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ZAPATA SE FUE

Óscar Zapata Gutiérrez

Por Hugo Hernán Aparicio Reyes.
poetintos@gmail.com

Un hermoso autoperfil en su poema con mención honorífica de Casa Silva, alusivo al gran Whitman: "Vago en las nubes; mi amiga es el alma que navega en el árbol, en la flor, en cada mineral... vago sin reposo, sin la ansiedad del marinero por zarpar o llegar a puerto... soy el trotamundos que viaja hacia el mar como la gota, y se diluye para recomenzar... el auriga y mi alma, entonarán a dúo la metáfora de la canción de hierba y el canto a mí mismo que le inspira las metáforas al poeta que soy..."

Viajó Óscar hacia el misterio, deslizándose, años antes de la partida material, en una cinta Moebius, confundiéndola quizás, tal como le ocurrió al personaje de sus microcuentos, con un formidable tobogán. "Quedó aprisionada en un éxtasis del que no la han podido rescatar pese a los esfuerzos de su familia."

Costaba bastante, a partir de sucesivos accidentes cerebrovasculares padecidos calendas atrás, hallar un rasgo, un gesto, una chispa delatora de consciencia, propios del amigo vivo en los recuerdos, en los ojos redondos que de cuando en cuando, desde su magra humanidad reducida a una silla de ruedas, se asomaban a las calles de la Villa. Cierra Zapata la contracarátula de su último libro leído y protagonizado, convocando a sus amigos a la gozosa observación, al viaje sin inicio ni final, al disfrute de lo simple y profundo, del aquí y ahora, al asombro sin renuncia. Adiós Óscar Zapata. Concluyó con claroscuros, con los agridulces de cualquier mortal, su no desapercibida presencia. Quedan los recuerdos, perdura el allegado más real y leal, lúcido diletante, el generoso, el contertulio, compañero de kilométricas andanzas.

Pródiga existencia en dotes, aristas y episodios memorables. Rescato al azar, algunos del periodo post-etílico por él relatados o con él vividos. Del anterior, incluyendo el paso por la alcaldía de la natal Calarcá y por varios cargos públicos en la rama judicial y administrativa, eludía menciones: Asiduo comprador de libros –a dónde habrán ido a parar–, lector voraz, ejemplar alumno, graduado en gramática musical y ejecución del violín en ya avanzada madurez; lecciones de aprestamiento impartidas a los hoy brillantes hermanos músicos Jiménez Collazos; incursión, tras ocasional visita a la sede de la comunidad Hare Krishna en Silvania, al ashram de Sai Baba, en Puttaparthi –¡vaya nombre dicho en español!–, sur de India... fugaz devoción por el gurú; el opíparo vegetarianismo, la confesa afición al casino; sus pinceles, lienzos, policromos óleos, tutelados por Henry Villada; autor de "La caparazón de la tortuga", compilación de microrelatos; colaborador de La Crónica del Quindío, de www.calarca.net con su columna, "Detrás de cámaras"; amores quiméricos inspiradores de textos; viajero impenitente, nos sustraía de rutinas para enfilar con él su alfombra voladora roja Renault, luego gris Chevy, hacia sorpresivos destinos cercanos o remotos... Siempre Óscar.

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