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 EDITORIAL: EL APLAZADO ¡BASTA YA!

CONDENA A LA BARBARIE, CONDICIONADA

El decidido ¡basta ya! que los colombianos deberíamos oponer a las violencias fratricidas, seguirá haciéndose esperar. Para los habitantes de las grandes ciudades, el conflicto es remoto, aunque una que otra bomba, de vez en cuando, se lo recuerde. Desde el otro país, el de las regiones disputadas por intereses narcoestratégicos, actos de extrema barbarie, al descubierto tras las confesiones de los oficiantes del horror, producen una condena social cada vez más débil, cercana a la indiferencia; no trasciende la curiosidad morbosa que despiertan las noticias en la pantalla. Condicionada además tal condena a visiones políticas particulares, al sesgo que cada cual da a los hechos según el bando donde se ubique.

Los afectos al gobierno nacional actual, partidarios del orden fundado en el autoritarismo de estado, execran los procedimientos de la subversión y tienden a ignorar los crímenes de los "paras". No pocos, incluso, justifican atrocidades, hace tiempo sabidas pero recién difundidas en voces e imágenes, con el argumento de que se trató de una defensa de la sociedad, legitimada con el uso de procedimientos similares a los de su enemigo, iniciador del festín de la muerte hace medio siglo. Nada menos que la justicia privada y la primitiva ley del "ojo por ojo...". Fosas comunes con evidencias de crueldad demencial, relatos descarnados de jefes paramilitares y narcocamuflados, testimonios de víctimas sobrevivientes, entre otros elementos de prueba, pasan por el tamiz permisivo de ciertas conciencias "patrióticas".

En la orilla opuesta, sectores recalcitrantes de extrema izquierda, acuden aún a manuales revolucionarios apolillados, que conceden licencia a las armas y al terror como recursos legítimos de acceso al poder político, echando mano de aquella ominosa consigna leninista: "combinación de todas las formas de lucha". Pese a declaraciones del ala moderada del Polo Democrático Alternativo que descalifican la vía armada, la opinión no ignora que al interior del partido opositor conviven tendencias aún simpatizantes con ella y que tal contradicción no está resuelta del todo.

EL SECUESTRO

Refirámonos a uno, de lejos el peor de los crímenes que comete la subversión (modernos Robin Hoods, de acuerdo a la visión de "analistas" de nuestra realidad, desde la molicie europea), recordado por estos días en toda su crudeza, de labios del intendente de policía fugado: es sencillamente imposible explicar, menos justificar el secuestro y el trato aberrante, inhumano, al que son sometidas las víctimas de tal delito, desde cualquier filosofía o credo ideológico. Retener y violentar seres humanos en estado de total indefensión, rebajarlos a la condición de mercancía económica o política, es inaceptable en lo absoluto; viola además todas las legislaciones y declaraciones universales de derechos humanos que dicen defender ciertos falsos promotores. ¡Y pensar que no faltan quienes culpan al gobierno de la suerte de los rehenes por no rendirse a las exigencias de los captores...!

GUERRA DEGRADADA

Si a la actividad de los grupos armados ilegales, financiada y cruzada por el narcotráfico, sumamos la de grupos de delincuencia común urbana o rural, tan sanguinarios como los otros, tenemos un escenario que iguala en desprecio por la vida y dignidad humanas, a otros que parecen conmover la conciencia del mundo. Ruanda, Irak, Afganistán, El Líbano, captan más audiencia; venden más que la pequeña y degradada guerra del país de la coca y de García Márquez.

En tal sentido, la actitud interna parece influir sobre la opinión internacional. Al igual que acá, los pocos medios, gobiernos externos y organismos independientes, interesados en nuestra tragedia, esgrimen la retórica de los Derechos Humanos, según parece solo obligante para el estado, mientras toman partido a favor o en contra, bien de la política de seguridad del gobierno, bien de los actores armados del intrincado conflicto colombiano, según intereses particulares o tendencias ideológicas de los partidos en el poder de cada nación. Tema de más amplio comentario es la actitud del gobierno y los partidos políticos de los Estados Unidos, ahora navegando en una ambivalencia paradójica frente a Colombia, histórico socio y aliado. En nuestro caso, como en otros de mayor resonancia, la doble o triple moral que aplica el Tío Sam es desconcertante.

