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Poetintos
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 EDITORIAL: ¿DE CAFÉ A OSCURO? (2)

CaficulturaEn momentos en que el gremio cafetero, a través del gerente de Fedecafé, Gabriel Silva, manifiesta alarma por los efectos del prolongado invierno, las fuertes alzas en los costos de los agroquímicos y la sostenida revaluación del peso respecto al dólar, retomamos el tema del jornal rural, en especial el cafetero, fuente distributiva del ingreso de municipio y región, desde dos perspectivas. Primero, caracterizamos las formas usuales de contratación de mano de obra y sus efectos sociales; después, esbozamos una propuesta alternativa que comprometería a actores contractuales, gremiales y gobernantes. Aspiramos a suscitar interés frente a este asunto de alta incidencia social, eludido sin explicación por responsables y protagonistas. Las siguientes son realidades objetivas:

- Sin desconocer que existen unidades de producción cafetera y agropecuaria que se ciñen a la norma laboral, es innegable que en gran mayoría prefieren la informalidad tradicional.

- Este esquema, con pocas variantes, consiste en el pago de jornal por día regular de labor, sin contrato formal ni prestaciones, y sólo por el tiempo que determine quien dirige el cultivo. En épocas de cosecha, la recolección se paga de acuerdo con la cantidad de grano recolectado (a destajo); modalidad que reporta mejores ingresos para el trabajador, aunque se reduce a dos cortos periodos semestrales, con intensidad dependiente de factores inciertos. De la liquidación individual, se descuenta el valor pactado por alimentación, contratada por el patrón aunque sufragada por el jornalero, por lo general rica en carbohidratos, azúcares, grasas, aunque pobre en proteínas.

- El carácter cíclico de los periodos que requieren mayor o menor oficio en los cafetales, ocasiona continuas fluctuaciones en la demanda de mano de obra, aunque la oferta (brazos disponibles para el trabajo), siempre es mayor. Sólo en ocasiones de excepción podría hablarse de escasez de personal. La inestabilidad laboral y la precaria compensación económica del jornalero rural, predominan; se reflejan además en actitudes pasivas, de desesperanza, tanto en el individuo como en su entorno familiar.

- Estas formas de remuneración, establecidas hace décadas, se conservan sin mayores cambios y producen efectos graves: bajo nivel de ingresos del trabajador con relación a los mínimos legales y a otros oficios no calificados, desprotección del mismo en cuanto a prestaciones laborales y seguridad social, nula capacidad de inversión, de ahorro, de promoción intelectual y productiva, marginación social, trabajo infantil para sustituir o complementar el de los adultos, deserción escolar resultante, entre otros. Aparte de servicios de salud, a los que pueden acceder ciertos beneficiarios del régimen subsidiado mediante el Sisben, la cercana perspectiva de un ejército de adultos mayores excluidos de la fuerza laboral, sin posibilidad de alcanzar una pensión de subsistencia, relegados al olvido por las familias y el estado, es tétrica.

- Una triste paradoja, sólo en apariencia desligada del tema central: el pobre recurso alimentario que el Quindío, tierra de reconocida calidad, produce para el consumo de sus habitantes. A diferencia, por ejemplo, de los municipios tolimenses del flanco oriental de la cordillera, donde además de café se cultivan legumbres, hortalizas, frutas, gramíneas, tubérculos, en nuestra región persistimos, tanto en el monocultivo agrícola como en una mono-visión del mundo.

- Ni de los partidos políticos -incluida la izquierda, abanderada histórica de causas colectivas-, ni de sucesivos gobiernos o congresos nacionales, han surgido iniciativas dirigidas al estudio objetivo de la realidad laboral del sector rural, y mucho menos a la corrección de persistentes errores que relegan el trabajo del campo al peldaño más bajo de la escala social.

La postura cómoda frente a estas realidades, la misma que ha predominado hasta ahora, es eludirlas, ignorarlas, restarles trascendencia. No obstante, es claro que la evidente inequidad del esquema vigente no es sostenible a mediano plazo. La actitud responsable, aquella que nadie quiere asumir por la tremenda complejidad que supone, es idear y concertar alternativas viables que ataquen el problema de fondo, la creciente pobreza de la población vinculada al trabajo rural, y ponerlas en marcha.

