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Directora: Leidy Bibiana Bernal Ruiz ~ minificciones@gmail.com

 NÚMERO 31

SALARRUÉ
El Salvador

GenioEL CUENTO DE LA LUNA DE MIEL Y EL BESOTE

Puesiesque Moflete y Masiluanga pasaron por una ventana de unos recién casados y se pusieron a espiar por el balcón detrás de las cortinas de encajes y le dijo Mofe: "¿Onde bran dejado la lunemiel?", y le dijo Masi: "Ya se la han de haber comido las moscas." "¡No sias bruto, la lunemiel se la comen ellos!". entonces salió una carota por el vidrio y hizo la boca como hablando en cine mudo, pero bien jurioso y Mofe y Masi le hicieron una mueca bien feya con saliva y salieron corriendo. Entonces se abrieron las ventanas y salió una cara con bigote y una cara con achote, de mujer. Y miraron para la esquina y se hablaron y volvieron a mirar y se hablaron, y ¡pan! Cerraron entonces se regresaron Mofe y Masi y ¡tas! Espiaron lijerito y se estaban dando un besote junto a un camastrón y les gritaron: "¡Cochinos, con miel!" y salieon a lestampida a cair en los brazos de un cuilio que venía descruzando y que les dijo: "¿Por qué van corriendo?". "Es que está muy caliente el suelo", le dijeron, y los soltó, y siacabuche.

LA BRASA

En la cumbre más cumbre del volcán, allá donde la tierra deja de subir buscando a Dios; allá donde las nubes se detienen a descansar, Pablo Melara había parado su rancho de carbonero. Medio rancho, medio cueva, en una falla del acantilado aquel nido humano se agazapaba. De la puerta para afuera, empezaban las laderas a descolgarse terribles, precipitadas; abismándose en deslizones bruscos rodando, agarrándose afligidas. Los pinos, enormes, eran nubes oscuras entre las nubes; humazos negros entre la niebla. Mecían al viento, lentamente, sus enormes cabezas, como si oyeran una música dulce, salida de lo gris y de lo frío. Las ramas chiflaban tristemente, llevando en ritmos nasales una melodía de inmensidad. Era la cumbre una isla en el cielo, y el cielo, un mar de viento. En las noches tranquilas, como por alta mar, pasaba silenciosa la barca de la luna nueva. A veces el horizonte fosforecía.

El carbonero iba apilando los leños, en pantes enormes. De cruz en cruz, formaba una torre como un faro que, en las noches largas, llenas de ausencia, ardía, ardía rojo y palpitante, señalando el rumbo a los barcos de silencio con sus grandes velámenes de sombra.

Solo y negro en la altura, el carbonero iba viviendo como en un sueño. Tenía un perro mudo y una gran tristeza. Acurrucado y friolento, encendido siempre el puro y el corazón, se estaba allí mirando el abismo, sin remedio.

Como a los pantes de leña oscura, la brasa del corazón le iba devorando las entrañas; y aquel resplandor de misterio se le iba subiendo a la conciencia. Una noche, aflegido, lió sus trapos y se marchó pa nunca...

-¡Puerca, mano, méi juido sialtiro e la cumbre! ¡Miatracaba un pensar y un pensar!...

EL CUENTO DE LA TITILA Y LA CAMUCHA QUE ANDABAN MIRANDO EL PULICÍA DE LA ESQUINA

Puesiesque la Titila y la Camucha dijeron quiban a ver al pulicía y se jueron, y el pulicía estaba parado en lesquina y eyas agarradas de la manos se pusieron a mirarlo y a dar güeltas alrededor. Y dijo la Camucha:

"¡Ve, qué bonito el pulicía!", y la Titila dijo: "¡Qué chula la lapidita de hierro que lián punido en la chaquetía que dice 49!" "¡Tonta!" le dijo la Camucha "siés un corazoncito de plata para adorno." Y siguieron dándole la güelta agarradas diun dedo, y el pulicía taba bien azorrado haciendo como que miraba para todos lados. Y le dijo la Camucha: "¡Uy, qué feyo el garrote, parece chorizo!" Y la Titila le dijo: "Pero a mí me gusta el cinchito porque tiene un descudo en leviya y porque anda una pistolita colgada con tubos y todo".

