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Directora: Leidy Bibiana Bernal Ruiz ~ minificciones@yahoo.com

 NÚMERO 4: OCHO MINICUENTISTAS QUINDIANOS

PROTESTA
José Raúl Jaramillo Restrepo

La inauguración del congreso de escritores de cuentos cortos fue un estruendoso fracaso, ya que el encargado de presidirlo -un ilustre hombre de las letras- leyó un discurso tan extenso que motivó el retiro de los asistentes -llegados de todo el orbe-, quienes, en una muy breve declaración, expresaron que los habían confundido con ensayistas.

FIEBRE
Leidy B.B.

El hombre olvidó la llave. Tocó para que alguno de sus dos afiebrados hijos le abriera. Cada uno, considerando al otro, tomó la decisión de hacerlo. El padre tocaba pausado, mientras arriba los jóvenes decidían quién bajaría. Lo hicieron juntos. Buscaron la llave. Al encontrarla, regresaron a su alcoba. Abrieron la puerta del balcón, los toques continuaban. Decidieron quién arrojaría la llave. Lo hicieron juntos, aunque su padre ya estaba dentro.

VOZ CELESTIAL
Fabio Osorio Montoya

“No temas, hijo mío”, dijo la voz celestial. El pobre hombre respiró tranquilo, pero al instante alguien lo empujó al abismo de las tinieblas.

JUGARRETA
Nelson Osorio Marín

Estiré la mano y lo toqué. Sobresaltado encendí la lámpara y... allí estaba, flotando a unos centímetros del piso, con su título reluciente: Cien años de soledad.
Lentamente me acerqué y cuando creí que eran el momento y la distancia apropiados me descargué sobre él. Inútil. Permaneció suspendido en el aire. Al cabo de cierto tiempo - y sin que mediara mi intervención - se posó en el piso. Lo palpé y lo releí renglón por renglón, cuidadosamente. Todo igual, excepto algo: no estaba Remedios la Bella.

VISOR
Carlos Alberto Castrillón

Aturdido por la feroz matanza, se llevó las manos a la cabeza y no tenía cabeza.

OTRO ÁRBOL
Humberto Senegal

Papá, quiero ser estatua cuando esté grande -dijo el niño a su padre, señalando en el parque el alto monumento del prócer.
¿Para qué? - preguntó este, sin tomar en serio la inquietud del niño.
Quiero que se me llenen de aves la cabeza y los brazos.
Sobre la estatua había varias palomas.
Una semana más tarde, el hombre condujo a su hijo hasta el bosque y lo acercó, en su silla de ruedas, al más frondoso de los árboles, una ceiba bicentenaria habitada por decenas de aves.
¿No te gustaría, mejor, ser un árbol?.
¿Puedo, papá?
¡Claro que puedes, hijo!

El hombre regresó a la ciudad con la silla de ruedas vacía.

LOS ESPEJOS
Luis Vidales

Los espejos colgados en las salas son retratos de ausencias. Cuando el espejo se cae - por añicos que se vuelva - siempre cae parado, como los gatos. Ayer al mirarme al espejo quedé con la cabeza de para abajo.
¡Claro! ¡Naturalmente! Lo había cogido al revés.

LA AUTONOMÍA
Jaime Lopera

Una sombra decidió independizarse y se volvió contra su creador.
Cuando estaban peleando y la sombra parecía ganar su primer encuentro, un sol bilioso entró por la ventana y ambos, fantasma y sombra, se esfumaron por la grieta de un rincón.

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