Regresar a la página principal      Escríbanos, sus sugerencias serán atendidas.      Lea y/o firme nuestro Libro de Visitas
Poetintos
 ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES LUIS VIDALES

Encuentro Nacional de Escritores Por: Hugo Hernán Aparicio Reyes (poetintos@gmail.com)

Calarcá, junio 21 de 2008

PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS: Relatos para un enano, de Umberto Senegal; Al son que me canten cuento, de Libaniel Marulanda, y Bajo la caparazón de la tortuga, de Óscar Zapata.

INTRODUCCIÓN

Texto enviado por Carlos Vidales, hijo de Luis Vidales, residente en Suecia, a NTC (Nos topamos con...)

En Calarcá se realiza el Primer Encuentro Nacional de Escritores "Luis Vidales" (16 al 21 de junio de 2008), dedicado a la novela breve en Colombia.

Es pertinente y oportuno que el evento se realice bajo el nombre de nuestro poeta, no solamente porque tiene lugar en su ciudad natal, sino también -y principalmente- porque Vidales fue un pionero del minirelato y la novela breve en nuestro país. Algunos de sus poemas en prosa expresan una inocultable voluntad novelística. Él mismo me confesó alguna vez sus inquietudes de poeta-narrador, en el curso de alguna de nuestras conversaciones:

"Por aquella época (antes de la publicación de Suenan Timbres) tenía yo la obsesión de escribir mis historias de modo que no fueran ni prosa ni poesía, sino un género nuevo, mestizo. No sé bien si las lecturas de Poe o las alucinaciones de Maupassant, o los tragos que me tomaba con Tejada, Rendón y de Greiff me habían desquiciado un poquito, pero el hecho es que siempre aparecía en esos relatos un personaje misterioso (un hombre de gabán, un espectro, una sombra con una dentadura horrible, una aparición indescriptible) que me robaba la sombra, me tergiversaba la perspectiva, me escamoteaba el perfil, me despojaba de mi equilibrio".

De este Primer Encuentro Nacional, lo único que considero lamentable es que nadie me haya informado con la debida anticipación, pues de otro modo yo habría hecho lo posible y lo imposible para hacerme presente ya que la ocasión bien merecía el gasto de un viaje desde la aldea de Estocolmo hasta la metrópolis de Calarcá. Ojalá que se acuerden de mí para el Segundo Encuentro y que lo realicen en este siglo, porque en el próximo no estaré disponible.

Carlos Vidales, Estocolmo, 14 de junio de 2008

A manera de epígrafe: dos de las 20 "estampillas", nombre dado por su autor, Luis Vidales Jaramillo, a los minicuentos incluidos en la edición original de Suenan timbres:

Los Espejos
Los espejos colgados en las salas son retratos de ausencias. Cuando el espejo se cae - por añicos que se vuelva- siempre cae parado, como los gatos. Ayer al mirarme al espejo quedé con la cabeza de para abajo.
¡Claro! ¡Naturalmente! Lo había cogido al revés.

El ángulo facial
Cuando me lo presentaron le dije con inquietud:
-¿Pero qué hizo usted con su ángulo facial?
La boca, la nariz, los ojos, las orejas, fuera de sitio, parecían amontonadas en su rostro.
-Señor- me dijo el hombre de boca vertical. Una vez un prestidigitador me escamoteó el ángulo.
Desde entonces sé que como los paraguas los rostros tienen una armazón. Y que la armazón de los rostros es el ángulo facial.

 PRESENTACIÓN

Le consta a nuestro amigo Manuel Gómez Sabogal que, apenas insinuado -vía telefónica- el encargo de los organizadores para presentar en este encuentro algunas obras literarias de autores calarqueños, antes de acordar detalles, ya contaba con mi aceptación efusiva. Lenguaje coloquial y jerga militar coinciden, en casos como este, en otorgar el honroso calificativo de "regalado". Qué hacer; bien lo saben Manuel y sus compañeros de comité: como localista exaltado y promotor de iniciativas ciudadanas, la encomienda que hoy cumplo me depara un deleite triple-triple: tres escritores, talentos calarqueños, tres obras suyas de reciente aparición y, lo más importante, tres amigos que merecen mi respeto y aprecio: Umberto Senegal, nombre emblemático de la literatura quindiana, con su volumen # 10 de minificción, de la colección Cuadernos Negros, Relatos para un enano; Libaniel Marulanda con su libro de cuentos, Al son que me canten cuento, que incluye su anterior producción, La luna ladra en Marcella, más una grabación en la voz de Ana Patricia Collazos, compañera musical y afectiva, con ocho de los textos editados, y Óscar Zapata Gutiérrez con su amable edición de bolsillo, Bajo la caparazón de la tortuga.

