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MANUEL GÓMEZ

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Y LAS RECLUSAS SE LUCIERON...

Reclusas Villa CristinaPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Cuando Tatiana Jiménez, la directora de la cárcel de mujeres "Villa Cristina" se comunicó conmigo, fue gracias a su padre Carlos, quien le dio mis datos. Desde ese momento, empecé a pensar cómo colaborarle en todo lo que estuviese a mi alcance.

Fui hasta el centro de reclusión de mujeres y después de una grata charla, convinimos en que haría algo allá cada semana. Luego, me habló de la importancia del "II Festival Nacional Carcelario 2016" al cual había clasificado la cárcel de mujeres.

Primero, fue en Rayuela, una charla para que los oyentes conocieran qué se está haciendo en ese centro de reclusión. Luego, a través de las redes sociales, información, promoción para que el público asistiese a dicho evento en el teatro de la Cruz Roja.

Llegó el día esperado. Madrugué, pues quería conversar con unos amigos, quienes me dijeron que allí estarían.

Las reclusas, asustadas, nerviosas, tras bambalinas, repetían sus textos, improvisaban, se miraban, temblaban, miraban y veían cómo llegaba público al teatro. Preocupadas por su presentación, pero a la vez deseosas de salir adelante y acabar con el nerviosismo.

A las 11 y 15, empezó la función. Las reclusas con la obra "Nuestra Natacha" de Alejandro Casona. Revisé y estaba aterrado, pues la hora no permitía que llegara público a la función. Teatro casi lleno. 90% de su capacidad ¡Qué sorpresa para todos!

No sería fácil, pues la obra es un poco complicada. Sin embargo, el ingenio del director de la misma, dio para que las reclusas salieran adelante. A medida que pasaban las distintas escenas, quienes asistimos permanecíamos atornillados mirando, escuchando los diálogos, sintiendo la música, muy bien elegida por cierto.

Al terminar la obra, todos aplaudiendo. Algunos, con lágrimas hacían retumbar sus palmas, felicitando a esas mujeres encarceladas, pero libres en ese tiempo de la obra. Se sintieron artistas, estrellas rutilantes.

La gente no quería salir del teatro, pues se sentía la alegría de esas mujeres al culminar su trabajo. Se vivía, con mucho sentimiento, lo que acababa de ocurrir.

Sobre el escenario, abrazos, llanto, conjunción de alegría por una actividad que, estoy seguro, no imaginaron que tendría tanto éxito.

Sin pensarlo, nos regalaron un rato de esparcimiento, una mezcla de alegría y tristeza, una muestra de que cuando se quiere se puede y de que, a pesar de estar en una cárcel, tienen motivación para obrar bien, hacer cosas interesantes, luchar por todo.

Al final, los familiares pudieron acercarse a saludar a sus seres queridos, quienes acababan de participar en "Nuestra Natacha". Quienes todavía estábamos allí, pudimos presenciar esos abrazos, gritos de alegría, envueltos en sentimientos de mucho amor.

Aunque están en la cárcel, esas mujeres son seres humanos maravillosos y tienen sus almas libres para seguir soñando...

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