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Gotas de poesía y ciudadanía para disolver en el café... |
| EDITORIAL: NUESTRA FRÍVOLA NACIONALIDAD |
La frivolidad es rasgo protuberante en el carácter
del colombiano raso, bien explotado por los medios de información -expertos
manipuladores de masas-, en beneficio de poderes económicos, ideológicos
o políticos. Los hechos que inciden en el destino del país, se observan
a través del lente reducido de la nimiedad. Morbo, chismorreo, voyeurismo,
violencia, goles, "pasiones", son apetitos prosaicos nunca bien satisfechos por los menús
cotidianos de los canales de televisión y emisoras –¡qué casual!-, a las horas de las comidas.
El caprichoso determinante de importancias y los sesgos de presentación, están regidos por
las mediciones de sintonía, por el acomodo que, informadores, directores de medios, o propietarios
de los mismos, quieran darle al material a divulgar; muy poco por el interés público objetivo.
No ha sido diferente el nivel de percepción y tratamiento noticioso respecto,
por ejemplo, a los hechos que durante años recientes -con mayor intensidad
en los últimos meses-, han dado un viraje dramático a la correlación
de posiciones político-militares, entre el estado colombiano y la subversión
armada, donde subyacen, el cáncer incontrolable del narcotráfico y la
inequidad socioeconómica abismal de nuestra realidad. No obstante, anclamos en la minucia,
en la anécdota banal de cada episodio; extraviamos la perspectiva. Las marchas se convierten
en espectáculo rentable mientras el pretendido mensaje se diluye; la denuncia, la protesta
multitudinaria contra el más execrable delito, el secuestro, terminan en la sección de farándula
de los noticieros, y las víctimas sin renombre continúan encadenadas en la selva.
Además del ya comentado, existen diversos factores que nos impiden valorar en forma
serena y objetiva la compleja realidad nacional: uno de estos, la adoración
u odio viscerales –polarización lo denominan– que profesamos respecto
a quienes actúan en lo público. Por motivos deleznables, en la mayoría
de casos, tomamos partido inicial a favor o en contra de un personaje,
de un candidato o gobernante. Todo cuanto ocurra respecto a este, en
adelante, estará mediado, más por el sentimiento que nos suscita, o por
el interés personal, que por la razón. En consecuencia, los amigos de
quien nos cae bien o nos reporta beneficios directos –tal como nos lo
enseñaron en las nociones algebraicas–, serán amigos, al igual que los
enemigos de quien repudiamos; mientras que los amigos de este o los enemigos
de aquel, serán enemigos por extensión de afectos. De igual manera, los
actos del uno serán buenos, justificables, si es de nuestra positiva aceptación; pero reprochables,
abominables, los del otro, si no lo es, independientes de su confrontación objetiva con la
ética, la legalidad, la intención o los resultados de aquellos. "Siempre me traiciona la razón
y me domina el corazón...", cantó Camilo Sesto.
En similar sentido, afiliamos, de manera automática,
con los rótulos de "...ista" o anti "...ista", referidos al nombre o
apellido del personaje, a quien trasluzca visos de aprobación o rechazo
frente a algún acto u omisión del mismo; de ahí en adelante será inútil
cualquier intento del rotulado por librarse del sambenito. Así, si por
ventura, usted considera adecuada la estrategia de seguridad del actual
gobierno que busca reducir, vía militar, a los grupos armados que practican
el terrorismo, o declara su rechazo a la subversión y a quienes la auspician,
en adelante quedará señalado como oficialista, amigo de paracos, despreciable
"furibista", por los furibundos antis, liderados por una intelectualidad,
en su momento defensora del nefasto elefante del proceso 8.000 (No olvidar
el papel que cumplieron, Ramiro Bejarano, Caballero, Felipe Zuleta, Piedad
Córdoba, Cecilia Montaño, Duzán, Borja, etc., etc. en el gobierno de
un presidente elegido con dineros del narcotráfico y el paramilitarismo).
O bien, si usted expresa reservas sobre el TLC, sobre la desmesura financiera
del aparato militar, sobre el comportamiento ético de algún funcionario
cercano al presidente o acerca de algún aspecto dudoso de los operativos
militares realizados, aténgase a la denominación de apátrida, guerrillo,
o, en el mejor de los casos, a la desconfianza del 80% o más de la población.