Referirme de viva voz, frente a ustedes, a sendos afectos cercanos con quienes urdimos a diario hilos de calarcariño y de afinidades estéticas, a sus momentos creativos, impresos en pulcras ediciones de manufactura quindiana, no puede ser sino, sobremanera, grato. Presenta el amigo, el colega, no el crítico; presenta el lector algo avisado, no el académico.

Puesta en claro la pulsión que guía estos párrafos, preciso su objeto y alcance. Siendo la narrativa la modalidad literaria que nos convoca y dentro de su extenso dominio, la novela breve, no están fuera de lugar, ni los trabajos que hoy presentamos, ni una referencia al cuento en sentido amplio, campo constructivo común de los tres autores, y en particular al minicuento, más cercano a Umberto y a Óscar. Deseo delinear un contexto mínimo para ubicar el trabajo de nuestros coterráneos, apoyado en el trabajo de Nana Rodríguez Romero, Elementos para una teoría del minicuento y el cuaderno # 9 de la colección Cuadernos Negros, El boom de la minificción, textos de Lauro Zabala. Circunstancia adicional de relieve, es el aporte, considerado por los investigadores como fundacional, de Luis Vidales Jaramillo, cuya memoria preside nuestro encuentro, a la afirmación de este género que se proyecta con vigor en la oferta literaria contemporánea.

La urgencia narrativa es consustancial al pensamiento. Es imposible concebir la evolución de procesos mentales individuales y de convivencia grupal, sustrayendo la relación del homo primitivus con sus experiencias cotidianas, la necesidad de memorizarlas, compartirlas, recrearlas, filtradas y enriquecidas a través de la confrontación con el enigma permanente que aún representan el mundo y el universo. Bien pudo ese individuo expresarse antes de la oralidad o de la escritura, en imágenes rupestres como la caza del bisonte de Altamira, u otras, halladas en diversos yacimientos arqueológicos, remotos entre sí. ¿Qué ocurrió primero? ¿Cuál fue el orden cronológico, la secuencia o concurrencia de, pensamiento, lenguaje oral, escritura, melodía, y pintura? No existe respuesta concluyente.

Quedan sí legados documentales que demuestran cómo todas las civilizaciones, en cierto grado de desarrollo, encontraron en el relato, una eficaz modalidad de comunicación, un instrumento para integrar, para construir y preservar identidad colectiva; y más tarde, un objeto estético autónomo.

"Ahora me dejo llevar por el torrente de la palabra escrita. ¿No creerás que las vivencias se vayan cristalizando en las imágenes? ¿O pensarás que después de la metamorfosis viene la palabra escrita? Sí. Viene el poema, o la prosa... por culpa de la tiranía de la memoria."
(de Oscar Zapata, fragmento "De mis mensajes a Juliana", Bajo la caparazón de la tortuga, página 1)

En algún momento, música, poesía y relato fueron unidad sintética de tradiciones orales fragmentadas, centenarias, milenarias quizás, luego plasmadas en escritos. Más adelante, sometidas a la destilación del tiempo, las obras míticas se descompusieron en sus factores y se transformaron en las versiones que a nosotros han llegado. Alude Senegal a esta raigambre histórica en su minirelato, El escritor:

"Cuando pasaba por allí dejaba alguna notica para animarlos, para que supieran que vino y no lo reconocieron. El Tao Te King. El Gita. La Biblia. El Corán. El Zendavesta. El Tarot. El Ramayana. El I Ching o las Mil y una noches. Dios no tenía tiempo para escribir textos largos y era tímido para hablar de sí mismo. "Alguien encontrará y leerá estas boletitas", pensaba y seguía de largo hacia la nada."
(Relatos para un enano, Página 32)

Valen los antecedentes monumentales citados por Umberto, para recordar: la forma narrativa se arraiga en la génesis humana; poesía, en sentido artístico literario y musical, al igual que fantasía y realismo, están presentes en el relato desde sus orígenes; el relato corto en sus diferentes formas y propósitos, confluyó en la narración extensa.

No es del caso abordar en extenso la historia evolutiva del relato literario. Un salto sobre el letargo que significó el casto cinturón de la Edad Media, lapso secular durante el cual el poema y el teatro fueron preferidos por los escritores. No obstante, la adaptación de cuentos orientales escritos en latín en el siglo XII por Pedro Alfonso, basados en Calila e Dimna, serie textual de origen índico, persa y sirio que pasó por la literatura árabe y de ahí a España; también con raíces orientales, en el siglo XIII, Los castigos e documentos del rey Don Sancho, quizás la primera obra cuentística neta, aunque con un contenido moralizador; o joyas como El conde Lucanor y otros cuentos medievales, escritos por el infante Don Juan Manuel hacia el siglo XVI, son claros precursores, en cuanto a la órbita hispánica, de una posterior explosión narrativa.

