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ÓSCAR IVÁN

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TAREA PENDIENTE

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo.
oscarsabogal8504@gmail.com

No hay más tiempo para los municipios de la provincia quindiana, particularmente para Calarcá, que carecen de una verdadera representación política. Revisadas todas las expectativas, hechos los balances, separado el trigo de la cizaña, queda claro, no tenemos, como tuvimos antes, quién represente nuestros intereses en el parlamento, tampoco en la vida regional, nuestro liderazgo está desaparecido.

Calarcá es fugazmente importante cada cuatro años, un día de marzo o de octubre de 8 a 4 de la tarde, mientras pasan las elecciones en las que elegimos unos representantes, casi siempre sin contenido y sin liderazgo, y luego, volvemos silenciosos y obedientes a nuestro ostracismo habitual. Olvidamos que somos una sociedad con tradición cultural, con peso político específico, en la que votaron la última vez 34.149 personas de un potencial de 58.069 electores, cifra con la que podríamos elegir un representante a la Cámara y sobrarían muchos votos.

Tenemos el tiempo justo para reconsiderar, para recordar que con todos los defectos y virtudes, cuando teníamos representación parlamentaria, otra era la dinámica nuestra, hoy no tenemos ni siquiera un diputado de Calarcá hace más de seis años, ni un representante a la Cámara hace doce, en este municipio con la segunda votación del Quindío; ahora vivimos de la caridad política, esperando que nos miren con ojos de misericordia en los espacios del poder regional.

Es el momento de recomponer el rumbo, no podemos olvidar lo sucedido en la pasada elección de gobernador cuando el David de la dignidad logró derrotar al Goliat del dinero y la maquinaria. Organizarnos no tiene nada que ver con una posición chauvinista de municipalismo a ultranza, pues si algo está claro es que quienes elige la región hoy, no son los mejores, no tienen más liderazgo que muchos de quienes pueden representar mejor los intereses de nuestros municipios.

Mientras tanto, la situación de quienes se venden cada cuatro años se deteriora en cada elección, cada vez les ofrecen menos en el mercado del voto, ahora solo les dan una camiseta para el día de elecciones y $50.000, con los que no apagan ni siquiera la sed de ese día, y, a esperar otros cuatro años, y a los sargentos del negocio un poco más de dinero, en cuotas, y una promesa, casi siempre incumplida, de un contratico por tres meses en la burocracia.

En una nutrida reunión, esta semana, un pesimista de esos de... "apaga y vámonos" pretendió inmovilizarnos con la trillada sentencia: se necesitan $1000 millones de pesos para emprender una tarea de liberación y liderazgo político, son los profetas de la desgracia que nunca faltan.

Tenemos el tiempo justo, cuando a una sociedad, local, como la nuestra, ya no le toca de la mesa de Epulón sino las sobras, es la hora de usar tres armas en el empeño de cambiar la historia: esperanza, coraje y obstinación. Eso es lo que nos ha faltado. No sería la primera vez que nos tendríamos que hacer valer.