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 EL ACUERDO HUMANITARIO: Imperativo ético y constitucional

Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)

Como síntesis del 4º Encuentro Nacional de Escritores por la Paz de Colombia realizado en Caicedonia, Valle del Cauca, del 10 al 13 de noviembre, los intelectuales allí invitados para hablar sobre El Acuerdo Humanitario en Colombia, emitieron un documento que denominaron: El Acuerdo Humanitario: Imperativo ético y constitucional.

En el mismo, los pensadores nacionales que estuvieron en La Centinela del Valle del Cauca, Julio Cesar Londoño, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Álvaro Leiva, Arturo Guerrero, Oscar Collazos, Arturo Alape, Lisandro Duque, Joe Broderick, Nodier Solórzano, Humberto Senegal, Susana Henao, Mario Alberto Agudelo y Manuel Tiberio Bermúdez, fijaron su posición respecto a esa deshumanizada estrategia de guerra. Al respecto señalan: “El Acuerdo Humanitario que no solo es una expresión jurídica sino sobre todo un gesto de humanidad en defensa de la vida, se ha ido diluyendo por razones de quienes hacen la guerra y no han querido, por el frío calculo político, hacer un alto en el conflicto para devolver a los secuestrados a sus ámbitos familiares”.

Así mismo cuestionan a la sociedad colombiana: “Para infortunio de los secuestrados, la sociedad colombiana en su mayoría es insensible frente al dolor, toda vez que no expresa su repudio porque si lo hiciera masivamente otra sería la suerte de las victimas. La sociedad colombiana también está padeciendo una desconcertante crisis humanitaria: la vida ha perdido su valor”.

A continuación el contenido completo del documento emitido por los escritores:

 EL ACUERDO HUMANITARIO: Imperativo ético y constitucional

Son muchas las personas que por razones del plagio con fines económicos, por el secuestro político o por su condición de rehenes militares, han permanecido por muchos años privados de su libertad, viviendo en condiciones infrahumanas en cárceles perdidas en la profundidad de la selva.

El secuestro hace parte de la guerra que los colombianos hemos padecido durante más de 50 años, la cual ha traído nuevas formas de dolor: no sólo es el duelo por la muerte, ni el terrible trasegar de tres millones de colombianos desplazados de sus territorios, ni la desaparición forzada de cientos de personas, sino el fenómeno dramático del cautiverio de ciudadanos como estrategia de guerra.

Esa cruenta realidad que expresa el conflicto interno, es desconocida por la política de Seguridad Democrática, al negarla está ignorando al otro, es decir, al enemigo. Las Farc, por su parte, en sus lógicas de guerra, utilizan el secuestro de población civil como mecanismo de presión política o de financiación económica.

En este sentido, el Acuerdo Humanitario que no solo es una expresión jurídica sino sobre todo un gesto de humanidad en defensa de la vida, se ha ido diluyendo por razones de quienes hacen la guerra y no han querido, por el frío calculo político, hacer un alto en el conflicto para devolver a los secuestrados a sus ámbitos familiares.

Para infortunio de los secuestrados, la sociedad colombiana en su mayoría es insensible frente al dolor, toda vez que no expresa su repudio porque si lo hiciera masivamente otra sería la suerte de las victimas. La sociedad colombiana también está padeciendo una desconcertante crisis humanitaria: la vida ha perdido su valor.

El gobierno tiene la responsabilidad constitucional de aplicar el Derecho Internacional Humanitario, para preservar y regresar con vida a los secuestrados.

Por su parte las FARC deben responder por la vida de los secuestrados ya que vivos se los llevaron, vivos deben regresarlos. También de la selva debe salir un gesto humanitario. El acuerdo humanitario es una obligación constitucional del estado y debiera ser un imperativo ético para las Farc.

En todas las guerras, aun en las mas crueles, se decretan treguas para la entrega de prisioneros, de enfermos y de civiles indefensos. Entonces, por qué no hacerlo hoy en Colombia, como ya se hizo, por ejemplo, en el secuestro y canje del hermano del entonces Presidente César Gaviria; en el acuerdo de Remolinos del Caguán con la entrega de 60 soldados y 10 infantes de marina; en el acuerdo, durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuando se intercambiaron soldados y guerrilleros enfermos; o en los acuerdos de Pastrana y el ELN, cuando recuperaron su libertad los civiles secuestrados de La María, el avión de Avianca y el Kilómetro 18; y en el acuerdo de La Macarena por el cual las Farc entregaron 250 soldados y policías.

Señores de la guerra: ¿Si se ha aplicado el Acuerdo Humanitario en estas y muchas otras oportunidades, por qué no hacerlo ahora? Es la respuesta que con ansiedad esperamos los colombianos.

Siguen las firmas.

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