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LA LÍNEA INTERMINABLE

Hugo Hernán Aparicio ReyesPor Hugo Hernán Aparicio Reyes.
poetintos@gmail.com

La tortuosa concepción y realización del proyecto vial Túnel de La Línea — Cruce de la Cordillera Central en doble calzada Cajamarca — Calarcá, se prolonga de manera indefinida, para perjuicio nacional y regional. El desdibujo del propósito inicial, planteado durante la administración Pastrana, hace más de quince años, es flagrante. De un paso subterráneo bidireccional, doble calzada de altas especificaciones y un plan de acción ambiental con recursos asignados, producto de prolijo y costoso estudio, llegamos a una solución a medias: un túnel unidireccional (solo en un sentido), en el otro, será obligatorio el ascenso y descenso de siempre.

Otra excavación auxiliar sin uso práctico, calzadas de diseño condicionado a bajos costos (se firmó el contrato sin existir diseños definitivos), inadecuado manejo de taludes, tras una ejecución física desastrosa en cuanto a lo ambiental, merecedora de varias sanciones, y dilatada en el tiempo. El discurso año 2000 aludía a un megaproyecto sin precedentes por su alcance y costo, vital para la economía nacional, expandido su comercio exterior, con énfasis en la cuenca del Pacífico y países del sur continental. La realidad actual le resta importancia. Respecto a las inversiones billonarias de los proyectos infraestructurales de cuarta generación (concesiones 4G), la cifra invertida en La Línea se ve pequeña; el valor estratégico presente y futuro del proyecto, pierde peso al conocerse la dramática caída en las cifras de comercio exterior (importaciones y exportaciones), de muy improbable recuperación, lo cual, en contra de la sensatez, marca un cambio no por sigiloso menos nefasto en la matriz económica del país. De un esquema de creación e irrigación de valor real a través de actividades extractivas y manufactureras, derivamos hacia la financiación del aparato estatal mediante el oneroso endeudamiento externo e interno, el aumento en la carga tributaria, o, como hoy sucedió, pese a advertencias de los expertos, acudiendo a la venta de activos estratégicos como Isagén.

Volvamos a La Línea y asuntos anexos. Las cuentas de tiempo no cuadran. Gobierno central y contratista aseguran el cumplimiento del plazo definitivo de entrega (noviembre del año en curso 2016); se adjudicó el contrato para la ventilación del túnel y suministro de equipos auxiliares, con ejecución dentro del mismo lapso; igualmente parece concreta la construcción del distribuidor vial a desnivel de Versalles, en Calarcá; no obstante, ni esta última obra, ni la ruidosamente anunciada doble calzada Calarcá — La Paila, iniciativa privada del grupo Odinsa, dentro del nuevo esquema APP (Asociaciones Público — Privadas), según informaciones de prensa aún en fase de prefactibilidad e inexplicablemente silenciada, coinciden con la fecha citada. En el mejor de los casos, y contando con la reactivación de la propuesta, no tendríamos doble calzada a La Paila ni variante de Calarcá antes de cuatro o cinco años. ¿Qué ocurrirá en el casco urbano de Calarcá con el flujo de automotores, luego de inaugurado el túnel y la doble calzada desde Cajamarca? ¿A quién dirigirle la pregunta?

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