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 DE PÁJAROS Y ESCOPETAS

Por Ángel Castaño Guzmán

"Sale como un noble soldado, vuelve agrio y mutilado.
Total pa' nada si al regreso todo fue igual" W.C

Un buen ejemplo sobre la camaradería de los medios de comunicación con los actores del conflicto armado trae el libro "Nuestro Hombre en la DEA" del periodista Gerardo Reyes. Tres mil mensajes de simpatía atiborraron el correo electrónico de Carlos Castaño al día siguiente de ser transmitida la entrevista que le concedió a la presentadora Claudia Gurisatti (Pág. 177). Ninguna maniobra castrense del locuaz jefe paramilitar logró dirigir los reflectores de la opinión pública hacia su causa como lo hizo el reportaje periodístico. Durante semanas las conversaciones de los ciudadanos giraron en torno a las declaraciones de Castaño. Ya es común en Colombia que los temas de importancia sean definidos por la prensa y los bandos de la guerra. Mucho se ha escrito sobre la responsabilidad del periodismo al cubrir este tipo de eventos. Testigos de primera fila de los estragos de la violencia, los periodistas asumen el compromiso social de informar sin partidismos ni adhesiones. Sin embargo, esta premisa se deja de lado en el actual panorama mediático. Con regularidad pasmosa, los noticieros incumplen el pacto de transmitir con neutralidad los acontecimientos. Dueños de periódicos y demás canales informativos, los grupos económicos juegan sus cartas en la confrontación militar. De ahí su tendencia a elaborar el discurso informativo con materiales sin contexto. La insolente celebración por eventuales golpes a la insurgencia oculta los alarmantes índices de civiles ejecutados extrajudicialmente. Las galopantes cifras del desempleo son maquilladas con la euforia de la muerte. Las grandes cadenas noticiosas propagan la mirada oficialista de la compleja realidad nacional, sin prestarles mayor atención a las voces disonantes. Casi invisible, la ciudadanía es vista como pasiva receptora de los despachos noticiosos. Pocos son los espacios mediáticos donde esta asume un papel central. Envanecidos por pírricas victorias, los oficiantes del poder difunden posiciones maniqueas que avivan las llamas de la barbarie. Las continuas exhortaciones a la hostilidad alimentan los motores de la tragedia. En este terruño, la implacable lógica de la pólvora se ha impuesto sobre el debate y el diálogo, herramientas necesarias en cualquier democracia. Un error repetido hasta la saciedad por las sucesivas administraciones nacionales es la deliberada miopía a la hora de iniciar diálogos de paz con los alzados en armas. El camino de la reconciliación inicia con el reconocimiento del otro como sujeto de derechos. Términos como terrorismo lo único que logran es hundir al país en arenas movedizas. Deshumanizar al adversario es el ritual común de occidente. En su periplo cronológico, la civilización moderna sataniza al contrario. Salpicada de sangre, la historia de Colombia es un extenso prontuario de sobreentendidos. Cualquier habitante de la ciudad podría resumir en unas cuantas frases los más intrincados novelones de la farándula, pero pocos conocen los pormenores culturales de la confrontación bélica. Las páginas de los periódicos deben ser ágora de interlocución civilizada, donde los militarismos sean señalados como lo que son: engranajes de terror y pobreza.

 CULTURA EXPLOTADA

Por: Mauricio Vera Sánchez

A diario la cultura se manifiesta a través de medios de comunicación como revistas, periódicos, canales de televisión, emisoras y cine, entre otros. A esta dimensión de la cultura, tangible y reproducible a gran escala, se le denomina Industria Cultural, ya que su actividad está diseñada bajo un cálculo de capital, donde se invierte con el objetivo de que se construya una reproducción ampliada del mismo y se genere riqueza, no sólo cultural sino, principalmente, económica.

El investigador norteamericano George Yudice afirma que hoy se invoca a la cultura cada vez más como motor del desarrollo económico, aduciendo que esta se ha transformado en la lógica misma del capitalismo contemporáneo, transformación que pone en tela de juicio los presupuestos más básicos acerca de lo que constituye la sociedad humana.

Pero, ¿cuáles son los elementos que hacen que la cultura sea utilizada como recurso generador de riqueza?.

Primero, el proceso de industrialización de la cultura se da en el marco legal de los derechos de propiedad intelectual, posibilitando el tránsito de un valor simbólico e intangible a un valor comercial y tangible, vía precio. Esto permite a creadores y autores rentabilizar sus ideas que, evidentemente, tienen orígen en sus condiciones personales, identidades, sueños y recuerdos, es decir, en su cultura.

Segundo, estas ideas protegidas por el derecho de autor son viabilizadas financieramente a través de su producción material en soportes tangibles o electrónicos para que sean convertidas en productos y servicios culturales concretos, que serán ofertados y demandados en y por sectores sociales y geográficos específicos. Es quizás esta la función central dentro de la dinámica económica de la industria cultural, ya que allí se ubican las empresas o los inversionistas dispuestos a arriesgar capital en la producción, repoducción, distribución y comercialización de los bienes culturales y que esperan, por supuesto, que la inversión genere ganancias y excedentes para seguir invirtiendo y acumular capital.

Esta cuestión diferencia a la industria cultural de otros sectores productivos, tanto que al ser su materia prima y su consumo de caracter simbólico, hace que los valores de cambio y uso queden subordinados –también- al valor simbólico. Jamás el precio que tenga una mercancía cultural podrá reflejar su verdadera importancia o relevancia dentro de un contexto social particular.

Tercero, el momento de distribución resulta ser estratégico porque es allí donde se determinan los mercados culturales y grupos objetivos a los que se quiere llegar. Esto implica que sólo se produce lo que tiene canales de comercialización y nichos de mercado definidos, es decir, aquello que garantiza su compra y consumo. Fijémonos cuántas telenovelas son lanzadas con bombos y platillos en horarios prime time, y, al poco tiempo, son trasladadas a horarios de menor audiencia o simplemente sacadas del aire por que su raiting no es suficiente para generar ganancias, así su contenido cultural sea relevante, plural y de calidad.

Finalmente, podemos decir que todo proyecto cultural es un proyecto comunicativo y que el proceso de comunicación es un proceso cultural, que los contenidos de los medios son cultura, comunicación y potencialidad económica, que buena parte de la producción y circulación de estos se diseña desde el mercado y el cálculo de capital. Esto puede resultar incómodo para algunos intelectuales, pero es así: la cultura es explotada económicamente.

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