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Circula quincenalmente a través de cafeterías, restaurantes y establecimientos similares de Calarcá.
 RESPUESTAS A UNA INVITACIÓN: El Editor

“Por una Calarcá mejor”, se ofrecía el candidato desde el pasacalle. La frase ronronea burlona, mendaz, como la sonrisa del anunciado, y se instala en el conciente. ¿Cómo imaginar una Calarcá mejor?. No la del político, con toda seguridad limitada por sus apetitos personales y el de sus segundos de segunda; no tanto la del acomodado empleado estatal que sobrevive a los embates de la privatización, la del docente, la del rentista de usura, o la del finquero, o la del comerciante avezado, o la de usted lector, la mía; todos tan preocupados por esta situación, pero “ahí, sobreviviendo, cada uno por nuestro lado”, favorecidos por ventajas ciertas; mejor Calarcá no tanto para nosotros, aunque pasivamente y sin hacer mayores méritos la deseamos y creemos merecerla.

Más bien, una Calarcá mejor para quienes muy poco ha sido grata; digamos, para doña María; la octogenaria de andar cansino y sonrisa vivaz que acaba por venderme una boleta para la rifa de un reloj de oropel porque, “mijo, es que sinó de dónde voy a sacar pal arreglo de mis muelitas, si el sisbén no sirve pa nada; el chino no manda ni pa los intereses de la hipoteca... ¡ya me van a quitar el ranchito!...y la dotora no ha hecho sino bananiame”; o para el muchacho que me ruega certificarle experiencia laboral para anexarla a “una hoja de vida que me pidieron en una tal cooperativa de vigilancia, aunque sea pa dos o tres meses, porque dizque hay que darle despeguito a todos los de la campaña... ¡yo como me fui con el que perdió!...y en las fincas ya se acabó el graneo”; o para don Oscar, quien a sus bien entrados sesenta calendarios, invirtió los centavos logrados tras años de brega, tutelas y derechos de petición, como compensación por sus lesiones permanentes, herencia del terremoto, en una licencia de conducción. “Es que me quedaron de soltar un yipe, aunque sea pa releviar y en la casa no hay ni panelita”; o para Vicky, de catorce años duramente vividos entre carencias materiales y el abuso sexual de su padre de profesión desempleado; sin escolaridad, porque “pa mantequiar no se necesita el bachiller y pa lo que una aprende...”. Una mejor Calarcá para esos conciudadanos que, desconectados de los servicios públicos y de la esperanza, se hacinan tras las simpáticas fachadas, marca Fenavip–Forec, de cuarenta y tantos metros cuadrados de pobreza extrema, de hambre y de olvido.

Una Calarcá mejor...¿a quién encargarla, a quién solicitarla?; ¿a los políticos, gobernantes, administradores; a los titulares de depósitos a término, coleccionistas de escrituras públicas, hasta ahora incapaces todos de generar posibilidades de digna realización para nuestra gente? No ha sido buena idea. Bien parece que si de veras deseamos un mejor municipio, la alternativa es idearlo y construirlo entre leales ciudadanos del común, de la civilidad.

¿Cómo esa Calarcá doliente pero viva, ese tejido sutil de afectos, de elementos culturales, físicos, naturales; de tradiciones, de nuevos y juveniles empeños que son el alma calarqueña; esa suma aritmética de indiferencias, de escepticismos, pero también de iniciativas ciudadanas de nítido altruismo, puede reformularse como sociedad?

De estas, sólo en apariencia sombrías pesquisas, nace la invitación de POETINTOS a un heterogéneo grupo de amadores de Calarcá: una mirada a la Calarcá presente y a la posible, como obsequio de cumpleaños. A ellas y ellos, mil gracias por estos calarcariñosos textos que a continuación ofrecemos a nuestros lectores.

 CALARCÁ Y SU RETO GEOPOLÍTICO: Jaime Lopera Gutiérrez

Es muy difícil pensar a Calarcá en seco, es decir, como un pueblo quieto, sin esperanzas. No obstante, para pensarlo en húmedo, es decir, vivo, sudoroso, agitado, es preciso decir la verdad: ¿existe aquí un liderazgo apropiado para conducir este carruaje hacia el futuro?

