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| EL DESEO DEL ABISMO |
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Por Ángel Castaño Guzmán
"Pasó la vida detrás de los espejos, hasta que olvidó
su rostro"
F.O.M.
Franz Kafka, el silencioso transeúnte de la Praga de principios del
siglo XX, retrató a la perfección los laberintos existenciales del hombre
unidimensional de Marcuse. No existe respuesta satisfactoria para explicar
cómo ese gris oficinista, perseguido por el despótico recuerdo de su padre,
pudo construir una obra narrativa de tanta actualidad. La metamorfosis es
sin lugar a dudas la odisea del lector contemporáneo. Los dioses son curiosidades
de anticuarios y coleccionistas; los ídolos de neón los han reemplazado
en la tragicomedia humana. El destino de los pueblos ya no se vislumbra
en los intestinos de un becerro sino en las extrañas reuniones del G8.
La deidad huyó para siempre del Olimpo y ahora anida en las pestilentes
callejuelas de los suburbios mediáticos. Ahí, junto a los estropicios
del neoliberalismo, crece silenciosa la poesía de Fabio Osorio Montoya.
La literatura regional ha sido pródiga en ficciones hiperbreves. Luis
Vidales con sus 20 Estampillas inició una tradición
cultural que encontró en Umberto Senegal, José Raúl Jaramillo y Jaime
Lopera, brillantes cultores. Comentario aparte merece el escritor que
hoy nos ocupa: en una entrevista televisiva, Osorio Montoya confesó sin
pudor que cada año bautiza con fuego un manuscrito terminado.
Las 59 páginas de La Baba del Farsante son la milimétrica radiografía
de una metrópoli feroz donde los viandantes son fantasmas
nacidos en la esquizofrénica cabeza de Pedro Páramo. En los caminos de
Comala los latinoamericanos encontramos pistas para descifrar el eterno
acertijo de nuestro sino. Farsante es la lúcida conciencia de Osorio Montoya.
Fanático de los acordes industriales de Black Sabbath, su vida da un vuelco
al descubrir a sus camaradas, los perros del orbe, entonando salmos de
alabanza ante un inmenso aviso de Coca Cola. El insolente canino pertenece
a la familia de Mister Bonnes, el locuaz protagonista de una novela de
Paul Auster. Los nómadas, a pesar de las medidas gubernamentales, son
los dueños absolutos de la ciudad. Momentos de iluminación, los cuentos
exploran las entrañas de la urbe, un universo simbólico poco frecuentado
por los narradores quindianos. El poeta Carlos Castrillón encontró en
la lírica de Osorio Montoya rasgos propios de la tensa relación entre
el individuo y su espacio: "La ciudad es el riesgo, el brillo del cuchillo
que se levanta en la noche para hundirse en la carne, es el grito lejano
que no queremos escuchar para no comprometernos".
Hay un texto que llamó con particular insistencia mi atención: Voltaire,
uno de los precursores de la Revolución francesa, busca el perdón oficial,
representado en la sepultura cristiana. El más burlesco de los cadáveres,
así llamado por el vate, en un carroza tirada por negros caballos deambula
por las adoquinadas calles de París. Su putrefacta sonrisa es bella metáfora
del progresivo desmoronamiento de la democracia. Como los demás personajes
del libro, Voltaire es arquetipo de los sueños y las pesadillas de la
sociedad informatizada. El signo distintivo de la humanidad es la amargura,
escribió en alguna parte Michel Houellebecq, y ese precisamente es el
tono que predomina en la cáustica mirada de Farsante.
La Baba del Farsante es una valiosa colección de microrrelatos. A pesar
de algunos errores tipográficos y de edición, los textos merecen una
lectura cuidadosa y un juicioso análisis.
Osorio Montoya, Fabio. La Baba del Farsante. Cuadernos Negros, 2009. |
| ACERCA DE LOS MEDIOS UNIVERSITARIOS |
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Por Sandra Leal
Según el crítico y analista Germán Rey, los medios universitarios "no
están abriendo espacio a lo controversial", el cual
constituye uno de sus deberes fundamentales pues
para aquellos que analizan los medios está en la
universidad el deber de mostrar esa otra realidad que no cabe en los medios
tradicionales sobre los cuales recaen otras presiones y otras necesidades
de producción.
Es importante para cualquier comunidad promover y servirse del ejercicio
periodístico de los estudiantes puesto que un deber importante de las
universidades es conservar la calma ante los hechos y ofrecer un análisis
de los mismos a sus audiencias, sean cuales sean estas.
Mostrar otra cara de la realidad y presentar las situaciones sociales,
políticas, así como las económicas, desde la profundidad del razonamiento
y la exploración, más que un deber es una necesidad que debe suplir la
academia. Es necesario concientizar a los estudiantes de la importancia
de salirse del esquema de los medios formales, de manejar las fuentes
oficiales más allá de los comunicados y comprobar la realidad de estos,
asistir a ruedas de prensa preparados y claros frente al tema y a la persona
y no convertirse en eco de los poderes oficiales o de la oposición sin
sentido.
Se trata de llevar a los lectores algo más que las noticias formales
no alcanzan a revelar, algo de los mundos posibles que todos soñamos y
que en alguna parte se están realizando pero que por el afán del mundo,
pocos lo alcanzan a notar. No es contar cuántos muertos hubo hoy, sino
cuántos sobrevivieron y cuántos porfían en lograr un país mejor.
El trabajo en medios desde las universidades no sólo debe ofrecer otras
visiones, sino que le debe permitir a estudiantes
y docentes la oportunidad de experimentar y de equivocarse,
es el único espacio en el que se pueden buscar maneras propias de narrar
antes de enfrentarse al mercado que lo ha de contratar y hará todo lo
posible para absorberlo hasta convertirlo en el seguidor que piensan deben
tener.
Sin embargo, y contrario a lo que muchos piensan, la lucha más dura
la deben enfrentar los docentes, pues deben lidiar
con la apatía estudiantil para participar en el medio
que tienen a su disposición. Es, al parecer, un problema
de todas las universidades, puesto que los estudiantes,
al no tener un compromiso directo con el medio, consideran irrelevante
su participación y de otro lado, está la creencia de que no tienen público
debido a que no es un medio reconocido ni del que hable la gente del común,
lo cual hace poco satisfactorio el trabajo.
Otro de los problemas con los que deben combatir los docentes del área
es, que si bien los estudiantes trabajan temas que constituyen una opción
ante el despliegue de los medios tradicionales, su juventud y el hecho
de que por primera vez se estén enfrentando al mundo de manera independiente,
los hace ser muy repetitivos en sus temáticas, no existe profesor de
Prensa, Radio o Televisión que no haya tenido que enfrentar al menos
una vez al semestre contenidos sobre temas tales como: crónicas de grupos
musicales, entrevistas a chicas prepago, crónicas de bares gay o perfiles
de travestis; no es por considerarlos malos, sino que los jóvenes le
dan un valor agregado a esos temas tabú de los que poco se habla en los
medios de alto rating. |
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