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MANUEL GÓMEZ

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EL PAÍS DEL DESPECHO

Manuel Gómez SabogalPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Colombia es un país inmerso en muchos problemas. Y eso que muchos dicen que este es el país más feliz del mundo

La salud tanto mental como física, se deteriora cada día más. Las EPS requieren un papel para poder atenderlo o desafortunadamente, pierde la cita y se la dan para la semana siguiente (si está de buenas).

Las colas son cada día más largas en las salas de urgencias, en las EPS y en los diferentes hospitales y clínicas. Si es para un especialista, la cita sigue siendo lejana, muy distante.

La educación no educa. A veces, pasar por una universidad se hace más costoso que dedicarse a ver los youtubers. Muchos docentes continúan "enseñando" como si estuviesen en el siglo XX. No se adecúan a los cambios, al siglo XXI.

Ahora, los muchachos tienen muchas posibilidades para aprender, pero algunos docentes no los dejan ni permiten avanzar. Hay quienes tienen ideas para practicar lo que ven en clases, pero algunos docentes tienen la respuesta ideal: "No te adelantes. No hemos llegado a ese capítulo".

De cultura, ni hablar. Atrasados, de limosna, trabajando como las manicuristas, con las uñas.

Teatreros, cantantes, bailarines, músicos, pintores buscan y rebuscan auxilios, ayudas para hacer, presentarse, pero nada. Muchas puertas cerradas.

Podría seguir escribiendo mucho más sobre diferentes puntos, pero estos pocos ejemplos señalan lo que sucede aquí en el país del despecho.

Miedo, temor, pánico, susto, terror, depresión, abatimiento, inseguridad, injusticia en general, palabras que se volvieron comunes porque las leemos, vemos, escuchamos a diario.

Dirán algunos que soy un pesimista, pero no. En este momento, estoy describiendo una realidad de a puño. Estoy mostrando que no es el país de la alegría, sino del despecho.

Porque para completar, ya los conciertos de boleros, baladas, sentimiento, no arrastran tanto como los conciertos o artistas de despecho.

Las fiestas de los pueblos, veredas, reinados comunales se amenizan con despecho. Como si esa música incitara a la alegría, a animar el alma. Para nada. La confusión es grande y cada vez mayor. Se cree que hay alegría, pero no.

Unos ejemplos: "No creo en nadie, solo he vivido de los desprecios. Yo te acompaño pero aunque duele el amor es muy bello. Y hoy tienes que creerlo." Amor y despecho.

"Si con una cerveza te desvisten y te besan, como confiar en ti cuando te vas para una fiesta, sin con dos o tres tragos vas perdiendo la cabeza y te vas enredando con el primero que encuentras yo sé que esto a cualquiera le acaba con la paciencia, tu siempre me repites eso no es lo que tú piensas, pero tus aventuras ya las tengo descubiertas y pobrecita tu qué piensas que no me doy cuenta" Por una cerveza.

Dos ejemplos de letras maravillosas que incitan a todo, menos a difundir valores. Pobre país del despecho, enredado en canciones que invitan a pegarse un tiro, a llorar, a morder el polvo.

Estamos en el país del despecho. Miremos alrededor y nos damos cuenta cuánto desconfiamos de las personas que nos rodean, de los vecinos, de quienes pasan a nuestro lado.

En el país del despecho, las fiestas se amenizan con tristeza.

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