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 EDITORIAL: REBELDÍA CREADORA

LA RUTA FÁCIL

Bien podemos mujeres y hombres, pasar "de agache" por la existencia sin darnos por enterados; apenas tomando decisiones personales mínimas, convencidos de que pasajeras rebeldías contra costumbres o normas, nos pueden distinguir al interior de los grupos humanos, o salvarnos de la intrascendencia. Es fácil querer fascinar a todos y a todas con apariencias, dejar crecer el cabello, hacerse tinturas y cortes exóticos, lucir atuendos raros, provocativos, instalarse apliques metálicos en el cuerpo o tatuar la piel. Fácil desconocer la autoridad de la familia como muchachos problema; y del estado, como delincuentes o subversivos. Sencillo también, evadirse por la vía alucinógena o bien permanecer en el bando de los sumisos, a gusto o disgusto, renegando en voz baja contra todo y contra todos. Es fácil, en suma, no atreverse a explorar opciones de vida realmente diferentes a la que nos ofrecen para consumo masivo; cumpliendo un itinerario previsible que siempre supone, luego de los normales ciclos de rebeldía, el retorno al redil.

Muchos, a través del tiempo, han optado por abrazar alguna ideología política, religiosa o esotérica que los protege contra el peligro de pensar por sí mismos, que los pone al margen de cualquier deseo libertario y los proyecta más bien, después de este valle de lágrimas, hacia soñados océanos de mermelada, donde todo es "locha" y satisfacción. Es claro que, así como hay personas en las cuales predomina la necesidad, casi siempre frustrada, de sentirse diferentes en algún momento de su vida, existen otras para quienes la idea de rebelarse contra alguien o contra algo, es muy remota. Todas convivimos dentro de una forzosa "normalidad", donde es latente la urgencia de cambios fundamentales; pero, ni se ve clara la forma, ni contamos con el talento o la aptitud para realizarlos.

CONDICIONAMIENTO SOCIAL

Por estas vecindades, el medio social y familiar, incluido el pobre sistema de educación académica, es el encargado de hacer de la gran mayoría de nuevos adultos, por una parte, apenas deficientes instrumentos de labor para beneficio de otros, no aptos para usar el cerebro más que en rutinas elementales; por otra, máquinas de consumo de bienes y servicios que aseguren la continuidad del ciclo. Eso sí - advierten los interesados en preservar este estado de cosas- ¡cuidado con la gente pensante!; son conflictivos, peligrosos; nada de críticas imprudentes, ni de espacios para el debate razonado. Entre menos filósofos, poetas, escritores o artistas, mucho mejor. Más tranquilidad.

Recordemos un dato que nos debería, por lo menos, incomodar: de cada promoción anual de 1.000 bachilleres calarqueños, no ingresan a educación superior más de diez, a lo sumo quince muchachos. ¿A quién preocupa tan aterradora realidad?, ¿quiénes se benefician de nuestra pobreza intelectual y material?

Vegetar, le dicen algunos a la experiencia de ser uno más, anónimo, indiferente, dócil, entre la jungla humana, torpe habitante de un cuerpo material en riesgo y deterioro permanentes. Perfectamente podemos transitar las rutas que trazan otros, desde siempre, sin riesgo de extravío. Es cuestión de seguir la corriente; ocupar un espacio físico, para ser contado en censos y estadísticas; oír música en la radio, ver bastante televisión, porque ahora la imagen nos lo dice todo; licor, apego a los dictados de la moda en ropa, celulares, música, bebidas, actitudes... todo light. Ninguna intensidad en los afectos, nada de compromisos... mejor todo breve, liviano, desechable y ya... Lectura, expresión escrita o verbal, actos de contenido cultural, relegados al desprecio. Todo programado, calculado, para que una comunidad como la que habitamos funcione sin molestias para las autoridades superiores; para que no hagamos ruido social. Nos damos las administraciones que merecemos; recibimos, muy agradecidos, cuanto subsidio, regalito, contratico o espectáculo nos den, comprometiendo conciencia y voluntad para degradar aún más el círculo: pobreza, ignorancia, docilidad, manipulación, resignación.

