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 LOS ÉTIMOS DEL MUSAGETA

Por: Hugo H. Aparicio

Cindy N. Cardona

Ángel Castaño Guzmán

Bernardo Pareja GarcíaEn el presente año 2010 apareció Los Argonautas del Espíritu, compilación de ensayos literarios de Bernardo Pareja García en la Biblioteca de Autores Quindianos. Fieles al idiolecto de un autor poco conocido y de difícil lectura, los textos que la conforman versan sobre personajes de tan disímil origen y catadura como Guillermo Sepúlveda, Luis López de Mesa, Candelario Obeso, Antonio Machado, César Vallejo, entre otros. Este hecho, pero sobre todo la meritoria obra creativa del poeta y ensayista, motivaron este diálogo en su residencia.

"Me han estimulado dos palabras: fiat lux (hágase la luz). La luz se hizo y quedó de fondo la poesía". Bernardo Pareja.

El arribo a la casa del poeta —gotas de lluvia martillando la carrocería del automóvil—, vereda Palermo, municipio de Quimbaya —distante 20 kilómetros de Armenia—, contradijo expectativas previas. Sencilla, cómoda vivienda, vecina de la escuela. Imaginábamos una mansión oculta tras portón de lustrosa madera. Ningún ladrido salió al encuentro de la emisaria enviada para la concertación de la entrevista. Pilar, hija del poeta, encargada del gobierno de Amerindia, nos invitó a seguir mientras consultaba con él, convaleciente de una hospitalización de cinco días. Ya viene Bernardo.

Letras y Letrados de Humberto Jaramillo Ángel, conjunto de glosas impreso en los talleres de la rotativa departamental del Gran Caldas, contiene breve presentación del hombre que en segundos saldrá a recibirnos. En prosa acribillada de comas, dice: "qué nombre terrible puede dársele a este extraño poeta que viste, siempre, de negro, que fuma curvada pipa, que bebe ajenjo en doradas copas, que lleva chambergo alado, que no duerme, que ruge". Descripción adecuada para condes de Transilvania, no para el hombre de ahora —nueve decenios a su espalda, pasos sostenidos por un caminador— que saluda. No tiene la marca de la bestia en la frente sino una sonrisa florecida centímetros abajo. La pipa —adminículo asociado en la región con Luis Vidales—, presente en todos los retratos de la biblioteca, desapareció. De igual manera, en lugar de las pezuñas de la prole satánica, sus pies están guarecidos en fundas quirúrgicas. Sentados en el corredor iniciamos la charla. Asombra la memoria capaz de comentarios profundos sobre hechos acaecidos antes del ascenso de Hitler al poder.

"Bernardo Pareja, es quizás uno de los últimos poetas vivos del Gran Caldas, representante de una generación que le rindió culto al lenguaje. Autores cuya visión estética de la literatura, los llevó a crear una cultura decantada y purista. Ellos fueron los primeros autores que conectaron la literatura provinciana o regional, con la más selecta e importante universalidad artística. Gracias a este grupo de escritores, nuestras comarcas campesinas se alimentaron de las vertientes más cosmopolitas y clásicas", expresa el escritor Carlos Fernando Gutiérrez, en artículo de La Avenida revista cultural.

Por su parte, Carlos Alberto Castrillón, docente universitario, investigador y crítico, en Bernardo Pareja y los argonautas del espíritu, reflexiona sobre la propuesta poética del entrevistado: "se regodea en las palabras de su glosario sonoro y particular al punto que son ellas las verdaderas protagonistas de esta celebración de la poesía. Esto explica el deseo barroco de cifrar el referente y recuperar los étimos, la insistencia en los cultismos y anacronismos lexicales, cultivados con loable intransigencia desde su primer libro (...). El circunloquio rodea al objeto hasta iluminarlo o petrificarlo (...). Todo esto implica un alto grado de exigencia para el lector, de cuya cultura lingüística y literaria depende el nivel de comprensión". Durante un receso en la conversación, mientras Pilar sirve café en pocillos campesinos, Pareja revela el origen del exotismo de su arsenal idiomático: "El doctor Elías Henao Toro me obsequió un diccionario extraño que perteneció a Marco Fidel Suárez; contenía las raíces latinas de las palabras".

