El sol irrumpió con cara de domingo por la puerta recién abierta de mi habitación de huésped
casual, en el nivel superior. Lo precedió al alba un coro de aves que competía -en desventaja
abrumadora-, con los parlantes de la vecina cumpleañera, despechados victimarios de nuestro
sueño. Un vistazo desde el vano, al valle que se extiende al oeste, más allá del río Cauca.
"El Solar", es el nombre de la propiedad, adosado sobre el dintel central del cerramiento
en muro, malla eslabonada y setos vivos; privacidad suficiente para el conjunto interior de
edificaciones y zonas verdes. Al ingreso, al fondo, el ladrillo a la vista y la teja de arcilla
de la casa principal, soportados su alero y la cubierta del antiguo garaje -ahora acogedor
estudio- por maderos de contornos retorcidos y eróticas oquedades. Frente a esta, los materos
de barro, el prado-jardín separador de áreas, la fronda del mamoncillo en cosecha, el viejo
chirimoyo, y la enramada de teja termo-acústica sobre estructura metálica, dotada para eventos
múltiples con mobiliario, cocina, y servicios sanitarios. En el costado norte, la piscina en
forma de oreja (sigla o mote con el cual se conoce al propietario, Orlando Restrepo
Jaramillo) y dos sólidos bloques en ángulo recto con apartamentos en el piso superior, gimnasio
y salón de juegos en el primer nivel. Sobriedad, buen gusto, equilibrada disposición de espacios
para el disfrute familiar y de los visitantes. Detrás, el cobertizo de herramientas, la pesebrera,
y los potreros donde pacían cuatro toros de raza. Con sigilo inútil abrí el portón exterior
y gané la calle.
Zaragoza -histórico corregimiento de Cartago- dormitaba aún, con excepción de la cafetería
de la esquina del parque, cuatro cuadras al oriente, a borde de la carretera central del Valle,
surtida ya de buñuelos, arepas, y pan fresco. Sin el habitual fragor de la vía fue fácil llegar
al centro urbano de la cabecera municipal, distante pocos kilómetros, y hallar las ventas callejeras
de gafas deportivas y de otros usos, a la espera, muy temprano, de motociclistas madrugadores,
y présbites despistados como yo, clientes obligados de su mercancía. Adquirí allí mis "para
leer" que ahora reemplazan las extraviadas en el trayecto Calarcá-Cartago.
Tras breve caminata de forastero curioso y una hojeada a la prensa dominical, en el solaz
de una banca de parque central, reconstruí mis pasos del día anterior: la dificultad para abordar
el transporte en Armenia, la compañera de silla empeñada en conversar, yo en leer, el encuentro
con Bibi y Senegal, mis invitantes, llegados más temprano, en el centro del poblado; el firmamento
vespertino, iris diluido en extraño verde mar, y las gratas horas transcurridas hasta la medianoche,
en compañía de los cálidos anfitriones. Orlando, abogado, titular de una notaría local, de
confeso origen rural, ganadero aficionado, poeta –por esa vena literaria, amigo de Umberto-,
melómano; Gladys Bejarano, gestora y realizadora de "Crearte", establecimiento que
fusiona pedagogía en artes y manualidades, elaboración y mercadeo de productos, e investigación
creativa en la misma línea. Gozosos padres de dos varones y una dama, profesionales; ella,
compañera de tareas del proyecto materno. Varios rasgos individuales y empeños familiares llamaron
mi atención.
Una lámina
sintética, liviana, de textura agamuzada y variado surtido de colores, comercialmente
conocida como fomi, útil para confección de apliques decorativos, mereció capítulo
aparte en el emotivo relato que Gladys nos hizo de sus avatares de empresaria. Entretanto,
su marido, en misión notarial, asistía a un matrimonio. Hasta hace pocos años, la forma de
uso del fomi, para dar la impresión de alto relieve, era superponer varios cortes
del mismo molde, suprimiendo pequeños rebordes en cada capa. A distancia, la figura lograba
cierta apariencia tridimensional que satisfacía al elaborador y a los clientes. No obstante,
en cierto momento, la curiosidad de la creadora tuvo un luminoso toque de intuición, mientras
cumplía con su papel simultáneo de ama de casa, que varió por completo el concepto de empleo
del material. En algún apuro de cocina, la sartén con aceite caliente en una mano, en la otra,
un retal de fomi, puso los dos materiales en contacto y obtuvo una reacción sugestiva:
los bordes del corte se contrajeron dando una forma semiesférica, abombada, que disparó su
imaginación. Aquella noche, los ensayos de aplicación de calor para lograr diversas formas,
anularon el reposo. El producto final de la vigilia y de varios días de pruebas, fue una técnica
precisa, no sólo de modelado de volúmenes; también de acabado de estos con tinturas de excelentes
especificaciones.