Veamos primero las razones del desafío: amigos o no del TLC, esta es una realidad inescapable. La opción de arrojarlo a un lado ya no la veo posible. Así es la globalización, una aplanadora de inmensas proporciones. Nuestra ideología en torno a ella, por radical que sea, ni siquiera sirve de sonajero para avisarle a los descarriados.

(Es que ya me cansé de ver esa avalancha de creadores de patentes, de inventores que nos modifican el entorno todos los días, de universidades que crean pensamientos nuevos a cada rato, y de los enormes flujos de dólares que se derraman diariamente por Internet desde el Amazonas de los raspachines hasta los canales internacionales de los narcotraficantes en Suiza y EEUU. Eso es lo global, nosotros –los de la calle de la Sapera– apenas somos unos minúsculos pasajeros de este múltiple planeta).

El desafío consiste en que el TLC, aún para los escépticos, nos obliga a cambiar algo a los quindianos. Si queremos sobrevivir a la invasión de productos extranjeros, tenemos que confirmar nuestras vocaciones económicas: por ejemplo, reforzar nuestras producciones de cafés especiales y el turismo; añadir algunas pequeñas industrias, y finalmente canalizar las remesas de nuestros compatriotas en algo más productivo que los bienes de consumo. Además, robustecer la exportación de servicios y algunas novedades como las larvas: ¿no dije una vez que las orugas de nuestro Mariposario se compraban como a cuatro dólares cada una solamente en Canadá?

En fin, ¿qué tenemos para ser medianamente optimistas con el TLC? Tenemos el Túnel de Occidente (o de La Línea) que constituye el centro de gravedad vial entre el oriente y el occidente colombianos. Ese túnel de allí arriba es la comunicación entre Bogotá y Tokio, entre el arroz del Tolima y la costa oeste de los EEUU, entre el cacao huilense y la China.

No ganó Santander del Norte con el TLC porque tiene pocas maneras de comunicarse con el Magdalena; pero ganaron las industrias de Bogotá, Bucaramanga y Medellín. Cali tiene su doble calzada y puede hacer mucho por Buenaventura. Pero el Quindío, y Calarcá, ubicados en este centro geopolítico, tenemos las bases para pensar que nuestro territorio puede ser, cuando menos, una bodega de almacenamiento de productos y contenedores en tránsito hacia el Pacífico.

Hay que traer pues el ferrocarril de La Tebaida hasta Calarcá. ¿Quién se apunta a semejante tarea? Por ahí volvemos a la pregunta inicial: ¿tenemos dirigentes para tocar esta bella melodía?

Muchas felicitaciones a Hugo Aparicio y su Poetintos en su aniversario, que al mismo tiempo es un reconocimiento a lo que nos hace pensar en la primera página, y al deleite de emocionarnos con la poesía en la segunda.

 UN INDICADOR DE DESARROLLO SOCIAL: Álvaro Fernández

El Índice Regional de Desarrollo Humano del Eje Cafetero, bajo la coordinación de Naciones Unidas PNUD, nos ha ofrecido una mirada panorámica, regional, del estado actual, incluidas lecturas pormenorizadas por municipio: en general, los resultados, efecto de las crisis simultáneas y más protuberantes del modelo caficultor, y la ruptura del pacto internacional del café; el terremoto de 1999, y el conflicto armado, nos ponen en cifras equivalentes aún antes del año de 1993.

El Quindío, ese “Paraíso ilusorio”, parafraseando a Betty Megers, en el eje cafetero, es el de menor desarrollo humano, a pesar de haber sido el consentido de la federación de cafeteros, y quizás por ello: no creció el músculo político local, y por ende Calarcá. Otra es la historia anterior al pacto cafetero internacional, antípoda de la de su disolución.

Sin embargo, el desarrollo humano, decreciente, tanto en longevidad –vivimos menos años-, como en educación –descendemos en cobertura frente a la población potencial de estudiar y menos por culpa del sistema educativo y más por las condiciones económicas de la población aumentando además el analfabetismo-, y con menor producción. Pero pese a todo ello, el Quindío, con Calarcá, están en el término medio del desarrollo humano. Eso hay que verlo en proceso: de regular a más regular.

