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Directora: Leidy Bibiana Bernal Ruiz ~ minificciones@yahoo.com

 NÚMERO 13

EL SEÑOR QUE TENÍA ALGO EN EL OJO
Jules Jouy
Francia

Dos señores, correctamente vestidos de negro, se cruzan en la escena. Uno de ellos detiene al otro y cortésmente le ruega que tenga a bien soplarle el ojo. El señor detenido hincha los carrillos y sopla. Inútilmente. Sopla una y otra vez con distinta intensidad. Sin resultado. Toma un largavista y, como Napoleón en el campo de batalla, atentamente contempla el ojo afectado. Estira hasta el colmo el catalejo, para ver mejor, y de paso le pone el otro ojo en compota al señor. Inspección inútil: nada ve.

Entonces extrae un taladro de su bolsillo, saca de su órbita el ojo enfermo y lo observa en todos los sentidos. Ocurrencia feliz: ¡al fin encuentra!

Hace mutis por un momento, y entre bastidores se oye, entretanto, un ruido sordo, como el de un gran peso que cae al suelo; luego le devuelve el ojo al señor. En ese momento, un coche cargado con una piedra enorme y tirado por cuatro robustos caballos pasa por el fondo del escenario.

El señor se aleja, dando muestras de alivio. Eso era lo que lo molestaba.

SUPLICIO
Carlos Alberto Agudelo Arcila
Colombia

"Los dos debemos morir a la vez", le dijo él a ella. "Recuerda que fue nuestro sagrado compromiso ayudarnos el uno al otro, el otro al uno", le dijo él a ella.

"Sí, pero yo amo a otro, y mi compromiso ahora es con él", le dijo ella a él, "y tú debes morir solo, sin embargo por fidelidad a cuanto nos dijimos, mi deber es ayudarte".

El ingenuo hombre la escuchó sorprendido, mientras ella tranquila fue hasta !a gaveta del nochero, sacó el revólver, lo miró y con un poco de compasión apuntó bien. Ambos sonrieron.

ACERCAMIENTO
Lauro Zavala
Méjico

Una galera tan antigua y digna. Ahí, con sus cuatro cuerdas al viento. Cernícalos ciclópeos se aproximaron a la proa. Nadie soplaba un tango por aquel viejo saxofón.

El tintineo de las copas invitaba al vino. Tú no estabas ahí.

El minotauro se acercaba corriendo y agitando su mano.

No otra vez.

Tu mano se encontró con la mía y yo desperté exudando mi confianza por los poros.

¿TÚ CREES, ACASO, ABUELA, QUE VOY A MORIR?
Juan Malpartida
Perú

Está creciendo abuela, como un tumor de papera, y siento que se mueve más cada día.

Dejó que la abuela le pasase las manos por los cabellos y le echase una mirada lacrimosa, con sus ojitos de conejo.

¿Tú crees acaso, abuela que me voy a morir? La abuela le dijo que ya estaba asada la papa, que le alcanzara la coronta, para raspar las partes quemadas, que ayer por la tarde se despeñó borracho tu tio Ishico, ¿qué no sabias? Que todo el pueblo estuvo enterado, que había muerto, dijeron al principio, que no, porque los malos tienen que mascar el agua de viejos, que la chinita lo encontró a eso de las siete, ¡que santo Dios que no estuviera muerto!

¿Abuela, acaso crees que me voy a morir? La abuela buscó para sus ojos un refugio y jugó aplastando sus dedos arrugados, hasta que los perros dieron tres vueltas a su rabo y, de oreja, se echaron a dormir.

Ay niña, ay niñacha, quien pues mierda, te habrá dejado un hijo que tendrá sus ojitos oscuritos como los pushpos, es que madre vas a ser pues niña, vas a parir como las vacas, a darle de comer de tu chichi, madre de doce años vas a ser, y no te vas a morir, sólo vas a llorar un poquito, vas a pujar como si fuera una bolita de caca estreñida, y allí sabrás si tu guagua es mujer o es hombrecito, y le pondrás un nombre, para que puedas llamarlo cuando estea yendo por el camino, aprenderás a lavar pañalitos y le limpiarás su culito con hojitas de plátano, y le dirás guagüita linda, y jugarás con sus patitas llevándotelas a tu boca, y cuando venga el cura lo bautizaremos, y será su padrino el Gumercindo; no te vas a morir niña, niñacha, aquí está tu abuela, y ningún mierda te dirá que tu abuela está mintiendo carajo.

LA CUCARACHA SOÑADORA
Augusto Monterroso
Guatemala

Era una cucaracha llamada Gregorio Samsa. Que soñaba que era una cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una cucaracha.


EL MICRORRELATO
David Lagmanovich
Argentina

En la narrativa contemporánea han ido cobrando particular importancia los llamados microcuentos o microrrelatos, brevísimas construcciones narrativas, muchas veces de un solo párrafo; cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas; relatos esenciales, exigentes para con el lector pero también dadores de un placer análogo al que proporciona el poema o, en la música pianística del siglo pasado, el contenido trazo del “impromptu” o del “momento musical”. Suelen tener desde unas pocas palabras hasta un párrafo o dos, desde menos de una página hasta una página y media o dos de extensión. La forma compacta, de un párrafo de extensión variable que contiene el comienzo, medio y fin de la narración, parece ser una solución favorita para muchos de sus cultores. A partir de ese despojamiento, el microrrelato tensa un arco desde donde dispara certeras flechas a nuestras maneras rutinarias de leer.

BIBLIOGRÁFICA
Cien Microcuentos Chilenos
Juan Armando Epple
Editorial Cuarto Propio
Chile, Santiago, Junio de 2002

Tanto en sus anotaciones sobre el microrrelato como en sus compilaciones, el rigor genérico para identificar auténticas piezas propias de tal forma narrativa y el equilibrio para mostrarnos textos magistrales de autores antiguos o nuevos de su país, hacen de Epple una de las reconocidas autoridades en el microrrelato en lengua española. Este libro induce a catar la exquisitez literaria del microcuento chileno. Cincuenta y dos narradores. Nombres representativos como Huidobro, Braulio Arenas, Alejandro Jodorowsky, Fernando Alegría, Poli Délano, Lavín Cerda, Skármeta o Arestezábal, junto a otros menos conocidos fuera de su territorio, le dan al microcuento chileno estatura continental.

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