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ÓSCAR IVÁN

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¿REVOCATORIA?

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo.
oscarsabogal8504@gmail.com

El cambio, como recurso repetitivo de la retórica, que le sirve al mundo político tradicional, también se puede convertir en arma mezquina de quienes, no obstante su pose de renovación, siguen representando y portando en su mochila las mismas pesadas ideas de la política tradicional, en las cuales, desde hace muchos años se ha cocido, a fuego lento, la institucionalidad regional.

Vamos por partes: si algo lamentamos quienes decidimos apoyar al anterior gobierno seccional, es el que se haya desperdiciado una de las pocas opciones que hemos tenido de mostrarle al Quindío que se podía implementar políticas diferentes, a las conocidas de siempre que han monopolizado el departamento, que permitieran abrir las posibilidades de un manejo serio y equilibrado del poder, con medianas garantías para el bien común y con sujeción a la ética en el manejo de los asuntos públicos.

Pero no fue así, pasados cuatro años, pudimos comprobar que, como en la obra de Stevenson, elegimos a míster Hyde convencidos que era el doctor Jekyll y esa opción de cambio tan esperanzadora quedó aplazada otra vez.

Pretender ahora, cuando solo ha transcurrido apenas un año, revocar el mandato del gobernador entrante, cuando los programas gubernamentales y el tiempo para ejecutarlos apenas comienza y sin que se argumente razones de peso, nos parece un desatino, mucho más cuando, en las dificultades administrativas y presupuestales de esta entidad en el primer año tuvo una buena cuota de "esfuerzo" el gobierno anterior.

La revocatoria del mandato, más allá de las interpretaciones leguleyas, debe ser un mecanismo profiláctico para combatir graves enfermedades endémicas de los gobiernos y no munición ordinaria de francotiradores impacientes, al que se debe acudir cuando ya se hayan agotado otras opciones que se enmarquen dentro del diálogo, las objeciones, los reclamos, incluso la protesta.

Es bueno recordar que en tan poco tiempo transcurrido puede ser posible, a lo sumo, conseguir un cargo en la burocracia pero muy difícil exigir cuentas del desarrollo coherente y sistemático de una política pública.

Alguna medida debe haber, alguna proporción o gradualidad que permita agotar etapas, antes de acudir al mecanismo extremo que pretende extirpar al gobernante, desaparecerlo de la escena política, mucho más cuando el resultado de su elección, que no le pertenece a él, es una conquista de la sociedad civil que reaccionó vigorosamente, rompiendo los esquemas, como no había sucedido nunca en este departamento.

Que quede claro, yo no estoy diciendo que no se pueda disentir de lo que hace o deja de hacer el gobernador, tampoco que todas sus actuaciones sean dignas de encomio o del aplauso entusiasta de los gobernados, mucho menos que se extienda un cheque pos-fechado que cubra sus futuras actuaciones, pero pretender revocarle el mandato de manera prematura, puede convertirse en un mandado, inconsciente o voluntario, no sé, a quienes quieren desconocer en las instancias administrativas lo que perdieron ampliamente con la mayoría de los quindianos en las pasadas elecciones.