Cualquier intento de promover cambios positivos en el tema que nos ocupa, pasa por la concertación con los sectores sociales afectados: propietarios de los predios (agremiados en comités de cafeteros), organizaciones campesinas o de jornaleros, gobiernos: nacional, departamental y local. Si se trata de lograr mejoras sociales importantes, todas las partes tendrán que aportar. Nos parece que organizaciones de economía solidaria, tales como cooperativas de trabajo asociado, o similares, podrían ser instrumentos adecuados para rediseñar, en función de equidad y dignidad, la relación laboral en las regiones cafeteras. Si quien demanda mano de obra pudiera contratarla con una entidad responsable, y esta a su vez estuviera en capacidad de proveerla, en condiciones competitivas, se avanzaría bastante. Las cooperativas tendrían que asociar a trabajadores aptos, de buena calidad humana, a quienes garantizaría prestaciones y seguridad social mínimas. Desde luego, tanto el estado, en forma de estímulos o subsidios a empleadores y trabajadores, como el mismo gremio cafetero, obligándose a adoptar una relación laboral más justa, y asumiendo algún posible sobrecosto, compensable en términos de seguridad integral y sostenibilidad del entorno social, tendrían que contribuir para superar inconvenientes previsibles. Estamos en mora de plantear una Colombia rural que derrote la inequidad, causa primaria de sus violentos conflictos.

 BESTIARIO QUINDIANO: EL GALLINAZO AZUL

Por: Umberto Senegal

Esplendorosa ave de largas alas (1.90 de envergadura) variedad de la especie Cathartes aura, de la cual sólo hay ejemplares en Arica y en el departamento del Quindío. Específicamente en Calarcá. De pico blanco con fina línea rosada. De tan extraño zamuro, sobreviven varios en este municipio. En su serie de aves, el pintor calarqueño Gabriel González Molina representó un hembra de 80 años de edad, verificables por el número de estrías de sus patas, donde se observa la silueta del mapa del Quindío. Este gallinazo se puede ver durante la madrugada o al atardecer. Vuela por el territorio quindiano hasta límites con Tolima.

La Unión Internacional para la protección de la naturaleza (UIPN) lo considera en peligro crítico. En su libro Ojos de perro azul, García Márquez pone en boca de uno de sus personajes la descripción de dicho gallinazo, ubicándolo en el departamento de Bolívar, uno de los mayores gazapos en que incurre el novelista colombiano. El crítico belga Alexander Wouters, de quien cito el dato, le ha encontrado 1.378 gazapos al octogenario Nobel. Las descripciones de González, según nos lo aclaró diez años antes de fallecer, las obtuvo de campesinos de la vereda El Pencil, de Calarcá. Lisandro Antonio Gutiérrez Osorno (75 años de edad), copropietario de la finca Los Costales, le refirió haber visto varios en los guásimos de su finca.

El gallinazo azul no requiere hábitat determinado. Cambia fácil de lugar como ocurrió, en noviembre de 2007, en un sector del túnel que se construye en La Línea, donde varios de sus nidos fueron destruidos. Por fortuna, ningún ejemplar sufrió daños y varias hembras alcanzaron a trasladar sus huevos. Ni trabajadores ni ingenieros distinguieron los nidos. Con certeza, nunca han visto gallinazos azules que sobrevuelen tal lugar entre seis de la tarde y siete de la noche. Los nidos los construyen con hojas secas de café, mota de balso y telaraña. El gallinazo azul descansa siempre sobre árboles florecidos donde reposa la mayor parte del día, camuflado entre sus flores o entre sus frutos, cuando los tienen.

Observando con paciencia, puede descubrirse alguno en un guayacán lila florecido, por lo regular en el centro del árbol. Semejante físicamente al zopilote negro, tiene melódica voz con acordes de violín que emite largo rato cuando la neblina cubre el lugar donde se encuentra. En su Historial General y Natural de Las indias, Gonzalo Fernández de Oviedo le dedica varias páginas, aunque fantasea un poco con su insólita forma de aparearse. Ernesto Restrepo Tirado, puntualiza, en sus estudios sobre los indios Pijao, que estos hacían el amor "imitando la postura del casi-mítico gallinazo azul que abunda en territorios del cacique Calarcá.

Nace con refulgente plumaje azul oscuro que durante su ciclo vital de 108 años pierde intensidad. Se alimenta de frutos en descomposición y semillas de girasol. Es indiferente a la carroña. De audición más aguda que su visión, escucha caer frutos maduros de árboles a 500 metros de distancia. Sólo beben agua de lluvia. En sectores de tierra fría, succionan las ubres de vacas recién paridas. La tradición oral del Quindío asegura que quien encuentre uno de sus huevos y lo conserve en una bolsa de seda azul, recordará con detalle sus pesadillas desde niño. Se relacionan fácil con las demás aves a las cuales ayudan a construir sus nidos y a calentar sus huevos. En grupos de tres, desprenden un intenso aroma semejante al de la yerbabuena. Los jueves cada 15 días , llega al parque de Barcelona un imponente ejemplar de gallinazo azul que reposa durante cinco minutos en la torre de la iglesia y luego emprende vuelo hacia Córdoba. Una prestigiosa fotógrafa calarqueña conserva como reliquia varias fotos del gallinazo azul, tomadas cerca del campanario en 1988. Nunca las ha expuesto.

