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 CIENTO VEINTE KILÓMETROS CON WILLIAM OSPINA

Por: Hugo Hernán Aparicio Reyes (poetintos@gmail.com)

Advierto con profunda perplejidad
que el hermoso guijarro que abandono en el aire
se precipita recto hacia la tierra.
...Es tan sincero el mundo
que ni una piedra olvida tener sombra. (1)

William Ospina, Sarita y Hugo Aparicio El silbo de una llanta en desinfle motivó la voz de alerta de Fernando López  –poeta haiyín de Cartago-, y la detención del vehículo en la berma. Rueda trasera derecha con herida en el costado. Diáfana atmósfera de altura andina, a medio camino entre Cajamarca y el peaje hacia La Línea. Cierre de octubre, próximo el mediodía. Mientras hacíamos el cambio a cuatro manos, Fernando -propietario del Ford Festiva-, Umberto Senegal, mi hija Sarita, y este conductor, escoltas negligentes, perdimos de vista al célebre pasajero. A pasos furtivos desanduvo la curva. Contrariando impúdicos supuestos, a tiempo de guardar señales reflectivas, herramientas y avería en el baúl, regresó sonriente, mostrando un pequeño trozo de roca.

- Aquí está la culpable. Observen su forma. La alcancé a ver un momento antes de pisarla.

William Ospina, agudo ensayista, erudito intelectual, poeta enorme, traductor, editor de publicaciones literarias, columnista de prestigiosos medios impresos, autor de los éxitos editoriales trasnacionales, Ursúa y El País de la Canela -dos extensos poemas lírico-épicos con arquitectura de novelas, relativos a la inaugural presencia hispana en los territorios amazónicos, mediando el siglo XVI, y a protagonistas de la gesta de conquista-, figura insigne del post-realismo mágico, sucesor designado del fabulista mayor de Macondo e icono ideológico de la izquierda democrática, hacía conjeturas sobre cómo una arista del guijarro mordió y trozó las lonas aceradas y el caucho. A su alrededor, escuchábamos atentos. Es inexcusable no haber conservado el arma llanticida que bien podría estar ahora en un estante de museo.

Nutriéndose y soñando,
tantas verdes criaturas dócilmente obedecen
las leyes del viajero.
Con sabia indiferencia se asoman al estruendo
de la ruta asfaltada
y no cuentan las horas y no turba sus vidas
la conciencia de ser o de perderse. (2)
...Y el peligroso avance sobre las mulas por las altas cornisas del Quindío
y el esplendor de un vuelo frío de pájaro sobre las nieves perpetuas. (3)

Procedentes de Calarcá, llegamos al hotel de Ibagué donde Ospina pernoctó la noche anterior. La instrucción telefónica fue esperarlo en el comedor y disfrutar del buffet matinal. Atrás quedaron una aurora quindiana teñida de ocres y malvas; el torturante tráfico por la vía de La Línea que, vista desde el aire, semejaría un cauce fluvial de intrincados meandros, atestado de naves en riesgosa competencia y doble dirección; el parador de La Paloma, a temprana hora aún inactivo, una fallida escala en Cajamarca en busca de tamal con chocolate, y la explicación del objetivo a cumplir: trasladar al ilustre tolimense nativo de Padua, corregimiento de Herveo, desde Ibagué, hasta la Fundación Nuevo Amanecer, en Tebaida, Quindío. Se realizaba allí un evento de la "Legión del Afecto" -programa de Acción Social de la Presidencia dirigido a población juvenil multiétnica-, que vincula a su amigo, Mario Flórez -a él dedicó la edición de Ursúa-, con el círculo literario de la revista "Cantarrana", de Cartago. De este hace parte nuestro poeta invitante, Fernando López. Alguna pericia obtenida en frecuentes pasos por la carretera cordillerana, y la amistad que me une, tanto a él como a Senegal, justificaban mi presencia.

Colores, sabores diversos, ambiente de soleado reposo, colmaron apetitos y deleite antes de la llegada del anfitrión a la mesa, próxima a los jardines que circundan la piscina. Saludos, presentaciones, disculpas por la tardanza, antecedieron a su desayuno. Hasta muy tarde trabajó en la habitual columna dominical de El Espectador (noviembre 2 de 2008), donde afirmaba la responsabilidad de funcionarios públicos frente a los asesinatos de civiles, reportados como éxitos militares:

Los grandes tiranos suelen masacrar a sus opositores, pero son pocos los casos en la historia de la infamia en que se maten inocentes para obtener medallas. El hecho es de la mayor gravedad, y no implica sólo a quienes han cometido con toda conciencia estos crímenes, sino a quienes no han sabido controlarlos...