¿NUEVO PAÍS?

Uno de los asuntos de fondo, en el cual tendríamos que estar de acuerdo los colombianos, incluyendo los actores armados ilegales, es que sobre la base de asesinatos, secuestros, torturas y demás delitos de lesa humanidad, es del todo imposible construir un nuevo orden social en el país. Además, que quienes siembran el terror y violan en forma sistemática los derechos inalienables del ser humano, no pueden aspirar a constituirse en opción válida de poder político.

Muy oportuno sería en las actuales circunstancias, próximas las elecciones locales y regionales, una iniciativa contundente, explícita, rotunda, del Polo Democrático Alternativo, de condena al secuestro y a cualquier otra forma de violencia armada, sin considerar su pretexto político. Si continuamos reteniendo en la garganta colectiva el grito definitivo de ¡basta ya!, si permitimos que el desprecio por el ser humano continúe su trágica vigencia, Colombia y sus habitantes seguiremos sometidos a la vergüenza ante el mundo y al rezago de la historia.

 DISCURSO DE JOSÉ NODIER SOLÓRZANO CASTAÑO

Con ocasión del acto en el cual se reconocieron los consejos de áreas culturales del departamento, El escritor calarqueño José Nodier Solórzano Castaño, presidente del Consejo Nacional del Área de Literatura, pronunció el discurso que reproducimos a continuación de sus datos personales.

José Nodier Solórzano Nacido en Calarcá, Quindío, el 11 de abril de 1963, licenciado en lingüística y literatura, especializado en pedagogía en la Universidad del Quindío. Finalista de diversos concursos literarios, entre otros: Concurso Nacional de Cuento Clarisa Zuluaga de Jaramillo, Concurso Departamental de Cuento Innovador, en el Quindío, Concurso Distrital de Cuento, en Bogotá. Exaltado por las entidades territoriales de Bogotá, Calarcá y Armenia, como escritor y gestor cultural.

Ha publicado sus cuentos y ensayos en los principales periódicos y revistas del país. Fue director del Taller Literario Carmelina Soto y de la Revista Termita. En la actualidad dirige la Revista Tricolor, de turismo y cultura, que circula en Colombia y en Estados Unidos, y el programa radial Huella Digital, emitido por la U.F.M. Stereo, emisora cultural de la Universidad del Quindío. Fue ganador del primer Concurso Nacional de Cuento Juvenil, Círculo de Lectores, 1983, y del Concurso Nacional de Cuento Ciudad de Barrancabermeja, 2003.

Actualmente se desempeña como coordinador académico del Instituto de Bellas Artes de la Facultad de Ciencias Humanas y Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Fue elegido por los escritores y gestores de Chocó, Antioquia, Caldas, Valle del Cauca y Quindío, como presidente del Consejo Regional de Literatura de Occidente. Igualmente fue elegido, en el Teatro Colón de Bogotá, por los representantes de las regiones como presidente del Consejo Nacional del Área de Literatura, con participación en el Consejo Nacional de Cultura, para el periodo 2007-2009.

Al presentar a todos ustedes mi saludo cordial, en especial a la señora Gobernadora Amparo Arbeláez Escalante y a su grupo de trabajo de la Dirección de Cultura, Diana María, José Fernando, Jacqueline, Jesús Ernesto, y los demás funcionarios que prestan sus servicios en esa dependencia, quiero hacer una breve reflexión sobre el papel que cumpliremos en el departamento, en la región y cómo abordaremos nuestra función en la Presidencia Nacional de Literatura y en el Consejo Nacional de Cultura.

Dice Umberto Eco que los intelectuales tenemos la obligación de provocar, con nuestros pensamientos y obras, crisis sociales. Que nuestra tarea, más allá de crear belleza, en el caso de los artistas, se sustenta en la capacidad de decir las cosas por su nombre, en especial los escritores, y de romper el marasmo y la pasividad de ciertas épocas de la vida ciudadana.

Y dice Rosamira Castrillón, la prestigiosa crítica de arte, en su ensayo "Cartografía de la cultura quindiana y genealogía de su impotencia", que nada hay más peligroso para un sociedad sumida en la estulticia que un escritor que sufra de insomnio crónico.

