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JOSÉ NODIER

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NO TODO VALE

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Porque el sistema electoral está descompuesto desde el inicio hasta el final."

El Quindío se ha convertido, en las elecciones actuales, en el papel de la canalla. Y lo que para algunos es normal, utilizar la maledicencia y la calumnia como instrumento político, como atentado personal, no puede ser legítimo para una sociedad que se precia de su civilidad.

Desde hace varias semanas, casi desde que empezó esta desaforada campaña política, la candidata Alejandra Bernal, una líder de Calarcá, ha sido víctima de una serie de anónimos que menoscaban su integridad. Para algunos, pocos por cierto, es satisfactorio que la dañen a ella en su moral, pero para muchos se entiende esta práctica como parte de esa maldad de la condición humana que no debería estar presente en una campaña política. Se han saciado los bocazas diciendo barbaridades de una mujer, a quien se le podría reclamar por otros desaciertos pero jamás por los que se le endilga en esos panfletos.

Otro tanto ha ocurrido, con satisfacción de muchos, con los anónimos que han circulado contra la señora gobernadora, Sandra Paola Hurtado, de quien se dicen cosas espantosas, en especial acudiendo a la calumnia en cuanto a su vida privada. Bien saben algunos que no comparto la gestión de la mandataria seccional, pero es inadmisible que nos solacemos con las injurias que circulan sin tregua. Hoy lo dicen de ella, y mañana seguirán con nosotros, porque quien así actúa, desde el sigilo de la clandestinidad, no discrimina en su afán de herir o estigmatizar.

Recuerdo que esta práctica fue avalada en otra época por Laureano Gómez, quien era un calumniador profesional, y por el mismo Álvaro Uribe Vélez, ex presidente, quien persiguió al ex magistrado Iván Velásquez, y lo convirtió en el blanco de sus mentiras repetidas. Hoy, a pesar de los montajes que le ordenó desde el gobierno, ese investigador de la parapolítica es un héroe en Guatemala, porque logró desbaratar una red de corrupción que se manejaba desde la Presidencia de la República.

Cohonestar con los subterfugios e ilegalidades de las campañas —la compra de conciencias, la disposición de contratistas y de dineros públicos, en fin— es una manera de desfigurar esta democracia, que cada día se enloda más, porque el sistema electoral está descompuesto desde el inicio hasta el final. También la publicación de encuestas prefabricadas, hechas a la medida, derrota el juego limpio y pervierte el proceso de libre elección.

Desde junio se sabe, por ejemplo, que desean enlodar la trayectoria eclesiástica de Carlos Eduardo Osorio, de quien se lanzan especies inverosímiles, que de seguro serán reforzadas con anónimos este fin de semana. A nadie extrañe, entonces, que se le endilguen actos anómalos en sus parroquias, y que se le quiera promover desde las sombras como un líder capaz de bajezas innombrables, pero útiles y manipulables como consejas para la estrategia negra de sus adversarios.

Podemos el 25 de octubre cerrarle el paso a esa subcultura del rumor, que sólo pretende, con saña, dañar al otro. Es muy fácil: hay que salir a votar por candidatos que representen lo mejor de una ética pública común a casi todos.

En mi caso, votaré en contra de continuar en este mar de insidia. Merecemos un mejor destino.

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