 EL ORO QUE TODOS LLEVAMOS PUESTO

Por: Ricardo Vejarano

Un roedor intruso fue profeta de buenas nuevas. Pese a lo absurdo que pueda sonar, esta rata, del tamaño de una papaya, irrumpió en medio de una conversación .

Un salto me llevó a la puerta y en medio de los gritos ésta se cerró de nuevo, dejando a mis tres amigos cara a cara con la rata. Sí, una rata que nos robó el miedo a las minas y a la montaña sobre la cual está parada Marmato, en el departamento de Caldas, en Colombia.

La rata también mató lo que había quedado de pasmo el día que vi por primera vez la montaña. Sólo quien está frente a ella puede entender lo que se siente al verla. Marmato es un derrumbe con casas y un panal de donde cientos de hombres sacan piedra. Tras rodar cientos de metros abajo, queda reducida a hojuelas de oro que, finalmente, se la llevan otros, para otras partes, y no vuelve.

Luego de los gritos todo volvió a la calma aquella noche donde no hubo espinas en los rosales; sólo aire fresco y alucinante. A pesar del susto, ningún reparo salió de los rotos por donde sí salió aquella rata sagrada, asesina de miedos y silencios.

Hoy te agradezco, hermosa rata, que nada tienes de bestia ni de fea. Eres linda, linda como la noche en Marmato que más bien parece un cúmulo de estrellas prendidas de una montaña. Pareces un pesebre en navidad, sólo que aquí no hay portal, ni estrellas de Belén, ni bueyes ni burros y mucho menos reyes magos.

Después de un baño el impulso infló mis pulmones y junto a mis amigos del alma, subí decidido a Marmato. Vi pasar las mulas escalando la montaña. Mauricio tras ellas; Luego Nicole y yo. Los otros estaban abajo, como esperando la orden de partida. Después subieron también, decididos y valientes.

Durante unos minutos me detuve en el rostro de Reinaldo, un hombre de 40 años que lleva 10 como minero. Unas quince fotos salieron de ese instante y muchas preguntas, porque el valor de la vida no está en las respuestas sino en los interrogantes.

¿Cómo es posible que exista una montaña llena de huecos, que no se desmorona? ¿Cómo, que miles de hombres, generación tras generación durante más de 400 años, la hayan dominado y extraído su oro, pese al riesgo? ¿Cómo, que mineros de 30 años parezcan de 50 y más? ¿Cómo explicar que un hombre, con más de 2.500 millones de pesos en sus bolsillos, aún esté metido en las minas? ¿Cómo es que un grupo de estudiantes universitarios, ciento por ciento urbanos, decidan irse detrás de alguien que ya no es su profesor, sin tener obligación académica, al pueblo más extraño del mundo?

Cientos de preguntas pueden seguir saliendo de esta travesía sin más respuesta que un "así es la vida", y quienes se arriesgan a vivirla son catalogados como locos, desparchados, inoficiosos...

Ya Marmato queda atrás; vendrán nuevas aventuras. Queda un pueblo mágico y mitológico que a mis treinta años me asombra. Un pueblo repleto de oro y de riquezas que paradójicamente tiene una pésima vía de acceso por la que sólo ruedan vehículos con dotes de cabra montés: chivas, willys y camionetas "dobladas".

Luego, al final de la tarde del sábado, cuando culminó el trabajo, se preparó una modesta cena. Nos alimentamos de ese plato y de las experiencias vividas.

Cerca a una linterna-radio-sirena-ventilador, al ritmo de la música, los fotógrafos, como polillas alrededor de la luz, bailamos y nos transportamos a nuevos mundos conquistados por el afecto.

Allí, mientras participaba en la danza, una voz a mi oído que provenía de la bella Salomé explicaba la razón certera de aquello que estamos viviendo. El motivo que lleva a 16 fotógrafos a internarse cuatro días en una montaña sin esperar nada a cambio, acaso la vida.

