Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
En estos días, pregunté a algunos de mis amigos acerca del mejor regalo para el
cumpleaños de un hijo. Las respuestas fueron diversas, interesantes y llenas de pesos.
Seguí buscando el regalo apropiado y me dediqué a mirar vitrinas. Yo soy muy malo para esto
de los regalos. Siempre que busco algo, está agotado o ya pasó de moda. Y continué por el
camino de las vitrinas. Fui a los centros comerciales, miré los mejores almacenes y no supe
decidirme.
Verdadera tarea. Difícil encontrar el regalo apropiado para mi hijo. Me senté a descansar. Se
acercó un amigo y me preguntó que si me ocurría algo. Le dije que estaba descansando y
pasando por mi mente todos los almacenes para tomar una determinación con respecto al regalo de
cumpleaños para mi hijo.
Sin esperar mucho, me dijo que los i pod estaban de moda. Que también los x box y mencionó
otros aparatos modernos, actualizados y llenos de gigas. Sin embargo, esa no era la idea. He sido casi que
enemigo de todos esos instrumentos.
Cada día veo cómo niños, jóvenes y adultos ya van llenos de audífonos.
Si no son audífonos para los celulares, son para los i pod. Es decir, ahora, ya nadie quiere conversar
con los demás, sino escuchar lo que sea, pero aislándose del mundo que le rodea. Ahora, ya no se
puede hablar, porque el otro o la otra no lo escuchan. Tienen sus oídos ocupados con los
audífonos. Esos regalos tampoco me atraen.
Preferí decirle a mi amigo que nos tomáramos algo y continuábamos conversando. Lo
hicimos. No insistí más en mi regalo. Mejor, le preguntaría a mi hijo sobre su
preferencia.
Así lo hice. Luego de una charla sobre estudios, exámenes, música, pues es baterista,
procedí a preguntarle sobre su elección y cuando yo esperaba una reacción llena de pesos,
me encontré con algo completamente diferente. Respuesta que agradezco en el alma. Respuesta que me
llenó de satisfacción. Respuesta que me demostró que no he perdido el tiempo.
"Papá, sus abrazos, caricias y besos valen más que cualquier regalo que yo le vaya a
pedir". Di gracias a Dios, porque lo que siempre le he brindado ha sido mucho cariño y el amor de
papá. Siempre le he abrazado, acariciado y besado. Lo he hecho en cualquier oportunidad, momento o
situación. No me ha importado sino que sienta mis abrazos y que se de cuenta que con ellos, le estoy
diciendo muchas cosas.
Por eso, a pesar de su respuesta, también tendrá un regalo en su cumpleaños. Ni idea
qué le voy a comprar, pero los primeros serán abrazos, y muchos besos. Y luego, a cortar un
pastel con las 16 velitas para decir: ¡Feliz cumpleaños, querido hijo! |