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 EDITORIAL: AÑO ELECTORAL (1)

Urna electoralEN SUS MARCAS...

El presente, si alguien lo ignora, es año electoral. Como en una justa deportiva de largo aliento, los aspirantes a concejos, asambleas, gobernaciones y alcaldías, están en el sitio de partida, dispuestos a competir por una reducida lista de cargos públicos. Cada uno convencido de tener la fortaleza y la astucia para alcanzar su meta, en la mayoría de los casos, de exclusivo beneficio personal. La realidad, sin embargo, nos demuestra a los colombianos, que son más los errores graves que los raros aciertos, en los que venimos incurriendo cuando de elegir gobernantes locales y departamentales, diputados y concejales, se trata.

VICIOS ELECTORALES

Algo anda muy mal en la forma como asumimos la responsabilidad electoral. La intervención directa de grupos narco-paramilitares en la política regional de varias zonas del país, confirmada por recientes revelaciones (aunque no se trata de ninguna novedad), es apenas uno de los factores que inciden de manera nociva en tal actividad. Si bien el Quindío no está influido por el mismo flagelo, sí sufrimos otras lacras que nos han venido condenando a la degradación ética de las prácticas electorales y al consiguiente deterioro de todos los indicadores socioeconómicos. En resumen, somos responsables de la amarga realidad que vivimos, porque seguimos anclados en los viejos vicios politiqueros. Clientelismo, transacciones oscuras del poder, corrupción, ineptitud, permanencia de castas enraizadas en las administraciones con toda clase de maniobras, son vicios que tendremos que desterrar para siempre si aspiramos a mejores opciones para nuestras comunidades.

Mientras persistamos en dejarnos manipular como dóciles víctimas por los astutos, por los "vivos" que hacen de los cargos públicos sus botines personales; mientras no entendamos que un refrigerio, un almuerzo, una promesa de contrato, un mercado, un juguete de contrabando, no pueden condicionar nuestra decisión de electores, en perjuicio directo de la sociedad en la cual cohabitamos, no hay esperanza.

Creemos útil, desde POETINTOS, hacer una serie de consideraciones sencillas sobre la responsabilidad electoral, a manera de ayuda pedagógica para el ejercicio conciente de nuestra condición de ciudadanos. En próximas ediciones continuaremos lo que hoy iniciamos.

DEMOCRACIA Y PROCESO ELECTORAL

Comencemos por revisar algunos conceptos básicos, a la luz de los ideales democráticos, para avanzar en la comprensión del proceso electoral; su significado y trascendencia; así como los criterios que deberían primar en la selección de candidatos y la elección final de los funcionarios:

Recordemos el término democracia. Significa, desde su raíz griega, gobierno de todos. A diferencia de otros sistemas, donde sólo una persona (rey, monarca, soberano, dictador), o un grupo de privilegiados (oligarquía, teocracia o gobierno de un grupo religioso, plutocracia o gobierno de los más ricos) ejerce autoridad civil y militar sobre una nación, la democracia incluye a todos sus miembros como partícipes y posibles encargados de las funciones de gobierno, expedición de leyes y ejercicio de la justicia, dentro de unos marcos de control que la misma sociedad define. Destaquemos ese carácter esencial de la democracia: Inclusión. Todos tenemos la posibilidad de participar, elegir, ser elegidos, incidir, vigilar, criticar, solicitar. Es la forma natural de pertenecer a una sociedad democrática.

