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 A PROPÓSITO...

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo (oscarisabogal@yahoo.com.co)

Independientemente de la evolución que tengan en los próximos días la "procuraduritis" severa y otras hinchazones que padece Calarcá desde hace algún tiempo, valdría la pena aventurar hipótesis sobre cuáles son en definitiva los comportamientos y actitudes de los alcaldes que más rechazo causan en la ciudadanía, al punto de generar rupturas irreconciliables.

  • En primer término los cambios en la actitud personal: en campaña, simpáticos, dialogantes, dadivosos; disposición que una vez elegidos se trueca de inmediato en el aislamiento, en la distancia que toman de la gente, convirtiéndose en personajes arrogantes e inabordables, generalmente recluidos en el "bunker" de su despacho o en algún lugar privado al que solo tiene acceso un reducido círculo de amigos.

  • Con honrosas y escasas excepciones, no hay nada que cause mayor desaliento entre los ciudadanos del municipio, que la designación hecha por los alcaldes de sus equipos de colaboradores; "los notables" de todas las administraciones anclados desde siempre en los cargos de dirección; incombustibles, con una camaleónica capacidad de adaptación, y un corazón multipartidista; prestos siempre a recibir a la nueva "víctima", una vez han despachado al que contribuyeron a incinerar.

  • La ausencia de un proyecto serio de ciudad, de un programa, de una visión de conjunto, insumo básico para construir un verdadero Plan de Desarrollo, el cual, más que cumplir un requisito, le señale un camino cierto al municipio; debatido, socializado, objeto de ajustes y modificaciones si las circunstancias, los actores sociales o las conveniencias lo señalen.

  • La equivocada creencia de que una vez elegidos siguen siendo solo los representantes de un sector, de un movimiento o partido, lo cual hace que acudan al odioso expediente de convertir a su grupo de copartidarios obedientes y sumisos, en depositarios exclusivos de beneficios burocráticos y prebendas del despacho municipal ignorando al resto de la comunidad.

  • La defensa terca y vehemente que hacen de ciertas políticas y programas vinculados a cifras económicas, hasta convertirlas en verdaderos inamovibles, donde, advierte el más desavisado, más que intereses colectivos se ventilan proyectos personales; amén de las ridículas rendiciones de cuentas, exhibiciones de acrobacias, escritas, dirigidas e interpretadas por subalternos, quienes a la hora de exhibir ignorancia e ineptitud, no se andan con medias tintas.

Recibir a la gente, escucharla, abrir puertas y ventanas, concertar con la comunidad la visión del alcalde, escoger gente capaz y comprometida, saberse alcalde de todos, son asuntos que interesan profundamente al ciudadano -¡qué paradoja!- más que grandes proyectos, soluciones milagrosas, obras descomunales o enormes presupuestos. La mayor parte de la gente con la que se encuentran los alcaldes todos los días, tienen sed de simpatía, de atención, de ser tratados como las personas valiosas que son.

Antes que acudir a Maquiavelo, a Fouché, de consultar los grandes arcanos de la alquimia política o los secretos de la administración pública, el gran fermento del éxito de la gestión de gobierno está a la vuelta de la esquina: darle a la gente la importancia que merece. Una lección para todos.

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