Tan apasionante como los hallazgos, fue el proceso de darlos a conocer a los mismos fabricantes
del producto con sus equipos de diseñadores y promotores -quienes no salían del asombro-,
y a los consumidores intermedios, a través de publicaciones especializadas, de innumerables
exposiciones y seminarios dictados, y de programas de televisión de cubrimiento nacional. La
utilidad económica de la protagonista fue mínima respecto a aquella que aún continúan percibiendo
otros beneficiarios del circuito industrial-comercial. Más importante que el dinero, ha sido
para ella divulgar las nuevas posibilidades abiertas por cuenta de su ingenio.
Sorprende el sentido social que Gladys imprime a su labor en Crearte. Contraria a la intención
de lucro que comúnmente prevalece, desde luego legítima, ella considera que su primer objetivo
es generar opciones reales para quien desee aprender y explotar un arte u oficio; el segundo,
garantizar la sostenibilidad y continuidad de la empresa en la promoción de labor creativa.
Coherente con ello, por ejemplo, da a los aprendices toda clase de facilidades, de asesoría,
para que puedan ofrecer sus productos en forma atractiva en cuanto a calidad y precio a consumidores
y comerciantes, en la vitrina permanente de la institución, con márgenes remunerativos. En
reconocimiento a estos principios y realizaciones, el gobierno nacional ejecutará a través
de Crearte, proyectos de inserción laboral para población vulnerable.
Con el apoyo de esposo e hijos, respaldo traducido, entre otros hechos, en la compra y adecuación
de una nueva y cómoda sede en el corazón urbano de Cartago, Gladys y su equipo se exigen para
consolidar a Crearte como institución líder regional en su campo de actividad.
Al regreso de Orlando, acomodados en las poltronas del estudio, hechas con centenarias traviesas
del ferrocarril, el goce de la tertulia literaria-musical, rociada de Carta Vieja tinto
y Casillero del Diablo. Senegal resultó experto conocedor del repertorio de las baladas
años sesentas y setentas, grabadas por un aventajado émulo local, luego de curiosidades rítmicas
africanas y precediendo un concierto flamenco del prodigio gutural de "El Cigala" con
el piano mágico de "Bebo", el cubano, y el femenino mensaje de Diana Navarro...
Luego de la excursión mañanera, el retorno a "El Solar" a tiempo para disfrutar
con todos un desayuno hogareño; luego, el city tour de las dos parejas y este non, por el Cartago
de contrastes arquitectónicos y sociales, incluidas las nuevas instalaciones -de momento en
adaptación- de Crearte. Es una edificación antigua, escindida de la vecina de la izquierda
en el pasado, y aún así, enorme; previamente remodelada, restaurada, con adiciones constructivas,
improvisadas unas, en medioabandono otras, al momento del traspaso de dominio. Veinte días
de trabajo denodado permiten ya un aspecto pulcro, agradable, ordenado en función práctica.
Mesas de trabajo, herramientas y máquinas, exhibidores, transparentes poemas de Orlando suspendidos
de clavos acerados, productos, materiales de construcción, evidencian actividad febril. El
portón de madera, las ventanas excavadas en el grosor de la blanca fachada de tapia, la ornamentación
de hierro forjado y el pasillo de ingreso al fresco patio interior le imprimen a la casona
un sello de personalidad, congruente con su vecindad frontal y diagonal: el Parque y la Iglesia
de Guadalupe, esta última, valiosa herencia del coloniaje español. Es Crearte preparándose
para nuevos desafíos.
Gladys y Orlando, bien se merecen las satisfacciones que la vida les da. Bibiana y Umberto,
como lo expresé en el momento, con esta invitación, con las personas que tuve la fortuna de
conocer, ¡se lucieron! |