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ÓSCAR IVÁN

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VÍA ALTERNA

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo.
oscarisabogal@yahoo.com.co

En entrevista para una medio de comunicación regional, en la que estuve presente, a una pregunta sobre el legado que aspiraría dejarle al Quindío al cabo de sus cuatro años de gobierno, Carlos Eduardo Osorio, expresó su deseo de cimentar las bases de una madurez que permita, en el futuro, ejercer la militancia en las convicciones políticas, con una libertad suficiente, que, entiendo yo, evidencie que los simples ciudadanos y los funcionarios no necesitan ya cambiar de pastores cada cuatrenio para dejar de ser borregos.

Esta expresión del mandatario electo, refleja la premisa que, creo, debe presidir la labor del gobierno departamental en los próximos cuatro años: construir alternatividad. Lo grave es que a diferencia de otros entes territoriales como Bogotá, con Mokus, o Antioquia con Fajardo, en el Quindío poco sabemos de estos remedios, porque gobernar aquí ha sido, en cada período, un acto unilateral de expropiación del poder sin indemnización, del que se abusa irresponsablemente hace cincuenta años.

Crear alternatividad, es dejar el camino del modelo clientelar de gobiernos corruptos y degradados para honrar el exigente principio de coherencia, que tiende un hilo conductor entre lo que se predica en el terreno de la ideas y propuestas, y los hechos que hacen parte de la practica real de la vida cotidiana; alternatividad es inclusión entendida como la obligación de invitar a participar a los destinatarios por excelencia de los gobiernos, a las gentes que conforman la base social y erradicar el asistencialismo-espectáculo donde los regalos y las baratijas reemplazan las acciones sociales de fondo, a que tenemos derecho los gobernados.

Es acabar el "juego de tronos", deporte preferido de los que llegan al poder, dirigido más a medir fuerzas internas, desgastar adversarios, y pulir egos, que a asumir una actitud vital que los ponga en perspectiva de respeto a sus responsabilidades. Es devolverle el contenido a la política.

Pero no solo con actitudes y compromisos en los asuntos fondo, también de forma: Hay que destoyotizar los desplazamientos, acabar con los vidrios oscuros para que se les alcance a ver el corazón a los gobernantes , bajar el despacho al cuarto piso para que desde allí se pueda volver a reconocer a los ciudadanos de a pie, dejar la corbata para los actos oficiales que lo exijan, y proveerse de paciencia para atender a los ciudadanos que de todas maneras harán cola desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre de todos los cuatro años.

Hace años asistí en una plaza pública, a un evento propio de las costumbres tribales de los sargentos de la política quindiana: la quema simbólica de un candidato perdedor, con tan mala suerte para el pirómano lambón, que al prenderle fuego al muñeco que lo representaba, se encendió su camisa y estuvo convaleciente largo tiempo, consecuencia de ese innecesario acto de barbarie.

Algo de aquella vez todavía me huele mal en el recuerdo, en medio de este tránsito entre un 2015 que termina y una esperanza que comienza.