Aspecto y expresión corresponden a las fotografías: estatura media, barba entrecana, tez clara, cabello largo recogido atrás, incipiente calvicie e indicios de sedentarismo, riesgo profesional difícil de eludir. Anteojos permanentes que ascienden al frontal cuando lee. Extraño a poses de estrellato, deja clara desde el principio su autenticidad; cordial talante que le permite hacerse cargo sin molestia de la rutina inquisitiva de sus interlocutores, cada uno con particular interés. Obvio, iniciamos con sus dos más recientes libros.

El rey está muy lejos, gobernando sus yermos de Castilla,...
...
El rey es el rey del mundo, pero la selva es mía,
y ese ojeroso príncipe de piel de cera y manos puntiagudas
no podría avanzar con sus tacones de nácar por estos riscos de tristeza
donde la carne pierde toda esperanza... (4)

Sé de los doscientos cuarenta españoles que remontaron los montes nevados y cruzaron los riscos de hielo llevando cuatro mil indios con fardos y dos mil llamas cargadas de herramientas, dos mil perros de presa con carlancas de acero y dos mil cerdos de hocico argollado, para ir a buscar el País de la Canela, y conozco la historia del primer barco que bajó de las montañas brumosas de los Andes y navegó ocho meses entre selvas desconocidas que crecían. (Ursúa) (Alusión a la aventura comandada por Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana, dos décadas antes del paso del protagonista de la novela por el mismo territorio)

Poco antes nuestros hombres habían capturado al señor de las cordilleras. Para ti y para mí, hoy, simplemente lo condenaron al garrote; para mis doce años, lo que ocurrió no cabía en una palabra: cómo cerraron en torno a su cuello una cinta de acero hasta que la falta de aire en los pulmones completó la labor del torniquete astillando los huesos del cuello... Y el mundo de los incas vivió con espanto la profanación de su rey. Para los invasores era la muerte de un rey bárbaro, pero para los incas era el sacrificio de un dios, el Sol se apagaba en el cielo, los cimientos de las montañas se hundían, una noche más grande que la noche se instalaba en las almas. El País de la Canela) (Referencia del personaje narrador a la muerte del Inca Atahuallpa, a manos de Francisco Pizarro y su mesnada)

Ahora sabemos que hacen parte de una trilogía, interconectada por episodios y personajes del descubrimiento y conquista de la franja ecuatorial de América. Hay ya escritas unas 80 páginas de La Serpiente sin Ojos, obra que cerrará la serie. Las fuentes, el prolijo trabajo de los cronistas de indias: Juan de Castellanos con sus 113.609 versos elegíacos de Varones Ilustres, convertidos en el poema más extenso de su tipo en español – de quien Ospina se declara admirado lector, inspiró su ensayo Las Auroras de Sangre, publicado en 2001, y quizás todo el gran tríptico-, Gaspar de Carvajal, compañero de Orellana por el ignoto Amazonas, Pedro Cieza de León, Garcilaso (el Inca), Gonzalo Fernández de Oviedo. "Él (Castellanos) es el mejor ejemplo que España puede mostrar de que su labor en América no fue un mero saqueo, un exterminio y un acto de depredación. Saber que hubo hombres como él, llenos de la cultura del Renacimiento, llenos de lenguaje..." (Las Auroras de Sangre)

Es evidente el vínculo emotivo de William Ospina con un tema que despertó su interés desde remotas lecturas. Esos bergantines construidos en medio de la selva –uno de estos cerca de la actual ciudad de Leticia- por aventureros crueles, delirantes, con precarias herramientas, acosados por el clima y las plagas del trópico, por codicias propias e impuestas, navegantes de ríos, mares, de rumbos y riesgos inciertos, simbolizan el espíritu de la presencia española en esta parte del continente. Alude al relato de Carvajal, a las razones de Orellana para incumplir el compromiso con Pizarro, a la numerosa población aborigen de las riveras amazónicas registrada por el cronista y confirmada por recientes investigaciones, al material escrito, aún inédito, que duerme en los anaqueles de Sevilla.