Breve escala en el Decamerón, obra que inicia la novela moderna. Bocaccio, su autor, padre legítimo de este género, rompió con el verso como técnica de relato ante la necesidad de un realismo abierto, capaz de acometer nuevas formas de humor, erotismo, o aventura. Con un esquema semejante a Las mil y una noches, construyó una sucesión de relatos cortos con intensión renovadora. Resalta en cada paso evolutivo de la narración, la evidente influencia de las culturas y tradiciones orientales. No existe otro campo en el cual se perciban con mayor claridad los lazos engañosamente débiles que nos atan con las antípodas geográficas.

Otro salto gigante y arbitrario hasta el inicio del siglo XIX, con Gutemberg y su revolucionaria imprenta de por medio. La aparición y auge de publicaciones periódicas: diarios, semanarios y demás parentela, auspiciaron el desarrollo de una nueva forma de narrar. La imposibilidad de incluir en estos impresos textos de longitud mayor, forzaron a los autores a proponer narraciones breves de alto contenido emotivo, coincidentes con el propósito comercial de las ediciones. El cuento entonces, ganó espacios pre-apropiados por la novela entre los siglos XIV y XVI, fruto del racionalismo, la ilustración y la enciclopedia, por cuenta también de la popularización de la imprenta, en el mundo de occidente. De la novela, el cuento asimiló estructuras y temas, especialmente su tendencia al realismo, abreviando tiempos, espacios, personajes, y acentuando intensidad.

A pesar de que el género cuentístico se originó en Europa, donde alcanzó gran auge, América contó con cultores importantes: Edgar Allan Poe (1809 - 1849), fundador del cuento corto moderno. Junto con Chejov y Maupassant, considerados los tres maestros del cuento moderno. Nathaniel Hawthorne (1804 - 1864), autor de relatos breves con conciencia de novedad en los cuales el realismo no aparece con la intensidad acostumbrada; donde lo sobrenatural, lo fantasmal, hacen presencia.

Stevenson, Kipling, K. Mansfield, Lawrence, Virginia Wolf, autores ingleses ajustados a la técnica novelesca que marcaron una época. Chesterton (1874 - 1936), creador de cuentos cortos que contienen las actuales características del minicuento. Andersen, popular autor de cuentos infantiles clásicos, incursionó también con éxito en el cuento corto.

Una aclaración necesaria: las alusiones nominales en cuanto a obras y autores aquí citados son referencias subjetivas, desde luego sustentadas en opiniones diversas, no excluyentes. El catálogo literario orbital es de tal dimensión que cualquier intento de unanimidad en cuanto a la importancia de uno u otro género, corriente, escuela, autor u obra, es vano.

"Soportaría el paso del tren todas las noches, cerca de mi alcoba, con su traqueteo sobre el pasillo. Nada diría porque me atraen los trenes desde cuando viajé en el que describe Juan José Arreola. Neruda me confesó, cierta vez cuando lo visité en Isla Negra, que para él no había en el mundo nada más triste que un tren inmóvil bajo la lluvia.

Nada contra ellos pero no soporto al que me despierta por las noches, cuyos pasajeros son algunos de los escritores que admiro: Kafka, Borges, Cortázar, Senegal... Decenas de ellos en la fila de vagones mal iluminados. Lo insoportable a tales horas de la noche, es el momento cuando los personajes de sus libros desplazan de las ventanillas a los escritores y me sonríen como si fuéramos amigos."
De Umberto Senegal, Narraciones para un enano, Expreso de media noche, página 24

Si la lista que propone Senegal se nutriera con otros autores de cuento moderno, no incluidos por él, su minirelato rebasaría las cotas de la minificción y la sucesión de escritores con sus personajes requeriría del tren bala: Mark Twain, S. Crane, E. Hemingway, William Faulkner, Isaac Asimov y Raymond Carver, entre los norteamericanos. Fernán Caballero, Leopoldo Alas (Clarín), Juan Valera, Emilia Pardo, españoles; Borges, quien en compañía de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy publicaron a mediados del siglo anterior una famosa Antología de literatura fantástica, Julio Cortázar con su propuesta cercana al surrealismo, Horacio Quiroga, autor del decálogo del narrador, Mario Benedetti, Clarise Lispector, Gabriel García Márquez, Onetti y Rulfo, en Hispanoamérica. En Colombia, además del Nóbel, Carrasquilla, en cuento costumbrista, Efe Gómez, Óscar Collazos, Eduardo Cote, Rafael Humberto Moreno Durán, Álvarez Gardeazábal, Manuel Mejía Vallejo, son cuentistas destacados. Finalmente, en la comarca, contamos con la producción narrativa en el género de cuento, de Eduardo Arias Suárez, Jesús Rincón y Serna, Antonio Cardona J., Humberto Jaramillo Ángel, Adel López Gómez, Jesús Arango Cano, César Hincapié, Gastón Vega, Orlando Montoya, Libaniel Marulanda, Umberto Senegal, Gustavo Rubio, José Nodier Solórzano, entre otros.