Como sea, asumimos que nuestra representación como consejeros apunta a tres componentes primordiales: crear conciencia sobre la pertinencia del arte en nuestro medio, promover ciclos de formación no formales y superiores, y proponer fuentes fijas y sostenibles de financiación de la cultura.

Necesitamos que la sociedad comprenda que la cultura y el arte son esencia de la nacionalidad, y que no tiene el restringido significado de ser el cuadrito que adorna la pared, la funcioncita que entretiene o la musiquita que ambienta las cenas y salas de espera de los consultorios de odontología.

Necesitamos que se entienda que el presupuesto destinado a la cultura es inversión para la convivencia, para auspiciar la pluralidad conceptual y, además, para crear referentes estéticos para la comunidad. Esa es nuestra primera tarea, la que emprendemos con base en un esfuerzo conjunto para que el Quindío pase de una noción de cultura y arte de espectáculo a un concepto de cultura que investiga, que profesionaliza y que crea reflexión y belleza.

Para ello, requerimos que la Universidad del Quindío, y muy particularmente nuestro Instituto de Bellas Artes, pueda, con el apoyo de todos los estamentos culturales, iniciar sus programas de profesionalización. Es decir que eduquemos para la creación artística.

En ese contexto de configuración de conciencia y de formación superior, es muy importante que los artistas del Quindío, y de manera particular los escritores, se vuelvan visibles para la comunidad: que sus palabras sean escuchadas, que sus obras tengan circulación por las bibliotecas y aulas del Quindío, y que sus méritos sean recompensados por el Estado.

Cuando hablo de recompensados, me refiero a que su producción sea respetada, y no sólo valorada con medallitas o diplomitas que son importantes, pero que no resuelven las afugias cotidianas del creador.

En nuestro caso, en el área de literatura, iniciaremos la gestión y asesoría con varias propuestas de dimensión nacional: la creación de la Ley Nacional de la Literatura Gabriel García Márquez, la fundación de la Escuela de Estudios Literarios, la ampliación de cobertura de la red Nacional de Talleres Literarios, y la creación de clubes de lectura para madres gestantes. Este último proyecto, lo iniciaremos en el mes de junio en Calarcá, con base en una cofinanciación que logró la alcaldesa Luz Marllie Alonso Gaviria, en el Ministerio de Cultura.

Todos estos temas, los abordaremos en el Consejo Regional de Literatura que haremos, con los escritores del occidente del país, en junio, en el contexto de las Fiestas Nacionales del Café.

La Ley Nacional de la Literatura, que también discutiremos en Armenia en la sesión del Consejo Nacional de Literatura, nos permitirá convertir el oficio del escritor en una profesión, salvaguardar su seguridad social y, sobre todo, pasar de ser los mendigos de la cultura a configurarnos en colombianos respetables que trabajamos con el lenguaje y la imaginación.

Pase lo que pase necesitamos revertir los presupuestos de guerra en inversiones para los niños y para su educación.

Decirle y repetirle a los sacerdotes del poder, en particular al señor Presidente de la República que él está equivocado: que no minemos más el territorio de dolor porque ese dolor ya está sepultado en fosas comunes.

Decirle y repetirle que el Quindío no es, en estricto sentido, un pedacito de cielo: que aquí se presentan todos los días, como en los infiernos mayores, los terribles dramas humanos de la pobreza y el desempleo, y que esa subcultura del narcotráfico, que tanto dolor causó en su Antioquia del alma, aquí vuelve a florecer con la presencia económica y física de los narcoparamilitares en los bienes y corredores turísticos.

Y que esa subcultura del narcotráfico, con la que todos fuimos complacientes en los años ochentas, hoy conjuga su verbo traquetiar en los colegios y en las calles del departamento.

Quiero terminar con una frase dicha y repetida por mi amiga Rosamira Castrillón, connotada ensayista sobre literatura e identidad quindianas:

"Que es mayor ciego aquel que, movido por sus miedos y conveniencias, cubre su rostro con los festones de la autocomplacencia"

Muchas gracias señora gobernadora, porque gracias a su gestión, y a la de su equipo de cultura, se respetan y se auspician estos espacios democráticos para los quindianos.