Los artificios de Bernardo Pareja, razón probable de la cerrada circulación de sus poemarios, merecieron elogios de Carmelina Soto, celebrada poeta quindiana: "Nos recuerda con su modo de escribir, la inagotable riqueza del castellano y la obligación primaria del escritor de remozar y enaltecer el idioma". Tal fue la simbiosis personal y afectiva que, afirma Luis Fernando Suárez, al alimón confeccionaron el poema Un centauro llamado Bolívar, homónimo de la compilación editada con ocasión del bicentenario de nacimiento del Libertador. Además, el libreto radial Café suave de Armenia de Soto, incluyó el acompañamiento musical de Tierra quindiana, bambuco de Pareja. En 1990 el recorrido literario de los dos mereció el galardón La pipa de Oro.

Como en otros casos notables de la literatura regional, Bernardo Pareja adquirió temple de musageta (vocablo frecuente en su prosa) en el trato con los libros; no inscrito en escuelas ni cenáculos artísticos, ajeno a intercambios epistolares y estrechas amistades, práctica común en sus coetáneos. Habla, estirando las palabras, sobre su temprana actividad periodística: "A los 16 o 17 años empecé a escribir prosas, artículos publicados con el nombre de Cáusticos en Anacleto, revista humorístico-política de Boyacá. Con mi trabajo literario, realizado desde temprana edad, no he pretendido ostentación ni reclamo méritos. Simplemente, he tratado de hacer un modesto aporte a mi solar nativo, a mi departamento. Comencé a tener cierta figuración en el antiguo Gran Caldas, a través de La Patria, apenas al desgaire, en la columna Regreso al cortijo, de corta duración. No pertenezco a ninguna escuela literaria, creé mi propio estilo. El estilo es el hombre. Yo no he buscado en la poesía las ideas sino las palabras".

Sus desvelos existenciales han transcurrido en la población denominada con el pretensioso nombre de Villa Alejandría —propuesto por Guillermo González de Greiff, miembro de la junta fundadora—, luego rebautizada Quimbaya en homenaje al pueblo prehispánico que habitó, entre otras regiones, la esquina suroccidental del actual Quindío. Nacido cuatro años después de la creación oficial del municipio, la vida de Bernardo Pareja, inmersa en el murmullo de cafetales, tiene como epicentro el arrume de libros heredados y las montañas visibles desde el hogar. La ascendencia paterna colaboró con el parto de la localidad. Apunta el poeta, indiferente al canto de los gallos: "Mi padre, Juan Pablo Pareja Cifuentes, fue miembro de la junta pobladora. Él abrió esta propiedad, pequeña con relación a otras de mucha mayor extensión que la circundaban. Los Pareja, sonsoneños; los García, de Ríonegro. Radicales unos; los otros, godos".

El consumo de guandolo —más de cien kilos llegó a pesar— dibujó una fisonomía contraria a la silueta idealizada por Gautier para colegas portaliras —menos de 90 libras de huesos y sueños— en el aeda de boina y bufanda que recita versos de Arcilla Iluminada (1953), su primer poemario:

EL ÁNGEL DESTERRADO

Omnipotencia del abismo oscuro

y emperador del palacio ignito.

¡Ah, ya sé…! Tú también eres infinito

y dueño de un pensamiento puro.

Eres tétrico, pero jamás impuro,

en tu vejada caverna de granito.

Los obcecados ángeles del mito

te llaman réprobo de pávido conjuro.