Pero, ¡La Dicha! Poseemos un gran potencial turístico: ¿Quiénes tienen fincas con suficiente crédito o tradicionales para ofrecerlas? Y un ejército semiempleado o mal pago del cual se beneficiará una cifra pequeña y de segunda línea,... pero sin chimeneas.

Queda además, esto sí, algo de la supervivencia de los pequeños fundos: un café excelso, no de cultivo intensivo, muy bien consumido en el autodenominado primer mundo, y por esta vía hay resultados, pero no masivos. El desarrollo parece ser siempre mezquino como la luz de una linterna en la oscuridad alumbrando un pequeño cono.

Entre todas las metáforas, y todos los estudios, existe un indicador de carácter más estético, más cualificado, más redondo sobre lo que es una sociedad, rota o unitaria, y es el de cuánta importancia se le concede a la infancia. Puede tratar de medirse con los programas de prevención, con los seminarios y finanzas dedicadas a talleres: todo ello es discurso, todavía no verbo al modo del génesis: la palabra fundadora. No, el discurso de ahora opera sobre los efectos a los que se pegan con financista “desinterés” las O.N.G., las universidades, etc.

El indicador es más simple, más plausible, más amable, del amor que identifica, gusta, enamora y produce gozo, como escenario ahora sí para otras palabras que agreguen, dicen, valor agregado: ¿Cuántos parques infantiles y públicos tiene Calarcá? No hablamos de canchas de fútbol, de tejo, balnearios, moteles, y fincas recreativas.

¿Cuantos han sido logrados y malogrados casi al mismo tiempo o privatizados? Hay policía infantil, como la hay en la Defensa Civil, y en los grupos religiosos, y ahora, militantes electoreros. ¿Y cuantos hay en parques sin necesidad de portar chapas en lugares públicos y para ellos? La ética social, con su expresión estética habla más de una sociedad y su porvenir que las cuantificaciones de costo/beneficio.

 PARTICIPACIÓN PARA LA TRANSFORMACIÓN LOCAL: Ana Lucelly Velasco J.

No sé si lo que cambió está fuera o dentro de mí... o en ambas partes; pero estoy viendo cosas distintas en mi pueblo: más gente...y más pobre. Cada que camino desde la galería hasta la plaza de Bolívar, me encuentro múltiples rostros desconocidos, cansados, tristes, rebuscadores; unos, marcados por el tiempo; otros, apenas se asoman a la vida. Hay en ellos un signo generalizado que duele: la pobreza, que para la mayoría pasa desapercibida, como si fuera parte del paisaje cotidiano. Se nota en sus cabellos y pieles secas, en su pequeña estatura, en sus vestidos y en su evidente escasa educación. Como pueblo nos hemos empobrecido. Y no sólo son esas carencias evidentes en los cuerpos, rostros y posesiones de nuestra gente, sino también una pobreza espiritual de todos y todas; hemos dejado decaer un nivel de vida que en el pasado teníamos y que a pesar de las desigualdades económicas, siempre presentes, representaba un vivir más digno para la mayoría.

Este problema que describo, demuestra con los hechos la incapacidad que han tenido nuestros dirigentes para afrontar las crisis económicas que ha vivido la región. Ellos y ellas, quienes han estado en el poder, lo han hecho por delegación de un pueblo que siempre ha aspirado a elegir sus mejores hijos, los más capaces e inteligentes para que piensen, coordinen y ejecuten las mejores acciones en beneficio colectivo. Pero la realidad que vivimos sólo nos pone de presente que esa tarea les ha quedado grande. No he conocido; al menos en lo que lleva mi vida, una propuesta de reactivación económica seria, que movilice, que articule diferentes iniciativas.

Tenemos claro que Calarcá no va a ser una ciudad industrial, no tenemos capacidad instalada y además nuestro corazón nos dice que no quisiéramos vivir en medio de la congestión, la contaminación y una vida sin pausas. Los énfasis actuales de nuestra economía están puestos en el turismo; es este uno de los argumentos de las administraciones municipal y departamental para transformar la plaza de Bolívar; pero si no fijamos la atención en la evidente pobreza, tal como están las cosas, la llegada de más turistas lo único que hará será empeorar nuestra situación social; ¡ya veo más prostitución, drogas, alcohol, basura!. Debemos en cambio, para fortalecer las posibilidades que nos ofrece el turismo, fomentar la educación, el arte y la cultura, nuestras mayores riquezas.