DEMOCRACIA DIRECTA—DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

En la práctica, hoy día es del todo imposible pretender que para cada decisión, por mínima que sea, se consulte a todos los ciudadanos, lo que sí ocurría en las pequeñas ciudades griegas donde se ideó y se practicó tal forma de democracia directa. A los antiguos habitantes de la península del Peloponeso les corresponde el mérito de haberla ideado y practicado hace por lo menos tres mil años. Desde luego, con el trascurso de los siglos, el concepto de igualdad sobre el cual se construyó, fue haciéndose más real; se abolieron la esclavitud, las castas; se incluyeron las mujeres, los pobres, los iletrados. Así mismo, se hizo necesario idear un procedimiento por el cual un grupo determinado de ciudadanos elige, dentro del mismo, representantes encargados de llevar la vocería colectiva ante reuniones de similares, en las cuales se toman decisiones. En nuestro país, tales espacios de encuentro de voceros de las comunidades son, el Congreso Nacional, con sus dos cámaras: senado y cámara de representantes, las asambleas y los concejos municipales. De forma semejante, las comunidades, sean locales, departamentales o nacionales, eligen sus gobernantes o administradores; en su orden, alcaldes, gobernadores y presidente de la república. Es lo que se denomina democracia representativa. La sana lógica indica que las comunidades eligen a personas que cumplen exigentes condiciones para poder ejercer de la mejor forma su representación o cargo de gobierno; para resumirlo en una palabra aptitud: honestidad y transparencia en sus actuaciones personales, conocimiento y comprensión de los asuntos públicos, disposición para el servicio desinteresado a los demás, capacidad intelectual y profesional, etc.,etc. Hasta ahí todo parece sano y sencillo. Las complicaciones comienzan cuando se involucran factores de la realidad social que distorsionan por completo el ideal democrático.

Los miraremos en próxima entrega.

 MILA: HONOR AL MÉRITO

mpanaditas y Ricuras de MilaSoy antiguo cliente de Mila. La conozco; consumo sus delicias desde la época en que se instalaba en el estrecho andén de su propia casa, en la Avenida Colón, todas las tardes y noches. A excepción de los lunes, cuando nos obligaba a sus adictos a una forzosa abstinencia semanal. No sabíamos qué admirar más; si la forma como afrontaba la rutina diaria de instalar y desinstalar su carpa improvisada, el fogón y los demás accesorios del modesto montaje con ayuda de su esposo; la cálida atención a quienes nos acercábamos a su esquina, o la excelencia de los bocados y bebidas que ofrecía.

Nos resignábamos la mayoría de ocasiones a hacer turno de espera, mientras salía la nueva tanda de empanadas. Por entonces comenzaba a ensayar con las arepas de huevo y ya eran bien conocidos los pasteles, la torta de banano, el mazato y la avena. Entre tanto no faltaba la conversación, la pregunta que seguramente varios le hacíamos: ¿cuándo se va a instalar en su local?. Su invariable argumento era el temor a prescindir de la renta mensual que recaudaba; "las empanadas no compensan y en cambio lo del arriendito es seguro". Le asegurábamos todos que sus razones eran comprensibles aunque pesimistas; que cuando trabajara y atendiera con más comodidad, en su propio local esquinero, le faltarían manos para producir delicias y recaudar ingresos. Nos devolvía una sonrisa condescendiente.

Un buen día; o mejor, una mala noche, yo hacía la espera resignada frente al fogón de Mila. De la próxima tanda debía salir mi pedido pendiente; era el primero en la lista de espera. Sin embargo, en el crucial momento en que ella sacó las doradas, crocantes empanadas de la paila y las puso en el escurridor, apareció un personaje de los que sabemos: camioneta Toyota cinco puertas, gafas oscuras, Darío Gómez a volumen ofensivo, pulseras y cadenas doradas... " ¡Deme esas empanadas!", ordenó, lanzando el billete sobre la mesita. Hipnotizada, sin rechistar, ella las empacó en la bolsa de papel y se las entregó.

¿Qué creen? Hasta esa noche fui cliente presencial. En adelante, cumpliendo la auto-condena que me impuso el herido orgullo -lo confieso sin pudor- he empleado a hija, familia y amigos como intermediarios entre Mila y mi exigente gusto sublevado. Hace un par de años, creo, ya instalada en el local de su propiedad, coincidimos tramitando un crédito para pequeños empresarios en un banco local y no dejé de pensar que cualquiera que fuese el monto del recurso obtenido, no podría quedar en mejores manos. Nunca dejé de admirarla ni de apreciar su compromiso con la responsabilidad familiar a través del amor, de la pasión por su negocio. Cada bocado de Mila sabe a esmero, a abnegación.

