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Poetintos
Gotas de poesía y ciudadanía para disolver en el café...
 EDITORIAL: NUESTRA FRÍVOLA NACIONALIDAD

La frivolidad es rasgo protuberante en el carácter del colombiano raso, bien explotado por los medios de información -expertos manipuladores de masas-, en beneficio de poderes económicos, ideológicos o políticos. Los hechos que inciden en el destino del país, se observan a través del lente reducido de la nimiedad. Morbo, chismorreo, voyeurismo, violencia, goles, "pasiones", son apetitos prosaicos nunca bien satisfechos por los menús cotidianos de los canales de televisión y emisoras –¡qué casual!-, a las horas de las comidas. El caprichoso determinante de importancias y los sesgos de presentación, están regidos por las mediciones de sintonía, por el acomodo que, informadores, directores de medios, o propietarios de los mismos, quieran darle al material a divulgar; muy poco por el interés público objetivo.

Marcha 20 julio No ha sido diferente el nivel de percepción y tratamiento noticioso respecto, por ejemplo, a los hechos que durante años recientes -con mayor intensidad en los últimos meses-, han dado un viraje dramático a la correlación de posiciones político-militares, entre el estado colombiano y la subversión armada, donde subyacen, el cáncer incontrolable del narcotráfico y la inequidad socioeconómica abismal de nuestra realidad. No obstante, anclamos en la minucia, en la anécdota banal de cada episodio; extraviamos la perspectiva. Las marchas se convierten en espectáculo rentable mientras el pretendido mensaje se diluye; la denuncia, la protesta multitudinaria contra el más execrable delito, el secuestro, terminan en la sección de farándula de los noticieros, y las víctimas sin renombre continúan encadenadas en la selva.

Además del ya comentado, existen diversos factores que nos impiden valorar en forma serena y objetiva la compleja realidad nacional: uno de estos, la adoración u odio viscerales –polarización lo denominan– que profesamos respecto a quienes actúan en lo público. Por motivos deleznables, en la mayoría de casos, tomamos partido inicial a favor o en contra de un personaje, de un candidato o gobernante. Todo cuanto ocurra respecto a este, en adelante, estará mediado, más por el sentimiento que nos suscita, o por el interés personal, que por la razón. En consecuencia, los amigos de quien nos cae bien o nos reporta beneficios directos –tal como nos lo enseñaron en las nociones algebraicas–, serán amigos, al igual que los enemigos de quien repudiamos; mientras que los amigos de este o los enemigos de aquel, serán enemigos por extensión de afectos. De igual manera, los actos del uno serán buenos, justificables, si es de nuestra positiva aceptación; pero reprochables, abominables, los del otro, si no lo es, independientes de su confrontación objetiva con la ética, la legalidad, la intención o los resultados de aquellos. "Siempre me traiciona la razón y me domina el corazón...", cantó Camilo Sesto.

En similar sentido, afiliamos, de manera automática, con los rótulos de "...ista" o anti "...ista", referidos al nombre o apellido del personaje, a quien trasluzca visos de aprobación o rechazo frente a algún acto u omisión del mismo; de ahí en adelante será inútil cualquier intento del rotulado por librarse del sambenito. Así, si por ventura, usted considera adecuada la estrategia de seguridad del actual gobierno que busca reducir, vía militar, a los grupos armados que practican el terrorismo, o declara su rechazo a la subversión y a quienes la auspician, en adelante quedará señalado como oficialista, amigo de paracos, despreciable "furibista", por los furibundos antis, liderados por una intelectualidad, en su momento defensora del nefasto elefante del proceso 8.000 (No olvidar el papel que cumplieron, Ramiro Bejarano, Caballero, Felipe Zuleta, Piedad Córdoba, Cecilia Montaño, Duzán, Borja, etc., etc. en el gobierno de un presidente elegido con dineros del narcotráfico y el paramilitarismo). O bien, si usted expresa reservas sobre el TLC, sobre la desmesura financiera del aparato militar, sobre el comportamiento ético de algún funcionario cercano al presidente o acerca de algún aspecto dudoso de los operativos militares realizados, aténgase a la denominación de apátrida, guerrillo, o, en el mejor de los casos, a la desconfianza del 80% o más de la población.