 GOLPE DE SUERTE (CUENTO) Por: Hugo H. Aparicio

Acezando, emparamado, se detuvo al borde de la acera. Con la mano libre escurrió ojos y frente. Luz roja del semáforo en el sentido de la avenida. Midió la longitud del paso para salvar el charco; lo que tardarían en pasar por su sitio, vehículos y conductores impacientes. Decidió saltar un instante después del cambio a luz amarilla. Cálculo errado. Olvidó edad, peso corporal, la carga que llevaba. Noche y lluvia terca que comenzó a media tarde. Cayó de mala forma. El estrépito de la caja de madera al hacerse añicos, frenazos; dos golpes simultáneos: del primer automóvil contra el cuerpo y del segundo que reaccionó a destiempo. Todo en cinco segundos. Unos más para que conductores involucrados, casuales testigos como yo, curiosos que no faltan, rodeáramos al hombre grueso que gritaba con voz de sordina desde el pavimento. ¡No me toquen!...¡una ambulancia!... ¡la caja!... ¿Sentido práctico, solidario?, me encargué de la última alusión mientras los demás atendían al caído. La pequeña carga de confites y cigarrillos había rodado, desperdigada. Tranquilo, no se preocupe, yo los recojo, dije en voz alta, mientras hacía lo propio, rápido, con la ayuda de otro voluntario. De alguna parte llegó un talego de fibra donde cupo todo; mojado, pero a salvo, entre los pedazos de la caja. Más curiosos y oportunistas, a pesar de la llovizna pertinaz.

- No, qué va, se tiró de una; antes no le pasó por encima... Yo me pillé todo... si necesita testigos...

No se preocupe, aquí están sus cosas. Todavía aturdido, me ubicó entre el cerco humano, desde el piso, y asintió. Tardaba la ambulancia. Más sereno, aceptó un taxi para el traslado al hospital. ¡Alguien que lo acompañe con el seguro del carro!, pidió el único agente de policía, recién hecho cargo del caso. Se esforzaba al mismo tiempo en controlar el desorden y reportaba la novedad por el radio. Custodio de sus dulces, pertenencia que el accidentado insistía en reclamar, no creí tener alternativa. Con dificultad, precaución al levantarlo, instrucciones y quejas apagadas de la víctima, seis, ocho brazos le encontraron acomodo en el vehículo. El producto de mi rescate, en el baúl; la carrera prepagada en exceso; conmigo de copiloto, el taxi arrancó sonando el pito, insistente, a manera de sirena. Doblado sobre el cojín, sostenía el cuerpo del hombre con las dos manos e intentaba evitar el desmayo forzando una conversación. Destilábamos ambos; él, algo de sangre, desde el pantalón y la cabeza. ¿Cómo se siente? ¿está mareado? Aquí traigo sus dulces. Respondía a medias, pálido, abriendo, cerrando los ojos. Porfiando en permanecer lúcido. Le recordé que necesitaríamos su cédula. Con un gesto labial señaló el costado, el bolsillo de la guayabera, raída y sucia. Saqué de él una billetera transpirada. Tarjetas, papeles, un par de fotos en las que no me detuve; el documento que buscaba. Lo extraje y devolví lo demás al bolsillo. ¿Quiere que avise a alguien? Negó con la cabeza. Diestro, el taxista sorteó el tráfico. En siete u ocho minutos, un auxiliar, el conductor y yo, entre agudos ayes, acomodábamos al accidentado en la camilla. Ignorando el reparo del vigilante, ingresé con el costal de los dulces. Lo dejé en un rincón del salón mientras cumplía los trámites de registro del paciente, ya internado. La mujer del computador tomó las dos tarjetas laminadas, tecleó con desgano y preguntó sin mirarme; ¿dirección? Yo estaba cerca de él en el momento del accidente pero no lo conozco. Ya, siéntese... ¿va a esperar? No le interesó mi respuesta.

