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 FOTOMULTAS: ENTRE LA LEGALIDAD Y LA INCONVENIENCIA

Fotomultas en CalarcáPor Óscar Iván Sabogal Vallejo (oscarisabogal@yahoo.com.co)

En días pasados en una conversación informal, un funcionario del municipio de Calarcá me contaba, a propósito del asunto de las fotomultas, que la decisión final de la justicia disciplinaria se centraba solo en establecer si para su montaje era o no necesario haber hecho una licitación para la escogencia del socio operador o no, descartando cualquier otra consideración, es decir un examen de la medida tomada por el alcalde y la opinión que de ello tuviera la procuraduría, concluyendo que el problema se refería a un asunto estrictamente jurídico.

Terminada la conversación con este funcionario, me despedí pensando, ¿y a todas estas qué papel desempeña la ciudadanía? al fin al cabo destinataria de ese medida, está por fuera del escenario donde se dilucida una medida de esta naturaleza, cuando es justamente la materia prima, la carne de cañón de una decisión de este orden.

No... creo advertir que allí está el origen de algunos de los desaciertos no solo de esta administración municipal, sino de muchas otras que en Colombia detentan el poder ejecutivo. Bien sabemos los calarqueños de a pié, que este asunto ha contribuido a enrarecer la atmosfera donde debieran confluir con naturalidad las relaciones del Alcalde con la ciudadanía, si se hubiera sopesado, con más juicio, no solo la legalidad sino la conveniencia de la medida, al fin y al cabo se gobierna, no solo pensando en los códigos, en los decretos y en los incisos, sino en el bienestar de los gobernados que, es bueno no olvidar, es a la postre la razón de ser de todo gobierno.

Es bien sabido que en el municipio la gente del común no recibió con agrado esta decisión, todos los días crece el número de calarqueños y de quindianos inconformes, sancionados o no, que encontraron una talanquera más al libre desplazamiento por el departamento, al punto que hoy es un clamor generalizado que escuchamos todos los que desde la independencia solemos acercar a diario el oído al sentimiento popular.

Su inconveniencia manifiesta también tiene que ver con que Calarcá es una isla rodeada de vías, vías por las que vamos, pero también por las que vienen los que nos visitan, vías nacionales hechas para acortar tiempos y distancias, para acercar destinos, por eso el túnel de La Línea, por eso los viaductos y las doble calzadas, vías esenciales para fortalecer las estrategias de recibir turistas, ahora que el café dejo de ser el renglón por excelencia de nuestra economía y cuando todavía no lo remplazamos con la agroindustria.

Justamente cuando la dimensión de nuestra situación es esta, minamos la principal de nuestras carreteras, de las carreteras del país, con un sistema de multas inconsulto, injusto, usurpando competencias de la nación, probablemente ilegal, pero definitivamente inconveniente, que riñe con nuestro perfil de municipio amable y acogedor, ahora cuando le estamos apostando al turismo, una alternativa frágil, en un municipio sin perspectivas claras.

Con estas reflexiones en voz alta no pretendo abrirle al alcalde de Calarcá un “auto cabeza de proceso”, ni mucho menos erigirme en paradigma de comportamiento, bien claro tengo que el que gobierna se equivoca, y el consuelo de saber que como alcalde mis equivocaciones no fueron de mala fe, no me alcanza para olvidar los errores cometidos, por los cuales todavía no me canso de pedir disculpas.

Pretenden ser estos, unos comentarios serenos, tranquilos que apuntan a sugerir un poco de sensatez al señor alcalde, ahora cuando todavía tiene tiempo, ahora cuando la situación es susceptible de replanteamientos, antes del 31 de diciembre de 2015, cuando al mirar en perspectiva por el espejo retrovisor el tiempo transcurrido, empiece a aparecer que no todas las críticas eran injustas, que no eran tantos los enemigos al principio, que muchos problemas eran solucionables, que la clave tenía que ver con la revolución de las pequeñas cosas, que éramos más los que queríamos colaborar con su gestión y que la burocracia antes que puente con los ciudadanos es muro divisor, ejército de corifeos que con en la densidad del incienso y la zalema que esparcen no dejan ver cómo, con su comportamiento complaciente, solo buscaban privilegiar sus propios intereses.

Ojo, los jueces se quedan con la legalidad, la ciudadanía con la conveniencia.

 

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