Así somos. Inmaduros, impúberes ideológicos y políticos. Reducimos nuestro interés por los asuntos públicos a tomar partido afectivo por un personaje sin detenernos a escrutar el fondo de su discurso, la coherencia de este con sus actos. De la ciega filiación partidista que bañó de sangre al país a mediados del siglo anterior, transitamos a la no menos oscura filiación personalista. No nos informamos, no tenemos criterio para filtrar versiones oficiosas o amañadas; tememos el debate de ideas porque no estudiamos; a falta de argumentos, agravios; poco dispuestos a aceptar errores, a transigir, a tolerar; no sabemos qué país queremos, qué orientación darle al estado; optamos, frente a nuestra pusilanimidad e ignorancia, a ponernos a la sombra de algún personaje, de casuales mesías o antimesías de aguda capacidad histriónica.

 CARMENÉ: IMPRESIONES POST-URBANAS

Por: Ángel Castaño Guzmán

...Ante la exuberancia –silentes bosques y complejos fluviales enhebrados como telarañas de cristal–, la expedición española que arribó a las costas americanas en 1492 no tuvo más remedio que utilizar su estrecho universo mental para nombrar lo novedoso del encuentro de dos mundos.

La ventana da a la calle. Nada remite al esplendoroso pasado prehispánico, de mitos fundacionales y ciudades empotradas en los picos más altos de las montañas, construidas en las coordenadas de las estrellas. Difícil creer que un cacique tras lavatorios rituales en oro, lanzara joyas al fondo de un lago. Cuesta imaginar el gesto de Hernán Cortés frente a Tenochtitlan. Cronistas de la época relatan que el conquistador se sintió abrumado al ver la envergadura de la metrópoli azteca, claramente superior en aspectos arquitectónicos y urbanísticos a las ciudades europeas. El mismo pasmo, pero por motivos distintos, debe ser contemplar por primera vez las extensas praderas asfaltadas de Ciudad de México. Lo más cerca que he estado de ese estado contemplativo fue la vez que subí a la azotea del edificio de la gobernación. La ciudad se mueve de un lado para el otro, sobrepasando las fronteras que trazan las administraciones municipales. Tomé algunas fotos para una fallida muestra itinerante. El tradicional teatro Yanuba, entonces en pie, salvó de la ruina cromática la excursión, Armenia sin el cosmético del turismo.

La altura hizo aflorar mi reprimida vocación de pirómano artístico. Quise tener bengalas para dejarlas caer encendidas sobre los desprevenidos transeúntes. Las volutas harían las veces de lluvia psicotrópica. Al tocar el suelo, en lugar de flores, las gotitas luminosas dejarían como rastro canciones zen y haikus punk...

Otro día, más cerca del amor, recorrí un camino despavimentado, hasta una casa abandonada, montaña arriba. La neblina, presagio de aguacero, ocultó a Filandia en minutos. El cielo se desgajó en arañas líquidas. Por un momento creí estar en La región más transparente, novela de Carlos Fuentes. Ahora que lo pienso, talvez no sea descabellado el registro de los libros de historia. A lo mejor en la figura acorazada de Cortés, Quetzalcóatl se vengó del escepticismo de algunos sacerdotes, que se reservaban las mejores doncellas para sus tálamos. Los dioses son caprichosos y malévolos. Ni Osho, patrono de los supermarkets, deja facturas sin cobrar. Lástima que Freud haya muerto sin escribir un manual de comprensión teológica… En fin, no pienso defender el legado histórico de los conquistadores ibéricos; el imperialismo me repugna.

Hace unos minutos terminé el último libro de filosofía para dandis, serie escrita por un profesor polaco de apellido impronunciable. La colección incluye literatura para sordos, duraznos para idiotas, aviación para ciegos y Marx para publicistas. Lo más curioso que encontré fue el discurso de Leibniz sobre los mundos posibles. Decía el filosofo alemán que todos los acontecimientos están orquestados por una fuerza superior, y tienden -así los humanos no perciban cómo-, hacía la perfección del universo. Voltaire satirizó dicha idea en la novela "Cándido o el optimismo", en donde, a pesar de una serie de trágicos hechos, rayanos en lo absurdo, el protagonista sigue con el peluquín imperturbable.

 EL ESCRITOR HUMBERTO JARAMILLO ÁNGEL*

Por: Otto Morales Benítez

En estos días de lluvia, hemos aprovechado para volver a repasar algunas páginas de amigos entrañables. Entre ellas las de Humberto Jaramillo Ángel. Su caso es ejemplar porque la vocación le ha henchido las ansias intelectuales, lo ha mantenido en vigilia combatiente. Para él, el mundo está centrado en el ejercicio de la inteligencia en una sola dirección: la que lleva al arte en cualquiera de sus manifestaciones. Lo demás, son oficios menesterosos que aquella realiza.