Nadie mejor que ella confirma esta verdad: un negocio de comida, donde el producto y la atención son excelentes y permanecen en el mismo nivel de calidad a través del tiempo, no necesita aviso ni publicidad. Corolario del axioma anterior: desconfíe de la calidad de un negocio de comida que abuse de la publicidad.

Preferí que transcurrieran meses después de obtenido el galardón que distingue a las delicias de Mila como el mejor producto gastronómico regional, para escribir esta nota. Es obvio que la vida comercial de su negocio ha cambiado. A partir del premio recibido, la demanda por sus manjares no deja de crecer; para orientar a los nuevos clientes, colocó un sobrio aviso... El nuevo reto, por supuesto, es asimilar el auge inesperado evitando que los factores que le han permitido alcanzar su prosperidad actual, se puedan deteriorar.

El dictamen de los expertos (entre ellos el famoso Kendon Mc Donald) que premió el trabajo de esta mujer sencilla y del equipo familiar que ella misma convocó y dignificó, enaltece lo esencial de su empeño laborioso. No le fue necesario inventar un sabor exótico, alguna mixtura afrodisíaca. Le apostó al bocado elemental, tradicional, preparado con calidad y amor; aderezado con su sonrisa infaltable y el "pique" casero. Una hermosa lección para quienes tenemos la suerte de conformar con ella la comunidad de Calarcá.

Mila, sé que usted no me necesita como cliente, que no se acuerda de mí ni le interesa el caso aquel de mis empanadas birladas; pero quiero imaginar que a ambos nos agradaría algo: ¿hacemos las paces?

 ECUACOLOMBIA HIJO ADOPTIVO DE POETINTOS

Por: Pablo Aparicio Molina

Los residenciados en el Ecuador sentíamos el deseo de expresar nuestra gratitud hacia el país que nos acogía y, sobre todo, la necesidad de manifestar que las maldades de unos cuantos colombianos en estas tierras son excepciones aisladas que nada tienen que ver con la voluntad de la gran mayoría, aunada a los hermanos ecuatorianos en el engrandecimiento de una nueva patria y la integración de dos culturas.

Dos muchachos osados, recios trabajadores, decidieron afrontar el desafío de fundar un periódico con el nombre de Ecuacolombia para alcanzar las aspiraciones de los colombianos emigrantes. Con sinceras intenciones pero empíricos conocimientos empezó a editarse. Después del regocijo por el llenado de un vacío, el clamor por una publicación de mejor calidad no se hizo esperar. Sus dueños buscaron ayuda. Cuando golpearon a mi puerta me negué para no sentirme como un paralítico guiando a un ciego. Recordé entonces que mi primo, el intelectual de la familia, había abordado con éxito una aventura más difícil y solicité su ayuda. Con el ofrecimiento de su participación y sus consejos, acepté ser miembro de Ecuacolombia. Ahora, además de abusar de él y cansarlo seguido por Internet, la colección de Poetintos es mi libro de cabecera.Somos concientes del atrevimiento en que estamos incurriendo y lo hacemos porque Hugo nos entusiasma y apoya. Fuera de esto, en esta carrera de aprendizaje, algunos amigos critican y señalan nuestros errores. A todos ellos y al "benemérito profesor", Hugo Hernán Aparicio, los más significativos agradecimientos.

 LA AVENIDA: NUEVA PUBLICACIÓN LITERARIA

Éider Barreto y Ángel Castaño Con este sugestivo nombre, aparece un nuevo medio para expresar y divulgar trabajo literario. “Queríamos una publicación en donde la alegría fuera el principal soporte. La alegría de escribir sobre temas que nos gustan, la alegría de compartir con el público lector, en este caso con ustedes, queridos amigos, nuestro compromiso con la libertad humana”; expresan Ángel Alberto Castaño y Éider Alexánder Barreto, sus editores. Estudiantes de periodismo de la Universidad del Quindío, entusiastas lectores y escritores, han atendido el llamado de su pasión literaria y emprenden la tarea de llegar al reducido público lector del Quindío con una propuesta fresca, juvenil, de buena calidad.

