Corría el año 1997, cuando un chico de cachucha
y aún con canicas en el bolsillo llegó con su
padre a la ESCUELA MUSICAL PALOSANTO
para mostrar algunos bambucos que había compuesto los
cuales se acompañaba con su guitarra.
Pasado el susto de la presentación nos dejó escuchar
algunas líneas melódicas y así descubrimos
su talento para la guitarra.
A partir de entonces, estudia música y guitarra en PALOSANTO,
graduándose con gran nivel académico en 1999.
Sus sueños siguen adelante y lo llevan al país
de oriente, el Japón donde desde el año 2001 estudia
guitarra y música bajo la dirección de diferentes
maestros. Paralelamente ha realizado conciertos en Japón,
Francia, Filipinas y España; país este último
donde fue finalista en el concurso “GUITARRA ESPAÑOLA
2003” . A comienzos del 2005, Giovanny, el chico aquel
de cachucha y canicas regresa a Colombia, a su natal Calarcá
donde lo recibieron y acogieron familiares y amigos; sobretodo
su antigua escuela de la vieja casona; hoy patrimonio histórico
y artístico de la Nación.
Aunque su viaje era de visita y descanso este joven de cabellos
tinturados, no logró escapar de la curiosidad y casi
exigencia para oírlo tocar de todos aquellos que lo vimos
partir años atrás; así pues las cosas,
Giovanny decide hacer un recital, el cual tuvo lugar en PALOSANTO
el 12 de Mayo, día anterior a su regreso al Japón.
NOCHE DE DANZAS, CAPRICHOS, FUEGO, TANGO, POESÍA,
RECONOCIMIENTOS, GUITARRA....

Uno a uno van llegando a la cita con la guitarra, con la guitarra
de ancestro calarqueño. Luz tenue invade la sala y un
personaje felino se apropia de la silla del guitarrista, rompiendo
el silencio con las risas; las miradas se entrecruzan interrogantes.
Con la ansiedad y la expectativa de los sentidos, estimulados
por la curiosidad cuasi gatuna, esperó el público
hasta quedar la sala totalmente colmada. Algunas palabras dan
explicación a lo que vendrá y un torbellino de
aplausos invade el lugar invocando con ello al artista quien
casi enigmático aparece del brazo de su inseparable compañera;
saludan al público con una leve inclinación que
invita a la serenidad, al sosiego, al refugio, a la degustación.
Artista y artesanía se afincan en la silla, la cual con
gran dificultad ha cedido el huésped aquel de aterciopelados
cojines plantares.
Se abre la velada, concentración, entrega desde lo más
íntimo; sonidos dulces armonizan la sala en una serie
de danzas antiguas, renacentistas, barrocas y clásicas
que evocan antiguos castillos, el transcurrir de la vida semirrural,
pomposos palacios y luces de brocadas lámparas.
En el tapete mágico de la inmortalidad, Sanz, Mudarra,
Bach, Tansman y Aguado se recrearon en las virtuosas manos y
la guitarra de ese desconocido artista que a todos nos sorprendió
con su pura y cálida interpretación; extrayendo
desde el corazón del tiempo la sonrisa de los oyentes
y el mover de cejas de los compositores quienes asombrados interlocutaban
en silencio sobre este orfebre Quimbaya que con su guitarra
por Dulcinea los entretuvo en la Sala de Palosanto
hasta olvidar que vivieron en el pasado.

Un derroche de aplausos para el artista cerraron la primera
parte dando paso al intermedio; espacio en el cual el elogio
y el reconocimiento se tomaron el auditorio. Descendió
entonces la palabra para exaltar a dos jóvenes calarqueños:
MAURICIO SÁNCHEZ AVILEZ Y GIOVANNY PÉREZ ROJAS.
El primero, guitarrista egresado de Palosanto,
viajó a las tierras del Quijote para estudiar ingeniería
de sonido. Hoy recibe en sus estudios de grabación en
Calarcá, a un sinnúmero de artistas que reconocen
en “AVILEZ PRODUCCIONES” uno de los estudios más
completos del país; guitarra, música y tecnología,
elementos que conjuga artísticamente Avilez para sacar
exquisitas producciones musicales.
Del segundo artista ya expusimos en cuartillas anteriores sus
méritos; tanto el uno como el otro han obtenido logros
que los hicieron merecedores del reconocimiento como “SOCIOS
HONORARIOS DE PALOSANTO”.
Se abre el telón... la segunda parte del recital nos
evoca los castillos de la Alhambra y la profunda influencia
del arte y la cultura morisca; allí Giovanny demostró
un virtuoso despliegue musical y poético. Cervantes,
Tárrega, Neruda y Villalobos estarían reunidos
al calor de un café colombiano para reconocer la grandeza
poética expresada en la guitarra iberoamericana.
De allí en adelante, ¡derroche, efectos, ilusiones
auditivas, incertidumbre!. Ancestros españoles, franceses,
brasileños, argentinos, venezolanos y colombianos se
entremezclaron generando una gama de sensaciones multicolores
que envolvieron el público en marejadas de efectos polirrítmicos,
volcándolo de tanto en tanto en la sutileza de los pianísimos
y los sonidos armónicos.
Guitarra y guitarrista se volvieron uno y entonces el clímax
con “CAVATINA”, “TANGO EN SKY”, y “FUEGO”
llegaron al límite; la verdad, se prendió incendio
en cada uno de los asistentes.
Reversando en el tiempo, PÉREZ ROJAS, se aventuró
en las raíces sureñas colombianas y adentrándose
en la polirritmia Andina del Cauca y de Nariño dejó
escuchar el SOTAREÑO, bambuco que acompasa añoranzas,
olor a trigo y evoca la majestuosidad de los Andes, el retumbar
de tamboras, redoblantes, flautas, tiples y amores lejanos.
Entre sorprendidos y anonadados, los asistentes estallaron en
aplausos y puestos de pie honraron por un buen tiempo al guitarrista
que con su mística, expresión y entrega acaba
de tocar la identidad, el nacionalismo, el sentido de pertenencia
y el deseo por seguir cultivando semillas para el arte y la
cultura. Sin lugar a dudas la calidad de este artista demostrada
en el recital hizo del evento un certamen que invita a recuperar
el calificativo de “CALARCÁ, ANTENA CULTURAL DE
COLOMBIA”.

MARCO ANTONIO FERNÁNDEZ TELLO
MAESTRO DE GUITARRA
Director Ejecutivo - PALOSANTO