Jaramillo Ángel ha tenido una vida mecida entre el esfuerzo y los sueños. La niñez y la pubertad fueron de dureza. Sólo el trabajo duro en la montaña, al pie de los deberes elementales de la hacienda. Pero un aliento poético, y un ímpetu de conocer la vida a través de los libros, lo sostenía en quicio con la existencia. Leía al amparo de la vela campesina. Y soñaba con la grandeza espiritual. Para él no existía sino la poesía, el color en la paleta, el misterio de unas páginas donde bullía la vida en patéticas agonías.

Así se fue introduciendo a la creación. Su primer libro "Boletines de Mar", eran unas prosas líricas donde la inmensidad lo golpeaba con su gracia insondable. Mientras tanto iba haciendo periodismo. Y escribiendo cuentos. Más tarde publica "Temperatura", "Camino Adelante", "Paralelos de Angustia", y "Multitud". En una prosa crispada se va detrás de sus personajes. A veces parecen llenos de limitaciones, cercados por lo cotidiano, casi sumidos en la miseria. O con sus problemas desgarradores, que le dan confusión a sus mentes, por oscuros designios vitales. Son personajes atormentados por la propia dramaticidad de su espíritu; por las empecinadas limitaciones que impone la lucha humana; por el confuso debatirse interior. Humberto Jaramillo Ángel ha dicho que sus cuentos son de amor y de odio.

El sigue la gran tradición del cuento de su comarca. Adel López Gómez con su obra copiosa y rica en enseñanzas para mirar la tierra y las pasiones de unos seres que hicieron la grandeza de una raza, escrita en idioma limpio y noble que le deparó un sillón Académico. Antonio Cardona Jaramillo con sus hombres del Quindío, líricamente enmarcado en su paisaje y en su hondura vital. Eduardo Arias Suárez con su maestría. Fernando Arias Ramírez con su ademán de mirar las caricaturas y su circunstancia frente a su tragedia. Todos ellos, y muchos más, dieron brío a la empresa intelectual de Jaramillo Ángel. Pero este hizo de sus relatos un mensaje amargo, con crueles arrebatos, con perniciosa pasión a veces, para juzgar a los seres y a las cosas.

Humberto Jaramillo Ángel nació, creció y ejerce su misión intelectual desde Calarcá. Este medio provinciano, ha tenido siempre generosa predisposición para los afanes intelectuales. Y al lado de Alfonso Fernández Cardona, de Carlos Restrepo Piedrahita, de Carmelina Soto, de Julio Alfonso Cáceres, de Baudilio Montoya, y muchos otros que la enaltecen, la comarca ha adquirido una dimensión que se proyecta sobre la vida creadora del espíritu. Todos ellos, y los nuevos que ahora irrumpen nacionalmente, le han dado un sello a Calarcá que se confunde con la alta aspiración de tener el universo en sus manos, de varones enfrentados al misterio de la fatiga intelectual.

Así nació otro de sus libros, "Letras y Letrados", que son páginas críticas. Especialmente inclinadas a exaltar a sus amigos. Son breves ensayos en los cuales no están sino referencias a lo que lo hizo vibrar espiritualmente, a lo que sacudió su inteligencia de fervores inéditos. No hace ninguna concesión a lo que no le produjo júbilo mental.

Su mayor tarea está en lo periodístico. "Juan Ramón Segovia" es su pseudónimo. Allí ha dejado patente su pasión estética. Difícilmente ha escrito una página que no se refiera a la literatura o el arte. Este con una mayúscula solemne. Se hace muy clara su inclinación por un mundo pasado, el de la bohemia -que Jaramillo Ángel no ejerce, por cierto-, y siempre con reminiscencias muy claras a Gómez Carrillo, Rubén Darío y su vida parisiense. Es extraño que un hombre afincado en la tierra, brotado casi de ella, metido en un medio tan fecundo y sugerente de belleza como el Quindío, padezca detrás del rescate del barrio Montparnase, que no ha conocido aún. Ese ha sido su destino: andar atado a un funambulesco sueño, el más desasido de lo contemporáneo, pero que para Jaramillo Ángel tiene virtud de permanencia, de símbolo, casi de identificación con todo el poder creador intelectual de la humanidad.

