Por Manuel Gómez Sabogal. (manuelgomez1a@gmail.com)
Los niños, siempre los niños. En octubre se habla del mes de los niños
y son violentados, asesinados. Este octubre empezó con tristeza, con el alma partida
en pedacitos. Un ser inhumano, un tipo de cuyo nombre no quiero acordarme, asesinó a
un niño de escasos once meses. Prensa, televisión y radio mostraron el dolor,
la tristeza, el llanto, todo lo que sentimos. Y así, empieza en Colombia el mes de los
niños. Prensa, televisión y radio hacen campañas, pero nadie escucha.
En diciembre, nuevamente las campañas para que no haya pólvora. Para que los
niños no utilicen algunos elementos con los cuales puedan quemarse. Sin embargo, los
casos se presentan a diario. La noche de las velitas fue desastrosa en todo el país. No es para
decir que en Colombia hubo menos quemados que el año anterior o que las estadísticas
favorecieron la suerte de muchos niños.
Padres que dejaron solos a muchos niños, utilizaron pólvora y se quemaron.
Padres que dejaron que sus hijos jugaran con ese veneno y también se quemaron. Padres
que se dedicaron a jugar con pólvora en presencia de los pequeños y los quemaron.
Es decir, padres irresponsables que luego corrieron con sus hijos a hospitales, clínicas
y centros de salud para que les salvaran un ojo, las manos, los deditos.
Cuando un niño o niña muere por una bala perdida o porque alguien le disparó,
es simplemente un asesinato más en un mar inmenso de muertes porque sí, en Colombia.
Ya no duele. La sangre inocente se riega, pasa por nuestro lado, pero nada nos hace. No nos
inmuta, no nos conmueve. Es que no tiene qué ver con nosotros.
Además, así como ha ocurrido con las malditas minas quiebra patas, con pequeños
y pequeñas que quedan lisiados y lisiadas o pierden sus vidas, no nos preocupa. Se hallan
lejos de esta tierra.
Podemos empezar a cuidar los niños y niñas en este país. Talleres para
los padres, encuentros con los educadores en escuelas y colegios en la sección de primaria.
Que padres, familias, profesores, niños y niñas entiendan que las campañas
de prevención son importantes.
¿Por qué cruzarnos de brazos y dejar que los niños y niñas tan
indefensos no nos importen? Qué bueno iniciar una campaña, así sea en
nuestra ciudad, en defensa de niños y niñas.
Primero se llevaron a los comunistas
pero a mi no me importó
porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros
pero a mi no me importó
porque yo tampoco era.
Después detuvieron a los sindicalistas
pero a mi no me importó
porque yo no soy sindicalista.
Luego apresaron a unos curas
pero como yo no soy religioso
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mi
pero ya es tarde.
Bertold Bretch |