Así
somos. Inmaduros, impúberes ideológicos y políticos. Reducimos nuestro
interés por los asuntos públicos a tomar partido afectivo por un personaje sin detenernos
a escrutar el fondo de su discurso, la coherencia de este con sus actos. De la ciega filiación
partidista que bañó de sangre al país a mediados del siglo anterior, transitamos a la no menos
oscura filiación personalista. No nos informamos, no tenemos criterio para filtrar
versiones oficiosas o amañadas; tememos el debate de ideas porque no
estudiamos; a falta de argumentos, agravios; poco dispuestos a aceptar
errores, a transigir, a tolerar; no sabemos qué país queremos, qué orientación
darle al estado; optamos, frente a nuestra pusilanimidad e ignorancia, a ponernos a la sombra
de algún personaje, de casuales mesías o antimesías de aguda capacidad histriónica. |
| CARMENÉ: IMPRESIONES POST-URBANAS |
Por: Ángel Castaño Guzmán
...Ante la exuberancia –silentes bosques y complejos fluviales enhebrados como telarañas
de cristal–, la expedición española que arribó a las costas americanas en
1492 no tuvo más remedio que utilizar su estrecho universo mental para nombrar
lo novedoso del encuentro de dos mundos.
La ventana da a la calle. Nada remite al esplendoroso pasado prehispánico, de mitos fundacionales y
ciudades empotradas en los picos más altos de las montañas, construidas en las coordenadas de
las estrellas. Difícil creer que un cacique tras lavatorios rituales en oro,
lanzara joyas al fondo de un lago. Cuesta imaginar el gesto de Hernán Cortés frente a Tenochtitlan.
Cronistas de la época relatan que el conquistador se sintió abrumado al ver la envergadura
de la metrópoli azteca, claramente superior en aspectos arquitectónicos y urbanísticos a las
ciudades europeas. El mismo pasmo, pero por motivos distintos, debe ser contemplar por primera
vez las extensas praderas asfaltadas de Ciudad de México. Lo más cerca que he estado de ese
estado contemplativo fue la vez que subí a la azotea del edificio de la gobernación. La ciudad
se mueve de un lado para el otro, sobrepasando las fronteras que trazan las administraciones
municipales. Tomé algunas fotos para una fallida muestra itinerante. El tradicional teatro
Yanuba, entonces en pie, salvó de la ruina cromática la excursión, Armenia sin el cosmético
del turismo.
La altura hizo aflorar mi reprimida vocación de pirómano artístico. Quise tener bengalas para dejarlas
caer encendidas sobre los desprevenidos transeúntes. Las volutas harían las veces de lluvia psicotrópica.
Al tocar el suelo, en lugar de flores, las gotitas luminosas dejarían como rastro canciones zen
y haikus punk...
Otro día, más cerca del amor, recorrí un camino despavimentado, hasta una casa abandonada, montaña arriba.
La neblina, presagio de aguacero, ocultó a Filandia en minutos. El cielo se desgajó en arañas líquidas. Por
un momento creí estar en La región más transparente, novela de Carlos Fuentes. Ahora
que lo pienso, talvez no sea descabellado el registro de los libros de historia.
A lo mejor en la figura acorazada de Cortés, Quetzalcóatl se vengó del escepticismo
de algunos sacerdotes, que se reservaban las mejores doncellas para sus tálamos.
Los dioses son caprichosos y malévolos. Ni Osho, patrono de los supermarkets, deja
facturas sin cobrar. Lástima que Freud haya muerto sin escribir un manual
de comprensión teológica… En fin, no pienso defender el legado histórico de los conquistadores
ibéricos; el imperialismo me repugna.
Hace unos minutos terminé el último libro de filosofía para dandis, serie escrita por un profesor
polaco de apellido impronunciable. La colección incluye literatura para sordos, duraznos para idiotas,
aviación para ciegos y Marx para publicistas. Lo más curioso que encontré fue el discurso de Leibniz
sobre los mundos posibles. Decía el filosofo alemán que todos los acontecimientos están orquestados por
una fuerza superior, y tienden -así los humanos no perciban cómo-, hacía la perfección del universo.
Voltaire satirizó dicha idea en la novela "Cándido o el optimismo", en donde, a pesar
de una serie de trágicos hechos, rayanos en lo absurdo, el protagonista sigue con el peluquín
imperturbable. |
| EL ESCRITOR HUMBERTO JARAMILLO ÁNGEL* |
Por: Otto Morales Benítez
En estos días de lluvia, hemos aprovechado para volver a repasar algunas páginas de amigos
entrañables. Entre ellas las de Humberto Jaramillo Ángel. Su caso es ejemplar
porque la vocación le ha henchido las ansias intelectuales, lo ha mantenido
en vigilia combatiente. Para él, el mundo está centrado en el ejercicio de la inteligencia
en una sola dirección: la que lleva al arte en cualquiera de sus manifestaciones. Lo demás,
son oficios menesterosos que aquella realiza.