¿Qué o a quién espero?, tardé en preguntármelo. La ropa mojada calaba cuerpo, ánimo. Tasé fortuna y fatalidad. ¿Por qué la imprudencia?, ¿huía de la lluvia, de alguien? Descarté el alcohol. Lo habría percibido en el traslado. ¿A esta hora, quiénes, en dónde lo aguardan?. Pudo haber sido peor si el carro hubiera arrancado más veloz... si los reflejos del conductor... ¿Qué lesiones tendrá; pasajeras, permanentes? Los restos de su cajón de vendedor callejero reclamaban aún mi presencia en el caso. Decidí indagar sobre el herido y recordé que desconocía su nombre. La mujer de la recepción no estaba en su puesto; nadie dio razón de los documentos. Abordé a un muchacho con aspecto de practicante: presumido, presuroso y preguntón. No, no tengo ninguna relación de parentesco o amistad con el señor. Me ofrecí a acompañarlo en el transporte y guardo algo de su propiedad. Desconfió. Vamos a tomar rayos equis; pero lo peor en estos casos lo hemos descartado. Está consciente, estable, no hay lesión de columna, ni trauma cerebral severo. Fracturas; posiblemente lesiones internas que estamos valorando. Placas y varios exámenes que demorarán un rato. Por ahora, no puede hablar con él. Yo le aviso.

Tiritaba. Frío e impaciencia. Transcurrió más de media hora sin que apareciera el conductor responsable, ni autoridad alguna. Ansiaba librarme ya de cualquier compromiso y diluirme en mi propia noche. Si quiere hablar con el señor, siga pero no se demore; mientras llega el especialista.

Los jirones de guayabera y pantalón ensangrentados en la cesta de deshechos; suero en goteo veloz; vip vips y pantallitas electrónicas. Cuénteme, patrón, ¿usted vio lo que pasó? Yo me acuerdo a medias. La misma voz ensordinada a escaso volumen, fatigosa; no afín con su contextura. Le hice el relato abreviado. Su caja está entre una bolsa, aquí en la sala de espera. Gracias, qué pena, señor. No se preocupe. Tómelo con paciencia; parece que no es grave. Silencio. ¡Qué suerte la de esa perra! Pausa. Ya la tenía en la mira y ahora, quién sabe... dos años buscándola. Una maldita perra, patrón. La tengo localizada y esta noche era el cobro. Pausa. Se llevó todo lo mío. Tres años raspando coca, a sol y agua, en plena selva... en el Putumayo. Ahorrando. Pausa. No me tomaba un aguardiente, una cerveza; nunca iba con mujeres. Ahorre y ahorre dizque pa sacala de la vida y largarnos lejos. Me dejó tirado esa basura, por un policía; ahora vine a saber. ¡Pa mi dios, sin un peso! Llevo dos años midiendo calles, comiendo mierda de pueblo en pueblo. Pausa. Creyó que podía echarse a perder... que nunca daría con ella. Lo que son los celulares, patrón... Preciso, esta noche... Pero no se salva. Que le caigo, le caigo, aunque se esconda en la tumba. Pausa larga. ¡Y que le cobro, le cobro hasta el último centavo y con intereses! ¡el polocho tampoco se escapa! Pausa. El practicante. Señor, salga por favor. Lo suyo se lo dejo encargado con el vigilante, le dije. Suerte.

Respiré hondo. El hedor a odio y a hospital me asfixiaba. Mi urgencia consistía en salir de allí, llegar a casa, tomar una ducha y un café hirviendo.

¿Usted es el que trajo al herido? Si señor. Espere nos contesta unas pregunticas. Uno de los uniformados entró. El otro permaneció conmigo en la sala, frotándose las manos y quejándose de la lluvia. Lo va a coger la gripa con esa ropa empapada... ¿Es amigo de él? Otra vez el relato resumido. Ah, ya. Miró con indiferencia el bulto que yo le señalaba, en el rincón. Se acercó el compañero. No pudo dialogar con el herido. Lo estaban enyesando. Esta vez el resumen lo hizo mi interlocutor. No oculté disgusto y cansancio. Por si acaso, déjeme sus datos. A desgano se acercó al rincón y trajo el producto de mi rescate. Son dulces y cigarrillos. Dije. Abrió el talego... mmmm... Sacó los pedazos del cajón; miró, palpó, sopesó. Golpes con la uña del índice. Sonido sólido... sonido hueco. Señas de inteligencia entre ellos. Deslizó un pequeño listón camuflado y aparecieron las papeletas, con un polvo amarillento que, todavía, después de varios meses, me tienen enredado.