La minificción se inició en Hispanoamérica en la primera mitad del siglo XX con los textos de Julio Torri en Méjico y Macedonio Fernández en Argentina, en la década de 1910. Posteriormente, Alfonso Reyes y Juan José Arreola en Méjico, Oliverio Girondo en Argentina, Cristina Peri-Rosi en Uruguay. En Colombia, Luis Vidales y Jorge Zalamea.

Otros nombres vinculados a la minificción: Mario Benedetti, Otto Raúl González, Edmundo Valadés y en la minificción posmoderna, Luis Britto García, Guillermo Samperio, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges. En la modalidad de novelas formadas por minificciones integradas, Luis Rafael Sánchez Arreola (La Feria), Nellie Campobello (Cartucho), Luis Humberto Crosthwaite, y en escritura serial, Felipe Garrido, Augusto Monterroso, Eduardo Galeano y Ana María Shua.

En minicuento Colombiano y quindiano, el propio Luis Vidales Jaramillo, Jaime Lopera Gutiérrez, Senegal, Harold Kremer, Guillermo Bustamante, Javier Tafur, José Raúl Jaramillo, Alfonso Osorio Carvajal, Óscar Zapata... faltando datos de otros municipios.

Lauro Zabala, el académico, investigador y escritor mejicano, autoridad internacional en minificción propone un rango entre 2.000 y 10.000 palabras para el cuento moderno. La minificción, el género más reciente de la historia de la literatura, según el mismo Zabala, es la pieza de escritura experimental cuya extensión no supera una página impresa, es decir que tiene menos de 250 palabras.

Tendrán ustedes que excusar esta fatigosa parábola de conceptos y nombres. La estimo necesaria, no sólo para comprender los trabajos que presento y sus autores, en su dimensión y contexto, en especial los minicuentos de Senegal y Zapata, sino para dejar claro que los géneros del cuento y de la minificción, son tan respetables y exigentes como cualquier otro. Por desgracia no faltan los obstinados que desdeñan los textos cortos aplicando una torpe ponderación matemática. ¡Sugieren una relación proporcional directa entre números de palabras, líneas o páginas, y niveles de calidad o mérito artístico!

El cuento moderno latinoamericano y la minificción, actualmente en dinámico desarrollo dentro de la misma región continental, además de aquellos que exigen los esquemas vigentes, comparten elementos y tratamientos de los mismos, renovadores. Ironía, humor, lúdica, intertextualidad, son algunos. No obstante, si se trata de destacar un factor de especial novedad en el producto narrativo, habría que destacar la interactividad que los textos breves le plantean al lector. El minicuento, no resuelve las historias. Su reducido campo textual, en forma por demás intencional, realiza trazos no muy bien definidos y reta a quien accede a él, a cerrar el círculo, a completar o finalizar el relato, que en la mayoría de los casos tiene innumerables opciones de resolución. El minicuento interroga más que resuelve, insinúa más que afirma, complica, más que soluciona. Los textos que hoy proponen nuestros admirados escritores, cumplen a cabalidad estos cánones.

LOS AUTORES Y SUS OBRAS

LOS GUAYACANES (De Relatos para un enano, página 10)

La muerte llegó sin utilizar la puertecilla del jardín, por donde el poeta entraba en su casa a invitados especiales. Eligió la ventana de la biblioteca. Los árboles eran la vida del escritor.
-Bueno... -dijo la muerte-.
-¡Bueno! -respondió el poeta- pero antes permítame despedirme de mis guayacanes.
-¿Guayacanes? -preguntó la muerte y acompañó al poeta hasta el jardín, donde tres frondosos guayacanes, cargados de flores amarillas eran la fiesta de aquel lugar.
-Son lo único que extrañaré -admitió el poeta - y agregó, señalándolos:
-¿Habrá algo parecido allí?
Varias flores cayeron sobre la muerte.
-Creo que no -respondió ella con desconsuelo- ¡Son hermosos! Nunca me los mostraron.
El suelo estaba tapizado de flores y cada instante, descendiendo en espiral, caían más a su lado, llevándolas el viento.
-¿Verdad que sí?... Y además de esto espera a que se llenen de aves -advirtió el poeta-.
Entonces la muerte, ya sin prisa, lo invitó a sentarse bajo uno de ellos.

La presencia literaria de Humberto Senegal en sus natales Quindío y Calarcá, cumple casi cuatro décadas. En su adolescencia, nutrida por la cosmopolita biblioteca paterna, produjo incontables artículos de prensa publicados por diarios regionales y nacionales. A mediados de los años 70, su libro de relatos, Desventurados los mansos agitó las aguas quietas de la narrativa lugareña. A partir de entonces, todo un universo de lecturas literarias y filosóficas, orientales y occidentales, señalaron su rumbo intelectual. Ensayo, poesía, cuento y minicuento, han sido los géneros preferidos en sus caminos de producción prolífica.