Pero lo básico, lo que lo hace emerger poderosamente en su avatar de escritor, es su fidelidad a todo lo que venga envuelto en un aire de poesía. Es bello contemplar este espectáculo humano mientras nos sacude la técnica; las máquinas computadoras nos arrancan del sueño y la precisión; y la investigación científica destruye la leyenda de la luna, que era la última morada de la imaginación humana. Nada de esto cuenta para Humberto Jaramillo Ángel. Lo que para él tiene significado y permanencia, es el olor de poesía.

* Prólogo del Libro de cuentos "Regreso del Viento", 1972, reproducido a manera de anuncio de la edición especial que conmemorará los 100 años del natalicio del escritor, emblema de la intelectualidad calarqueña.

 POESÍA A LA CARTA

Omar García, Premio Festival Internacional de Poesía, Medellín 2008.

Escritor y artista colombiano, nacido en Armenia, Quindío. Realizó estudios de Bellas Artes en la Universidad Nacional de Colombia. Cinematografía de animación en el ICAIC de la Habana, Cuba. Diseño Gráfico y Multimedia en el CICE de Madrid. España. Ha publicado: "Sobre el Jardín de las Delicias y otros textos Terrenales" (poesía) 1995. "Urbana geografía fraterna" (Poesía) 1998 "La Dama de los Cabellos Ardientes" (Cómic) 1998. "Altamira 2001" (novela) 2001.

La Balsa de la Medusa. (Fragmentos).

¿Un extraño sueño con Rimbaud?
Rimbaud hermano

que marchaste
                      detrás de un tanque de combate
mientras llovía, y se hundían tus rodillas hasta el fango;
Tu cara de joven poeta
era azotada por una bufanda helada de viento y ceniza.
Niño todavía, reías de los conejos asustados
que saltaban dentro de los bosques
hasta que caían las bombas...
Los muchachos de no importa que uniforme; gris o azul
morían, mirando conejos destrozados bajo un sol sangriento...
Tú,
Que viajaste a pie,  hacia Bélgica, y viste el cuerpo
del muchacho soldado muerto
en esa guerra, a la orilla de la carretera...
Dime hermano Rimbaud…
–¿Hermano dices?
–Sí,… porque la hermandad de los barcos ebrios,
son las tormentas–.

Señor de las semillas del viento
cosechador del fuego sacro.
¿En esa guerra lejana murieron tus sueños?
¿Será en esta guerra cercana
                                            donde mueran nuestros sueños?
¿Podremos  aspirar a ese surco
                                            sembrado de semillas y estrellas
                                            donde florezca la rosa planetaria?
Dime hermano Rimbaud,
Tú,
el marinero del barco ebrio, a la deriva...
Si dejamos que la nave naufrague
si dejamos
que la carta de marear sobre el cosmos se manche de petróleo y ceniza.
         ¿Arribaremos a ese sueño,
                                                    que espera en la estación del tiempo?
Esta nuestra tormenta...Esta nuestra guerra…Esa nuestra pesadilla
¿Tiempos de poesía?
¿O será un intento vano de literatura?
Pero sin ella, instrumento viejo y alto de la utopía
                                                   ¿Que nos queda?

¿Podré intentar una canción  en medio de nuestro naufragio?
¿O será arrojada a la tormenta del silencio?
        ¿Una voz?
                ¿Un sueño?
                        ¿Una imagen?
La imagen que hace aguas,
la metáfora que se hunde.
Es una balsa la que ondula trémula
                                           /y danza sobre las olas.....
Marea buscando
                       una luz salvadora en la tormenta.
Una balsa, un brazo, un grito-meteoro
                                                bandera empapada de huracanes.
Balsa de Medusa-Terra
                                sobre un mar de soles helados
bajo el cosmos de lunas blancas,
                                        estrellas calcinadas, maderos mojados.
Balsa  Terra-Medusa
                             qué se rompe sin sus remos primordiales
contra una tormenta de esmeraldas de hielo.
Sangre de estrellas heridas
                                    que fluye hacia el firmamento.

No dejemos que naufrague la balsa.
Apuntalemos entre todos el mástil.
Que llegue sólida a las costas
                                   ligera de temores y miedos.
Un hombre empapado  grita

agitando un pedazo de tela  blanca:
¡Más arena de nebulosas!
¡Más soles!
¡Un faro de constelaciones! 
¡Más  saetas de estrellas!....       
¡Que tiritan los huesos,
que arrecia la tormenta,
Que se hiela el alma!
¿Podremos intentar
una canción que nos lleve  de regreso?

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