Es claro que nuestros dirigentes, persiguen siempre los intereses mezquinos de sus pequeños grupos, es por tanto necesario que los ciudadanos y ciudadanas, inconformes con estas situaciones, actuemos para mirar adentro, en lo local y descubrir las potencialidades que tenemos. Debemos crear los espacios para encontrarnos, conocernos, conversar, articular iniciativas, para empezar a unir los hilos invisibles de la ciudadanía, que cosidos son capaces de construir un tejido tan fuerte que cobije la crisis por la que atraviesa Calarcá.

En conclusión, nuestro evidente empobrecimiento, tiene que tener salidas y no son sólo las que buscan el cambio del modelo económico imperante en el mundo y que está tan lejos de nuestras manos. Es necesario que creamos que somos capaces de encontrar opciones locales, más comunitarias. Debemos poner los énfasis en la participación de los ciudadanos en la vida pública. En algún momento será pertinente contar con el Estado, pero hay que tener conciencia de que este aparato también es nuestro. Debemos fijarnos la meta de mejorar nuestra calidad de vida. Tenemos el poder para hacerlo y un medio que es incuestionable, LA PARTICIPACIÓN.

 CALARCÁ, UN SENTIMIENTO: Néstor Jaime Ocampo G.

Hace mucho me persigue el deseo de saber qué es Calarcá... y pregunto, y en las respuestas de las personas con quienes hablo, encuentro en común la confusión de una etérea definición, con el sentimiento que cada quien tiene de su propia vida. Y llego a la conclusión de que eso es Calarcá: un sentimiento, el de quienes la habitamos, algo difícil de explicar. Un sentimiento que da vida a un territorio que físicamente es, de alguna manera, la expresión de ese sentimiento, de una historia compartida y de lo que hemos sido capaces de hacer. Su identidad es la suma total de nuestras vidas. Calarcá tiene tantos rostros y definiciones como personas encontramos. Claro, también hay quienes nada pueden decir; Calarcá no les habita, no corre por sus venas; son como fantasmas en lugar equivocado... recién llegan o nunca la habitaron de corazón... van por ahí con su mirada perdida en un horizonte incierto, soñando lugares y paisajes inexistentes... no están aquí.

Pienso en Calarcá porque algún día decidí que sería el jardín para cultivar mis sueños, mis ilusiones, para criar a mis hijos, el lugar desde dónde hacer mi aporte a la creación de un mundo mejor. Por eso no dejo de ocuparme del presente de Calarcá (la ciudad, el municipio) y por eso me duele la manera como se construyen nuestros destinos, la vida de todos y todas aquí. Sin gobierno, apenas con la administración parcial y descuidada de algunos aspectos de la vida pública, del interés común. No se definen objetivos, todo es el dejar hacer y el dejar pasar y así no se construye nada bueno; por eso el desencanto y el malestar que aqueja a tantos. El azar y los intereses mezquinos de unos pocos nos conducen al mañana. ¿Por qué?... porque no somos buenos ciudadanos, hemos dejado el interés de todos en manos de unos cuantos que no son idóneos, ni los mejores, ni suficientes. Peor aún, el gobierno y la administración de nuestro jardín han caído en manos de quienes se imponen con malas artes para anteponer mezquinos intereses personales o de grupo. Los demás... abandonamos lo nuestro por creer que eso de la política y de lo público es de otros y no de nosotros.

Otros factores complican la situación: el fracaso del modelo cafetero que se agotó en las sementeras y en el cemento, olvidando a las personas y el cultivo del espíritu; el terremoto y sus consecuencias actuales; los megaproyectos viales que sólo nos van dejando el polvo; la presencia creciente de la guerra; los narcotraficantes que se vinieron a vivir aquí y, como telón de fondo, la crisis social, ambiental y ética que sacude al mundo entero. No tuvimos, ni tenemos, quiénes nos representen como es debido, ni quiénes convoquen, con valor y sentido, a definir y realizar grandes propósitos. Nos acosa la necesidad de profundos cambios sociales y económicos pero somos un colectivo vulnerable frente al cambio.