Jaramillo Ángel ha tenido una vida mecida entre el esfuerzo y los sueños. La niñez y la pubertad fueron de
dureza. Sólo el trabajo duro en la montaña, al pie de los deberes elementales de la hacienda.
Pero un aliento poético, y un ímpetu de conocer la vida a través de los libros,
lo sostenía en quicio con la existencia. Leía al amparo de la vela campesina. Y soñaba con
la grandeza espiritual. Para él no existía sino la poesía, el color en la paleta, el misterio
de unas páginas donde bullía la vida en patéticas agonías.
Así se fue introduciendo a la creación. Su primer libro "Boletines de Mar", eran unas prosas
líricas donde la inmensidad lo golpeaba con su gracia insondable. Mientras tanto iba haciendo periodismo.
Y escribiendo cuentos. Más tarde publica "Temperatura", "Camino Adelante",
"Paralelos de Angustia", y "Multitud". En una prosa crispada se va detrás
de sus personajes. A veces parecen llenos de limitaciones, cercados por lo
cotidiano, casi sumidos en la miseria. O con sus problemas desgarradores,
que le dan confusión a sus mentes, por oscuros designios vitales. Son personajes
atormentados por la propia dramaticidad de su espíritu; por las empecinadas
limitaciones que impone la lucha humana; por el confuso debatirse interior.
Humberto Jaramillo Ángel ha dicho que sus cuentos son de amor y de odio.
El sigue la gran tradición del cuento de su comarca. Adel López Gómez con su
obra copiosa y rica en enseñanzas para mirar la tierra y las pasiones de
unos seres que hicieron la grandeza de una raza, escrita en idioma limpio
y noble que le deparó un sillón Académico. Antonio Cardona Jaramillo con
sus hombres del Quindío, líricamente enmarcado en su paisaje y en su hondura
vital. Eduardo Arias Suárez con su maestría. Fernando Arias Ramírez con su
ademán de mirar las caricaturas y su circunstancia frente a su tragedia. Todos ellos, y muchos
más, dieron brío a la empresa intelectual de Jaramillo Ángel. Pero este hizo de sus relatos
un mensaje amargo, con crueles arrebatos, con perniciosa pasión a veces, para juzgar a los
seres y a las cosas.
Humberto Jaramillo Ángel nació, creció y ejerce su misión intelectual desde
Calarcá. Este medio provinciano, ha tenido siempre generosa predisposición
para los afanes intelectuales. Y al lado de Alfonso Fernández Cardona, de
Carlos Restrepo Piedrahita, de Carmelina Soto, de Julio Alfonso Cáceres,
de Baudilio Montoya, y muchos otros que la enaltecen, la comarca ha adquirido
una dimensión que se proyecta sobre la vida creadora del espíritu. Todos
ellos, y los nuevos que ahora irrumpen nacionalmente, le han dado un sello
a Calarcá que se confunde con la alta aspiración de tener el universo en
sus manos, de varones enfrentados al misterio de la fatiga intelectual.
Así nació otro de sus libros, "Letras y Letrados", que son páginas críticas. Especialmente
inclinadas a exaltar a sus amigos. Son breves ensayos en los cuales no están sino referencias
a lo que lo hizo vibrar espiritualmente, a lo que sacudió su inteligencia
de fervores inéditos. No hace ninguna concesión a lo que no le produjo júbilo mental.
Su mayor tarea está en lo periodístico. "Juan Ramón Segovia" es su
pseudónimo. Allí ha dejado patente su pasión estética. Difícilmente ha escrito
una página que no se refiera a la literatura o el arte. Este con una mayúscula
solemne. Se hace muy clara su inclinación por un mundo pasado, el de la bohemia
-que Jaramillo Ángel no ejerce, por cierto-, y siempre con reminiscencias
muy claras a Gómez Carrillo, Rubén Darío y su vida parisiense. Es extraño
que un hombre afincado en la tierra, brotado casi de ella, metido en un medio
tan fecundo y sugerente de belleza como el Quindío, padezca detrás del rescate
del barrio Montparnase, que no ha conocido aún. Ese ha sido su destino: andar
atado a un funambulesco sueño, el más desasido de lo contemporáneo, pero
que para Jaramillo Ángel tiene virtud de permanencia, de símbolo, casi de
identificación con todo el poder creador intelectual de la humanidad.
Pero lo básico, lo que lo hace emerger poderosamente en su avatar de escritor,
es su fidelidad a todo lo que venga envuelto en un aire de poesía. Es bello
contemplar este espectáculo humano mientras nos sacude la técnica; las máquinas
computadoras nos arrancan del sueño y la precisión; y la investigación científica destruye
la leyenda de la luna, que era la última morada de la imaginación humana. Nada de esto cuenta
para Humberto Jaramillo Ángel. Lo que para él tiene significado y permanencia, es el olor de
poesía.