CONOCIMIENTO, SENSIBILIDAD Y AFECTOS

¿Cuándo y cómo podrá romperse la perversa secuencia? Sencillamente cuando comprendamos que la única rebeldía creadora, la fuerza pacífica de corrección del rumbo individual y social, tiene tres componentes básicos: conocimiento, sensibilidad y afectos. Ruta ardua, sin atajos posibles. Quizás al primero se llega con los dos siguientes; pero los tres hacen unidad. No es con los rudimentos que deja la universidad, menos el bachillerato, aquello con que podamos confrontar una realidad cada vez más compleja y desafiante. Si quisiéramos construir un entorno social, con posibilidades dignas de desarrollo humano y productivo, tendríamos que ser mejores personas, mejor ilustradas. No necesariamente escalando posiciones académicas, aunque sería deseable que así fuera; pero sí formando patrimonio intelectual sólido a través de lectura y escritura críticas, de la observación atenta del mundo, de la confrontación de criterios sustentables, de escuchar al otro, del aprecio por las elaboraciones del espíritu y la mente humanas: el arte, la cultura, la ciencia. Indispensable así mismo ejercitar afectos profundos y leales por las personas, por la naturaleza; recuperar el asombro y la emoción.

Ningún momento histórico más propicio para avanzar en tal sentido, poniendo la tecnología y la mediática a nuestro servicio;  sin embargo, nosotros cada día más indiferentes, apáticos, resignados a ser objetos de manipulación. ¿No es atractivo el reto de revelarnos contra las distracciones que nos tienden como trampas para impedirnos el acceso a la condición de seres pensantes y autónomos?
 RELATO URBANO: AUTÓGRAFO

Por: Hugo H. Aparicio R.

Shakira- Y tu, niña linda, ¿cómo te llamas?

La respuesta vino con sonrisa y voz, a tono con la transparencia del mediodía. Imagino gestos y ojos felinos, tu armamento básico de seductor, cuando también te enteraste de su profesión, y la razón de estar allí, en Armenia.

- ¿me obsequias un autógrafo?

- ¡Claro que sí!, ¿dónde te lo escribo?

En segundos regresaste al automóvil, mal estacionado en el costado de la catedral. Lo único que se te ocurrió, para suplir la falta de papel, fue echar mano del libro que Senegal te había prestado. Ella lo tomó y en su primera hoja en blanco, estampó el rouge de sus labios, delineándolos con el bolígrafo, y añadiendo, con letra cursiva, la frase acostumbrada que te adoptaba como amigo. Mientras cumplía esa rutina, confirmaste la primera impresión: joven, bella, fresca, entre indumentaria informal. Ondas de cabello oscuro enmarcan su fotografía mental en tu archivo. Mientras saciabas la curiosidad que te despertó la gente agolpada en el acceso a la emisora de radio, y cazabas el autógrafo de una desconocida, la casual compañera de viaje a Calarcá, debió aplazar su almuerzo...

¿Cuántos años desde entonces?, ¿catorce, quince?. Algo así.

Tus escrúpulos, cuando avanzados los meses, Senegal pidió la devolución del tomo sobre la historia del idioma griego y te viste obligado a confesar el uso insólito que le habías dado. Menos mal, no le dio demasiada importancia, con tal de recuperarlo. En este punto, Oscar Zapata, sales de escena. En algún momento, tal como le pasó al propietario del libro, tuviste que saborear aquel encuentro con emoción extemporánea.

En la biblioteca del escritor Umberto Senegal, el libro que guardaba la anécdota, apreciado por ser obsequio de un colega chileno, reposó durante años. Pésimo televidente y radioescucha, sólo se enteró mucho después, que la autora del beso de pintalabios delineado y de la frase, para mi amigo Oscar Zapata, era una cantante de música "pop", artista de caderas eléctricas, voz de caramelo y canciones en clave universal, que había conquistado los públicos del mundo, vendido millones de discos y ganado todos los premios imaginables. Cuando relacionó su nombre artístico, sonoro como el de un brazalete de abalorios o de conchas, buscó el libro olvidado y confirmó la coincidencia.