Una cosa tengo clara. Lo que sigue adelante, lo que será de nosotros y nosotras, lo que será de Calarcá en el futuro, está en nuestras propias manos, depende de nuestra capacidad de soñar y de hacer, de la capacidad que tengamos para convertir este sentimiento en una fuerza efectiva que convoque voluntades para la acción, que sepa interpretar posibilidades históricas y enfrentar el azar. Debemos promover una nueva ciudadanía, ciudadanía calarqueña, personalidades democráticas con imaginación, compromiso, decisión, inteligencia y mucho “calarcariño”. Calarcá debe parecerse a lo que deseamos.

 CALARCÁ, CUNA SIN POETAS: Umberto Senegal

¿Hasta cuándo van a vivir Calarcá, y muchos calarqueños repetidores de lemas rimbombantes pero vacíos, de la restringida tradición poética donde sólo brilla la imagen idealizada de Baudilio Montoya? Una actividad literaria que nace en 1921, con los candorosos poemas de Segundo Henao en su libro La miscelánea y cumple, hoy por hoy, 85 años de trayectoria regional y nacional, se reduce por conveniencia turística a una trivial frase nada representativa de la circunstancia poética actual.

Calarcá, si alguna vez lo fue, hoy no debe embaír a propios ni a foráneos con su Cuna de poetas. Bella mentira para simular cultura y pretender que somos y ofrecemos algo más que montañas, café, plátano, yuca, naranjas y agroturismo. En los últimos 30 años nadie ha nacido, en Calarcá, que escriba poesía y alcance notoriedad regional dentro del género. Algunos nombres y poemas fugaces y ocasionales, nada más, sin que despunten y se consoliden trabajos serios de jóvenes apasionados por el oficio literario.

Por desinformación, apatía hacia la literatura comarcal, carencia de publicaciones que recojan, valoren y divulguen la producción poética del municipio, pero en particular por indiferencia hacia tal expresión del arte y del pensamiento, la poesía calarqueña con sus autores muertos o vivos, no existe para las nuevas generaciones. Los supervivientes de las antiguas, la olvidaron o la conservan empolvada en sus vacilantes memorias.

Lo único que pervive, desde cuando el término lo empleó en 1950 el escritor Humberto Jaramillo Ángel en su revista Mensaje, para referirse a la obra de Luis Vidales, es la insustancial divisa Cuna de poetas, nada vigente para la realidad literaria de nuestra época, de la Calarcá presente que en estos momentos no acuna ninguna figura promisoria, y que se detuvo en la obra de unos pocos escritores conocidos sólo por sus amigos. Ninguno de ellos significa nada cultural ni literariamente para Calarcá, interesada sólo en resaltar y conservar la vieja metáfora de Jaramillo Ángel, aunque estos nunca tengan cabida en las partidas presupuestales para la cultura.

Son el soporte simbólico de la cuna. Con la salvedad del poeta Lunero Páez y su original poesía, Calarcá en los tres últimos decenios no ha tenido autores ni textos poéticos relievantes, escritos por nuevas figuras de la literatura calarqueña. Nada estimable que contenga elementos estéticos representativos. ¿A quién recurrir, entonces, para sostener la imagen cultural de un municipio donde su lema sugiere que la poesía y los poetas germinan espontáneos y continuos, y cuya inspiración aflora con sólo beber agua del río Santodomingo?

Lo poético no es un factor social que preocupe al estado, a sus políticos ni a su clase dirigente. Es una percepción individual que no florece fácil en personas apresuradas sobreviviendo en una sociedad cada día más alienante y veloz, fundamentalista tecnológica cuyo ícono cultural no es el libro, sino el estorboso celular. Calarcá debe adoptar otra frase que la identifique mejor, que compendie sus virtudes topográficas, climatológicas y paisajísticas, como oferta real para cuantos se interesan en la ciudad y su gente.