* Prólogo del Libro de cuentos "Regreso del Viento", 1972, reproducido a manera de anuncio
de la edición especial que conmemorará los 100 años del natalicio del escritor,
emblema de la intelectualidad calarqueña. |
| POESÍA A LA CARTA |
Omar García, Premio Festival Internacional de
Poesía, Medellín 2008.
Escritor y artista colombiano, nacido en Armenia, Quindío.
Realizó estudios de Bellas Artes en la Universidad Nacional de Colombia.
Cinematografía de animación en el ICAIC de la Habana, Cuba. Diseño Gráfico
y Multimedia en el CICE de Madrid. España. Ha publicado: "Sobre
el Jardín de las Delicias y otros textos Terrenales" (poesía) 1995. "Urbana geografía
fraterna" (Poesía) 1998 "La Dama de los Cabellos Ardientes" (Cómic) 1998. "Altamira
2001" (novela) 2001. |
La Balsa de la Medusa.
(Fragmentos).
¿Un extraño sueño con Rimbaud?
Rimbaud hermano
Tú
que marchaste
detrás de un tanque de combate
mientras llovía, y se hundían tus rodillas hasta el fango;
Tu cara de joven poeta
era azotada por una bufanda helada de viento y ceniza.
Niño todavía, reías de los conejos asustados
que saltaban dentro de los bosques
hasta que caían las bombas...
Los muchachos de no importa que uniforme; gris o azul
morían, mirando conejos destrozados bajo un sol sangriento...
Tú,
Que viajaste a pie, hacia Bélgica, y viste el cuerpo
del muchacho soldado muerto
en esa guerra, a la orilla de la carretera...
Dime hermano Rimbaud…
–¿Hermano dices?
–Sí,… porque la hermandad de los barcos ebrios,
son las tormentas–. |
Señor de las semillas del viento
cosechador del fuego sacro.
¿En esa guerra lejana murieron tus sueños?
¿Será en esta guerra cercana
donde mueran nuestros sueños?
¿Podremos aspirar a ese surco
sembrado de semillas y estrellas
donde florezca la rosa planetaria?
Dime hermano Rimbaud,
Tú,
el marinero del barco ebrio, a la deriva...
Si dejamos que la nave naufrague
si dejamos
que la carta de marear sobre el cosmos se manche de petróleo y ceniza.
¿Arribaremos a ese sueño,
que espera en la estación del tiempo?
Esta nuestra tormenta...Esta nuestra guerra…Esa nuestra pesadilla
¿Tiempos de poesía?
¿O será un intento vano de literatura?
Pero sin ella, instrumento viejo y alto de la utopía
¿Que nos queda? |
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¿Podré intentar una canción en medio de nuestro
naufragio?
¿O será arrojada a la tormenta del silencio?
¿Una voz?
¿Un sueño?
¿Una imagen?
La imagen que hace aguas,
la metáfora que se hunde.
Es una balsa la que ondula trémula
/y danza sobre las olas.....
Marea buscando
una luz salvadora en la tormenta.
Una balsa, un brazo, un grito-meteoro
bandera empapada de huracanes.
Balsa de Medusa-Terra
sobre un mar de soles helados
bajo el cosmos de lunas blancas,
estrellas calcinadas, maderos mojados.
Balsa Terra-Medusa
qué se rompe sin sus remos primordiales
contra una tormenta de esmeraldas de hielo.
Sangre de estrellas heridas
que fluye hacia el firmamento. |
No dejemos que naufrague la balsa.
Apuntalemos entre todos el mástil.
Que llegue sólida a las costas
ligera de temores y miedos.
Un hombre empapado grita
agitando un pedazo de tela blanca:
¡Más arena de nebulosas!
¡Más soles!
¡Un faro de constelaciones!
¡Más saetas de estrellas!....
¡Que tiritan los huesos,
que arrecia la tormenta,
Que se hiela el alma!
¿Podremos intentar
una canción que nos lleve de regreso?

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Volumen 2, Nº 55 1-jul-08
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Volumen 2, Nº 53 1-may-08
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Volumen 1, Nº 51 15-may-07
Volumen 1, Nº 50 1-may-07
Volumen 1, Nº 49 15-abr-07
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Volumen 1, Nº 48 1-abr-07
Volumen 1, Nº 47 15-mar-07
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Volumen 1, Nº 41 15-dic-06
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Volumen 1, Nº 31 15-jul-06 |
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Volumen 1, Nº 1 1-abr-05 |


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