Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Cómo me duele mi bello país. Un país enfermo, en cuidados intensivos. Y no nos damos cuenta. Un país en el que cada día mueren colombianos asesinados porque los atracan, los secuestran, los matan porque sí.
Mi bello país está enfermo, muy enfermo. Por fin "liberaron" a los ex diputados del Valle. Y escribo que los liberaron, porque gracias a Dios, ya descansaron en paz. Las familias, con un largo sufrimiento de tantos años, lágrimas irreprimidas, dolor inconcluso, por fin pudieron saber de sus padres, hijos y hermanos.
La tortura de la espera, el dolor del nunca volver a verlos, todo eso, unido a la esperanza para que haya un país mejor.
Este es un país enfermo porque muchos jóvenes están dedicados a la droga, el licor y el sexo desenfrenado. Niños y jóvenes que a diario mueren porque se cansan con la vida, se les fue el afecto y se dan cuenta que están viviendo en un país donde reina la soledad y el desamor.
Un país enfermo que celebra de todo, hay fiestas en todas partes, pero no se preocupa porque haya más empleo para su gente y que haya estudio para niños y jóvenes.
Un país enfermo al que le falta amor. Amor de hogar, amor de familia. Allí donde debe empezar todo, todo está casi acabado. Muchos hogares ya no lo son. Muchas familias ya no existen. Hijos e hijas abandonados a su propio albedrío. Que pueden hacer lo que quieren, lo que les place.
En este mi bello país enfermo, donde la amistad pasó a un plano muy lejano, porque se habla de "conocidos", y no de amigos. Se habla de fulanos y no se dan nombres. Los compañeros en las aulas de los colegios no son sino eso, compañeros.
Este, mi bello país, está enfermo. Faltan amor y amistad. Nos mentimos todo el tiempo con sonrisas fingidas, regalos onerosos, palabras dulces, pero llenas de odio.
Mientras se siga hablando con el lenguaje del odio y el rencor, mientras predominen las palabras que denigran de los demás, mientras no seamos capaces de reconocer errores, perdonar y pedir perdón, no creo que habrá paz.
Porque para que haya paz, debemos desarmarnos del odio y el rencor, especialmente. Si hubiese más educación, mejores planes para los niños y los jóvenes, más empleo para la gente, estoy seguro de que mi bello país empezaría a cambiar, a ser mejor.
No quiero que este, mi bello país, siga enfermo. Debemos unirnos y hacer que las cosas mejoren. Todos debemos aportar para que haya paz y armonía. Mientras tanto, empecemos a buscar lo mejor para que haya amor y amistad. |