 EN BANDEJA DE PLATA: Zulma Uribe

Para quienes miramos a Calarcá con cariño, la oportunidad política que vive nuestra municipalidad es importante, pues algunos creíamos que tener una silla en el Congreso de la República, era cosa del pasado; añorábamos las épocas de Oscar Tobón Botero, Agripina Restrepo de Norris, Jorge Jaramillo Arango, Benjamín Ortiz, Jaime Ramírez, Evelio Ospina Salgado, Octavio Gómez Tamayo, Lucella Ossman de Duque, Lucelly García de Montoya, Guillermo Jaramillo Palacio y Emma Peláez Fernández entre otros. Pero no, ahora después de ocho años, Calarcá retoma una posición en la Cámara de Representantes y tendremos allí al señor Faber Giraldo, de quien esperamos acuda a la asociatividad para alcanzar el éxito competitivo de nuestro territorio.

Vemos un horizonte próspero si le apuntamos a las cadenas productivas que la agenda interna del Departamento del Quindío estableció en sus mesas de trabajo, producto de casi un año de ejercicio juicioso de estamentos públicos y privados del orden gubernamental, académico y privado y a las cuales nuestro municipio puede apostar, seguros de estar articulando las actividades a las cuales nos debemos dedicar; eso si en comunión del sector público y el privado. De las cinco cadenas establecidas: Agroindustria, turismo, Software, confecciones y del conocimiento, Calarcá tiene un amplio horizonte en las dos primeras y para mi parecer estas son las dos más importantes.

Veamos: en la consolidación de la cadena productiva de agroindustria, con énfasis en producción limpia y buenas prácticas de manufactura y trazabilidad para mercados internacionales, Calarcá aporta a través de asociaciones campesinas como ANUC, FENSUAGRO, AGRICAMPO, CAMPESINOS SIN TIERRA, ASOAGRICOLA, que le están trabajando fuerte a las cadenas productivas del plátano y banano, a los frutales de clima frío moderado (granadilla, mora, lulo y tomate de árbol); a la guadua, a las especies menores, a servicios ambientales, a las hortalizas y legumbres y otras especies promisorias. Más de 2.400 predios de pequeños productores se dedican en la actualidad a enriquecer estas cadenas. Si nuestra clase política y nuestros dirigentes apoyan este tipo de instituciones, lograremos el desarrollo rural esperado, consolidando las vocaciones de nuestros mayores y estableciendo políticas de soberanía y seguridad alimentaria que son algunos de los retos de nuestro Departamento.

En materia turística el panorama es aún mejor si tenemos en cuenta que le estamos apostando al turismo rural y de aventura, con grandes exponentes en la actualidad. Si reforzamos el plan municipal de turismo, fortalecemos los atractivos locales y le damos fuerte a la consolidación del corredor turístico Calarcá – Barragán, eje del turismo de aventura y centro articulador de servicios turísticos. Qué bueno sería ver a Calarcá entero trabajando por un nuevo atractivo turístico como podría ser el PARQUE TEMÁTICO DE LAS FLORES TROPICALES, el que se asociaría a las mini-cadenas de flores tropicales y follajes ya existentes en la municipalidad. Con un empujoncito o con la llamada “patadita de la buena suerte” lo sacaríamos adelante, sin tanto contradictor como otros proyectos.

 CALARCÁ...SUEÑO EN CONSTRUCCIÓN ENTRE TODOS Y PARA TODOS: Palosanto

"En Calarcá estamos, por ella trabajamos y aquí continuaremos tejiendo, escribiendo y poniéndole música a nuestros sueños"

 La propuesta de PALOSANTO es una de tantas, una de esas que andan por ahí RESISTIENDO con su accionar permanente y afirmándose en el respeto por la diferencia y la dignidad por la vida en todas sus expresiones y manifestaciones.

