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CALARCÁ, LEYENDA CONVERTIDA EN CIUDAD...

Calarcá para leerPor Dora Tobón Botero

Más que la leyenda mítica, la historia de un pueblo que se forjó en la realidad noble y sencilla de la naturaleza, cuando se abrieron montes para sembrar cafetos y construir ciudades, nace con un nombre:

EL CACIQUE CALARCÁ

Hombre fuerte, de mediana estatura, moreno para unos y para otros rubio; Jefe, Cacique y casi Rey para unos historiadores, y para otros hombre casi ignorado en la tribu de los indios Pijao, pero cuyo nombre marca una semblanza histórica, racial, mitológica y étnica.

Sobre la personalidad de este aborigen se han tejido innumerables y fantásticas leyendas, no dignas de tenerse en cuenta como documento histórico.

Nada se sabe en concreto acerca del Jefe de los Pijao, a quien Don Juan de Borja, Pedro de Mendoza, el Capitán Fernández Bocanegra y muchos más, combatieron en cumplimiento de órdenes emanadas de la Casa Real de España y llevadas a cabo por intermedio del Virreinato de Santa Fe de Bogotá.

Lo que sí debe tenerse en cuenta, como error comprobado, es el de la muerte de Calarcá a manos de Don Baltazar, Jefe de los Coyaima. Según esta versión, Calarcá Jefe de los Pijao, y Combaima Jefe de los Coyaima y con el nombre de Baltazar, se encuentran frente a frente, y en terrible lucha, que la leyenda envuelve en narraciones de leyes quebrantadas, de traición a la raza y a la patria, de amores y venganzas, Baltazar atraviesa de lado a lado el cuerpo del Pijao, con su lanza, clavándose en la tierra, como símbolo de odio y rencor.

En realidad, la muerte del Cacique, de acuerdo con archivos hallados en la ciudad de Ibagué, ocurrió cuando Diego de Ospina y Maldonado hizo frente con solo treinta hombres, a los indios Pijao, y habiéndose encontrado con Calarcá, lo hirió de un disparo de mosquete. Algunos dicen que no falleció al instante, que sus guerreros lo recogieron volviendo a sus tierras en huida, y que murió en ellas a los cinco días de camino. Tiempo después el español Domingo Lozano, reinició la lucha, pero esta vez los Pijao no opusieron resistencia; Calarcá, alma y vigor de la tribu no existía ya.

Más tarde, cuando los colonizadores llegados de Antioquia talaron las montañas y trazaron surcos soñando en los plantíos, vieron en estas tierras amplios horizontes y fecundas promesas de bonanza, por lo que resolvieron fundar un pueblo que llevara el nombre del Cacique.

Este es Calarcá, mezcla de indios y españoles, tierra de escritores y ciudad nacida al afecto, a la nobleza, a la alegría, a la esperanza y al amor.

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