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Por: Darío Londoño Salazar
No obstante que he ejercido mi profesión de arquitecto y constructor desde 1978
en la ciudad de Pereira, mis vínculos sentimentales ligados a mi infancia y mi juventud tienen qué ver con
el Quindío donde crecí.
Ahora, desde una óptica más clara como Curador Urbano, actividad que ejerzo desde hace siete años y como
especialista en Planificación Regional, opino sobre algunas cosas que si bien diariamente se perciben, a
veces es necesario refrescarlas para replantear las acciones que se están desarrollando o iniciar aquellas
que puedan programarse mediante un profundo análisis y concertación
Es claro que el Quindío por su localización geográfica no pueda entrar en competencias comerciales o
industriales de carácter tradicional con departamentos vecinos, pero debe tener absolutamente claro que ha
iniciado una vocación turística que en todo el mundo genera grandes ingresos colectivos y produce
innumerables puestos de trabajo especializados o no. Por su tamaño, el departamento es fácil de recorrer
en poco tiempo y ofrece entre muchas bellezas naturales, el espectacular Valle del Cocora y los bellos
circuitos del café, su arquitectura y su cultura, dos grandes parques temáticos y unos pintorescos pueblos
como Salento y Filandia que por su relativa conservación y mantenimiento, se distancian favorablemente de
los otros municipios que son atropellados bruscamente por la "modernidad" dentro de la cual se
destaca el desorden urbanístico y el abuso de los mal llamados "usos de atracción turística"
como casetas, bares, kioscos, ferias, etc.
El turismo debe mirarse como una gran industria y de esta manera verse como un gran propósito
colectivo. Pero el propósito colectivo debe generar decisiones, presupuestos, acciones y proyectos
colectivos, y es aquí donde parece que no se está haciendo así por los resultados que uno ve en sus
recorridos.
Al esplendoroso valle del Cocora se accede por una vía que invita a volver y otra que invita
a todo lo contrario. El tramo asfaltado si bien es angosto, pasa el examen porque de hecho la idea no es
correr sino disfrutar la exuberancia del paisaje. Pero se llega al destapado y olvídese del paisaje y
piense en rines, tracciones, amortiguadores, llantas, ajustes de puertas, etc. ¿Muy difícil mantener este
destapado en buenas condiciones?
Las vías de salida de Montenegro hacia el parque del Café y de Quimbaya al parque Panaca dejan un mal sabor
entre los visitantes. La señalización en algunos sectores del circuito cafetero es modesta y la
información turística es precaria. No hablemos del peaje entre Pereira y Armenia que es uno de los más
costosos de Colombia y en su relación por kilómetro atendido debe ser uno de los más costosos del
mundo.
¿Han notado los quindianos en lo que están convirtiendo las plazas principales y las calles de los pueblos?
Bares, restaurantes, juegos mecánicos, kioscos, y cuanto supuesto atractivo turístico se les ocurre
inventar en cada municipio.
No veo un proyecto colectivo serio que denote homogeneidad y criterio internacional, es decir, no veo que
se procure mantener los conceptos autóctonos para elevar el estatus a niveles superiores.
Desde las carreteras hasta los simples baños se hace necesario plantear un esquema de proyectos y
administración turística colectivos. Los hostales, hoteles, eco hoteles, casas de campo ¡muy bonitas!!!
Pero ¿los precios aguantan? ¿Han hecho un análisis de ocupación actualizado?
En mi concepto no hay que inventar nada, es dar una vueltita por Europa, Grecia, Egipto, etc. y aplicar lo
bueno de allá acomodándolo a nuestras posibilidades. Pobres pero orgullosos y aseados decía mi madre
cuando yo era chiquito.
Invito a recorrer el departamento con esta mirada y transmitirle a la gente, donde y como pueda, esta
inquietud para que en un futuro no nos preguntemos por qué el turismo se empieza a dirigir a Santander y
otros lugares y se nos acabe la dicha, apenas empezando.
Amigo de siempre
Arquitecto
Darío Londoño Salazar
Curador 2
Pereira |