Los fieles admiradores de la niña que aquel mediodía, en Armenia, Quindío, promocionaba sus primeros discos sencillos a las puertas de un edificio - derribado por el terremoto de 1999 - la misma que le sonrió a Oscar sin lograr venderle una canción, de seguro guardarán como tesoro su autógrafo... Senegal no lo conserva. Días después de saber su valor, mientras disfrutaba de un concierto de Shakira en la televisión, su esposa de entonces, en un arranque de furia (¿o de celos?), bajó el libro del estante, e interpuesta entre imagen y espectador, arrancó la hoja y la hizo trizas.

- ¡Ahí tiene a su Shakira!
 POETAS DEL QUINDÍO: GUILLERMO SEPÚLVEDA

A finales del pasado mes de noviembre, Umberto Senegal, Leidy Bibiana Bernal y el editor de POETINTOS, visitamos de improviso al poeta Quindiano, Guillermo Sepúlveda, en su casa de Sevilla. De tan grata ocasión quedan los siguientes apuntes informales, en versión libre.

La casa está en lo alto de una colina; aire limpio y diáfano. Se llega desde el portillo medio oculto, justo antes del Parque de Recreación de Sevilla, Valle del Cauca. Un camión maderero y las lluvias de noviembre han deteriorado la vía. "Aquí se disfruta un paisaje de 360 grados", comenta el poeta tras los saludos y nuestro asombro por el panorama circundante. Nada más cierto. Los corredores de la casa, donde discurre la conversación, son palcos privilegiados hacia las ondulaciones de la estribación cordillerana y la Sevilla urbana; en el profundo occidente, el tapete verde del Valle y el cordón montañoso como cierre de la visual. "Hace más de veinte años, con la compra de esta tierra, hice el negocio de mi vida. Por realizarlo, sacrifiqué la opción de convivir con Lucelly, mi eterna mujer soñada". ( De su soneto, "Ella y el amor": Cómo te quiero con mi amor, Lucelly / y cómo siento que en mi pecho herido / el tiempo, tan fugaz, se ha detenido / para quedarse con tu amor, Lucelly. // Dulce despensa del amor, Lucelly: / vino embriagante, trigo preferido, / hierba quemante, alucinante nido, / panal erguido en el amor, Lucelly.) Recuerda entre divertido y triste, pero seguro de haber tomado la única decisión posible. "En esa época compré 400 cuadras a un precio de excepción. Ahora me quedan cuarenta; con eso tengo."

A pesar de su confesa diabetes, se le ve vital; sonrisa traviesa, el apunte mordaz, inteligente. Nos ha recibido con agrado. No ve a Senegal desde varios años atrás, pero expresa su aprecio por él y por su padre, Humberto Jaramillo Ángel, de quien fue amigo cercano: "Leí su comentario sobre mi último libro y debo decirle que al margen del elogio, pocos han interpretado con tanto acierto mi poesía". Dice, "Pensé que hasta ahí llegarían mis publicaciones; pero a instancias de un amigo que valora mi obra, estamos seleccionando material para otro libro". Agrega con entusiasmo.

"Guillermo, usted alcanza un grado de calidad insuperable en el soneto. Lo suyo, además de perfección formal, de ritmo y música, es sustancia poética sobria y humana", acota Senegal entre referencias a las andanzas del poeta visitado, por los caminos del mundo, y una cerveza fría.

"Realmente nací en Antioquia en 1928 y llegué al Quindío, a Montenegro, en la infancia; tiempo después habité en otros de sus municipios. Escribo poemas desde muy joven. Los primeros se publicaron en el diario La Patria de Manizales, donde siempre tuve buena acogida. En 1947, la Imprenta Oficial de Caldas publicó mi libro La tarde y ella.

A Chile llegamos huyendo de la violencia partidista. Mi padre tenía un periódico en Armenia; fue hostigado por sus opiniones políticas y debimos buscar refugio, primero en Bogotá, donde tampoco encontramos ambiente favorable y luego en Chile donde fuimos muy bien acogidos. Algún tiempo después regresé al país y me establecí en Manizales. De esa época, mediando el siglo pasado, recuerdo una anécdota. Circuló un poema de mi autoría, Sinfonía satánica del Credo (texto adjunto), que causó enorme escándalo en el ambiente pacato y clerical de la comarca. Tal la reacción, que un obispo emparentado con mi familia, me hizo saber su disgusto, vergüenza y hasta postración física, causadas por el texto. Un tanto conmovido, aunque no arrepentido de los versos, escribí algo con lo cual obtuve "indulto" moral; el soneto, Ave María (texto adjunto), considerado por los enconados críticos como reivindicatorio y uno de mis mejores poemas.