¿Por qué su regreso a las toldas de Editorial Norma luego de publicar en Alfaguara? ¿Por qué este último sello no difundió a Ursúa en España como sí lo harán los editores de su nueva novela? Un gesto condescendiente acompaña la explicación que satisface en parte nuestra curiosidad: Norma, además de fortalecer su oferta en Latinoamérica, desea incursionar con fuerza en el competido mercado europeo. De paso nos anuncia los avances en la traducción de sus obras recientes, al francés. ¿Cómo un autor, en el momento que él vive, logra preservar su independencia? Respuesta: la sensación de libertad llega hasta la firma del contrato. A partir de ahí, calendario y reloj obligan. Por lo demás, en los artículos de prensa o en sus ensayos, no acepta imposiciones o restricción temática. ¿Su actividad internacional? Recién fue huésped de honor en España para inaugurar el festival VivAmérica, en compañía del ex-presidente Felipe González; la siguiente semana presentará El País de la Canela en la Feria del Libro de Santiago de Chile, donde Colombia es país invitado; luego en Lima, La Paz, Buenos Aires, Montevideo y Quito. Días después en el más importante evento editorial de Latinoamérica, la Feria de Guadalajara.

El teléfono móvil de modelo corriente sonó con frecuencia. Atiende las llamadas sin apremio, midiendo frases y compromisos. Nos enteró del encargo que le ha hecho la alcaldía del Distrito Capital para coordinar la actividad cultural del bicentenario de la independencia y su propuesta de reunir los alcaldes de las principales ciudades del país para concertar objetivos, alcance y calendario de eventos. Mientras firmaba cuentas y traían su equipaje, ocurrió la escena surrealista del día: el desmayo repentino de una mujer de mediana edad que transitaba por el lobby, nuestra ayuda instantánea, despreciada por el tarzán del hotel, la actitud casi rutinaria al levantar el cuerpo desmadejado, a manera de un fardo cualquiera, y la desconcertante indiferencia de botones, porteros y personal de la recepción. En segundos, la dama estuvo bien oculta. Tememos que no tan bien atendida.

Prefirió acomodarse al lado del conductor. Ya en marcha, a sugerencia de Senegal, comentamos al escritor la casual proximidad al colegio del barrio Versalles de Ibagué, donde mi hija cursa en áspera simultánea, el décimo grado y su rebeldía adolescente. Se presentaba la irrepetible ocasión de sorprender a Sara Helena, lectora inquisitiva, con su presencia. Accedió complacido. Así que, previo permiso de la profesora de turno, admiradora de William, pudimos cumplir el feliz objetivo. El saludo emocionado, un par de fotografías para el recuerdo, y la negativa de Sarita de regresar al aula. Por nada del mundo renunciaría a fugarse con nosotros a su Quindío, a su Calarcá natal. Mi firma en la planilla de control, y ya éramos cinco los viajeros.

Circunstancias imprecisas condujeron la conversación hacia la poesía neohelénica, de la cual Senegal, desde décadas anteriores, es juicioso lector e investigador. Ha establecido con plena certeza que fue Belisario Betancur el primer traductor y divulgador de Kavafis -figura fundamental de la literatura en la Grecia del siglo XX-, en idioma castellano. Anunció la próxima publicación, en Cuadernos Negros Editorial, de un ensayo extenso sobre el famoso poema Ítaca, acompañado de diversas versiones publicadas a partir de la de Betancur, en 1958. Ospina, lector también de Kavafis, prefiere el poema La Ciudad. No obstante, lo entusiasma el proyecto. Sugiere a Umberto darlo a conocer a un amigo suyo, diplomático chipriota residente en Bogotá y experto en literatura griega moderna. La presentación del cuaderno podría hacerse en la Casa Silva, con la posible presencia de Belisario Betancur y otros escritores.

Tan lejos, de repente, vuelve ese viento antiguo
que desciende hacia el río, por los anchos cañones
del Tolima, curvando las cañas, despertando
voces sobresaltadas en los cuartos vecinos.
...
Oigo gemir los camiones nocturnos
que cruzan rumbo a Caldas. (5)
Es como atrapar hojas en el viento que huye. Cuántas veces he mirado el paisaje por las ventanillas de trenes y buses, camiones y chalupas, sintiendo que esos árboles en fuga son una imagen de la vida, que todo cambia y se aleja para que nuevas cosas, nuevos rostros, nuevas realidades aparezcan. (6)

- Esos barrotes puntiagudos a lo largo de los costados del puente son disuasivos. Recuerdan lo peligroso que puede llegar a ser suicidarse.