 POESÍA DEL ORIENTE MEDIO (*)

MOHAMMAD AL-MAGHUT

Poeta, dramaturgo y periodista. Nació en 1934 en Al-Salamiyaa, Siria. Ha publicado tres colecciones de poemas: Sadness in Moonlight, (1959)), A room with Millions of walls (1964) y Joy is not my Profession (1970) y fue el primer poeta árabe moderno que llamó la atención sobre el complejo colorido de la vida sencilla. Escrita durante se exilio en Beirut, su poesía es uno de los trabajos pioneros en el verso libre árabe, sin métrica. Al-Maghut presentó una nueva visión de la existencia, desconocida para las nuevas generaciones de poetas y es todavía una fuerza influyente en la moderna poesía árabe. Ha publicado también dos obras de teatro, una novela y dos colecciones de artículos satíricos.

SALAH HASSAN

Es un poeta iraquí, de la generación de los ochenta. Nació en Babilonia en 1.960, licenciado en Bellas Artes y abandonó su país en el año 1992. En la actualidad, reside en Holanda. Ha recibido el premio de la posía iraquí 1992 y el premio Dunya de la poesía holandesa 1996. Es autor de varias obras importantes de teatro y de poesía como, por ejemplo: Saliendo con averiada brújula, Inquietud babilónica.

* Biografías y poemas reproducidos de Revista PROMETEO Nº 70 / 2005

EL HUÉRFANO

Ah,
es el sueño, el sueño,
mi carroza dorada y fuerte
se destruyó,
y sus ruedas quedaron
desperdigadas, como los gitanos,
por doquier.
Soñé una noche con la primavera
y, cuando desperté,
las flores cubrían mi almohada.
Soñé una vez con el mar
y, por la mañana,
estaba mi cama llena de conchas y
aletas de peces.
Pero cuando soñé con la libertad
La soga
rodeaba mi cuello como un halo de
luz.
Ya no me encontraréis a partir de
ahora
en los puertos o entre los trenes;
me encontraréis allí...
en las bibliotecas públicas,
durmiendo sobre los mapas de
Europa,
como un huérfano sobre la acera,
tocando con mi boca ríos y ríos,
fluyendo con mis lágrimas de un
continente a otro.

BAGDAD

Bagdad
¿Eres una patria o un campo de tiro?
¿Eres un paisaje que hay que destruir
o una escalera de víctimas
que no se sacia de su muerte?
Bagdad
¿Eres una cesta que se hunde
y no se llena sino de vida?
¿Acaso es ésta tu fiesta
o tu muerte?
¿Estos caramelos de fuego
son para tus niños muertos
o para la última fiesta de tu degollación?
Entonces, muérete.
Volvámonos a donde hemos venido
a los desiertos y al infinito
esperando un nuevo profeta.

OIGA, TURISTA

Mi infancia y mi vejez están
lejanas;
mi patria y mi exilio, también.
Turista, préstame tus prismáticos,
tal vez fugazmente una mano o
un pañuelo
que me hace señas en este universo.
Hazme una foto mientras lloro,
mientras me siento sobre mi
trasero con mis harapos,
frente al umbral del hotel,
y escribe en el reverso de la foto:
éste es un poeta de oriente medio.
Pon tu pañuelo blanco en la acera
y siéntate a mi lado bajo esta tierna
lluvia.
Voy a revelarte un peligroso
secreto.
Despide a tus guías y a tus
acompañantes
y tira al barro o al fuego,
todas las notas e impresiones que
has escrito.
Cualquier viejo campesino
puede relatarte, en una tonada de dos
versos,
toda la historia de oriente medio
mientras se lía un cigarrillo delante
de su tienda.

HUIR DE LA FAMILIA

No era mala idea
Soñé con una casa y la habité
No era mala idea
Soñé con una mujer y me casé con ella
No era mala idea
Dibujé cutro niños y los tuve
Tampoco era mala idea
Cuando dibujé una puerta trasera de la casa
Y por ella me escapé.

 
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