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ÓSCAR IVÁN

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SÍ, PERO NO

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo.
oscarsabogal8504@gmail.com

No comprendo el súbito interés de algunas personas por los asuntos públicos de los municipios y del Quindío. Supongo, debe ser la inminencia de la campaña política que se avecina, donde sus nombres vuelven a adquirir alguna resonancia en la cabeza hueca del elector a la hora de decidir por quién va a votar.

Empiezan a aparecer por todos los medios, invitaciones a foros, reuniones y conferencias; ampulosas entrevistas a parlamentarios; declaraciones en las páginas principales de los periódicos y en los noticieros, dedicadas a tratar los problemas del Quindío. No entiendo tan repentina atención por la agenda pública de la región.

Los políticos aparecen ahora, como por ensalmo, urgidos por recalentar análisis, por desentrañar soluciones e improvisar preocupaciones de última hora, que cubren la totalidad del vademécum de nuestros asuntos públicos pendientes de resolver. No lo comprendo y si tuviera que intentar una respuesta diría que la mayoría miente, que fingen con sus caras preocupadas y sus gestos severos.

En Calarcá por ejemplo, el eterno túnel de La Línea, y sus  efectos altamente contaminantes sobre el recurso hídrico del entorno; el ordenador vial en las goteras de Calarcá, puerta de entrada al Eje Cafetero; la fallida doble calzada a La Paila; la amenaza de la megaminería en sus frágiles suelos; el déficit del hospital La Misericordia; el tire y afloje de intereses poco claros para la ciudadanía en la Empresa Multipropósito o la degradación acelerada del Paisaje Cultural Cafetero en el tramo de la Penitenciaría Peñas Blancas - La Bella, donde nos "clavaron" otro cementerio de carros con problemas judiciales, más parqueaderos de tractomulas y depósitos de chatarra, son asuntos inesperados o sorprendentes. Son problemas de vieja data, con soluciones previsibles desde hace mucho tiempo; no tienen por qué tomar desprevenido a nadie.

La preocupación que empieza a notarse paulatinamente con las declaraciones, las conferencias de prensa con abundancia de micrófonos, páginas de periódicos y auditorios, lo que significa es que está empezando la campaña política. Pero esta se acaba pronto, no durará mucho, si acaso algunos meses.

Todo lo que pasa en el Quindío lo saben bien los políticos; por supuesto, hace mucho tiempo, las autoridades; es mentira que ahora les cause una verdadera preocupación. Si dejaran de decir con sus caras adustas y sus ceños fruncidos que están buscando respuestas para de verdad solucionar los problemas que aquejan al departamento, si dejaran de mentir, se darían cuenta que esa política que dicen representar está diseñada para no funcionar en el dudoso empeño de mejorar la situación de los electores.

No están ni urgidos ni preocupados por las soluciones; ellos montan esos escenarios mediáticos para parecer sorprendidos. Dentro de unos meses se les olvidarán de nuevo tales asuntos y solo los volverán a recordar en la próxima campaña.