"¡Eeee!" le dijo la Camucha, "pero el calzón no me gusta, porque ta todo remendado del jundío con hilera diotro color".

"Ni a mí me gusta el bigote", dijo la Titila "porque parece cepiyo e zapatos".

Entonces el pulicía se les quedó mirando bien jurioso y les dijo:

"¡Vaya, muchachitas, sigan su camin o si no quieren que me las yeve; solo andan irrespetando lautoridá!". Y les sonó el zapato en el andén y ellas se fueron yendo despacito, volteándolo a ver y cuando iban lejitos le dijeron: "¡Cuilio vestido!" y salieron a la carrera y siacabuche.

EL CUENTO DE LOS CARAMELOS EMBARCADOS EN UN BOTE Y EL CIPOTÍO TIBURÓN

Puesiesque Tablita yegó a la tienda y le dijo a la tiendera: "Mire: por qué han metido tanto caramelo bonito en ese bote". Y la tiendera quera bien bilis hizo "¡Hm!" y diay dijo: "¡Para que ai estén guardaos y para que nadie los tiente!" y se sacudió un curunco que se había pasado del saco diazúcar y dio unos pasos chancletudos y dijo: "¡Te va castigar tu mama, porque va decir que quiandás haciendo en el vecindario!" Y era que tenía ganas de que se juera y no se jué sinó que le dijo: "El... pero como aquí nues vecindario sinó ques tienda, vaya!" "Sí, siés tienda pero no tenés pisto para comprar nada, asiés que de nada sirve que testés aquí" le dijo dando pasitos la tiendera que tenía un lunar de carne, en el cachete. "Sí tengo" le dijo Tablita. "¿Entonces por qué no comprás?" le dijo la tiendera quera algo sorda. "Porque taba esperando a ver si me regalaba unos"... le dijo. "Pero como no te puedo regalar" le dijo la tiendera. "A pué, como no me puede regalar, solo poreso no le compro" le dijo Tablita y se jué chiflando y siacabuche.

 SALARRUÉ

Considerado uno de los más importantes cuentistas salvadoreños, Salvador Salazar Arrué, mejor conocido como Salarrué, nació el 23 de octubre de 1899 en Sonsonete, El Salvador. Salarrué fue no solo un destacado narrador y poeta, sino también un reconocido pintor.

En el campo de las letras, pertenece junto con Arturo Ambrogi (1875-1936) y Alberto Rivas Bonilla (1981), a la llamada "Generación de 1920", famosa por ser la creadora del cuento salvadoreño moderno.

La intensa escritura de este autor se centra en la gente común, en el ambiente campirano de su país y en especial en el de Guzcatlán. Cada uno de sus cuentos se convierte en un cuadro impresionista lleno de imaginación, con pinceladas de tono vernáculo y casi fantástico.

Destacan entre sus obras los Cuentos de Barro (1933) donde recrea, con más astucia que sus contemporáneos, un ambiente autóctono y lleno del colorido del habla popular de la región centroamericana. De esta obra el propio autor comentó "con las manos untadas de realismo he modelado mis cuentos de barro".

Sus publicaciones más logradas y representativas son: Cuentos de Barro (1933), Cuentos de Cipotes (1945-1961), Eso y más (1940), Trasmallo (1954) y La espada y otras narraciones (1960). Fruto de un conocimiento profundo de la idiosincrasia de su país, tan cercana a los usos y costumbres de toda Hispanoamérica, estas obras representan los valores de la gente de campo, en más de un llano, monte o costa americana. Melancólica remembranza para los trasterrados en urbes asfixiantes, o alegre autorretrato de los afortunados habitantes de provincias hispanoamericanas.

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Publicación Quincenal ~ Tel. 7425114 ~ minificciones@gmail.com

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