer, ella está pendiente de los alimentos y las medicinas para sus pacientes y lo primero que hace después del desayuno es reunirlos para rezar junto a ellos. A estas personas, aisladas por sus propias familias, Ligia les brinda, además de medicamentos y cuidado, el amor de una mamá. "Este hogar es hecho por el amor a Dios", dice.

Recalca que no le gusta vender empanadas, organizar bingos o pedir ayuda a gente de la calle. Su trabajo humanitario lo ha adelantado con la ayuda de personas pudientes de la localidad y el producido de un parqueadero, tres locales comerciales y el arriendo de la casa de uno de sus hijos.

Su hogar tiene espacio suficiente para siete dormitorios, baños, dos cocinas, un gran patio y varios altares. "Yo le debo todo esto a Dios y al amor que me regala", dice.

La decisión de ayudar a los portadores del sida la tomó hace cuatro años, cuando sufrió los rigores del mal de Guillán Barré y milagrosamente se recuperó. "Entendí que esta era una prueba para amar más a Dios y no alejarme de él. Al recuperarme, decidí que tenía que ayudar a quienes más lo necesitaban", afirma.

Hasta hoy, ha atendido a más de un centenar de personas, de las cuales han fallecido 45. "Son momentos difíciles, pero seguimos adelante porque lo indispensable es que la gente esté en paz espiritualmente y comprenda que el amor lo puede todo", concluye.

 

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