El apunte del novelista al paso por el cañón del Río Combeima, variante glorieta de Mirolindo - Boquerón, derritió cualquier rastro de hielo y marcó uno de los matices predominantes en su conversación, el humor. Descubrimos otros: frecuentes citas textuales, recuerdos minuciosos que denuncian una memoria de asombro; poética fluidez en su discurso verbal. El conversador corresponde al escritor. Le agradan los viajes terrestres aunque dispone de escaso tiempo para disfrutarlos; también la ruta que tomamos eludiendo el tráfago urbano. No disimula reacciones de pasajero nervioso. Las variantes urbanas, los espacios abiertos en las periferias, opinó, son por lo general el mayor atractivo de las ciudades.

Escucharlo en diálogo desprevenido, sin pretensión de reportaje, con sus acompañantes -entre ellos Umberto Senegal, figura emblemática de la literatura quindiana-, instigó este texto y su formato: la anécdota del trayecto compartido, tejida con fragmentos de la obra de William Ospina que permiten apreciar, en mínima porción, su propuesta estética y hondura conceptual. Confirmar claves, sucesos, percepciones, oídos de su propia voz, en versos y párrafos de sus obras publicadas, dispensa emoción adicional.

...¿Por qué la última flor del horror es la belleza? ¿Por qué la última flor de la belleza es el horror?
...¿Por qué nuestro destino se parece tanto a nosotros?
...¿Por qué están asustados los espinos? ¿Por qué están tan serenas las garzas?
...¿Por qué todos completos después de tantas muertes?
...¿Por qué este mismo amor que hace tanto había muerto? (7)

Aludió Senegal a la sucesión de interrogantes del poema, El Director de Orquesta. Lo leyó con pausada cadencia, esforzándose para competir con el estruendo de las tractomulas. ¿Lo inspiró acaso el Libro de las Preguntas, de Neruda, una de sus obras póstumas? William desconoce ese poemario de Pablo chilensis; le sorprende saber de su existencia. Sugiere alguna afinidad de construcción con sus propias Líneas –poemas de un solo verso de su primer libro, Hilo de Arena-,considerados por los estudiosos de la minificción como magistrales minicuentos: Espada / Una implacable paz la está matando; Marineros muertos / Ya son el mar que amaban; Asesino / No se lleva el tesoro que arrebata; Amenazas / -Te devoraré- dijo la Pantera- Peor para ti- dijo la Espada. Hacia el mismo sentido del texto mínimo con fuerza de disertación, apunta su, Haiku de Hiroshima, que conmemora uno de los hechos más pavorosos de la barbarie. En las 17 sílabas y tres versos ortodoxos, están presentes, además del horror del holocausto nuclear, los elementos del haiku japonés clásico: lenguaje sencillo, naturaleza, estaciones.

Todas las hojas / de diez largos otoños / en un instante.

Al margen del relato, este improvisado cronista recuerda que intelectuales de la comarca desdeñan la brevedad del minicuento y del haiku. Aducen que síntesis y concisión no pueden darse sin extensos trabajos narrativos o poéticos previos de quien ose escribirlos. Subordinan además calidad a extensión. Dicho de otra manera, quien no haya escrito cuando menos una novela, no aspire a licencia de construcción minificcional. Sorpresa. William Ospina escribió excelentes microcuentos -aún sin proponerlos como tales-, y poemas breves, mucho antes de sus novelas; apenas preparando su primer libro de poesía. Caso semejante a las Estampillas de Luis Vidales en Suenan Timbres, sin ser estos, referentes exóticos. Acude otra reflexión: la paradoja que plantea la obra de Ospina, cuyo aporte innovador reivindica el lenguaje de sobria exhuberancia, la descripción, el adjetivo, elementos en apresurado desuso y en apariencia contrapuestos a los cánones vigentes.

