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MANUEL GÓMEZ

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LA NOVENA DE NAVIDAD

Manuel Gómez SabogalPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Recuerdos llegan y más cuando se acercan los días de las novenas, 16 al 24. Había alegría y reunión familiar con todos los niños del vecindario.

La familia llegaba de todas partes a hacer visita, comer tamal, natilla, buñuelos, a charlar. Era un reencuentro. Era la familia en familia.

Regalos se veían por todos lados. Traían y llevaban. Era una manifestación de afecto sincero. De unión familiar. Era la Navidad en Familia.

Las familias vecinas se conocían todas, incluso nombres y apellidos. Había una gran relación entre todos. Los hijos se reunían a jugar, cantar, molestar, vivir.

Puertas abiertas, dulces, natilla, buñuelos, pesebres en cada casa. Novenas que empezaban a las 6 de la tarde y terminaban casi a las 10 de la noche. Íbamos a todas las casas, porque en cada una había algo para comer. La natilla en platos de la casa, ocupaba toda la mesa. Cada plato tenía 4 o más buñuelos, dependiendo a qué familia se le iba a pasar ese regalo navideño.

¿Por qué las puertas abiertas? Porque no había miedo, temor alguno. Todos eran conocidos. Se sabía que los Arango vivían en la calle 20, Los Chavez en la carrera 21, los Cañas, Gamba, Martínez, en la calle 19. Los Osorio, Minotta, Muñoz, Gómez, en la carrera 20. Los Bedoya en la calle 21.

Los Arango, Bedoya, Osorio, Martinez, Gamba, Chavez, Cañas, Muñoz, Gómez, Giraldo, Madrid, Minotta, apellidos que, a pesar de mi edad, no olvido. Éramos amigos, vecinos, compañeros, inocentes y muy alegres. Vivíamos la Navidad con la felicidad de los niños de la época.

Natilla y buñuelos pasaban de casa en casa. Todos probando las delicias de los vecinos. Abrazos, sonrisas, alegrías. Familias enteras reunidas en Navidad.

El pesebre no podía faltar en cada casa. Toda la familia lo preparaba con el mayor cuidado, teniendo en cuenta que no faltaran ovejas, pastores, casitas, lago, cascada, hasta llegar a la cúspide donde estaba la casita de José y María.

A un lado, se ponía la novena para que todo estuviera listo el primer día, 16 de diciembre.

Hacíamos todas las panderetas con las tapas. Las teníamos listas el 16 a mediodía para estrenarlas en la noche.

Y por la noche, a correr de casa en casa a "rezar" la novena, esperando el final, porque se repartían dulces, bananas, natilla y al final de los nueve días, el 24, regalos.

Era la novena en la cual los niños éramos muy juiciosos, amables, amigables, soñadores y creíamos en el Niño Dios.

Hoy, lastimosamente, es diferente.

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