¿Cómo explicar lo sucedido? Salomé, quien había abandonado un parcial de genética por estar con nosotros en Marmato, lo resolvió desde el punto de vista de la ciencia. "Profe, me decía... Mire, profe... no somos nosotros los que danzamos, no es Simón, no es Jimena, no es Rosa, no es Ñau, no es Meléndez, no es María José, no es Pablo, no somos nombres, profe... somos cientos de miles de millones de microorganismos que se comunican entre sí y nos hacen bailar y jugar, y sonreír, y aplaudir ante un estímulo, y reír, y saltar huyendo de las partículas de vidrio ocasionadas por la caída de una botella de ron, que yo misma compré con mi sueldo de monitora... profe... es hermoso todo esto profe... (me decía entre lágrimas de alegría)."

Somos, en conclusión, un colectivo de fotógrafos que van tras la luz para encontrarse con lo sutil de la vida y lo mágico del amor. Somos como polillas; un grupo que cada día es más consciente de la existencia de la luz; pero no sólo de aquella que se posa sobre el rostro del minero que fotografiamos, no sólo de esa les hablo. Les hablo de aquella, inexplicable, que nos hace más felices. Les hablo de nuestra luz interior. Les hablo de fotografía para la vida, de tener como excusa la imagen para vivir mejor y ser felices.

* Ex profesor de fotografía del Programa de Comunicación Social de la Universidad del Quindío, actual foto-reportero de planta de El Tiempo para el Eje Cafetero, fundador del foto club F. 2.8. de Armenia.

 POESÍA A LA CARTA - ESPERANZA JARAMILLO

Esperanza JaramilloTienen Calarcá y el Quindío una voz poética femenina sobrepuesta a la vacuidad. Alma sensible que se expresa con intimismo de sobria transparencia. Igual otea su tierra-cuna de nostalgias o de imágenes actuales desde la meseta montenegrina, se sumerge en el hervor cotidiano de la capital, de los municipios hermanos, o se difumina en el paisaje canadiense. Nos referimos a Esperanza Jaramillo, quien recibirá en julio próximo el Primer premio sin edición, 2007, del encuentro de mujeres poetas de la Fundación Museo Rayo, en Roldadillo, Valle del Cauca, por su libro inédito, El tiempo del escarabajo. Maruja Vieira, poeta caldense, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, prologuista de "Abecedario del viento", el más reciente libro impreso de Esperanza, afirma: la poesía que ahora nos entrega es el resultado de una vida plena y batalladora. Quienes la han visto rodeada de cifras, como destacada gerente bancaria, ahora conocerán que es la autora de una bella poesía, que ha surgido entre balances y porcentajes, porque Esperanza Jaramillo es una mujer de su tiempo y puede vivir simultáneamente la vida material y la vida del alma.

AIRE DEL CÁNTARO

Junto a mis libros,
las pequeñas cosas amadas:

Un oso polar que talló un inuit
en una noche de glaciares.

Unas copas y una jarra de plata
que guardaron rocío de cordilleras.

Un gato de madera que aún
se crispa
cuando se piensa tigre
en una selva de consonantes.

Una muñeca de seda,
consuelo de mi amiga Inés Jordán
que partió para siempre
con su hondo dolor de América.

Una vela, chispa de amatista,
corazón de un serafín
que desde el otro lado
del océano
me reclama.

Un pesebre de Portugal
en cielo de aire azul
por despertar.

Desde la sombra me observan
-como en naufragio-
tres caballitos de mar.

MARIPOSA

¿De dónde tu traje?

Quizás un ángel
cosió pétalos blancos
con hilos de sol.

Ya sé dónde habita el misterio:
en tus alas
mariposa.

Mariposa

CALARCÁ *

- Allá por el año de 1960 -

Un pueblo
habita en un recodo
de mi infancia.

Tenía una plaza
sombreada de gualandayes
y un aroma a melaza
y a café.

Las casas
parecían recortadas
sobre el paisaje.

Los trinos
se refugiaban
en el alféizar de las puertas
para despertar a los vecinos.

Lo conocí
un día de agosto

el verano
era una falda de volantes
y una cinta solferina
de albricias.

En una escuela
con patio de tierra
y columnas de geranios
aprendí a amar
estas montañas.

Los soles de agosto
ya se fugaron
en claroscuro
por las rendijas
de esta añoranza
dolorosa
y plácida.

NAVE DEL VIENTO*

Una neblina
densa
cuelga de los aleros

se enreda
en la hierba
deshoja la mañana.

Escribe
la historia de las ramas
y pinta el párpado
triste

*Poemas del libro premiado Tiempo del escarabajo, aún inédito.

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