Además del citado libro de relatos, ha publicado, Pundarika, libro de poesía Zen, Ventanas al nirvana, Antología latinoamericana del Haikú (como coautor), cuadernos de poesía: Dejé las flores en el sueño (1994), libros de minicuento: El camino del loco (2003), Cuentos atómicos (2005), Microrelatos (2006, compartido con José Raúl Jaramillo Restrepo), Minicuentos y Haykuentos (2006), estos dos últimos compartidos con Javier Tafur González. En la revista Termita y, luego, en su similar Canora, durante la década de los años 80 y 90, promovió como pionero el minirelato o minicuento. Tiene varios libros inéditos de minificción y antologías del género. Figura en la Antología del cuento corto colombiano de Guillermo Bustamante y Harold Kremer. Nana Rodríguez Romero incluye uno de sus minicuentos en el libro, Elementos para una teoría del minicuento. Reinaldo Arenas, el atribulado escritor cubano con quien sostuvo una prolongada amistad epistolar, publicó textos de Senegal. Como escritor de Haykú, ha sido traducido a 12 idiomas. Trabajos suyos en prosa y verso se han publicado en revistas de Norteamérica, Europa y Asia.

En la actualidad coordina con Leidy Bernal, el Centro de investigación y difusión del minicuento, Lauro Zabala. Con Relatos para un enano, la colección editorial Cuadernos Negros llega a 23 títulos publicados. Esta serie, asesorada por Senegal, producto y realización de Leidy, viene desarrollado una importante labor de difusión literaria, con énfasis en minicuento y en autores locales o regionales.

Al margen cometo una infidencia: la revista Cambio, ha considerado de interés nacional este trabajo editorial y en su próxima edición dedicará un espacio para reseñarla como labor ejemplar de nuestra joven calarqueña para el país.

Rasgos a destacar en la personalidad humana y literaria de Humberto Senegal: coherencia, con sus convicciones filosóficas y estéticas; universalidad, obtenida en un trasiego incansable, profundo, por los textos literarios y de pensamiento de todas las latitudes; generosidad, que se expresa en el magisterio permanente a través de décadas, no solo desde el aula de clase, escenario de labor cotidiana, sino en el diálogo e interacción con lectores y escritores, noveles y avanzados; erudición y criterio, abiertos para quien quiera apreciarlos y nutrirse de ellos. Ninguna más opuesta a una mente calculadora o especulativa, que la de Senegal. Versatilidad: Senegal es un polígrafo en la comprensión contemporánea del término. Con igual solvencia asume el ensayo académico, el artículo de prensa, la crítica literaria, el texto narrativo de ficción, la poesía; y todo ello con una respuesta contundente a niveles conceptuales y estéticos exigentes. Modestia intelectual: nuestro escritor trabaja mucho más de lo que figura; no busca ni ambiciona la fama o el reconocimiento. Persistencia en la labor editorial: desde su juventud, ha sido promotor, fundador y productor de una serie de publicaciones periódicas comprometidas con la divulgación literaria, además de sus propios libros. Respeto y aprecio por el trabajo ajeno... que le han valido despiadadas puyas. Al decir de sus críticos, Senegal prologa todo lo que se mueva.

En los Relatos para un enano, sus principios ideológicos y estéticos están vigentes; son 38 relatos de estructura mínima, lenguaje icástico y variada textura, que se ajustan al rango propuesto por Zabala, como de minificción. Es nítido en ellos un rótulo ficcional, una línea narrativa ajena a la anécdota plana, o a la truculencia que alucina incautos. Senegal tiende puentes oníricos que esquivan la obviedad, lo cotidiano, para conducir al lector a inusuales planos de comprensión. Nada de historias recicladas, de desenlaces previsibles, de personajes inanes. Son narraciones sin intención diferente a la estricta literaria; Senegal no utiliza sus relatos, no moraliza con ellos, no enseña ni politiza, no los hace instrumento de nada y en ese sentido, se acerca a la esencia Zen tal como él la concibe. Es recurrente su alusión al vampirismo, a la necrofilia, en estos relatos misteriosos, algunos de ellos de trazo surrealista, donde todo es posible: árboles que levantan vuelo, Luzbel cliente de un prostíbulo...