Este sueño día a día se crea y recrea como muchos otros que existen en el municipio y que la mayoría de ciudadanos desconoce: Henry Villada, Laura y las Mariposas, Mario García y su Taller Dos, Nestor Ocampo y la Fundación Cosmos, Fundación Espirales, Fundasco, Asodimamic, y las más de 150 Asociaciones de campesinos, de mujeres, de jóvenes, de adultos mayores, de artesanos, de deportistas, de educadores, de comerciantes y de humanistas con las que contamos. ¿Quién podría pensar en nuestro municipio exista tal conglomerado sociocultural y multicultural?. A veces no lo percibimos, pero aquí están aportando desde lo social, las artes, los deportes y las letras, valiosas herramientas pedagógicas que conduzcan a mejorar la calidad de vida, recuperar espacios de liderazgo regional y proyectar una imagen positiva, dinámica y real de lo que verdaderamente es esta comarca. Calarcá no se limita al Parque de Bolívar; ante todo son sus gentes, su cultura, sus querencias, sus valores, sus esperanzas...

Lograr que Calarcá sea sueño de todos y para todos, implica entre otras cosas: SUMAR, INCLUIR, RECONOCER, REVALORAR, Y HACER RESPETAR los derechos civiles, laborales, sociales y culturales como PATRIMONIO COLECTIVO, contrarrestando a todo costo el individualismo, la deshonestidad, el oportunismo, el egoísmo, la avaricia y la doble moral -antivalores para unos, valores para otros- que permean todos los estratos sociales y que, unidos a las precarias formas de administración publica y a la escasa visión social de la "clase dirigente", han llevado este municipio al descenso material, intelectual y espiritual. Por lo afirmado, es importante mantener vivas nuestras convicciones y desde el quehacer cotidiano contribuir a la construcción del Calarcá que soñamos: incluyente, equitativo y democrático, donde la cultura como sustento de todo aquello que nos define y como camino de paz sea un eje fundamental en el desarrollo integral del municipio.

Desde Palosanto felicitamos y agradecemos a POETINTOS que con sus gotas de "poesía y civismo" nos hace reflexionar sobre las debilidades y potencialidades de la Villa del Cacique y nos brinda un panorama de cómo los acontecimientos nacionales nos tocan a todos.

 LA CUNA DE LOS POETAS: Javier Mesa Jaramillo
Esta es la historia de una ciudad
de cuarta categoría,
que ostentaba el título
de ser cuna de poetas.
Y cierto era que cuando nacían,
nueve meses después de las fiestas,
de cien hombres que venían,
dos eran garetas, uno jorobado
y los otros noventa y siete, poetas.
Los primeros fueron románticos
con la tierra, y sus mentes
muy inquietas.
Quienes los precedieron
parecen inventores
de baratas historietas,
de plumas lánguidas
y mentes huecas.
Por eso en esta ciudad
ya no nacen más poetas
pero no importa,
porque están llegando a quedarse
con sus plumas y maletas.
Los nuevos poetas
le escriben a todo
lo que se mueva y no se mueva,
viven en las afueras,
toman agua de quebradas,
calzan botas y viven en cuevas,
y con luz de velas escriben
poesías nuevas
que parecen cortas novelas
que hacen que algunos
traguen saliva, y otros muestren
dientes y muelas,
y que se leen en las calles,
en las casas, sanitarios y escuelas.
 POETINTOS ANTERIORES
Volumen 1, Nº 23 15-mar-06
Volumen 1, Nº 22 1-mar-06
Volumen 1, Nº 21 15-feb-06
Volumen 1, Nº 20 1-feb-06
Volumen 1, Nº 19 15-ene-06
Volumen 1, Nº 18 1-ene-06
Volumen 1, Nº 17 15-dic-05
Volumen 1, Nº 16 1-dic-05
Volumen 1, Nº 15 15-nov-05
Volumen 1, Nº 14 1-nov-05
Volumen 1, Nº 13 15-oct-05
Volumen 1, Nº 12 15-sep-05
Volumen 1, Nº 11 1-sep-05
Volumen 1, Nº 10 15-ago-05
Volumen 1, Nº 9 1-ago-05
Volumen 1, Nº 8 15-jul-05
Volumen 1, Nº 7 1-jul-05
Volumen 1, Nº 6 15-jun-05
Volumen 1, Nº 5 1-jun-05
Volumen 1, Nº 4 15-may-05
Volumen 1, Nº 3 1-may-05
Volumen 1, Nº 2 15-abr-05
Volumen 1, Nº 1 1-abr-05

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Editor: Hugo Hernán Aparicio R.
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