Las casas donde he vivido hacen viajes de noche,
vienen en silenciosas bandadas desde abandonadas ciudades,
desde pueblos que asedian carboneros...
...
¡En cuántas he vivido desde los grandes días de mi infancia!
Quiero esquivarlas porque traen, como viejos papeles,
el testimonio de otros que fui,
de muertes que esquivé, de insomnes radios arruinando las tardes,
de amores que fingieron ser el único amor, el verdadero,
y que después huyeron como los caudalosos años en que ardían. (8)
...
Saliendo de la infancia como de un cuarto en sombras
vimos esas mujeres cantando en los umbrales,
respiramos el ácido olor de los talleres
en donde fuertes brazos del color del verano
quemaban los metales.
Al fulgor de un relámpago corrosivo y continuo
yacían en calendarios indolentes muchachas
y afuera, al sol, amamos miradas evasivas
mientras giraban, ebrias, las sombras de las palmas. (9)

Una pausa de varios segundos me permitió interrogar. Su infancia y juventud, William. No hay detalles en los datos biográficos disponibles. ¿Mantiene lazos familiares con su pueblo de origen; con el Tolima? ¿Los visita alguna vez? Padua, donde nací y viví los primeros tres años, es corregimiento del municipio de Herveo. En la cabecera urbana transcurrió también parte de mi infancia y adolescencia. Hace poco, en algún evento público, coincidimos con el alcalde actual. Me invitó, el compromiso es ir pronto. El tiempo tiende a escasear. Después de Padua, por la filiación política de mi padre, durante los años de la violencia partidista, la familia tuvo sucesivos traslados: Manizales, Pereira, Fresno, Herveo, Cali. Esa ciudad me agradó desde la primera estadía y allá regresé después de terminar la secundaria. Hice dos años de derecho en la Universidad Santiago de Cali, donde establecí relación con personas decisivas en mi formación intelectual y de escritor. Los más importantes, Estanislao Zuleta, Mario Flórez, quien insistió hasta el cansancio para que le mostrara los primeros poemas, escritos con urgencia creativa, pero acumulados al desgaire, sin ánimo de trascendencia. Cumplida la lectura, el dictamen de Mario fue concluyente: ¡Dedíquese a escribir, porque creo que usted no sirve para otra cosa!

...tal vez el mundo volverá a fundarse sobre las conmovedoras e inconmovibles verdades de la poesía y ya no sobre los frágiles atisbos de la razón ni sobre las pueriles seducciones del lucro. (10)

Dejar un testimonio de asombro y gratitud por la opresiva minuciosidad de cada minuto, eso podría ser la poesía. Pero un solo minuto nos excede y, como decía Hölderlin, "faltan nombres sagrados". (11)

Hasta soñé con un poema que fuera una cuña publicitaria, con otro que fuera el catálogo de un almacén, pero esos poemas, sin duda posibles, no me han sido concedidos.

Aquí están, de todos modos, viejas obsesiones de mi vida: Kafka, el horror del nazismo, la guerra, los dictadores del Caribe, Tolstoi, Borges, la muerte de Gaitán, Picasso, Virginia Woolf. Y, para comenzar, Nietzsche, pues fue bajo la luna de su agonía como empezó este siglo, el peor y, por supuesto, el más entrañable de todos. (12)

¿Y su epifanía, su génesis literario?, ¿las personas que influyeron en la indagación lectora, en el hallazgo del talento? Su entusiasmo se renueva. Es curioso; para la presentación de El País de la Canela, en Bogotá, me di a la tarea de localizar e invitar a Gonzalo Jaramillo, quien entonces cumplió ese papel. Es un sacerdote que por aquella época –años 67, 68-, trabajaba en El Fresno. Tenía una biblioteca bien surtida y una colección de música clásica. Él detectó el interés por los libros; me estimuló para profundizar en la lectura y en apreciación musical. Era corresponsal de El Espectador, a donde enviaba informes y noticias sobre sucesos locales y regionales. Cuando viajó al exterior en plan de estudio, me encargó escribir las notas para el periódico. El primer texto enviado y publicado fue la noticia sobre un incendio ocurrido en el pueblo. La fecha es imprecisa, pero debió ser en el año 68. Fue muy grato el reencuentro en el reciente evento de Bogotá. Terminamos en la casa de mis padres con una tenida musical inolvidable.