NAVIDAD EN EISLEBEN (Al son que me canten cuento, páginas 13-14)

Fragmento

El pensamiento de Fritz abandona el teatro de los hechos, circundado por la nieve, los soldados soviéticos y el registro del estuche de su acordeón italiano, Bussilachio. Como a bordo de un carrusel, sus recuerdos giran y se alternan entre su patria, el final de los años treinta, sus quehaceres militares, su rápido ascenso a sargento-saxofonista de la banda sinfónica de Leipzig, en el ejército del Tercer Reich, así como sus enrevesados amores con una violinista de ascendencia colombiana, quien, pasado el fervor inicial del matrimonio, aprovecha cualquier asomo de desavenencia conyugal para enrostrarle su pasado nazi, su falta de ambiciones sociales, la vergüenza de ese oscuro capítulo paterno que gravita sobre sus dos hijas, violinistas también, de la Orquesta Sinfónica de Colombia; su recurrente pobreza de inmigrante, el ridículo salario de profesor de música de un colegio de provincia, su humilde condición de habitante de un barrio popular, e incluso la posesión de un destartalado Ford 38 que sus alumnos de último año de secundaria le esconden, en un cotidiano ritual de bromas e irrespeto.

El soldado ha extraído el enorme acordeón, de lustroso color negro, 120 bajos y quince registros. Fritz advierte la admiración del sargento por su calidad y belleza. La persistente contemplación de este por el costoso Bussilachio constituye un mensaje claro y rotundo: sus bártulos y el infatigable instrumento, luego de la ejecución, pertenecerán al militar que intercambia unas inaudibles palabras con el subalterno.

El pensamiento de Fritz de nuevo se aleja, como huyendo de su propio miedo ante la inminencia de lo que intuye que vendrá tras la detención y la lenta requisa. No le han exigido documentos de identidad. Como militar que ha sido, y aunque nunca empuñó cosa distinta a un saxofón, un violín, o disparó algo que no fueran notas en el piano o en el acordeón, dada su lamentable condición de prisionero de la patrulla del Ejército Soviético, sabe que traspasar las alambradas que dividen las dos Alemanias tiene el supremo costo del fusilamiento.

MAÑANA SE SABRÁ (Al son que me canten cuento, página 18)

Fragmento

Por boca de ninguno de nosotros, incluido Rodrigo Manzano, ni mañana ni nunca, el pueblo ni nadie, sabrá que así como nunca pudiste abandonar el cigarrillo tampoco tuviste las agallas para hacer tú mismo lo que tenías que hacer, no solo con tu perro viejo y sarnoso, sino contigo mismo. Ni mañana ni nunca se sabrá que nos emborrachamos como tantas veces y entre tango y son cubano, entre aguardiente va y aguardiente viene, llorando nos dijiste que no eras capaz, que no habías sido capaz, que eras un cobarde, que nos hiciéramos cargo del perro y que cumpliéramos la promesa, que todo estaba dispuesto, que dijéramos que eran ellos y que la sangre en el piso era el resultado de intentar oponerte a sus propósitos.

Por boca nuestra nunca se sabrá que Rodrigo sabía que el perro ya había sido enterrado en el patio, que a él le tocaba sumir el rol de testigo de visu del arrojamiento de un bulto al río.

Libaniel Marulanda Velásquez pertenece a la generación de calarqueños nacidos a mediados del siglo XX; estudiante díscolo, periodista y músico autodidacta, todero y tanguero desde sus años de colegio; funcionario público jubilado; residente, por cerca de treinta años en la jungla urbana de Bogotá, también en Armenia, siempre preservando el contacto con la villa natal, donde ha desarrollado parte de su actividad artística. El vértice creativo de Libaniel es bipolar entre música y literatura. Su propuesta narrativa se enreda en el pentagrama desde el título hasta la contracarátula. Varios de sus escenarios reales e imaginados se relacionan con el submundo, para algunos mágico; sórdido y espeso para otros, del espectáculo. En la actualidad reside en el departamento del Huila, cerca a su capital Neiva. Allí ha encontrado apoyo su compañera afectiva y artista musical, Patricia Collazos, para desarrollar proyectos culturales.

La primera narración escrita de Libaniel data de comienzos de la década de 1980 cuando decide enviar un cuento suyo a un concurso nacional del sector oficial. En esa ocasión obtuvo el tercer lugar, equivalente en la práctica al primero, ya que los dos primeros fueron declarados desiertos. Ese éxito momentáneo lo impulsó a perseverar en el oficio de narrador. En este, han contribuido también su experiencia laboral en el ministerio público y otras dependencias oficiales, sus lecturas políticas que lo indujeron a la actividad proselitista de izquierda y la experiencia acumulada en el periodismo formal y alternativo desde edad temprana. Colaboraciones suyas han sido publicadas en diarios de circulación nacional: El Espectador, La República; regionales, como La Patria de Manizales, Diario del Quindío, La Crónica, y en varias revistas. Sus relatos abordan la experiencia cotidiana de la cual, tal como lo expresa, puede extraerse material tan deslumbrante como en la más audaz de las ficciones. Su mítico Marselia, más que la suma geográfica de Armenia y Calarcá, más que la sopa de letras de sus nombres, es el mundo donde discurre gran parte de su construcción narrativa. Acumula cuatro primeros premios nacionales de cuento y varios más de segundos y terceros, referenciados por la crítica en los libros, Breve historia de la literatura del Quindío, Primer concurso de cuento innovador, Cátedra de la quindianidad - tomo 1, La narrativa del Quindío y Didáctica de la narrativa quindiana. Fundador y director de exitosas agrupaciones musicales como "Los muchachos de antes" y productor de dos discos compactos.

