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 CÓMO SE COME UN ELEFANTE

Julio Ernesto Ospina Por Óscar Iván Sabogal Vallejo (oscarisabogal@yahoo.com.co)

Cuando de asumir responsabilidades enormes, engorrosas y delicadas se trata, es bueno recordar la fórmula de solución para los problemas de la vida, a partir de la metáfora del elefante. Este aserto nos enseña que los problemas, no importa el tamaño, siempre tienen en la constancia una solución.

En apenas 69 días el doctor Julio Ernesto Ospina, alcalde encargado del municipio de Calarcá, dejó una estela de satisfacción entre la gente como no se percibía en los últimos años. Cosa rara, no pavimentó ninguna calle, no remodeló el parque principal, no inauguró obra alguna ni presentó proyectos de acuerdo de trascendencia estratégica.

Podría pensarse en una zalema codiciosa propia de época pre-electoral, cuando nadie da puntada sin dedal; pero no, aparte de los lagartos infaltables, el grueso de la ciudadanía experimentó en la gestión fugaz de Julio Ernesto, la sensación de que había alguien gobernando. El permanente contacto directo con la gente, las visitas a los barrios, la presencia oportuna en diferentes eventos, perfilaron un talante gubernativo que no se veía hace tiempo; desde cuando alcaldes y funcionarios públicos de menor nivel se "vedetizaron" tras los vidrios polarizados de las burbujas oficiales, o en viajes a Asia y Europa en pos de ilusorios recursos para cualquier junta de acción comunal de la esquina.

Para una minoría, las sonrisas y abrazos del burgomaestre encargado, constituían una actitud demagógica encaminada a congraciarse con las gentes de su pueblo, en persecución de algún beneficio electoral futuro; eso, de ser cierto, me parece legítimo. Nadie en sus cabales, por lo menos de manera consciente, gobierna para que lo odien; y un político curado de espantos como Ospina, entiende que en materia de administración, la forma es tan importante como la sustancia. Estar cerca de la gente, exponerse a que la comunidad sienta su presencia, es un pase mágico que resuelve en buena parte el misterio de gobernar un pueblo.

Me parece que acertó otra vez la señora gobernadora con Calarcá al haberlo designado como alcalde encargado. Tal vez sin proponérselo, porque ha sido su estilo, Julio Ernesto nos dio una lección de buen juicio y buenas maneras, actitud irremplazable si se pretende acertar a la hora de nadar en la piscina de la política regional colmada de tiburones.

Tarea tan grande como la de comerse un elefante, es la responsabilidad enorme, delicada y engorrosa de administrar a la indescifrable Calarcá. Julio Ernesto Ospina acertó prevalido seguramente de la metáfora: frente a grandes problemas o grandes retos, la mejor manera de afrontarlos no es solo proponer soluciones monumentales o esfuerzos titánicos, sino persistir en la buena disposición, en el trabajo día a día, en la presencia permanente, afectiva, cercana, y en la certeza de que la simpatía es la mejor y más efectiva herramienta de seducción.

Tal vez este ejemplo era necesario en Calarcá, ahora que empieza un nuevo gobierno. Ante lo monumental del reto, Carolina Cárdenas Barahona, dilecta hija de Calarcá, no debe olvidar que solo hay una manera de comerse el elefante: despacio, paso a paso, bocado a bocado.

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