Poetintos agradece la deferencia de Ángel, colaborador habitual, y de Alexánder, quienes nos distinguieron como receptores de los primeros ejemplares. La observación objetiva de sus seis páginas, nos permite prever su éxito.

De especial interés las dos crónicas urbanas: Cejas, entre Borges y Gabo y Fantasmas Urbanos: la mendicidad. En estas se perfila con claridad al periodista sensible, con claro compromiso social: “No tenía ni cinco en los bolsillos, sólo unas cuantas revistas de historietas. En un arrebato de inspiración, cogió la caja en la que guardaba los zapatos, metió las revistas y salió, sin tener nada qué perder, a la galería, en búsqueda de lectores para su literatura pobre”.

 ORHAN PAMUK: DISCURSO DEL PREMIO NÓBEL DE LITERATURA (APARTE)

Orhan Pamuk"Conocía desde la infancia esa pequeña valija de cuero negro, su cerradura, sus abollados rebordes. Mi padre la usaba para sus viajes cortos y también, a veces, para llevar documentos de la casa al trabajo. Recordaba haber abierto esta valija, cuando era niño, y escarbado en sus cosas que despedían un delicioso aroma de agua de Colonia y de tierras extranjeras. Este maletín era para mí un objeto conocido y fascinante, asociado a mi pasado y a mis recuerdos de la infancia; sin embargo, ahora no me atrevía a tocarlo. ¿Por qué? Lo que me inhibía era sin duda la importancia, el peso enorme de la misteriosa gravedad que su contenido parecía esconder.

Ahora voy a hablar sobre el significado de este peso secreto: es el resultado de lo que un ser humano logra crear cuando, encerrado en su cuarto de trabajo y sentado ante una mesa o en un rincón, se expresa por medio del papel y la pluma. Es decir, este es el sentido de la literatura.

No me atrevía a tocar ni a abrir el maletín de mi padre, pero conocía algunos de los cuadernos de notas que contenía. Ya había visto a mi padre escribir en ellos. No era la primera vez que yo sentía hondamente todo el peso contenido en este maletín. Mi padre tenía una gran biblioteca; en su juventud, a fines de la década de 1940, había querido ser poeta en Estambul y había traducido a Valéry al turco, pero no había querido exponerse a las dificultades de una vida consagrada a la poesía en un país pobre, donde los lectores eran escasos. Su padre –mi abuelo– era un empresario rico; mi padre había tenido una infancia cómoda y no quería empobrecerse por la literatura. Él amaba la vida con todos sus placeres, y yo lo comprendía.

Lo primero que me inhibía de acercarme al maletín de mi padre era el temor de que sus escritos no me gustaran. Mi padre tenía la misma duda y los había presentado con una actitud de cierta indiferencia, como si no tomara demasiado en serio el contenido del maletín. Esta actitud me afligía; yo llevaba ya veinticinco años trabajando como escritor, pero no quería reprochar a mi padre por no haber tomado la literatura con suficiente seriedad… Mi verdadero temor, la cosa que me aterraba verdaderamente, era la posibilidad de que mi padre hubiera sido un buen escritor. Este miedo era lo que me impedía abrir el maletín de mi padre. Peor todavía, yo no era capaz de confesarme a mí mismo esta razón, porque si de su pequeña valija surgía una gran obra, yo estaría obligado a reconocer la existencia de otro hombre, totalmente diferente, en el interior de mi padre. Era una posibilidad aterradora. Porque incluso a mi edad, ya avanzada, yo quería que mi padre fuera solamente mi padre, no un escritor."
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