Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
No es el título de un ensayo, una canción, un texto, una novela. No, ninguna de las anteriores como podría
ser la respuesta de un estudiante en un examen del ICFES o un taller de español. Fue la operación que le
hicieron a la hija de mi hija. El jueves 23 de marzo de 2006 a las 9 de la mañana, Isabella, una bella
niña de escasos diez meses, entró a cirugía por primera vez, a corazón abierto. El médico cardiólogo dijo
que sería fácil y rápida. Dos horas en el quirófano.
Mientras tanto, mi hija sufría "a corazón abierto". Así como de pronto, ha sufrido por abrir
demasiado su corazón. Aunque ella crea que no la conozco, que me desentiendo de su vida, que muchas veces
me meto en su vida porque sí, ese día, sabía lo que debía estar experimentando. Lágrimas tiernas de madre
joven que llegaban al alma. Sé que mientras esas dos horas pasaban lentamente, ella se hacía preguntas,
tendría respuestas, abrigaba esperanzas.
Su corazón abierto es como el corazón abierto de tantas mujeres en el mundo. Cada minuto, cada hora abren
su corazón, aman, sienten, creen, anhelan, se entregan. A corazón abierto. Así, sin medida. Así como
aman.
A corazón abierto por primera vez, por segunda y múltiples ocasiones. Así aman. Se entregan. Jamás aceptan
que se equivocan cuando se les dice que esa persona no es la que verdaderamente deben amar. Cuando abren
su corazón y se enamoran, no dejan que nadie entre, se entrometa, piense por ellas, les diga algo. Están
enamoradas. No entienden, ni ven, ni oyen. No hacen caso.
A corazón abierto es, no solamente una operación en el quirófano, sino un sentimiento inmenso de amor. A
corazón abierto es, sentir lo que mi hija sintió en este momento. Pero, gracias a Dios, esa pequeña quedó
bien y su corazón tierno hace que florezca mucho amor en su vida todos los días. A corazón abierto nace el
amor hoy y siempre.
Y la pequeña volvió a sonreír, a reír a carcajadas, a abrazar, a asir mi nariz, a "apachurrarme"
en las mañanas, a llorar cuando el tío no la lleva a pasear, a patalear cuando no la llevan a piscina y a
apretar sus manos entre los cabellos de quienes estén bien cerca.
Así como durante todos estos años he estado con mi hija, así estaré al lado de Isabella todos los días de
mi vida.
El jueves 14 de mayo, Isabella cumplió 4 años. |