No pretendí ser escritor de oficio hasta bien avanzada mi producción literaria. Los textos de pichón de periodista, enviados a El Espectador para honrar un compromiso con el amigo y mentor, jamás me suscitaron fe en algún inédito talento. Cuando intenté expresarme en el papel, me causó bastante dificultad hacerlo en forma diferente a la poesía. Todo se transformaba en versos.

Para Umberto Senegal, todo lo que de estos versos logre estar vivo y ayude a celebrar. Con un abrazo de William – La Línea. Octubre. 31, 2008.

La detención en el taller montallantas sirvió para el intercambio de dedicatorias: William a Umberto en un tomo de poesía de Editorial Norma, colección La Otra Orilla, adquirido días antes con gusto premonitorio; el escritor calarqueño a Ospina, en el obsequio que preparó la noche anterior: una copia del Libro de las Preguntas, de Neruda. La mañana avanzaba. El sol casi vertical reportaba un atraso en el horario previsto que a ninguno de nosotros preocupó. Desde La Tebaida indagaban sobre nuestra ubicación. De nuevo en la vía, William: este paisaje evoca a los románticos alemanes. Describen lugares y relieves con sin igual maestría. A propósito de literatura y alturas, siempre he pensado que en el Quindío tendría que existir una revista cultural con el nombre de "La Línea", en doble sentido: el famoso paso vial y el término línea, como verso, como reglón. De igual forma, en Manizales, en Caldas, otra con el nombre de "Letras", con análogo juego semántico.

Una última escala en el tradicional parador La Paloma, casi tan antiguo como la misma calzada. Degustado con bebidas lácteas, el tema fue el libro de haikus, Tierra de Nadie, de Salim Bellén; origen libanes, práctica Zen en París y residencia en Colombia durante varios años, hasta su reciente muerte. Dos especialistas, Fernando y Senegal encuentran valiosa la obra. Entre otros, contiene haikus escatológicos que leímos con curiosidad: ¿Será el trueno / o el pedo del monje? / noche de insomnio. Un rakusú / en la puerta colgado / ¿cuál monje caga?

No escapó del escrutinio la conocida amistad personal de William con el Nobel cataquero. Maestro, existen coincidencias biográficas notables entre usted y Gabo. De momento, recuerdo que ambos se iniciaron en la poesía a la misma edad. Versos confesos los suyos, no así los pre-macondianos. Dos de los sonetos piedracielistas escritos por García Márquez en el frío salobre de Zipaquirá, hace más de sesenta años, prosaicos recursos de seducción, salieron a empellones de mi memoria, corregidos al mismo ritmo por su amigo presente: Si alguien llama a tu puerta, amiga mía... Al pasar me saluda y tras el viento...¿Los reconoce como suyos? ¿le ha mencionado el tema? Sí, efectivamente, hace algún tiempo le pregunté sobre esos y otros poemas que se le atribuyen. Su característica respuesta, fue: si son buenos, son míos.

No es la única coincidencia. Los dos, provincianos, aunque antípodas; él de las ardientes bananeras, usted del helaje andino. Anota William; hay algo que recuerdo y que creo verdadero: un día García Márquez me dijo: ¿Cómo es tu pueblo natal? Y yo le contesté sinceramente: "es Macondo en una cornisa de los Andes, en la niebla". Continué; dos años de derecho, abandono de la carrera por cuenta de la literatura, amigos que influyeron en la sabia decisión... Sí, tiene razón; me lo hacía notar también Dasso Saldívar. Quiere profundizar en eso. Agrego otro dato. Nuestros padres, boticarios y músicos. Otros más, William, textos en El Espectador; ambos, huéspedes de Europa en su primera madurez...

En Europa es de día pero es de noche en África.
Al norte del mar está el tiempo, pero está al sur la eternidad.
Los blancos pueblos industriosos construyendo la gloria del hombre.
Las negras lanzas nervadas custodiando la roja luna.
Las blancas piedras con forma de ninfas danzando en la nieve.
Las melenas de oro, las pieles rayadas, las criaturas de cuellos larguísimos
              como si fueran sueños.
Al norte del mar el insomnio en la noche, al sur la siesta en la tarde.
Al norte está la razón estudiando la lluvia, descifrando los truenos.
Al sur están los danzantes engendrando la lluvia, al sur están los tambores
              inventando los truenos. (13)