Con el apoyo del Fondo Mixto de Cultura y la Dirección de Cultura del Quindío, Libaniel reúne en un tomo de excelente elaboración editorial, su producción de cuentos. Son 188 páginas que albergan un total de 39 narraciones de extensión variable y estructura impecable, de cuya calidad da fe la extensa y excelsa nómina de jurados que las han juzgado.

Transita nuestro artista en estos textos, por un filo cortopunzante entre la Colombia violenta de mediados del siglo anterior y la actual, cruzada por fenómenos tan complejos como el narcotráfico con todas sus secuelas. Personajes, melodías, ritmos, y escenarios tan disímiles como un puesto fronterizo controlado por los rusos entre las fracciones de la rota Alemania de la post-guerra; un grupo de amigos que aplican la eutanasia a uno de ellos; una tropa de teatreros expulsados de un pueblo por el título de la obra que aspiraban a representar; el cantante del despecho, Edwin Splinder Jaramillo quien apenas obtuvo una mención secundaria en el concurso de sus émulos; la tragedia del 7 de agosto de 1956 en Cali, oculta por el tiempo y por intereses nunca establecidos; Tirofijo en líos con la cremallera de la bragueta, supuesto motivo de la silla vacía en el Caguán; un político no tan anónimo de Marsella encadenado a sus delitos...

CINTA DE MOEBIUS

(Bajo la caparazón de la tortuga, página 7)

Se deslizó confundiendo la cinta de Moebius con un formidable tobogán. Quedó aprisionada en un éxtasis del que no la han podido rescatar pese a los esfuerzos de su familia.

POETA ZEN (Página 15)

Devastador, masacró un Haiku sobre la luna con sólo tres versos y un certero impacto de cinco, siete y cinco sílabas disparadas en ráfaga.

MIS TRES SUEÑOS (Página 28)

Soñé con aprender a leer de corrido primero, a escribir de corrido después y por último a hablar de corrido. Hoy, vivo de corrido.

El enigma que plantea el título, Bajo la caparazón de la tortuga, se resuelve tras persistentes preguntas de sus lectores: un amor exacerbado, no correspondido, cuyo protagonista era un compañero universitario de Óscar, ocasionó el hurto fetichista de una sombrilla. A partir de esa travesura de enamorado, Zapata quiso escribir una narración extensa, una novela quizás, cuyo título sería "El paraguas de Cecilia" que recrearía el ambiente universitario, por suerte no vacunado aún contra el sarampión zurdo. En algún recodo mental, ese paraguas se convirtió más tarde en una carpa de circo y por más rara asociación, en el cartílago de una pequeña tortuga con dimensión de galápago; caparazón bajo la cual, se protege un cuerpo frágil. Quizás aluda ahora, esfumadas Cecilia y el paraguas, a esa cubierta endurecida, que el trasiego por la existencia va dejándonos.

Óscar Zapata, el ex-juez de la República, ex-gerente de las empresas públicas locales, ex-alcalde municipal, en uso de buen retiro, sólo reivindica su condición esencial de diletante, de alegre gocetas existencial, de plácido observador de la comedia humana, desde la atalaya privilegiada del tiempo, distante del bien y del mal. Con sensible olfato caza-personajes y caza-episodios, mide el discurrir del mundo a partir de la localidad. En sus libretas de apuntes, con caligrafía impecable y destino incierto, consigna los resultados de su constante pesquisa. De ellas nacieron las columnas de prensa, y se originan ahora los artículos para calarca.net, cuyo nombre, Detrás de cámaras, describe bien la actitud de su autor. Lector impenitente que igual dialoga con Joyce, indaga a Saramago, dialoga con Osho y devora La Pulga en la Oreja o Poetintos, cuando a su editor le da la real gana de entregarlo, practica la amistad con similar aplicación. Artista del pincel, del violín y del volante, vira en cualquier momento hacia destinos inéditos sin el preaviso de luces direccionales ni el auxilio a destiempo del espejo retrovisor.

Celebro y presento, complacido, al igual que en reciente ocasión, la satisfacción del escritor y la alegría de sus innumerables amigos y lectores ante la aparición pública de sus minificciones, en edición de libro de bolsillo, con 40 píldoras de narrativa y reflexión esenciales.