¡Oh, Satán…! Fuiste príncipe de las alturas

y hoy centinela fiel de las negruras

del infierno donde sueñas silencioso;

eres magno artífice de epinicios

allá en tus insondables precipicios

donde vibra tu grito proceloso.

Antes del chaparrón de libelos nadaístas en el congreso de escribanos católicos, Bernardo trazó, con sus 18 años, a la sombra de los almendros de Cartago, profanas letanías al príncipe de la caverna: "rompiendo con cartabones de orden religioso; para demostrar mi rebeldía, mi informidad con la situación". El dedo de Torquemada, por fortuna, no lo señaló.

"Mi acercamiento a la poesía data de la infancia, cuando la imaginación es muy viva. De pronto yo miraba el sol, la arena brillante como estrellas. Cogía una cajita y las guardaba muy bien para irlas a vender al otro día. Entonces había una pelea con mi familia porque en la noche habían robado mi tesoro".

El ánimo infundido por la intempestiva visita es expreso y visible; Pareja regresa al presente y menciona la existencia de cinco libros inéditos, pasados ya a limpio por Pilar. Ella, al instante, trae uno de estos desde los anaqueles tutelados por las pupilas de Nietzsche. De Estancia en el ocaso leemos en voz alta:

EXHALACIONES DEL SOL NACIENTE

Alegres danzan las libélulas

en aguas de la alberca.

La lluvia,

noble samaritana, sed a las eras calma.

Júbilo de nemorosa hontana

arrulla la mañana.

Dominio oscuro del silencio,

sin rumores, sin ecos.

Palomas del sol

a los milanos abrazan con sus dardos.

Cocuyos decoran y orifican

el manto de las sombras.

Al ineludible interrogante acerca de su inclinación hacia el lenguaje, las letras, sus lecturas de juventud y madurez, Bernardo, pasando los dedos por el lomo de un perro, expresa:

"Mi padre vivió en varias ciudades sobre todo del sur de Colombia, pero mi crianza fue más con mis abuelos y mi tío que con él. En casa, con mi madre y la pizarra de tiza, aprendí a rayar las primeras letras. A partir del año 32 o 33 inicié mi formación personal. Agrómena, aquel que está entre el campo y la ciudad, es el término que mejor me definía por entonces". La lluvia, canto de cigarra en los tejados, atrae su atención. Trovador poseso, rótulo asignado por la crítica local, no le quita ni agrega a sus aciertos literarios: "Nunca me molestó que me identificaran como poeta luciferino. Tenía cierta explicación con todo aquello de los poetas franceses malditos. Tal vez fui yo el primero en hablar en estas tierras de una mujer perteneciente a ese grupo, respetada por Verlaine, llamada Marceline Desbordes-Valmore. Me encontré con una poesía creadora, dejando a un lado lo sentimental; la generación del 27. Lorca en el 20 ya cuajaba. En el 27 se celebraban los 400 años de la muerte de Góngora. Dos personajes extraordinarios: él, y un portugués llamado Gil Vicente."

La obra de literatos ajenos —por decisión o casualidad— a la tiranía del mercado editorial, circula en reducida cofradía de amigos. La financiación, casi siempre estatal, es el mayor obstáculo a vencer. Por eso no asombra que Pareja —cuatro libros publicados en un periodo de medio siglo— hable con entusiasmo de los nonatos de su Remington, traída de los Estados Unidos. Veintena de antipoemas y un S.O.S desesperado: el principito descendiendo en un globo de vilano al ignoto continente de Narragonia, título inspirado en la satírica obra de Sebastián Brant, editada en Basilea dos años después de la llegada de la tripulación del navegante genovés a las costas americanas. Pan recién salido del horno, la explicación del nombre brinda luces sobre el quehacer lírico de Pareja: en su brújula, el norte es un territorio poblado de fantasmas —Parsifal, los doce pares de Francia, Prometeo, el primer salvador de la humanidad; el rey Arturo, el Santo Grial— del que apenas tenemos noticias.

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