Ha muerto la edad media. Yo la vi, vasta y sola
en la tumba más bella del Sur, el claustro inmenso
donde blancas columnas se abren arriba en palmas,
en las solemnes naves jacobinas, que rayan
y doran y empurpuran los vitrales abstractos.
Allí, en el centro mismo de un palacio vastísimo
en un cofre dorado Tomás de Aquino espera.
...
Gracias al mar de acero y al faro que lo arrasa,
gracias a la honda noche que borró los cipreses,
y a ese perro que vela conmigo desde el peñasco. (14)

Edad media, Europa, Grecia, Tolouse, Antibes... Compartimos su juicio sobre el mal llamado oscurantismo. Cuño peyorativo de algún historiador amargo que con esa docena de letras tendió un manto gris sobre cinco siglos de rica e imprescindible maduración filosófica y política. Más adelante, en otra ocasión imprevista, William Ospina podría hablarnos de su primera permanencia en el longevo continente. Recordamos la anotación sobre Grecia, de la que sólo ha visitado la región peninsular, el Peloponeso. Tres personas de nacionalidad diversa, europea y americana, cada una en momento y condición diferente, le han confesado haber sentido que regresaban a sus hogares, a sus añorados sitios de origen o residencia, al llegar a las ciudades y pueblos griegos. Adquiere sentido; Grecia, cuna de la civilización occidental.

Imposible reproducir la emotiva, plástica, descripción de su viaje y visita –cuántos años ha- al sur de Francia, a la Toulouse que encanta por su conformación urbana, ambiente y arquitectura, a la milenaria mole románica, Saint Sernin, de "vitrales abstractos", de prolongadas columnillas trefiladas en arquivoltas que semejan ramajes palmeados, soportes de las altísimas bóvedas. Solemnidad que guarda en cofre dorado los despojos de Tomás de Aquino, ideólogo de las claves moderadoras entre fe y racionalismo. Nos impresionó el relato de su noche febril en el camarote de un tren, yendo de Nápoles a Bríndisi en octubre de 1980, el sueño catastrófico que padeció y la confirmación al día siguiente del trágico evento telúrico en la región de Éboli, cercana a la ruta transitada. Antibes, en la Riviera, cerca de Cannes; su llegada a casa amiga, el cercano acantilado de los Alpes Marítimos, "el mar de acero", " la honda noche", el perro acompañante...

Perdimos al interlocutor apenas coronada La Línea. Cabeceos intermitentes que terminaron en sueño profundo, nos privaron de continuar el goce de su charla. Honor que también nos hizo. Solo se concilia el sueño en un vehículo en marcha, con acompañantes y conductor de total confianza. Ni siquiera el errático comportamiento del freno en la última parte del descenso, advertido por todos, lo arrancó de los dominios de Morfeo.

La Legión del Afecto. Gritos jóvenes, multicolores, música de Juanes en coro y a plena orquesta.; impresionante explosión lúdica. Luego, el discurso exaltado de un funcionario oficial que puño en alto, gritaba consignas respondidas, también puño en alto, por la variopinta concurrencia. ¿No lo deja perplejo, maestro? ¿No lo inquietan esos gestos de ominosa recordación? Imposible preguntarle. William Ospina se había diluido en un multitudinario abrazo.

 NOTA

Los textos en bastardilla, numerados, son fragmentos de la obra poética de William Ospina, recopilada por Editorial Norma, colección La Otra Orilla, con el título de WILLIAM OSPINA – POESÍA. Se citan el nombre del poema y el libro al cual corresponde con el año de su publicación.

(1) Oración De Albert Einstein. - ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? (1995)
(2) Sembrados de Fresno – Hilo de Arena (1984)
(3) Alexander Von Humboldt - El País del Viento (1992)
(4) Lope de Aguirre – El País del Viento
(5) Ahora – Hilo de Arena
(6) Unas Palabras Previas... - La prisa de los árboles (Selección de poemas)
(7) El Director de Orquesta - ¿Con quién habla Virginia...?
(8) Casas – Hilo de Arena
(9) Barrio – Hilo de Arena
(10) Prólogo – Hilo de Arena
(11) Unas Palabras Previas... - La prisa de los árboles
(12) Introducción - ¿Con quién habla Virginia...?
(13) Canción de Dos Mundos - ¿Con quién habla Virginia...?
(14) Antibes – (Para un libro en preparación)
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Volumen 1, Nº 4 15-may-05
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Volumen 1, Nº 2 15-abr-05
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