Con posterioridad viajé a los Estados Unidos y viví durante muchos años en Nueva York, desempeñando oficios muy diferentes al intelectual. Sin embargo nunca he dejado de escribir poesía. En 1983, se publicó en Armenia, Sonetos y poemas; y precisamente en Nueva York, en 1992, la Editorial Pegasus dio a la luz Sonetos. Finalmente, con motivo del centenario de Sevilla, donde vivo hace ya más de cuatro lustros, Ediciones "Llevo, Llevo la Memoria", realizó mi Selección Poética, reuniendo poemas ya publicados con otros inéditos".

De este último libro, reproducimos algunos apartes del prólogo: ... "Una inútil modestia, que aún me acompaña, me mantuvo lejos de púlpitos y sanedrines literarios"... "Jamás he vendido ninguno de mis libros. Generalmente reparto algunos entre amigos y el resto lo escondo en el "cuarto de San Alejo", donde la humedad y las polillas acaban con ellos."

Quedan en nuestra memoria anécdotas, relatos y comentarios imposibles de incluir en esta corta reseña. Con la intención de un pronto regreso, dejamos al poeta a merced de la plácida tarde dominical.

SINFONÍA SATÁNICA DEL CREDO

Lucifer
Creo en Lucifer, alucinado y fuerte
ahora y en la hora de la muerte.

Creo en Lucifer, ardiente y poderoso,
padre ardoroso de todos los que rezan
y blasfeman,
padre mío substancial y jubiloso.

Creo en Lucifer y gozo.

Creo en la muerte que nos arrebata
y en la que nos ata el corazón un poco.

Creo en las espadas que nos interfieren
y en las que no quieren defender la herida.

Creo, también, en Dios crucificado,
Padre, Hijo y Espíritu quemado
y creo en El, ahorcado por hereje
y porque no teje luceros todavía.

Creo en la noche y en el día,
creo en el amor desvertebrado.

Creo en el infierno, condenado,
en la primavera azul y en el invierno.

Creo en la pobreza que nos llena
el estómago de arena.

Creo en el agua, en el sol y en las palomas.

Creo en los gusanos que se enredan
en un hilo de seda.

Creo en el alcohol y en la morfina.

Creo en todo lo que gira sobre el hombre
y en el nombre de la rosa.

Y creo, tenaz y vigorosamente,
en el abismo de mí mismo
y en mi muerte.

AVE MARÍA

Dios te salve en su amor, Virgen María.
Llena eres de gracia y de dulzura.
El Señor es contigo en tu amargura
y es contigo, también, en tu alegría.

Bendita eres Mujer: la profecía
circundó de palomas tu cintura
y por tu castidad –savia y verdura-
es bendito Jesús, ¡Virgen María!

Eres nombre de fe, dulce consuelo,
ventana abierta entre el dolor y el cielo
y cristal de parábola en Belén.

Estrella alta de luz: ruega, Señora,
por el alma que sufre, en esta hora
y en la hora de nuestra muerte. ¡Amén!

PARA TI

Para ti,
amada triste, bronce de la tarde,
camino hacia la noche del amor,
una sombra nada mas.

La sombra mía, la tuya,
cualquier sombra:
una rosa, una espina, la luz.

Contigo estoy
–Ángel de tiniebla–
lleno de la más pura soledad.

ASÍ ERES TU

Como la sombra de la luz, delgada,
como el recuerdo del olvido, leve,
como la esencia del color, rosada
y como el tiempo del instante, breve.

Como la voz en el silencio, clara
y como el tacto de la ausencia, suave,
como la vida de la muerte, rara
y como el vuelo de las alas, ave.

Como la cuna de la llama, fuego,
como la queja del que sufre, ruego
y como el agua evaporada, nube.

Como el perfume de la angustia, llanto,
como el cristal de la campana, canto
y como el alma del jazmín, querube.

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