Cita de Poetintos # 53

Comparto con ustedes, a manera de cierre, un episodio relacionado con este Ejercicio Literario de Óscar, incluido en la edición:

Acérquese a una librería y compre un libro. Sin leerlo, abandónelo al arbitrio de las polillas. No mantenga viva la curiosidad por saber qué va a suceder durante los veinte años siguientes. Al límite del cumplimiento del plazo, observe con cuidado las fisuras, surcos, oquedades y descubra los rasgos de esta críptica caligrafía animal. No lea el libro sino los caprichosos trazos del depredador de papel. Intente una historia breve sobre los resultados de la experiencia.

Apenas circulando los primeros ejemplares, Raúl Echeverri Molina, copartícipe del entusiasmo del autor, encontró en su multitemática biblioteca, un poemario de Juan Aurelio García, con la edad calculada en el texto transcrito. Al abrirlo, halló "las fisuras, surcos, oquedades... los rasgos de esta críptica caligrafía animal" que en misterioso juego con los versos del poeta, nos han dado, al autor de "la caparazón..." y a sus cómplices lúdicos, un gozo memorable.

EPÍLOGO

Es fácil concluir que la presentación de tres publicaciones fue un pretexto - ustedes deciden si justo o nó- para exaltar el trabajo intelectual de tres calarqueños; por su intermedio el de todos quienes ponen a prueba sus potencias espirituales con propósito creativo; así mismo, para manifestar mi afecto y apego visceral por esta tierra de fábula. Gracias.

 POETINTOS ANTERIORES
Olgalucía Jordán
Volumen 2, Nº 53 1-may-08
Volumen 2, Nº 52 1-abr-08
Adiós a un grandote
Volumen 1, Nº 51 15-may-07
Volumen 1, Nº 50 1-may-07
Volumen 1, Nº 49 15-abr-07
Protagonista: La Arepa
Volumen 1, Nº 48 1-abr-07
Volumen 1, Nº 47 15-mar-07
Volumen 1, Nº 46 1-mar-07
Volumen 1, Nº 45 15-feb-07
Volumen 1, Nº 44 1-feb-07
Volumen 1, Nº 43 15-ene-07
Volumen 1, Nº 42 1-ene-07
Volumen 1, Nº 41 15-dic-06
Dachiagore Drúa
Volumen 1, Nº 40 1-dic-06
Volumen 1, Nº 39 15-nov-06
Volumen 1, Nº 38 1-nov-06
Volumen 1, Nº 37 15-oct-06
Volumen 1, Nº 36 1-oct-06
Volumen 1, Nº 35 15-sep-06
Volumen 1, Nº 34 1-sep-06
Volumen 1, Nº 33 15-ago-06
Volumen 1, Nº 32 1-ago-06
Volumen 1, Nº 31 15-jul-06
Volumen 1, Nº 30 1-jul-06
Volumen 1, Nº 29 15-jun-06
Volumen 1, Nº 28 1-jun-06
Volumen 1, Nº 27 15-may-06
Volumen 1, Nº 26 1-may-06
Volumen 1, Nº 25 15-abr-06
Volumen 1, Nº 24 1-abr-06
Volumen 1, Nº 23 15-mar-06
Volumen 1, Nº 22 1-mar-06
Volumen 1, Nº 21 15-feb-06
Volumen 1, Nº 20 1-feb-06
Volumen 1, Nº 19 15-ene-06
Volumen 1, Nº 18 1-ene-06
Volumen 1, Nº 17 15-dic-05
Volumen 1, Nº 16 1-dic-05
Volumen 1, Nº 15 15-nov-05
Volumen 1, Nº 14 1-nov-05
Volumen 1, Nº 13 15-oct-05
Volumen 1, Nº 12 15-sep-05
Volumen 1, Nº 11 1-sep-05
Volumen 1, Nº 10 15-ago-05
Volumen 1, Nº 9 1-ago-05
Volumen 1, Nº 8 15-jul-05
Volumen 1, Nº 7 1-jul-05
Volumen 1, Nº 6 15-jun-05
Volumen 1, Nº 5 1-jun-05
Volumen 1, Nº 4 15-may-05
Volumen 1, Nº 3 1-may-05
Volumen 1, Nº 2 15-abr-05
Volumen 1, Nº 1 1-abr-05
 

Regresar a la página principal      Escríbanos su comentario.      Lea y/o firme el Libro de Visitas
 
IMÁGENES CALARQUEÑAS
Nuevas Imágenes
"YIPAO 2007"
Yipao 2007
ALUMBRADO 2006
Alumbrado Calarqueño
MONUMENTO AL CACIQUE
Agrandar imagen.

Ubicado en el Barrio La Huerta. Postal calarqueña, regalo a nuestros visitantes. ¿Saben quién es su autor? Esperamos sus respuestas.